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21 - Noviembre - 2019
>>>> Paisajismo > Islandia III

 

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No podemos dejar de admitir que el gran arquitecto celestial, para creyentes, debió haberse sentido particularmente inspirado al diseñar Islandia, país que no se parece a ningún otro lugar del planeta. Aquí, lo que creemos que no puede ser, finalmente es. En la misma tierra en la que los glaciares cubren una enorme porción de su superficie hay no menos de doscientos volcanes, algunos de ellos exactamente debajo de los glaciares. El agua hirviendo salta por los aires desde las entrañas de la Tierra a pocos metros de capas de hielo que alcanzan un kilómetro de espesor. Y si la naturaleza misma tiene la autoria, bendita suerte.

Además, el sol brilla a medianoche. Y no importa lo que digan los mapas: se puede tener un pie en Europa y otro en América, ya que la geografía contradice las divisiones políticas y en medio de la isla chocan las placas tectónicas Euroasiática y Norteamericana. Los campos no son rasos de tierra y pasto, sino de superficie irregular de lava y líquenes. Los caballos son retacones, melenudos y amigables con los extraños. Hay unos 85 mil domesticados al cuidado de 54 mil jinetes registrados. Y está prohibido, por temas sanitarios, que ingrese un caballo al país o que regrese alguno de los que alguna vez se fueron.

Al llegar al aeropuerto de Keflavik, puerta de entrada a Reikiavik, puedes comprar El pequeño libro de los islandeses, de Alda Sigmundsdóttir. La vendedora te anunciará su utilidad, en perfecto inglés (no hay un sólo islandés que no lo hable). Y cuanta razón.

Suele sostenerse que lo que podríamos definir como entorno, atmósfera o clima cincela la conducta de los seres humanos. Pues Islandia es la evidencia de este aserto, pero sólo en parte. Acaso la conducta de sus habitantes escapa a cualquier patrón conocido y sea tan rara como su naturaleza. Pero no hay que avanzar mucho más. Chocaríamos con el frontón de nuestros prejuicios si hiciéramos eso.

Adolescentes disfrutan del lago congelado en la capital, cuando los días empiezan a extenderse. En verano hay luz natural 24 horas al día.

Incorporar la condición insular para analizar la cuestión es una tentación inevitable. Los países más cercanos son Groenlandia y el Reino Unido y ninguno de ellos está a menos de unas dos horas de avión. Permanece sumido en la oscuridad varios meses al año. Los islandeses viven en los límites del mundo habitable. Presumimos, pues, que se trata de personas herméticas o desconfiadas, retraídas o ensimismadas. Sería un error. El optimismo es consustancial a su naturaleza. Ellos apuestan a que todo mejorará. Extremadamente solidarios, superaron juntos catástrofes de erupciones y también las económicas. Tal vez haya sido su propia historia la que les inculcó, como una estrategia, los beneficios de no rendirse.

Formalmente, el país no es laico. La Iglesia Evangélica Luterana de Islandia es la religión oficial del Estado. La abrumadora mayoría de los islandeses está bautizada. La Navidad es la fiesta colectiva más importante y pueden encontrarse iglesias en cualquier sitio. Ayudados por la inexistencia de árboles, quienes recorren el país verán las típicas siluetas de las torres puntiagudas de pequeñas capillas, a veces rodeadas por la nada misma.

Descontamos que todos o casi todos son muy devotos. Otro error. Este año, la Asociación de ética Humana de Islandia dio a conocer una encuesta que arrojó curiosos resultados. Sólo el 4,4 % de los islandeses se autodefine como religioso, es decir que además de creer en Dios van a misa y participan de otras actividades eclesiásticas. El 77 % valida la teoría del Big Bang como origen del mundo. Pero lo realmente extraordinario fueron los resultados entre menores de 25 años. Ninguno de ellos, es decir, el 0% manifestó creer que Dios creó el mundo.

No van contra ninguna religión, pero ya casi no hay creyentes. Se creía que los terremotos o volcanes eran castigos divinos, pero hoy saben cómo funcionan las cosas. Es probable entonces que Islandia sea el país en tener la primera generación totalmente atea del planeta. Eso sí, un 10% de los islandeses dice creer en la existencia de elfos, troles y duendes.

RAZONES PARA IR A ISLANDIA

- Islandia Tierra de Hielo y Fuego.

- Islandia es un país de ensueño. Islandia es tan increíble que parece que estás en otro planeta.

- El país más seguro del mundo. Naturaleza pura y salvaje.

- Capital Cosmopolita. Paisajes de Película. Singular gastronomía.

- Baños geotérmicos. Mínima contaminación.

- Aurora Boreal. Fauna accesible. Tierra de duendes.

En Islandia se pueden vivir las 4 estaciones del año en un solo día.

A su vez, los islandeses son fanáticos de la familia. Los espacios de sociabilidad son intraparientes. Los bautismos, graduaciones, cumpleaños y aniversarios son siempre motivo para reunirse. Y no es fácil integrarse a ese grupo si alguien no está relacionado, aunque sea políticamente. Son en ese sentido tremendamente tradicionales. A la vez, y sin contradicción alguna, están a la cabeza de los nacimientos fuera del matrimonio. El 67% de los niños islandeses son hijos de madres solteras. Lo frecuente es que las jóvenes queden embarazadas a muy temprana edad. Y esa realidad se toma de manera absolutamente natural. Los niños crecen cuidados por los padres con la ayuda de sus abuelos. Las familias son ensambladas: los tuyos, los míos y los nuestros.

La capital islandesa es un perfecto ejemplo de que ciudad y contaminación no siempre son sinónimos. Su casi completa utilización de energías renovables, su alta actividad geotérmica y su mínimo uso de combustibles fósiles en el suministro de energía para la electricidad (0,1%), así como la construcción de cientos de kilómetros de ciclovías y la promoción exhaustiva del uso del transporte público, entre otras cosas, le han otorgado en los últimos años el título de la ciudad más verde del mundo. Todas sus políticas apuntan a la emisión de cero de gases de efecto invernadero para el año 2040.

Otro dato curioso: la población, unos 320 mil en total, cuenta con una aplicación, sólo para islandeses, que puede ser bajada en sus moviles, llamada íslendingabók, con la información genealógica de todos los habitantes y que se remonta a 1200 años. Con ella, cualquiera puede constatar el grado de parentesco que tiene con quien desea relacionarse. Un país sin inmigración significativa y con una población reducida que desciende de un puñado de vikingos asentados en el S. IX mira a la endogamia como una amenaza. En qué momento usan esa aplicación y cómo frenan sus pulsiones en caso de alarma roja queda para la alcoba.

La isla está inmediatamente debajo del Círculo Polar Ártico, el mayor atractivo de la zona para los visitantes.

Es uno de los países con mayor tasa de divorcios. Sexualmente son muy liberales. Nos lo dice la escritora Alda Sigmundsdóttir: si una chica y un chico se conocen puede que vayan a tomar un helado. Probablemente regresen juntos a casa, duerman juntos y al día siguiente estimen si de verdad se gustan. Si ese es el caso, posiblemente vayan al cine y eventualmente tengan un niño, empezarán a vivir juntos y tal vez se casen. Probablemente, todo en ese orden.

No puede dejar de mencionarse que en Laugavegur, la calle principal del centro de Reikiavik, en un importante edificio funciona The Icelandic Phallological Museum (o Faloteca Nacional de Islandia), es decir el único museo del mundo dedicado íntegramente al pene, indistintamente de personas o animales. La tienda de suvenires no tiene desperdicio.

El magnífico Museo Nacional permite disfrutar de su extraordinaria colección de la historia de Islandia.

El índice de alfabetización alcanza al 99,05% de sus habitantes. Y el 75% de la población adulta completó sus estudios universitarios entre los 25 y los 28 años. La mínima existencia de inmigrantes y la escasa población hace que los trabajos más modestos sean muchas veces ejercidos por profesionales.

El problema, es que todos se diploman, pero no siempre en las carreras que el país necesita. No hay carpinteros ni gente de servicio. Todos los estudiantes trabajan. Nadie puede pensar en vacaciones en Tailandia. Islandia está a la cabeza de cantidad de lectores en el mundo. El 85% de sus habitantes lee y uno de cada diez ha publicado un libro. Además, está primera en la lista de países con mayor porcentaje de autores (escritores, músicos, etcétera). La industria editorial tiene el récord mundial de producción de libros por habitante. La literatura tiene aquí sus mayores devotos. Y los escritores son adorados. Björk es el crédito islandés en el mundo por su trascendencia en la música. Se crió en Reikiavik y muchos la consideran la voz de Islandia. Otra celebridad es el campeón mundial de ajedrez Bobby Fischer, a quien su país de nacimiento, Estados Unidos, le quitó el pasaporte por cuentas pendientes con la justicia. Islandia, donde murió a los 64 años, le había otorgado la ciudadanía en agradecimiento por el encuentro de 1972 con el ruso Boris Spassky, por el título mundial que terminó ganando Fischer y que hizo mundialmente conocida a Reikiavik.

Un inglés también es venerado aquí. En honor a John Lennon, en 2007 se inauguró en la isla de Viðey la Torre Imagina la Paz. Consiste en una torre de luz que se enciende entre el 9 de octubre, día de su nacimiento y el 8 de diciembre, día en el que murió asesinado. La base del monumento, de piedra blanca, tiene tallada la frase imagina la paz en 24 idiomas.

Borges visitó tres veces la Isla y siempre exhibió fascinación por las sagas, al punto que su viuda inscribió en la piedra que marca su tumba la frase Hann tekr sverthit Gram ok leggr í methal theiera bert (Tomó la espada Gram y la colocó entre ellos desenvainada) que corresponde a la saga Völsunga.

En el itinerario de doce días que puedes hacer por la ruta que da vuelta por toda la isla y que se conoce como Ring Road, un camino solitario, de pronto puedes ver una casa con mesas afuera y un cartelito. Paras y una señora de generosa sonrisa dice que sí, que podemos tomar café. Hay una cafetera encendida. Ella señala que podemos servirnos nosotros mismos. Mientras, nuestra anfitriona teje mirando el paisaje a través de la ventana y despreocupada por lo que hacemos nosotros. En el lugar hay varios suéteres a la venta.

El café es en realidad parte de una granja en la que se crían ovejas. Muchos alumnos de escuelas primarias visitan el lugar, que se llama Bjarteyjarsandur, para tomar contacto con lo que es un negocio en el campo. Quizás te muestren el establo donde las ovejas tienen a sus crías. Un verdadero salto en el programa que los viajeros tienen sin previsión alguna y que resultan los más estimulantes del viaje.

Unos 25 kilómetros al norte de Husavic, Aðalgeir Egilsson, que supera las 80 primaveras, habilitó en su propiedad un museo costumbrista (el Mánárbakki Folk Museum) sobre épocas islandesas ya pasadas. Transportó una casa de dos plantas y la llenó de ropa, muebles y enseres del pasado. Lo mismo hizo con dos pequeñas casas, esas de las llamadas turf houses, construidas ahora, pero con técnicas antiguas. Su carácter ayudó con su obsesión de coleccionista compulsivo. Cajas de fósforos, máquinas de lavar antiguas, postales ...

Pasé ocasionalmente frente a la prisión de Litla-Hraun, cerca de Eyarbakki en el sur de Islandia. Se supone que es la prisión más grande del país. Sólo se veía un pabellón bien mantenido y un gran patio cercado por alambre tejido. No hace falta más. Es el país con menos cantidad de presos por habitante. Una media de 147.

No es difícil sacar alguna conclusión del porqué. Una sociedad con escasas tensiones sociales gracias a sus índices igualitarios. El 97% de la población se considera a sí misma como de clase media. Hasta 1989, la ley seca que regía en Islandia prohibía el consumo de cerveza. Hoy el alcohol no está prohibido, pero es carísimo, razón por la cual en el Aeropuerto Internacional de Reikiavik, donde se vende alcohol sin impuestos, las góndolas con botellas son interminables. Tampoco es posible comprar alcohol en otro lugar que no sea la cadena estatal llamada Vínbúðin, y para eso hay que tener más de 20 años. De todas maneras, no es difícil ver, particularmente los fines de semana, gente tomando copas, aunque raramente provocando disturbios.

Es también el país de mayor consumo de marihuana per cápita. De los 320 mil habitantes, 55 mil fuman cannabis. Detrás vienen Nueva Zelanda, Canadá, Holanda y los Estados Unidos. No es legal, pero quienes cultivan marihuana sólo son multados. Nadie va a prisión por eso, salvo que exceda los límites del consumo y alcance una escala de negocio.

Absolutamente blanca es la imagen que arroja una foto satelital de Islandia tomada durante el invierno. El hielo y la nieve lo cubren todo. Apenas una mínima extensión de tierra en el Sur, en los alrededores de Reikiavik, se salva del manto blanco. Claro, la isla está inmediatamente debajo del Círculo Polar Ártico. Sin embargo, no es tan frío como parece. El secreto es que la alcanza la corriente del Golfo (alimentada por las corrientes de Florida, Yucatán y la corriente atlántica del Golfo de México), lo que le confiere un clima oceánico, es decir templado.

Cuando el avión aterriza en Keflavik, es normal pensar que Islandia está sobrevalorada. Hay que recorrer 50 km por un extraño secarral hasta alcanzar Reikiavik, una capital a simple vista bastante pueblerina. El viajero puede llegar a pensar que se ha equivocado de destino. Aunque se encuentre con uno de los 22 días soleados que se dan cada año, cuesta entender por qué John Carlin cree que Islandia es El mejor país del mundo. Pero la primera impresión dura poco. Enseguida habrá que echar mano de nuestros mejores calificativos porque los vamos va a necesitar todos. Quien viaja a Islandia no puede parar de repetir maravilloso, increíble, grandioso, alucinante …

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Por comparar, Islandia tiene una superficie equivalente a Andalucía más la Comunidad Valenciana, aproximadamente, pero parece inabarcable porque es muy montañosa y su litoral de 5.000 km con puntillas resulta lento de recorrer. El 14 por ciento de la isla está ocupado por glaciares, entre ellos el más grande de Europa, el Vatnajökull, de 150 km de ancho por unos 100 km de largo (mirándolo de sur a norte). Un glaciar es algo que algunos no vemos todos los días, espectacular. Solo el 23 por ciento de Islandia tiene vegetación. Esto hace que, a primera vista, parezca un lugar desolado si no se tienen en cuenta las praderas verdes con muchas ovejas, bastantes caballos y algunas vacas.

Una vez aceptado que la belleza no solo está en los bosques, es fácil no echarlos de menos porque todo es prodigioso en esta isla volcánica: cada montaña, valle, campo de lava, acantilado, fiordo, playa… y también esas cascadas que nunca se acaban.

“Todo el mundo tiene un libro en su estómago”, dicen los islandeses. Y, desde luego, ellos lo tienen: son el país con más escritores del mundo, con más libros publicados y más libros leídos (en las medias por habitante). En este país, el de las sagas medievales, la literatura no es cualquier cosa. Aquí los escritores reciben un sueldo del Estado para que escriban tranquilamente. Y se calcula que una de cada diez personas publicará algo a lo largo de su vida. El 93% de la población lee al menos un libro al año, y más de la mitad compra al menos ocho títulos, lo que hace que las ventas proporcionales –sobre todo, las de novela negra– sean mucho más altas que las de sus vecinos escandinavos.

Si bien, como apunta el pintor y novelista Hallgrímur Helgason (Reikiavik, 1959) –autor de 101 Reikiavik (RBA) y La mujer a mil grados (Lumen/62)– “tenemos muchas horas de oscuridad –en enero algunas zonas cuentan con solo tres horas de sol–, afuera hace mucho frío y algo hay que hacer” , existen muchas causas que explican el papel central de la lectura en la cultura islandesa.

Los dos libreros de Bókin en su mítico establecimiento de Reikiavik, donde el desorden es sólo aparente.

Jón Kalman Stefánsson (Reikiavik, 1963) publicó El corazón del hombre (Salamandra), novela que cierra su llamada Trilogía del muchacho, protagonizada por un personaje innominado, “el muchacho”, que se deslumbra ante las bibliotecas llenas de libros de las casas de los ricos e identifica no solo la sabiduría, sino la riqueza, con la presencia de libros. Jón Kalman (en Islandia no hay apellidos, sino patronímicos, es decir, Stefánsson solo nos dice cómo se llamaba su padre) apunta, asimismo, que vive en nosotros, desde tiempos remotos, la creencia en el poder de la palabra. Hoy vivimos inundados de palabras y, de entre todo ese alud, debemos esforzarnos por distinguir aquellas que realmente dicen algo. Estamos convencidos de que, sin la palabra, no existiría siquiera la vida. En el Génesis, Dios tuvo que usar palabras para que se hiciera la luz. Puedes pasar de ser feliz a infeliz solo por palabras. Aquellos que escriben deben tener fe en el poder antiguo de las palabras, sobreponerse a las dudas que a todos nos atraviesan a veces.

En estos momentos, unos 70 escritores islandeses están cobrando un sueldo, por un período que puede ser de tres, seis, nueve meses o un año y en algunos casos excepcionales alargarse hasta los dos años. De esos 70, solamente quince lo cobran durante un año o más. Cuando las ayudas empezaron, a mediados de los años setenta, se equipararon al salario de un profesor universitario, pero ahora equivalen al de un camarero, según los estándares del país: son 3.230 euros brutos, que se quedan –tras el pago de los elevados impuestos– en unos 2.400 euros netos. Sus perceptores no son estudiantes o aprendices, sino escritores profesionales “que suman a este dinero los ingresos por sus derechos de autor”, aclara Ragnheidur Tryggvadottir, secretaria de la Asociación de Escritores, que añade: “Es la base que permite su profesionalización”. Prácticamente todos los escritores del país –salvo el superventas internacional Arnaldur Indriðason, que ha vendido millones de ejemplares de sus traducciones– lo han disfrutado en alguna ocasión.

Audur Ava Ólafsdóttir en la terraza del Café Haití de Reikiavik, junto a un ejemplar de su novela, 'Cicatriz'.

La explicación es que es imposible subsistir viviendo solo de las ventas de tus libros en un país de 320.000 habitantes. Arnaldur, el número 1, es el único que alcanza los 20.000 ejemplares vendidos. Los autores cobran, en todo el mundo, un 10% del precio de cada libro. Aquí, un título de gran éxito es el que llega a las 3.000 copias –el equivalente a 460.000 en España–. Si el libro cuesta, pongamos, 20 euros, el autor solamente ingresaría 6.000 euros –menos los elevados impuestos– por el trabajo de varios años. “Se hace imprescindible la ayuda estatal”, opina Guðrún Vilmundardóttir, la editora de Jón Kalman y Auður Ava Olafsdóttir en Benedikt, uno de los nuevos sellos que han nacido últimamente, en este caso como una escisión de Bjartur-Veröld, la segunda editorial del país. “Sin ayudas, solo podrían vivir dos autores, a lo sumo tres”, aclara a su vez Úa Matthíasdóttir, directora literaria de Forlagið, la primera editorial en tamaño, para quien “la identidad islandesa está muy ligada a la literatura y la lengua y, si queremos conservarla, hemos de producir libros islandeses interesantes”. “¡Necesitamos poetas, ensayistas, narradores!”, clama Ragnheidur.

La secretaria de la Asociación de Escritores puntualiza que “muchas de las peticiones, la mayoría, son rechazadas”. El comité que decide a quién se destinan los fondos está formado por tres académicos de la universidad, que a su vez escogen a otras tres personas. “Antes había miembros de la asociación directamente, pero hubo críticas porque en ocasiones miembros de la junta solicitaban las ayudas para sí mismos, y hace un año cambiamos el sistema. No se hacen público los nombres del jurado hasta que no han emitido su veredicto”. En su solicitud, cada escritor debe explicar razonadamente el proyecto en el que está trabajando, el tiempo que necesita para finalizarlo y otros detalles. Es un sistema radicalmente diferente al fenecido suport genèric que hubo en su día en Catalunya, que consistía en que el Govern compraba ejemplares de los libros publicados en catalán, lo que no distinguía entre buenos y malos proyectos.

Ragnheidur Tryggvadottir, secretaria de la Asociación de Escritores Islandeses, en la sede de la institución, que participa en la concesión de ayudas a los creadores.

Al principio, existía un consenso social sobre la necesidad de subvencionar a los escritores. Sin embargo, la crisis económica del 2008 hizo que cerraran muchas editoriales y que brotaran algunas críticas –“sobre todo en la prensa sensacionalista”, apunta Guðrún– y “algunas personas se preguntaron en público por qué los escritores debían cobrar un sueldo, es un tema fácilmente manipulable, se dice que hay problemas con las residencias de ancianos y que el dinero va a los escritores, pero es falso porque son cantidades muy distintas”, explica Úa. Incluso hubo algún escritor, como el guionista Stefán Máni, que se opuso públicamente al mecanismo. Las encuestas más recientes señalan que un 54% de los islandeses todavía apoya este sistema único en el mundo, aunque los que se oponen superan el 40%. Por partidos, solo los votantes del derechista Partido de la Independencia y los liberales del Partido Progresista preferirían acabar con estas subvenciones –aunque la cúpula del primero, hoy en el gobierno, no está por la labor– mientras que en los otros cuatro partidos del parlamento –socialdemócratas, verdes, Futuro Luminoso y Partido Pirata– hay una amplísima mayoría a favor del sueldo por escribir.

Helgason, de hecho, tilda de “thatcheristas” a los que critican estos salarios temporales. Y los editores extranjeros se preguntan: ¿sería posible un sistema similar en un país más grande?

La riqueza de la literatura que viene de Islandia es difícilmente cuestionable. Junto a autores de novela negra comercial –como Arnaldur o Yrsa Sigurðardóttir– encontramos, entre los traducidos al español y catalán, la revisión entre lírica y épica de los relatos de marineros que realiza Jón Kalman, una suerte de realismo mágico isleño; o los personajes rabiosamente contemporáneos de Auður Ava –hombres sensibles, nuevas familias, mujeres que encaran naufragios sentimentales– ; las singulares visiones histórico-vanguardistas de Sjón –también letrista de Björk–; o a todo un clásico en vida como Guðbergur Bergsson (Grindavík, 1932) , que obtuvo en el 2004 el premio escandinavo de la Academia Sueca, considerado el pequeño Nobel. En su piso frente al impresionante y gélido mar de la capital, el siempre punzante Guðbergur nos dice que la literatura islandesa actual “no me interesa en especial, no son escritores muy originales, es como un remake de autores que ya existieron, los hay que siguen en el siglo XIX con la dura vida de los pescadores”. Bergsson recuerda la década de los ochenta en España, donde vivía junto a su pareja, el editor Jaime Salinas, y dice que “también el gobierno español había tenido ayudas a la creación, es algo normal. Esto empezó en Escandinavia para que los escritores vivieran decentemente. En el siglo XIX, el mismo Hans Christian Andersen recibió una subvención del rey que le permitió iniciar sus viajes por Europa”.

Úa-Hólmfríður Matthíasdóttir, directora literaria de Forlagid, la principal editorial del país, en la sede de su empresa en el centro de Reikiavik.

Auður Ava Ólafsdóttir (Reikiavic, 1958), autora de éxito internacional con obras como Rosa candida, La mujer es una isla o Excepción (todas en Alfaguara) también se beneficia de las ayudas. “En mi caso, trabajaba como profesora en la universidad, y lo he dejado después de veinte años para lanzarme al vacío, para ser escritora a tiempo completo. Es una ayuda que sirve para que la gente se atreva a tomar esos pasos. Nuestro mercado es muy pequeño. La sociedad recibe luego diez veces más de lo que ha dado”. Un estudio del profesor Ágúst Einarsson, de la universidad de Bifröst, estima que la industria editorial supone el 1,5% de la economía nacional, según datos del 2014. En cualquier caso, desde que el país se independizó de Dinamarca en 1944, la lengua islandesa –frente a la danesa y el inglés, que hoy todos hablan– es el eje de la identidad nacional, y el premio Nobel a Halldór Laxness en 1955 disparó la autoestima literaria del joven Estado.

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Algunos estudios apuntan la posibilidad de que el islandés acabe extinguiéndose. Contra esa posibilidad se erigen también las subvenciones. La editora Úa revela que “muchos niños islandeses están leyendo en inglés porque, por ejemplo, no pueden esperar a que se traduzca el nuevo Harry Potter. Nuestra obligación es que con los libros no acabe sucediendo como con los videojuegos”.

La sede de la asociación de escritores en Reikiavik es la antigua casa del escritor Gunnar Gunnarsson, fallecido en 1975. Allí, encima del sótano donde se alojan escritores de otros países –que vienen becados a escribir libros sobre Islandia– Ragnheidur detalla la historia“del apoyo a los escritores: “En los años 70, el parlamento aprobó una ley sobre subvenciones. Durante muchos años hubo fuertes presiones de otros artistas para poder tener también salarios y, finalmente, en 1992, se aprobó la ley todavía vigente, que extiende esos sueldos a otras categorías de creadores. Originalmente eran tres: escritores, artistas plásticos y compositores. Más tarde se le añadieron fotógrafos, músicos y diseñadores, y esas son las seis categorías actuales. Las condiciones varían en cada caso: para los escritores tenemos un total de 555 mensualidades, a distribuir entre todos ellos, en períodos que van de los tres meses a los dos años”. ¿Se exige a los escritores subvencionados que presenten luego el libro que hayan escrito? “No. No se les paga por un libro, sino para que trabajen, al finalizar deben presentar una declaración detallada donde explican lo que han estado haciendo y, si no la presentan, no pueden solicitar jamás un nuevo salario”.

Típica casa de turba islandesa con un ‘gafli’ de madera.

Antiguos cuentos populares hablan de los álfar y los huldufólk - dos términos que significan respectivamente “elfos” y “gente oculta”, y que se utilizan de forma más o menos indistinta. Se refieren a un mismo tipo de seres: criaturas que viven ocultas en un mundo paralelo al de los mortales, y casi siempre invisibles a nuestros ojos. Para los extranjeros, el término “elfos” probablemente evoca una imagen muy diferente de la que tienen en mente los islandeses cuando oyen hablar de los “álfar”: cierta especie de ser diminuto de orejas puntiagudas, que puede ser verde o de otro color. Los álfar del folklore islandés, sin embargo, presentan un aspecto bastante diferente: altos y regios, visten finas ropas, y sus hogares son opulentos y están llenos de tapices y ornamentos de oro y plata. Son similares a los elfos de la Tierra Media de Tolkien, aunque no tienen las orejas puntiagudas. Los álfar poseían asimismo grandes poderes. La gente oculta se aparece con frecuencia a los humanos en sueños, a menudo cuando necesitan su ayuda. Muchos relatos nos hablan de mujeres de la “gente oculta” que se ponen de parto y reciben la asistencia de una mujer mortal al dar a luz. Si la mujer mortal hace lo que le pide el ser del otro mundo (a menudo el marido de la mujer de la “gente oculta” que está de parto), su vida mejora invariablemente. Sus cosechas son abundantes, sus hijos crecen fuertes y la buena fortuna impregna todos los aspectos de su vida. Sin embargo, si la mujer mortal rehúsa prestar su ayuda al ser del otro mundo, su vida se tuerce, y a menudo acaba sus días sola y desamparada. En otras palabras, la gente oculta tenía el poder de favorecer o perjudicar el destino de un ser humano.

De todos modos, ésta no era la única forma en que las historias de la gente oculta servían a los antiguos islandeses para hacer más llevadera su sacrificada vida. También les ayudaban a enfrentarse a la pérdida y la tristeza. En muchos de los relatos de la gente oculta, los seres del otro mundo raptan a niños mortales y se los llevan hasta su mundo paralelo, donde los crían convenientemente. Algunos expertos creen, no obstante, que estas historias encierran un trágico significado. Muchos niños de la antigua Islandia se perdían. Quizás sus padres no podían tenerlos vigilados constantemente —después de todo, la gente podía trabajar por aquel entonces hasta 18 horas en un día de verano, intentando sacarle el máximo partido a esta corta estación, y se dejaba a los niños más o menos a su aire. En ocasiones los propios niños participaban en las labores del campo, a menudo solos, ya que a veces se les ponía a trabajar a partir de los cinco años. Fuera cual fuera la causa, a menudo se perdían, y teniendo en cuenta los peligros del paisaje islandés, no resulta difícil imaginar que los accidentes eran frecuentes, muriendo en ocasiones ahogados en ríos, despeñados en algún acantilado o tras caer en alguna profunda grieta creada por la lava.

¿Cómo se enfrentan unos padres al dolor por la pérdida de un hijo cuando no existe privacidad, cuando uno convive hasta con diez personas más en una pequeña habitación. Quizás se decían a sí mismos que el niño se había ido a vivir al ‘mundo oculto’, donde alguien cuidaría bien de él (o de ella). Algunos relatos de la gente oculta eran probablemente una forma de ayudar a la gente a superar su dolor por la pérdida de un hijo.

Otro elemento habitual en las historias de la gente oculta es el de las relaciones románticas y sexuales entre mujeres mortales y hombres del otro mundo, a quienes se llamaba ljúflingar, literalmente, “hombres amables”. En estos relatos, la mujer se encontraba muy a menudo trabajando en un establo de montaña, llamados sel en islandés, una estructura rudimentaria construida cerca de los pastos de montaña, a una distancia considerable de las granjas. Aquí era donde se guardaban las ovejas durante el verano, y las campesinas a menudo se quedaban viviendo en este establo durante una temporada, solas o acompañadas de alguno de sus hijos, quienes las ayudaban a cuidar de las ovejas en los pastos, o incluso acompañadas de más gente, dependiendo del tamaño de la granja. La mujer era la encargada de ordeñar a las ovejas diariamente, y de hacer mantequilla y skyr, un lácteo islandés similar al yogur.

En estas narraciones, las mujeres a menudo se enamoran de hombres del otro mundo, quedándose embarazadas de ellos. Estos hombres suelen ser muy atentos con la mujer durante su embarazo, las asisten en el parto y finalmente se llevan al niño para criarlo en el mundo oculto. Como toque final, el hombre del otro mundo nunca consigue olvidar a la mujer mortal, ni ella a él, por lo que su historia se acaba convirtiendo en un amor atormentado y no correspondido.

A día de hoy, los expertos interpretan estos relatos de muy diversas maneras. Una de ellas es que es posible que desempeñaran una función similar a la de la novela rosa o romántica en la actualidad, sirviendo como fantasías para las mujeres solitarias que no conseguían casarse, ya que las autoridades de la época ejercían restricciones tiránicas en lo relacionado con los casamientos, y en estos casos los campesinos, y más concretamente las campesinas, se encontraban decididamente en desventaja. De este modo, las historias de amantes de otro mundo podrían haber ayudado a las mujeres de la época a evadirse de las duras condiciones de su vida real.

Grabado en el que se observa a un hombre saltando al vacío en un precipicio mientras persigue a una mujer de raza élfica. Ilustración de la leyenda islandesa de Hildur, reina de los Elfos.

Existe sin embargo otra posible explicación, más siniestra. Las mujeres que trabajaban en locales dedicados al alojamiento eran a menudo víctimas de abusos sexuales, ya fuera a manos de sus jefes o de campesinos de granjas cercanas. Las leyes islandesas de la época imponían severas penas por tener hijos fuera del matrimonio, por lo que las historias de los ljúflingar podrían haber sido utilizadas en el pasado para justificar embarazos no deseados. De forma aún más trágica si cabe, el hecho de que el hombre del mundo oculto se llevara al niño podría haber servido para encubrir casos de infanticidio, un crimen tristemente frecuente en aquellos días, dadas las consecuencias que conllevaban los nacimientos ilegítimos. Los ejemplos expuestos en este artículo tienen poco que ver con las noticias sensacionalistas de “islandeses que creen en elfos” publicadas por los medios o por la industria turística islandesa. De hecho, esta propaganda trivializa una trágica y profunda realidad, pasando por alto además el importante valor histórico y cultural que estas creencias ancestrales atesoran para la nación islandesa.

Islandia dejó caer a sus bancos en 2008 porque resultaron ser demasiado grandes para rescatarlos. El país sufrió, además, la emigración más grande en 150 años. Pero la economía se ha ido recuperando, en gran parte gracias a la ayuda exterior del FMI, Rusia y de los países nórdicos, a una industria pesquera pujante y a algunos polos industriales exportadores.

Ninguna mujer volverá a cobrar menos salario que un hombre en Islandia. El país nórdico, según la agencia de noticias AP, es el primero en el mundo en obligar a las empresas que demuestren que ofrecen el mismo salario independientemente del género, la etnia, sexualidad o nacionalidad del trabajado.

Partiendo de la bulliciosa Reykjavik, paisajes de otro mundo, glaciares árticos, cataratas impresionantes, playas negras... La apabullante naturaleza islandesa.

Tenían una normativa que permitía matar vascos. Una ley de 1615 permitía el asesinato de vascos en el distrito de los Fiordos Occidentales de Islandia. Se derogó en abril de 2015. La ley la promulgó el rey danés Cristián IV y la hizo cumplir Ari Magnússon, jefe de la región, para que sus vecinos persiguieran a los balleneros vascos que acababan de sufrir un naufragio: mataron a 32, la mayor masacre de la historia de Islandia.

No tiene Ejército. La importancia estratégica militar de Islandia destaca al echar un simple vistazo al mapa y, sin embargo, es el único país de la OTAN que no posee fuerza militar propia.

Y una curiosidad: Reykjavik, la capital, cuenta con un museo del pene. Aquello empezó como una broma y ahora se ha convertido en el museo de penes más grande del mundo.

Islandia es uno de los cinco países de Europa que no tienen ni un solo McDonald's en sus calles. En el país de los volcanes, desiertos, montañas y glaciares, cerró el último establecimiento de comida rápida de la cadena estadounidense en 2009. Pero eso no quiere decir que sus hamburguesas hayan desaparecido de la isla: queda una, incorrupta. En un albergue de Snotra House, en Þykkvibær, al sur del territorio, se guarda la reliquia culinaria en una vitrina: una hamburguesa con queso acompañada de un paquete de patatas fritas. Cualquiera pensaría que esos alimentos están ya más que podridos después de una década. Todo lo contrario, tanto las personas que acuden de todo el mundo al establecimiento, como aquellos que se asoman a Internet (unas sorprendentes 400.000 conexiones diarias) pueden comprobar que ambos productos aparentemente no han acusado el paso del tiempo.

Esta hamburguesa no es una hamburguesa cualquiera, sino la última que se vendió en el país de los volcanes y de los glaciares. La adquirió Hjörtur Smarason, que había oído que los productos de la cadena de comida rápida nunca se descomponían, según explicó a AFP. Así, la guardó durante tres años en una bolsa de plástico en su garaje. Pasó el tiempo, y nada parecía haber alterado el estado de los alimentos. Después donó el menú al museo nacional, que aseguró que no tenía los medios para conservarlo, y se lo cedió a un albergue. Poco después, acabó en una casa de huéspedes al sur del país, donde se exhibe como un trofeo y un reclamo publicitario, y donde ha permanecido los últimos años, sin inmutarse.

Los responsables del establecimiento, que se presenta como una casa acogedora en medio de la nada y tiene en su web un epígrafe dedicado al menú de McDonald's, destacan el interés internacional por la última representante de la comida rápida islandesa, muy visitada especialmente en verano. El responsable de la casa de huépedes, Siggi Sigurdur, aseguró a la BBC: "Es algo divertido verlo, pero te hace pensar en lo que estás comiendo. No hay moho ni signos de deterioro, solo el envoltorio parece viejo".

La diversidad de paisajes y su espectacularidad han hecho que Islandia se haya convertido en un inmenso plató de cine donde se ruedan las más extraordinarias películas. La joya de la corona en cuanto a platós naturales se refiere es Vatnajökull, una vasta zona blanca y montañosa situada al sureste de Islandia formada por el glaciar más grande de Europa. Vatnajökull está dentro del parque natural nacional más grande de Europa, con una superficie de 13.600 km². Aquí se han rodado películas como Tomb Raider (2001), en la que se puede admirar laguna de Jökulsárlon, o varias escenas de la saga James Bond, entre ellas, Panorama para matar (1985) y Muere otro día (2002). Y, cómo no, algunas de las más emocionantes escenas de la serie Juegos de Tronos. Ésta se ha prodigado por tierras islandesas y en sus distintas temporadas ha elegido en varias ocasiones los paisajes de la isla de "Tierra y Fuego" para ubicar las luchas por el Trono de Hierro.

La belleza misteriosa de este paraje del Parque Nacional de Vatnajökull, la ha convertido en una de los escenarios preferidos para rodar películas mágicas y de ciencia ficción como Batman Begins (2005).

Las tierras altas de Islandia tienen una belleza singular definida por las montañas multicolor de riolita y sus extensos campos de lava. Las formaciones geológicas de alrededor están tintadas de tonos marrones, rosados, verdes, azules, morados… El volcán Hekla, la cascada Dettifoss y río Krossá son tres de sus grandes atractivos, estos dos últimos aparecen en el filme Prometheus de Ridley Scott (2012). También la secuela de Thor, Thor 2 (2013), eligió este espectacular paisaje.

La vida secreta de Walter Mitty de Ben Stiller (2013) fue grabada en gran parte en Islandia, en lugares como la península de Snaefells, la cascada Skógafoss, Vik y el Parque Nacional Vatnajökull. Skógafoss, en el sur del país, es una de las visitas ineludibles y una de las cascadas más bellas del mundo. Su estrepitosa caída desde 60 metros de altura hace que siempre se formen arco iris en la base.

La cuarta temporada de Juego de Tronos, escogió el Parque Nacional Thingvellir, Patrimonio de la Humanidad, como uno de los escenarios más importantes de la serie. Aquí se estableció en el año 930 el Alþingi – el parlamento nacional de Islandia– hasta 1798, que se trasladó a Reikiavik. Ni que decir tiene que legiones de fans repasan cada uno de los escenarios utilizados en las numerosas ocasiones.

Para rodar la última versión de Viaje al centro de la tierra (2008) se eligió este parque que siempre ha sido considerado como una de las entradas al centro de la Tierra de la famosa novela de Julio Verne. El parque debe su nombre al glaciar Snæfellsjökull, que es a la vez volcán. Está situado en en la alargada península de Snaefellsnes, al oeste de la isla.

La península de Reykjanes es un extenso campo de lava, plagado de fumarolas y géiseres, alberga la llamada Laguna Azul, un inmenso spa geotérmico cuyas aguas provienen de la central eléctrica de Svartsengi y tienen una temperatura media de 37-39°C durante todo el año. Cerca se halla la playa de Sandvik donde en 2006 se filmaron escenas de la película Banderas de nuestros padres de Clint Eastwood.

El filme Oblivion (2013) con Morgan Freeman y Tom Cruise fue rodada en numerosas localizaciones de Islandia como Earl, en el sur de la isla, al que sólo se puede acceder en helicóptero. También en la zona de géiseres de Hveravellir, en la imagen, en torno a los lagos de Torisvatn y en el cráter del volcán inactivo de Hrossborg. "Islandia es absolutamente impresionante", aseguró Tom Cruise, que había viajado por primera vez a la isla volcánica para interprertar a Jack Harper, un integrante de una operación destinada a extraer los últimos recursos del planeta Tierra. "Es la belleza de la desolación. Y encajaba muy bien con la estética que buscaba para 'Oblivion'", explicó su director Joseph Kiosinski. Además, la película se rodó durante la época del sol de medianoche, en la que sol permanece durante 24 horas: "Desde el punto de vista de un director es una oportunidad asombrosa de trabajar incontables horas con esa hermosa luz", aseguró Kiosinski.

Entre los diferentes países en los que se llevó a cabo el rodaje del episodio VII de Star Wars, dirigida por J.J. Abrams, destaca Islandia, concretamente Langjökull, posiblemente por la apariencia casi extraterrestre de este lugar. Islandia, conformado por géiseres, glaciares, volcanes, acantilados y cascadas se ha convertido, en esta cinta, en el lugar idóneo para un encuentro ficticio con humanos y especies procedentes de otros planetas pertenecientes a la República Galáctica. Langjökull, el punto escogido para grabar, es el segundo glaciar más grande de la isla y muestra un paisaje cubierto de hielo y nieve donde reina el color blanco y tonos de azules sutilmente diferentes. Pero este lugar no es solo lo que se ve, sino también lo que se esconde, porque en su interior se halla la primera cueva glaciar del mundo, con 500 metros de largo y construido a 1.260 metros sobre el nivel del mar. 30 años después de El retorno del Jedi la fuerza regresa a Islandia.

Campos de lava, rocas horadadas, acantilados e impresionantes cascadas, extensísimas playas y zonas verdes, glaciares y volcanes, la isla de “Hielo y Fuego” alberga tanta belleza y es tan especial que es posible ubicar en ella cualquier historia. Desde las disparatadas aventuras de Tomb Raider y James Bond a la mítica recreación de la novela de Julio Verne Viaje al centro de la Tierra. Pero hay más, la popularísima serie de Juego de Tronos debe buena parte de su credibilidad escénica a haber sido rodada en Islandia. ¿dónde sino se hubiera podido ubicar la tierra helada y hostil que se encuentra más allá del Muro? Para ubicar con exactitud los escenarios de película en Islandia existe una aplicación para móviles llamada Iceland Film Locations, disponible para iPhone y Android. Es una audio-vídeo-guía con mapas de Google e imágenes que muestra las películas rodadas en territorio islandés.

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Se conoce como Guerras del Bacalao (en islandés: Þorskastríðin; en inglés: Cod Wars) a la serie de luchas principalmente entre Islandia y el Reino Unido por los derechos de pesca, la preservación ambiental y la protección de su economía en el Atlántico Norte desde los años 1950 hasta los años 1970.

En la Primera Guerra del Bacalao se alcanza un acuerdo entre el Reino Unido e Islandia donde el Reino Unido acepta la anexión de Islandia, mientras que Islandia se compromete a adoptar nuevas reclamaciones ante el tribunal internacional en La Haya.

La primera guerra del bacalao tuvo lugar en 1958, cuando Islandia amplió de forma unilateral sus límites jurisdiccionales pesqueros en ocho millas náuticas, pasando de las cuatro que tenía entonces a las doce millas náuticas. Los británicos no tardaron en protestar por aquella situación, que consideraban un atentado contra su integridad y su sector pesquero. Islandia tiene unos caladeros que se sitúan entre los más ricos del mundo. La razón es que ahí confluyen las corrientes cálidas del Atlántico centro con las corrientes frías que bajan, precisamente por su temperatura, desde las costas polares nórdicas, en una especia de corriente de convección. Este hecho provoca un choque de aguas a diferente temperatura que origina una cantidad descomunal de oxígeno, caldo de cultivo éste para la existencia del plancton marino, que a su vez es el principal alimento de muchas especies marinas. Debido a esto, la ampliación de los límites pesqueros soberanos por parte de Islandia desembocó en el inicio de este conflicto internacional. La razón de su nombre fue que el bacalao es la principal especie por las que ambas flotas pesqueras faenaban en esos caladeros. La situación se calmó debido a que, en realidad, la ampliación tampoco limitaba en gran medida las faenas de los pesqueros británicos por lo que, en un primer momento, los británicos aceptaron las imposiciones islandesas.

Refriega entre el HMS Scylla y el Odinn en la Tercera Guerra del Bacalao.

En 1972, catorce años después del primer suceso, los islandeses, presionados por la merma de los recursos pesqueros y de sus caladeros, decidieron unilateralmente volver a ampliar sus límites jurisdiccionales pesqueros hasta las 50 millas náuticas, con lo que se generó un conflicto de mayores dimensiones. Pese a la adversidad, los británicos lograron presionar diplomáticamente a los islandeses para que concedieran la entrada de sus pesqueros dentro de sus límites, en zonas concretas y bajo la promesa de no superar la cifra de capturas anuales de 130 000 t de bacalao. Dicho acuerdo tuvo una vigencia de dos años.

Durante 1974, los ricos caladeros islandeses ya empezaban a sufrir una importante merma. A ello había que sumarle que la economía islandesea era, por aquel entonces, extremadamente dependiente del sector pesquero. En la actualidad lo sigue siendo, pero en menor medida. Estos factores provocaron que los islandeses rompieran el acuerdo firmado con los británicos dos años antes. En 1975, Islandia fijó unos límites jurisdiccionales pesqueros de exclusión de 200 millas náuticas. Tras el anuncio desplegó seis barcos guardacostas y dos patrulleros de la policía. Sin embargo, los pesqueros británicos habían recibido permiso por parte de su gobierno de faenar dentro de ese límite. Los islandeses optaron por romper las redes de pesca, tanto por parte de las autoridades como por parte de los propios pesqueros islandeses. El Reino Unido envió veintidós fragatas de guerra que tenían la misión de proteger a sus cuarenta pesqueros mientras faenaban. Durante las incursiones pesqueras británicas dentro de los límites marcados por los islandeses, hubo otros altercados entre guardacostas islandeses y fragatas británicas. El argumento islandés se vio reforzado por la celebración de una conferencia extraordinaria por parte de las Naciones Unidas con objeto de revisar las Leyes del Mar y de intentar poner fin al conflicto que se había desatado. La conferencia concluyó dando su apoyo a la política de ampliación de límites llevada a cabo por parte de Islandia. Hubo un factor importante que jugó a favor de Islandia. En plena guerra fría, la base militar de Keflavík, ocupada por la OTAN, era un emplazamiento estratégico para controlar el tráfico de submarinos nucleares soviéticos en el Atlántico Norte. Islandia clausuró la base hasta que no se resolviera el altercado. La presión internacional en contra de los británicos fue notable.

Expansión de la zona económica exclusiva de Islandia.

Las guerras terminaron el 2 de julio de 1976 con la aceptación británica de las condiciones impuestas. Con ellas, se redujo el número de pesqueros británicos autorizados en los caladeros islandeses a un máximo de veinticuatro y un límite de capturas anuales de 50 000 t, casi una tercera parte de lo que venían capturando hasta entonces. La zona económica exclusiva de 200 millas náuticas fue reconocida internacionalmente el 14 de noviembre de 1994, luego de ser acordadas en la tercera conferencia de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del mar en 1982.

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Tres reportajes sobre la evolución política de Islandia tras el estallido social en respuesta a la crisis:

El país se negó a rescatar a la banca e investigó y encarceló a políticos, lo que le convirtió en una referencia en un clima de protesta internacional. Se pusieron en marcha mecanismos participativos en Internet, partidos-sátira que ganaron en la capital y experimentos de democracia directa con desigual resultado.

La Constitución colaborativa que quería cambiar para siempre las reglas del juego El gobierno acató las demandas de la calle e impulsó un proceso constitucional dirigido por la ciudadanía para reescribir la ley suprema del país. El proyecto de ley resultante fue criticado por su carácter "amplio y difuso" y careció del apoyo parlamentario necesario para ser aprobado en 2013.

De cuando el Partido Pirata estuvo a punto de gobernar un país. De las protestas por la crisis surgió una demanda de partidos ciudadanos de carácter antiestablishment y anticorrupción. Las encuestas llegaron a dar al Partido 'Pirata' un 43% del voto, pero en las elecciones generales no obtuvieron los apoyos necesarios.

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