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El Tambor de Hojalata de 1979 (Die Blechtrommel)
es una película de drama bélico y cine político alemana,
coproducida por Alemania occidental y Francia, dirigida
por Volker Schlöndorff. Basada en la novela homónima,
obra del premio Nobel de Literatura de 1999 Günter Grass,
es el drama de un niño que toca un tambor de hojalata
para expresar su inconformismo ante la vida durante
el ascenso del Tercer Reich. La película fue ganadora
de la Palma de Oro del Festival de Cannes y del Óscar
a la mejor película de habla no inglesa en 1979.
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| Esta premiadísima película de Sidney Lumet y protagonizada
por Rod Steiger habla de la dificultad de los supervivientes
del nazismo a la hora de rehacer sus vidas. El protagonista
del film, después de sobrevivir al exterminio judío,
trabaja en una tienda de préstamos en el barrio
de Harlem. Sin embargo, los dolorosos recuerdos
son todo a lo que se reduce su vida. |
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| Alain Resnais no explica historias de la manera
más convencional, y por eso esta compleja mirada
de la realidad del Holocausto es tan excepcional.
Cruda, realista y documental. |
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| Este film es más bien un documental que permaneció
perdido durante 35 años, hasta que fue reconstruido
y está disponible desde el 2015. Hitchcock, el cineasta
del terror y suspense por excelencia, nos muestra
uno de los episodios más oscuros de la historia
de la humanidad. |
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| Con una duración de 8 horas, este otro documental
es completamente necesario para entender el horror
por el que pasó todo aquel que fue tocado por el
nazismo. Con una magistral búsqueda de imágenes
y entrevistas a víctimas, testigos y expertos, Claude
Lansmann crea una obra imprescindible, que tardó
10 años en realizar. |
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| Hannah es una chica de origen judío pero de débiles
creencias religiosas que, tras acudir a casa de
su tía para celebrar la Pascua hebrea, se verá transportada
en el tiempo hasta 1941, donde será una prisionera
en un campo de concentración nazi. |
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Cate Blanchett, al igual que Daniel Brühl,
repitió dentro de este subgenero que es el cine
con temática nazi.
En 1943, la escocesa Charlotte Gray (Blanchett)
se lanza en paracaídas detrás de las líneas enemigas
en la zona ocupada del sur de Francia. Ha sido reclutada
por el gobierno inglés para unirse a un grupo local
de la Resistencia que utiliza tácticas de guerrilla
para enfrentarse al ejército alemán de ocupación. Pero
lo que ella pretende es encontrar a su novio Peter (Penry-Jones),
un piloto inglés, cuyo avión fue abatido. Charlotte
ingresa en el comando de la Resistencia que dirige Julian
Levade (Crudup) y a partir de entonces su vida empieza
a cambiar. Cuidada adaptación del best-seller escrito
por Sebastian Faulks y en el que destaca su lograda
ambientación y una sobria dirección.
A finales de la II Guerra Mundial (1939-1945),
a un selecto grupo de historiadores, directores de museos
y expertos en arte, tanto británicos como norteamericanos,
se les encomienda la importante y peligrosa misión de
recuperar las obras de arte robadas por los nazis durante
la guerra para devolvérselas a sus legítimos propietarios.
Era una misión imposible: las obras estaban muy bien
custodiadas y el ejército alemán tenía orden de destruirlas
en cuanto el Reich cayera. Pero aquellos hombres, en
una carrera contrarreloj, arriesgaron sus vidas para
evitar la destrucción de miles de años de cultura de
la humanidad.
En 1945, terminada la Segunda Guerra Mundial,
Jake Geismar (George Clooney), un corresponsal de guerra
norteamericano, vuelve a Berlín para informar sobre
la Conferencia de Postdam, que reunirá a Truman, Churchill
y Stalin. Al mismo tiempo, se ve envuelto en un turbulento
asunto por intentar ayudar a Lena Brandt (Cate Blanchett),
una antigua amante, cuyo marido es buscado tanto por
los americanos como por los rusos.
Steve Buscemi forma parte de este grupo
de repetidores.
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El 20 de enero de 1942, destacados representantes
del régimen nazi alemán se reunieron en una villa de
Berlín-Wannsee para una reunión que pasó a la historia
como la Conferencia de Wannsee, en la que se decidió
el asesinato sistemático de 11 millones de judíos.

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El artista soviético Eugene/Evgeny Stepanovich
Kobytev, fue soldado del Ejército Rojo durante la Gran
Guerra Patria, fue capturado por los nazis.

Después de escapar, regresó al Ejército
Rojo, luchando hasta Berlín. Especialmente famoso como
el soldado en los retratos de 'antes y después'.
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The Courageous Heart of Irena Sendler es una
película realizada para la televisión por el programa
Hallmark Hall of Fame en colaboración con la CBS
y protagonizada por Anna Paquin (Irena Sendler)
y Marcia Gay Harden (madre de Irena).
Cuenta la historia de Irena Sendler, una trabajadora
social del Departamento de Bienestar Social de
Varsovia que durante la Segunda Guerra Mundial
utilizó su trabajo para acceder al gueto de Varsovia
y organizar a un grupo de personas para salvar
a los niños judíos del gueto de los campos de
concentración. Se calcula que salvó a más de 2500
niños sacándolos del gueto escondidos en bultos
y entregándolos posteriormente a familias no perseguidas
por los nazis para que los criaran como hijos
propios, en aquellos casos en los que no encontraban
una familia que se hiciese cargo de ellos los
ocultaban en orfanatos o conventos. Irena apuntaba
el nombre de todos los niños, así como su dirección
actual y el nombre de sus familia biológica, con
la esperanza de que una vez finalizada la guerra
pudieran reunirse con sus familias. Todos los
nombres y direcciones los escondió en un tarro
que enterró en un jardín para que no pudieran
ser encontrados.
En 1943, después de un año de trabajo, Irena
fue descubierta cuando uno de sus colaboradores
habló de ella a los nazis bajo tortura. Fue detenida,
interrogada y torturada durante tres meses en
la cárcel de Pawiak para que dijese quién más
trabajaba con ella y donde se encontraban los
niños, pero cuando se dieron cuenta de que no
diría nada la condenaron a muerte. Antes de ser
ejecutada los miembros de la Zegota, una organización
de la resistencia, sobornaron a un oficial para
que incluyese su nombre en una lista de prisioneros
que ya habían sido ejecutados. Irena escapó y
luchó durante el resto de la guerra dentro de
las filas de la Zegota y fue la cabecilla de la
Sección infantil de la Zegota del Consejo para
la asistencia a los judíos. La película termina
con una conmovedora escena de la auténtica Irena
Sendler rindiendo tributo a aquellas madres que
tuvieron que desprenderse de sus propios hijos
para que pudieran sobrevivir.
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Varsovia es la extensa capital de Polonia.
Su amplia variedad arquitectónica refleja
la larga y turbulenta historia de la ciudad,
desde las iglesias góticas y los palacios
neoclásicos hasta los bloques de edificios
del período soviético y los rascacielos
modernos. La ciudad vieja se restauró después
del grave daño que sufrió en la Segunda
Guerra Mundial. Su núcleo es la Plaza del
Mercado, con edificios de colores pastel
y cafés al aire libre. El Monumento de la
Sirena de Varsovia en su centro es un símbolo
de la ciudad.

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Irena fue una mujer de una profunda fe cristiana,
lo cual la impulsó a luchar contra la injusticia
que veía a su alrededor durante toda su vida.
Una vez finalizada la II Guerra Mundial. Irena
Sendler intentó volver a su vida pero fue perseguida
por el gobierno comunista por su afinidad con
los miembros del gobierno polaco que se encontraban
en el exilio y por su asociación con la reaccionaria
Armia Krajowa. Nuevamente fue detenida, sufrió
un aborto de su segundo hijo y se les negó a sus
hijos el derecho de estudiar en universidades
polacas. Pese a los duros años que sufrió después
de la guerra, las acciones de Irena empezaron
a tener reconocimiento a partir de 1965 cuando
la organización Yad Vashem de Jerusalén le otorgó
el título de Justa entre las naciones y la nombraron
ciudadana honoraria de Israel. En noviembre de
2003 el presidente de la República, Aleksander
Kwasniewski, le otorgó la más alta distinción
civil de Polonia: la Orden del Águila Blanca.
Por último, y no menos importante, en 2007 el
senado de Polonia presentó la candidatura de Irena
Sendler al Premio Nobel de la Paz que finalmente
fue concedido al norteamericano Al Gore. Irena
falleció en Varsovia (Polonia) el 12 de mayo de
2008 a los 98 años de edad.
Pese a lo heroico de las acciones de Irena Sendler,
una vez acabada la guerra su historia cayó prácticamente
en el olvido hasta que en 1999 un grupo de estudiantes
de instituto de Norman Conard en el suroeste de
Kansas, Estados Unidos la redescubrieron gracias
a su profesor de historia. Impresionados por esta
mujer llevaron a cabo una campaña para que todo
el mundo pudiera ser consciente de lo que había
logrado, entre otras cosas se pusieron en contacto
con ella y crearon una obra de teatro de estudiantes
llamada Life in a Jar («La vida en un tarro»).
Esta obra ha sido representada a lo largo de todo
el país por distintos grupos de estudiantes extendiéndose
incluso a Canadá y Europa, logrando darle fama
mundial a Irena. Años más tarde, en 2005, la escritora
Anna Mieszwoska escribió una biografía sobre Irena
llamada La madre de los niños del Holocausto.
Todo esto logró que el nombre de Irena Sendler
fuera conocido y que llamara la atención de los
productores de Hollywood. Durante unos años se
habló de adaptar su historia a la gran pantalla
pero en 2008 la CBS anunció que tenía en proyecto
trasladar su historia a la televisión en una película
que en principio se llamaría Miss Irena's children.
En octubre se anunció el equipo artístico de la
película y el 14 de noviembre se ese mismo año
comenzó el rodaje en Riga, Letonia. La ciudad
fue escogida por su casco antiguo al reunir mejores
características que sus siete competidoras, además
esta era la primera vez que una producción americana
se trasladaba a rodar al país. La película tuvo
su preestreno el 15 de abril en Fort Scott (Kansas)
ante más de 400 asistentes. Entre ellos se encontraba
Renata Zajdman, una de los niños que Irena salvó,
y Norm Conard, el profesor que guio a sus estudiantes
para que «redescubrieran» a Irena y cofundador
del Proyecto Live in a Jar.

El ángel de Varsovia, Irena Sendler
(1910-2008).
El estreno europeo de la película fue el 31
de agosto en Polonia en el marco del Festival
de las Artes Solidarias, donde además las actrices
Anna Paquin y Marcia Gay Harden y el director
John Kent Harrison dejaron la huellas de sus manos
en el Paseo de la Fama de Polonia.
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Playing for Time es una película de televisión
de la CBS de 1980, escrita por Arthur Miller y
basada en la autobiografía de la aclamada música
Fania Fénelon, The Musicians of Auschwitz. Vanessa
Redgrave interpreta a Fénelon. Playing for Time
se basó en la experiencia de Fénelon como prisionera
en el campo de concentración de Auschwitz, donde
ella y un grupo de músicos clásicos se salvaron
a cambio de interpretar música para sus captores.
La película fue posteriormente adaptada como obra
de teatro por Miller.
Playing for Time fue elogiado por la crítica
y obtuvo varios premios y nominaciones. Fue el
programa en horario estelar más visto en la televisión
de los Estados Unidos durante la semana de su
lanzamiento en 1980, visto en 20,4 millones de
hogares.
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| Helena Studler es una religiosa dedicada a cuidar
huérfanos y abandonados en la Francia de principio
de la II Guerra Mundial. La agitación también ha
llegado al pueblo que los nazis lo han tomado y
la dureza supera a cualquier cosa imaginable. Durante
este periodo, Helena descubre un campo de concentración
cercano y junto a algunos vecinos y Hermanas de
la Caridad, trazarán un plan para liberar a los
presos de su trágico final. |
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| Inspirado en una historia real, narra cómo en
los últimos meses de la II Guerra Mundial, en Hungría,
un joven judío roba un uniforme nazi y se hace pasar
por un oficial alemán para intentar salvar a su
familia y a otros judíos. |
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Sobibor es un pequeño pero activo campo de concentración,
donde la única esperanza de salvación es la huida.
Existe un plan para sacar de ese infierno al mayor
número de personas posible, pero hay que tener
en cuenta que, de prosperar la fuga, los alemanes
tienen como norma eliminar a tantos prisioneros
como hombres consigan escapar.

El 14 de octubre de 1943, más de 400 prisioneros
dirigidos por el oficial judío soviético Alexánder
Pecherski llevaron a cabo un alzamiento en el
campo de exterminio de Sobibor. La crítica
la puso a caer de un burro.
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| La película se basa en una historia real y se
construye a partir del diario personal de Antonina
Zabinski. Ella y su marido rescataron a 300 judíos
del gueto de Varsovia, en una tarea donde siempre
estaba en juego su vida. |
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| 'Europa Europa' es una historia basada la vida
de Salomón Perel, un judío alemán que sobrevivió
al Holocausto, al ocultar su identidad, dentro de
las filas enemigas. Cuando tenía 13 años las tropas
nazis entran a la casa de los Perels, pero Salomón
logra escapar. Después logra reunirse con los supervivientes
de su familia para huir a Polonia, pero otro ataque
nazi hace que separen de nuevo. Finalmente, Salomón
se ve entre la espada y pared y ve como única posibilidad
de supervivencia el hacerse pasar por un auténtico
ario. |
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| Basada en la novela de Markus Zusak "La ladrona
de libros", cuenta la historia de Liesel Mamminger,
una niña de 9 años adoptada por una familia obrera
alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Ayudada
por su padre adoptivo, la joven aprende a leer y
compartir libros con sus vecinos y con Rudy, un
hombre judío que vive escondido en su hogar. Pero
el partido de Hitler es muy poderoso y cada vez
son más los adeptos que se unen a su causa. La niña
logra distraerse de los bombardeos con la lectura
de las novelas que roba, sin embargo, será la historia
que ella misma está escribiendo la que le salve
la vida. |
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| Durante la Segunda Guerra Mundial, un campeón
de boxeo judío, el griego Salamo Arouch, fue capturado
junto a su familia por los nazis, que lo llevaron
al campo de Auschwitz. |
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Srulik, un niño de ocho años, huye del gueto
de Varsovia en 1942. En un primer momento trata
de sobrevivir solo en el bosque, después como
un huérfano cristiano llamado Jurek en una granja
polaca. A lo largo de su calvario, su identidad
judía corre el riesgo de perderse.
Los niños forman parte de muchas producciones,
como Desnudo entre lobos (Nackt unter Wölfen).
Cuando un grupo de prisioneros es transferido
al campo de concentración de Buchenwald, un niño
judío de cuatro años aparece en el campo dentro
de una maleta. Un grupo de prisioneros decide
ocultar y proteger al niño.

Un niño judío busca refugio, durante la Segunda
Guerra Mundial, en algún lugar de Europa del este,
donde se encuentra con muchos personajes diferentes.
La crítica la mandó a criar malvas.
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| Alemania, 1943. Los nazis se proponen eliminar
definitivamente a todos los judíos de Berlín. Más
de 70.000 ya han sido deportados. En abril de 1943
sale de la estación de Grunewald hacia Auschwitz
un tren con 688 judíos. Durante seis días, los pasajeros
tendrán que sufrir calor, hambre y sed. En su desesperación,
algunos intentan huir; entre ellos, Henry (Gedeon
Burkhard), Lea (Lale Yavas) y Ruth (Sibel Kekilli).
Pero el tiempo apremia porque Auschwitz está cada
vez más cerca. |
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| Con la ayuda de un grupo de prisioneros españoles
que lideran la organización clandestina del campo
de concentración de Mauthausen, Francesc Boix (Mario
Casas), un preso que trabaja en el laboratorio fotográfico,
arriesga su vida al planear la evasión de unos negativos
que demostrarán al mundo las atrocidades cometidas
por los nazis. Miles de imágenes que muestran desde
dentro toda la crueldad de un sistema perverso.
Las fotografías que lograron salvar Boix y sus compañeros
fueron determinantes para condenar a altos cargos
nazis en los juicios de Núremberg en 1946. Boix
fue el único español que asistió como testigo. |
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| Durante la II Guerra Mundial (1939-1945), un pequeño
grupo de gitanos del sur de Polonia huye del ejército
alemán a través de Checoslovaquia y Hungría. |
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| Biopic sobre el matemático británico Alan Turing,
famoso por haber descifrado los códigos secretos
nazis contenidos en la máquina Enigma, lo cual determinó
el devenir de la II Guerra Mundial (1939-1945) en
favor de los Aliados. Lejos de ser admirado como
un héroe, Turing fue acusado y juzgado por su condición
de homosexual en 1952. |
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Alemania, 1944. Leyna es una adolescente alemana,
hija de un hombre negro y una mujer blanca, que
vive atemorizada por su color de piel. Cuando
ella conoce a Lutz, miembro de las juventudes
hitlerianas e hijo de un destacado oficial de
las SS, ambos se enamoran irremediablemente, poniendo
así sus vidas en peligro.
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| Segunda Guerra Mundial. Maurice y Joseph son dos
jóvenes hermanos judíos que viven en la Francia
ocupada por los nazis. Para salvarse, deberán abandonar
a su familia. Haciendo muestra de una gran astucia,
coraje e ingenio para sortear a los invasores enemigos,
los dos hermanos intentarán reunir a toda su familia
de nuevo en la zona libre del sur de Francia. |
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| Ali Ungar, de 80 años, encuentra un libro de un
exoficial de las SS que describe sus actividades
en Eslovaquia durante la guerra y se da cuenta de
que sus padres fueron ejecutados por él. Saldrá
a buscar venganza, pero encuentra solo a su hijo
Georg, un jubilado vividor que se ha distanciado
del pasado de su padre. Pero la visita de Ali despierta
su interés, y los dos hombres emprenden un viaje
a través de Eslovaquia en busca de testigos supervivientes
de la tragedia y descubrirán profundos conflictos
no resueltos. |
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| París, 1942. Durante la ocupación nazi, el charcutero
Edmond Batignole (Gérard Jugnot), un hombre tímido
y de carácter más bien débil, se convierte en proveedor
oficial del ejército alemán gracias a Jean-Pierre,
el novio de su hija, un colaboracionista que delata
a los judíos. Cuando los Bernstein, vecinos de los
Batignole, son arrestados y sus bienes confiscados,
el piso que ocupaban es cedido a los Batignole.
Un día, mientras Batignole ofrece una fiesta en
su casa a los alemanes, llama a la puerta un niño:
es el pequeño Simon Bernstein (Jules Sitruk), que
ha logrado escapar y vuelve a casa para reunirse
con los suyos. |
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Historia semiautobiográfica sobre un niño judío
de 14 años de Budapest que, en el año 1944, fue
separado de su familia y enviado a los campos
de concentración nazis de Auschwitz y Buchhenwald.
Debut en la dirección del afamado director de
fotografía Lajos Koltai, con un guión nada menos
que del premio Nobel Imre Kertész sobre su propia
novela.
Narra la historia de Gyuri, un joven judío que
es destinado a Auchwitz. Durante su estancia en
los campos de concentración vivirá una serie de
experiencias que le marcarán de por vida, desde
la extrema brutalidad hasta el fiel compañerismo
de otros judíos. Cuando regresa a su Budapest
natal, su vida no volverá a ser la misma desde
entonces.
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| Dos sistemas: por una parte, la maquinaria nazi
y, por otra, la diplomacia del Vaticano y de los
Aliados. Pero dos hombres luchan desde dentro. El
primero es Kurt Gerstein (personaje real), químico
y miembro de las SS que se encarga de suministrar
el gas Ziklon B a los campos de la muerte. Pero
eso no le impide denunciar los crímenes nazis a
los aliados, al Papa e incluso a los miembros de
la Iglesia alemana a la que pertenece, jugándose
de este modo su vida y la de su familia. El segundo,
Ricardo, es un joven jesuita que representa a todos
los sacerdotes que supieron oponerse a la barbarie,
pagando muchas veces con su propia vida. Kurt Gerstein
sabía lo que estaba ocurriendo y quería que el mundo
entero también lo supiera. La película denuncia
la indiferencia de todos aquellos que sabían lo
que estaba pasando y decidieron callarse. |
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El primer transporte judío oficial a Auschwitz
trajo a 999 mujeres jóvenes. Esta es su historia:


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'Masacre (Ven y mira)': una obra maestra
del cine bélico. más perturbadora que cualquier película
de terror. Un drama antibélico en espíritu, pero una
absoluta película de terror en forma y efecto. No solo
por cómo está rodada, sino por el poder de sus imágenes
en generar auténtica incomodidad.

Considerada una de las mejores películas
bélicas de la historia, dirigida por Elem Klímov. La
película se rodó para celebrar el cuadragésimo aniversario
de la victoria soviética sobre la Alemania nazi en la
Segunda Guerra Mundial y nos lleva a crueles momentos
como la matanza de Jatín.

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Ambientada a finales de 1944, cuando el ejército alemán
estaba batiéndose en retirada a través de los Países
Bajos, el film nos narra la operación conocida como
Market Garden planeada por el mariscal de campo Bernard
Montgomery. El propósito de este ambicioso plan era
capturar varios puentes situados en diversos puntos
estratégicos de los Países Bajos confiando de esta manera
dar el golpe definitivo a Alemania antes de Navidades.
La operación, que se desarrollaba en paralelo por tierra
y aire, resultó ser demasiado arriesgada y acabó siendo
un fracaso en parte por haberse planificado de forma
muy precipitada sin tener en cuenta los muchos posibles
inconvenientes que saldrían por el camino. Más que finiquitar
la lucha con Alemania, supuso un golpe tan duro para
el bando aliado que hizo que el conflicto se alargara
hasta el año siguiente.

Alex es un joven de apenas 11 años que, en plena guerra
mundial, vive oculto en el ghetto judío. Cuando los
nazis limpien el ghetto, Alex escapará y aprenderá a
vivir solo con la ayuda de su ratón amaestrado, Nieve,
y todo lo aprendido de sus repetidas lecturas de Robinson
Crusoe, refugiándose en una madriguera secreta que se
encuentra en el último piso de un edificio del gueto:
La isla de Bird Street.
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| En la noche del 16 de julio de 1942, 4.500 gendarmes
del gobierno colaboracionista del Mariscal Pétain,
que había firmado un pacto con Hitler y aceptado
la ocupación de Francia por el ejército alemán,
procedieron en París a una gigantesca redada, en
la que 13.152 judíos fueron arrestados y posteriormente
encerrados, en condiciones infrahumanas, en el Velódromo
de invierno. Estaba previsto detener a 27.391 judíos,
pero, aunque la mayoría de los franceses fueron
colaboracionistas, una minoría participó en la Resistencia,
tanto pasiva como activa, frente al invasor. La
desobediencia civil de muchos ciudadanos y de algunos
funcionarios permitió escapar a buena parte de los
que habían sido previamente fichados y marcados
con la estrella amarilla. |
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| Lituania, julio de 1941. 55.000 judíos que viven
en los alrededores de la ciudad de Vilna son capturados
por los nazis para ser conducidos a los campos de
concentración. Dicha operación es llevada a cabo
por el joven comandante nazi Kittel. Su inexperiencia
y falta de efectivos le lleva a designar a judíos
para que hagan el trabajo de los soldados alemanes.
Pero algo no saldrá como estaba esperado. |
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Munich, 1943. Mientras Hitler está devastando
Europa, un grupo de jóvenes, sobre todo estudiantes
universitarios, recurren a la resistencia pasiva
como única vía efectiva para combatir a los nazis
y su inhumana máquina de guerra. Nace así "La
rosa blanca", un movimiento de resistencia cuyo
objetivo es la caída del Tercer Reich. Sophie
Scholl es la única mujer del grupo. El 18 de febrero,
cuando Sophie y su hermano Hans estaban distribuyendo
panfletos en la Universidad de Múnich, fueron
arrestados.

Hans Scholl, Sophie Scholl y Christoph
Probst en Alemania, 1945.
Hablamos de Sophie en Ser Humano
>> Activistas.
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| Alemania, 1939. Cuando Adolf Hitler está a punto
de conducir a su país a la guerra, imponiendo una
dura disciplina que niega la libertad individual,
grupos de jóvenes alemanes, entusiasmados por la
política y el mensaje de libertad de la música swing
americana, se rebelan contra ese orden. Conocidos
como los "Chicos del Swing", imitan la última moda
inglesa y americana: llevan abrigos demasiado grandes,
sombreros hongo, paraguas negros y el pelo largo.
Su pasión por la exuberancia del baile se basa en
un gran conocimiento de la música, y lo que empieza
siendo una inocente rebelión juvenil, se convierte
en una peligrosa rebelión política contra la amenazante
marea nazi. |
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Polonia año 1941. La ciudad de Przemysl está
dividida en dos, una parte se encuentra ocupada
por los alemanes y la otra por los rusos. La población
tiene que aprender a convivir en una sociedad
donde los ataques con bombas forman parte del
día a día. Una joven de 17 años esconde en su
casa a trece judíos esperando el fin de la guerra.

El viaje de Abraham (Miguel Ángel Solá), un sastre
judío de 88 años que decide embarcarse en la aventura
de encontrar a un viejo amigo que le salvó hace
más de siete décadas de una muerte segura durante
el holocausto, hacia el final de la ocupación
Nazi.

Un relato en carne viva y basado en hechos reales.
En los últimos momentos de la II Guerra Mundial,
en plena caída del III Reich, Willi Herold, un
soldado desertor de 19 años, andrajoso y hambriento,
encuentra un uniforme de un capitán nazi. Haciéndose
pasar por un oficial, Herold comenzará a transformarse
usando la autoridad que le proporciona su nueva
identidad, revelando la monstruosa esencia de
aquellos de los que trata de escapar.

Basada en el libro del mismo nombre de Jurek
Becker. La película está protagonizada por Robin
Williams, Alan Arkin, Liev Schreiber, Hannah Taylor-Gordon
y Bob Balaban. Ambientada en 1944 en un gueto
en la Polonia ocupada por los alemanes durante
el Holocausto, cuenta la historia de un comerciante
judío polaco llamado Jakob Heym que intenta levantar
la moral dentro del gueto compartiendo rumores
alentadores que afirma haber escuchado en la radio.
Es una nueva versión de la película de 1975 de
Alemania Oriental y Checoslovaquia Jakob der Lügner.
En Polonia, a principios de 1944, un comerciante
judío polaco llamado Jakob Heym es convocado después
de haber sido acusado falsamente de estar fuera
de su domicilio después del toque de queda. Mientras
espera al comandante, Jakob escucha una transmisión
de radio alemana que habla sobre las ofensivas
soviéticas. De regreso al gueto, Jakob comparte
su información con un amigo, lo que genera rumores
de que hay una radio secreta dentro del gueto.
Después de dudar, Jakob decide aprovechar la oportunidad
para difundir la esperanza en todo el gueto al
continuar contando las historias optimistas y
fantásticas que supuestamente escuchó de su "radio
secreta", y sus mentiras mantienen viva la esperanza
y el humor entre los habitantes aislados del gueto.
Él también tiene un verdadero secreto, ya que
está escondiendo a una joven judía que escapó
de un campo de exterminio. Sin embargo, la Gestapo
se entera de la mítica radio y comienza la búsqueda
del héroe de la resistencia que se atreve a operarla.
Jakob se entrega a los alemanes mientras exigen
que la persona con la radio se entregue o corre
el riesgo de que maten a los rehenes. Durante
el interrogatorio, Jakob le dice al comandante
de policía que solo había escuchado la radio dentro
de su oficina. Se le ordena anunciar públicamente
que todo era una mentira, para que la liquidación
del gueto procediera de manera ordenada. Cuando
se presenta al público, Jakob se niega a decir
la verdad, pero recibe un disparo antes de que
pueda pronunciar su propio discurso. Al final
de la película, Jakob dice, post-mortem , que
todos los residentes del gueto fueron deportados
y nunca más fueron vistos. Al igual que en la
novela, hay un final alternativo "pero tal vez
no fue así en absoluto" donde, después de la muerte
de Jakob, las tropas soviéticas detienen el tren
que transportaba a los prisioneros judíos a los
campos de exterminio y los ocupantes son liberados.
Nueva York, 1976. Casualmente, en una tintorería
de Nueva York, Hannah Levine ve una entrevista
de TV. y cree reconocer en el entrevistado a un
antiguo amante polaco, al que daba por muerto.
Treinta años antes, mientras una guerra devastadora
asolaba Europa, él le salvó la vida. Hannah se
ve abrumada por recuerdos del pasado que nunca
ha contado a nadie. Después, ya en casa, durante
una fiesta en honor de su marido, intentará ser
la anfitriona perfecta.
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El 28 de enero de 1977, en Bonn,
Alemania Occidental, se estrenaba la película
"Cross of Iron" (Cruz de hierro). Esta película
nació como un proyecto personal de Sam Peckinpah
para convertirse en una superproducción y terminó
siendo una cambalache financiado por productores
europeos de pornografía. La historia se basa en
el libro de Willi Heinrich sobre la vida del soldado
Johann Schwerdfeger. El primer mamarracho fue
que el papel del soldado de 23 años lo interpretó
James Coburn de 48. La película se rodó en Yugoslavia
por cuestiones presupuestarias. Los soldados rusos
son interpretados por soldados del ejército yugoeslavo.
Estos lo hicieron gratis por orden del mariscal
Tito pero se negaron rotundamente a entonar canciones
de arenga soviéticas. Increiblemente el director
les permitió que entonen una canción partidista
de Yugoeslavia, "Oj Kozaro".

Otro inconveniente fue el escaso
presupuesto para conseguir o fabricar armas para
todos los actores y extras. La mayoría de los
actores porta armas que no coinciden con las utilizadas
por su ejército o peor aún, son de otra época.
Durante la estadía del sargento Rolf Steiner (James
Coburn) en el hospital, tiene un breve período
de alucinación. En esa alucinación, se escucha
la voz de un hombre hablando en alemán. La voz
es la de Adolf Hitler desde su discurso del 1
de septiembre de 1939 anunciando la invasión de
Polonia. En una de las escenas mas importantes
del filme, el actor Maximilian Schell tropezó
arruinando la toma y por falta de dinero, ya no
había mas negativo para hacer otra toma, la escena
se utilizó como estaba. Como el dinero se terminó
y aún faltaba redondear la historia, se decidió
olvidar el guión y terminarla de cualquier manera.
En los títulos del filme aparece una frase de
Bertolt Brech: "Hombres, no celebréis todavía
la derrota de los que nos dominaban hasta hace
poco, aunque el mundo se alzó y detuvo al bastardo,
la perra que lo parió está en celo de nuevo".
Cuando la productora quebró, todo sus depósitos
fueron confiscados y desmantelados. Se cree que
allí se perdieron los negativos y las copias originales
por lo que hoy es imposible reeditar el filme.
Solo existen algunas copias en VHS editadas antes
de 1990.

Hijos del Tercer Reich (en alemán
Unsere Mütter, unsere Väter, literalmente, Nuestras
madres, nuestros padres) es una miniserie de televisión
alemana ambientada en la II Guerra Mundial dividida
en tres partes. Fue encargada por el canal público
alemán ZDF, producida por la filial TeamWorx de
la productora de cine UFA y estrenada en Alemania
y Austria en marzo de 2013, consiguiendo cerca
de siete millones de espectadores por capítulo.
La serie narra la historia de cinco amigos alemanes,
todos ellos de unos 20 años, y los diferentes
caminos que todos ellos emprendieron en la Alemania
nazi y la II Guerra Mundial como soldados de la
Wehrmacht en el Frente del Este, como enfermera
de guerra, como aspirante a cantante y como modisto
judío. La narración de la historia abarca cinco
años empezando en 1941 en Berlín, cuando los amigos
se reúnen por última vez antes de emprender sus
viajes, con la esperanza de volver a reunirse
la Navidad siguiente. El final de la historia
se sitúa entre 1945 y 1946, poco después del fin
de la guerra.
Los hijos del Tercer Reich generó
mucha controversia. The Economist llegó a decir
que nunca antes una serie de televisión alemana
había generado tanto debate público. La representación
de los soldados alemanes como “otros”, diferentes
de la mayoría de sus compatriotas y diferentes,
provocó cierta incredulidad y fue criticada por
su imprecisión histórica. Muchos críticos han
apuntado que la serie está bien construida y la
han alabado por mostrar aspectos de la guerra
que no pueden verse en otras piezas sobre la II
Guerra Mundial. Otros criticaron elementos como
la representación de la resistencia polaca contra
los nazis como fanáticos antisemitas, la banalización
de la persecución de los judíos en la Alemania
nazi, la ocultación de papel de Alemania en el
Holocausto y de la diferencia entre las víctimas
no alemanas y los perpetradores alemanes.
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La "sección Sai Yok" en el Parque
Nacional Sai Yok en Tailandia, es un destino popular
conocido por sus cascadas (como Sai Yok Yai y
Sai Yok Noi), cuevas (como la Cueva Lawa), el
río Kwai y sitios históricos relacionados con
el Ferrocarril de la Muerte. Se encuentra en el
distrito de Sai Yok, provincia de Kanchanaburi,
y ofrece actividades como senderismo y paseos
en bote. Esta secció, también conocida
como Viaducto Wampo, fue excavada a mano en la
roca en 1943. Más de 100.000 hombre murieron
construyendo con herramientas básicas los
415 kilometros de vía que unían
Tailandia con Myanmar.
El puente sobre el río Kwai (título
original: The Bridge on the River Kwai) es una
película de 1957, del género épico-bélico, dirigida
por David Lean y con William Holden, Alec Guinness,
Jack Hawkins y Sessue Hayakawa en los papeles
principales. Está basada en la novela homónima
de Pierre Boulle. La historia relatada es ficción,
pero recoge la verdadera historia de la construcción
de la línea del ferrocarril de Birmania de 1942
a 1943. Fue ganadora de siete premios Óscar.
Los autores del guion, Carl Foreman
y Michael Wilson, estaban en la lista negra de
la caza de brujas liderada por el senador Joseph
McCarthy, acusados de pertenecer a organizaciones
comunistas, por lo que debieron trabajar en secreto
y su aporte no fue acreditado en la primera versión.
Por ello Pierre Boulle, autor de la novela original,
recibió todo el crédito al ser galardonado con
el premio Óscar al mejor guion adaptado. En 1985,
la Academia concedió el premio de forma póstuma
a Foreman y Wilson, que aparecen hoy acreditados
junto con Boulle. En 1997, la película fue considerada
«cultural, histórica y estéticamente significativa»
por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos
y seleccionada para su conservación en el National
Film Registry.

Durante la Segunda Guerra Mundial,
unos prisioneros británicos reciben la orden de
los japoneses de construir en plena selva un puente
de ferrocarril sobre el río Kwai, en Tailandia.
Los japos se pasan la Convención de Ginebra por
sus colgantes.
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Das Boot (en alemán: El barco; conocida
como El barco en Latinoamerica y El submarino
en España) es un largometraje alemán de cine bélico
y dramático de 1981, dirigido por Wolfgang Petersen
y basado en la novela homónima de Lothar-Günther
Buchheim. La película fue protagonizada por Jürgen
Prochnow, Herbert Grönemeyer y Klaus Wennemann
en los papeles principales encabezando un largo
reparto. El largometraje entrega un mensaje antibelicista.
Existen tres versiones de la película: la estrenada
en los cines, con una duración de 150 minutos;
la versión del director que salió al mercado en
formato DVD en 1997, con una duración de 209 minutos;
y la versión "sin cortes" que salió a la venta
en 2004 en un formato de 2 DVD y con una duración
de 282 minutos. Esta última versión adapta y une
los seis capítulos (de aproximadamente 50 minutos
de duración cada uno) que se estrenaron para la
televisión de Alemania poco después de su estreno
en Hollywood como si de una película se tratara,
eliminando así los créditos iniciales y finales
y los recordatorios de cada capítulo. Es el top
29 de las 100 mejores películas de acción de todos
los tiempos por GQ.

La película El submarino, una adaptación
de la exitosa novela del mismo nombre de Lothar-Günther
Buchheim, costó 32 millones de marcos y el rodaje
duró casi un año a causa de muchos problemas técnicos
que había que superar para rodarlo. Se rodó la
película en los propios estudios muniqueses de
la Bavaria, en el puerto francés de La Rochelle
(que había sido una importante base de submarinos
durante la Segunda Guerra Mundial) y en las costas
alemanas del Mar del Norte. Hans-Joachim Krug,
ex primer oficial del U 219, fue consultor de
la película. También colaboró como consultor Heinrich
Lehmann-Willenbrock, uno de los capitanes del
verdadero U 96. Uno de los objetivos establecidos
por Petersen era guiar a los espectadores a través
de un «viaje a la locura», mostrándoles «en qué
consiste la guerra». Petersen aumentó el suspense
al mostrar en contadas ocasiones tomas externas
del submarino, excepto cuando estaba en la superficie,
y se valió de sonidos para indicar el desarrollo
de eventos en el exterior de la nave, mostrando
así al público solo lo que la tripulación podía
ver. Fue el largometraje más caro en la historia
del cine alemán. La meticulosa atención que prestó
el director a los detalles permitió que lograra
el largometraje de submarinos más realista —y
una de las películas de guerra más exactas en
el relato histórico— vistos hasta ahora.

El director de cine alemán Wolfgang
Petersen, conocido por películas como El submarino
(Das Boot), Troya o La tormenta perfecta, falleció
el pasado Verano.
La producción cinematográfica consiguió
un éxito sin precedentes en su país de origen
y fue muy bien recibida por la crítica y el público
de todo el mundo. Fue nominada a seis Óscar, un
Globo de Oro y un premio BAFTA. Abrió el camino
a Hollywood al director, e impulsó la carrera
de algunos de los actores como Jürgen Prochnow.
También fue galardonada con el premio Bayerischer
Filmpreis de 1981, el premio Deutscher Schallplattenpreis
de 1982, el premio Goldene Leinwand de 1982, el
premio Deutscher Filmpreis de 1982, el premio
Goldene Kamera de 1985, el premio Goldene Kamera
de 2007 y el premio Motion Picture Sound Editors
(Estados Unidos) de 1983. El gran éxito internacional
de la película abrió a Wolfgang Petersen las puertas
de producciones mucho más ambiciosas, como La
historia interminable (1984), adaptación cinematográfica
de la famosa novela homónima de Michael Ende y
con el tiempo daría así también el salto a Hollywood,
donde se convertiría en director de películas
conocidas como Estallido (1995). También el actor
Jürgen Prochnow consiguió así el salto a Hollywood.

En febrero de 2019 llegaba a AMC
una de las series revelación del año, Das Boot:
El submarino. La nueva adaptación televisiva inspirada
en la película de Wolfgang Petersen nominada a
6 premios Oscar, y en la exitosa novela de Lothar-Günther
Buchheim. A través de dos historias paralelas
que transcurren en tierra y mar, la serie trata
de reflejar la devastadora Segunda Guerra Mundial.
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1961, en Israel. Adam Stein (Jeff Goldblum, 'Parque
jurásico'), un hombre carismático, es internado
en un instituto psiquiátrico para supervivientes
del Holocausto dirigido por el profesor Nathan
Gross (Derek Jacobi, 'El amor es el demonio').
Antes de la guerra, en Berlín, Adam era propietario
de un circo, y se dedicaba a diversas tareas,
como ser mago o músico. Allí era adorado por el
público, los nazis, hasta que sea enviado al campo
de concentración del Comandante Klein (Willem
Dafoe, 'Anticristo'). Adam sobrevivirá dentro
de ese infierno convirtiéndose en el "perro" de
Comandante, al mismo tiempo que prestará sus servicios
como payaso a los demás presos judíos. Mientras,
su mujer y su hija serán enviadas a la muerte.
El director Paul Schrader ('El placer de los extraños'),
firma esta película, adaptación de la novela de
Yoram Kaniuk, "El hombre perro" y que se interna
en los resbaladizos terrenos de la historia del
genocidio nazi a través de una historia llena
de humor y de dolor.

Rosenstraße o La calle de las rosas es una película
coproducida en Alemania y Holanda dirigida por
Margarethe von Trotta, que fue estrenada en 2003.
Por este film en la edición del Festival de Venecia
de 2003 Katja Riemann se llevó la estatuilla de
'mejor actriz', y en el mismo año la película
ganó el premio David di Donatello al mejor film
de la Unión Europea.
Basada en una historia real, la película trata
en principal de las protestas de la Rosenstraße
en el año 1943. El film comienza en el funeral
del esposo de Ruth, una anciana alemana y judía
que vive en Nueva York y que actúa de manera extraña
con sus hijos desde el fallecimiento de su marido.
Su hija Hannah piensa, luego de la aparición de
una misteriosa mujer en el velorio, que ese comportamiento
se debe a algún tipo de trauma que sufrió la madre
cuando vivía en Berlín, en la época de la Segunda
Guerra Mundial.

De esta manera, se contacta primero con quien
resulta ser la prima de la madre y a través de
un Centro Judío logra dar con la mujer que le
había salvado la vida a su madre, a quien va a
visitar a Berlín haciéndose pasar por historiadora.
Así, la muy anciana Lena le contará las peripecias
que tuvieron que pasar en tan sólo siete días
y ayudará a echar blanco sobre negro en las explicaciones
que Ruth nunca quiso dar.

Mientras las tropas de asalto nazis entran en
Cracovia, Polonia, en el otoño de 1943, Romek
(Haley Joel Osment). de once años de edad, es
ayudado a escapar de su familia judía, condenada
a muerte, por un granjero que accede a esconderle.
Oculto en un saco de patatas, da comienzo la aventura
de Romek. El granjero, Gniecio, lleva clandestinamente
a Romek a su pequeño pueblo, al Este de Polonia.
Aunque lo presenta como un pariente lejano, no
pasará mucho tiempo antes de que la familia descubra
el origen judío de Romek. Inteligente y sensible,
Romek es odiado por Vladek, hijo de la familia
de doce años de edad y apreciado por el piadoso
hijo pequeño, Tolo. El sacerdote local (Willem
Dafoe) prepara a Romek para que abrace la religión
católica al tiempo que respeta su herencia judía,
que Romek debe ignorar si quiere salvar la vida.

Una pequeña ciudad eslovaca, año 1942. El humilde
carpintero Anton Brtko (Jozef Króner) intenta
llevar una vida apacible ignorando a los seguidores
de los nazis, que tratan de imponer su disciplina
a la comunidad y erigir una absurda pirámide de
madera en honor a la victoria. Sin embargo, las
reprimendas de su esposa Evelyn (Hana Slivková)
y las burlas de su cuñado Markus (Frantisek Zvarík),
un caudillo fascista local, no le permiten vivir
en paz. Cuando Markus le ofrece hacerse cargo,
en calidad de ario, de la mercería de la anciana
Sra. Lautmann (Ida Kaminská), su vida queda trastocada.
Mientras Evelyn se ilusiona con la idea de enriquecerse,
Anton intenta que la Sra. Lautmann comprenda que
tiene que renunciar a su negocio por ser judía;
a pesar de lo cual entre ambos surge una relación
de ternura y comprensión mutua. Las situaciones
cómicas en la tienda se suceden mientras la fiebre
antisemita se va intensificando en el exterior.
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Francia, 1942. Gilles es arrestado por soldados
de las SS junto con otros judíos y enviado a un
campo de concentración en Alemania. Allí consigue
evitar la ejecución al jurar a los guardias que
no es judío, sino persa. Gracias a esta artimaña,
Gilles consigue mantenerse con vida, pero tendrá
que enseñar un idioma que no conoce a uno de los
oficiales del campo, interesado en aprenderlo.
Al tiempo que la relación entre ellos aumenta,
las sospechas de los soldados van en incremento.
El Festival de Berlín 2020 fue el preestreno.
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Las "fotos trofeo" que tomaron los soldados de la Alemania
nazi y con las que dejaron testimonio del Holocausto.

Es diciembre de 1941. La batalla de Moscú está en su
punto álgido. Un avión de ataque a tierra soviético
Il-2, capitaneado por Nikolái Komlev, dispara contra
una columna de vehículos blindados alemanes, y luego
acaba bajo el intenso fuego de los sistemas antiaéreos
y los aviones de combate enemigos. El piloto soviético
es alcanzado, aterriza de emergencia en territorio enemigo
y se ve obligado a emprender un duro y peligroso viaje
de regreso a casa a través de densos bosques invernales,
plagados de patrullas alemanas y manadas de lobos hambrientos.
La película está basada en la historia real de Alexéi
Maresiev, cuyo avión de combate fue derribado en abril
de 1942 sobre la región de Nóvgorod. En el transcurso
de 18 días, el piloto herido tuvo que arrastrarse por
sí mismo. Los médicos consiguieron salvarle la vida,
pero tuvieron que amputarle las dos piernas. Sin embargo,
esto no le hizo perder la cabeza: sometiéndose a un
extenuante entrenamiento con prótesis, consiguió ganarse
el derecho a sentarse de nuevo en la cabina de un avión
de combate.
La nueva película bélica rusa 'El piloto combina la
épica de Dunkerque de Christopher Nolan con la densa
atmósfera de El renacido. En la Unión Soviética se rodaron
tanto dramas muy densos como comedias ligeras sobre
los héroes de aquella terrible época. La más popular
y la favorita de todo el país fue ‘Sólo los viejos entran
en combate’.

Crónica de un bombardero en picado.
‘El caminante del cielo’ (1945) nos cuenta la historia
del comandante Vasili Búlochkin, tras ser herido, se
le prohibió categóricamente pilotar aviones de combate
de alta velocidad. Para su disgusto, se vio obligado
a cambiar a un bombardero nocturno lento U-2 (Po-2).
Además, también fue nombrado comandante del escuadrón
femenino. Esta comedia comenzó a rodarse en 1944, cuando
el desenlace de la Segunda Guerra Mundial ya estaba
cantado. El gobierno dio instrucciones a los estudios
cinematográficos para que hicieran una “película alegre
y jovial sobre nuestros valerosos soldados”.
Los críticos consideraron frívola El caminante del
cielo, y Stalin la calificó de “aburrida y vacía”. Sin
embargo, la película sigue siendo una de las películas
soviéticas más queridas en la antigua Unión Soviética.
‘Historia de un hombre de verdad’ (1948) nos lleva
a finales de marzo de 1942, el avión de combate de Alexéi
Marésiev es derribado sobre un bosque del norte de la
URSS. Para llegar hasta los suyos, el piloto con las
piernas dañadas tiene que arrastrarse decenas de kilómetros
por el suelo helado. ‘Crónica de un bombardero en picado’
(1967) narra la vida cotidiana de uno de los escuadrones
de bombarderos soviéticos en el verano de 1944. Los
jóvenes pilotos se aburren entre las salidas de combate,
se enamoran, se pelean, hacen las paces y preparan “licor
Chasis” a partir de una mezcla de alcohol, glicerina
y jarabe de frambuesa.

Historia de un hombre de verdad.
‘Sólo los viejos entran en combate’ (1973) cuenta la
historia del segundo escuadrón del Regimiento de Aviación
de Caza de la Guardia durante la batalla por el río
Dniéper en el verano de 1943. Los pilotos, bajo el mando
del capitán de la Guardia Titarenko, apodado “Maestro”,
luchan desesperadamente contra el enemigo, y durante
su descanso disfrutan haciendo música. El director Leonid
Bíkov tuvo grandes problemas durante el rodaje: a los
responsables de la película no les gustó nada esta historia,
en su opinión, “poco heroica”, con algunas canciones.
En la lucha contra la burocracia Bíkov contó con la
gran ayuda del Mariscal del Aire, tres veces Héroe de
la Unión Soviética, uno de los mejores pilotos de combate
de los países de la coalición antihitleriana Alexánder
Pokrishkin. Además, gracias a los esfuerzos del comandante
militar, el equipo de rodaje tuvo a su disposición cuatro
Yak-18 de entrenamiento, decorados como cazas soviéticos,
así como el avión checoslovaco Zlin Z-326, que interpretó
el papel del Messerschmitt-109 alemán. Sólo los viejos
entran en combate, de 1974, fue vista por 44 millones
de personas. En las listas de las mejores películas
de la historia de la cinematografía soviética, figura
sistemáticamente entre las mejores.
‘Portadores de torpedos’ (1983) es la historia de los
pilotos del regimiento de aviación de torpedos de la
Guardia de las Fuerzas Aéreas de la Flota del Norte
durante la defensa de la región polar. Cazan convoyes
alemanes en el Ártico, y entre salida y salida intentan
resolver sus complicados problemas personales en tierra.
Los aviones para el rodaje fueron proporcionados por
el Museo de la Fuerza Aérea de la Flota del Norte en
Safónovo, región de Múrmansk. Recuperados literalmente
en pedazos, el Messerschmitt-109, el hidroavión MBR-2
y el protagonista de la película IL-4 no podían volar,
pero sí rodar estáticos en el aeródromo. Se usaron imágenes
de vuelos, batallas y ataques a buques alemanes tomadas
de noticiarios militares. Además, al final de la película
el espectador puede ver fotos de pilotos de la Flota
del Norte, que participaron en la Segunda Guerra Mundial.
El ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941
permanece en la memoria colectiva de Estados Unidos
como el «día de la infamia», pues así lo denominó el
presidente Roosevelt. Hace 80 años, una flota japonesa
al mando del almirante Yamamoto compuesta por 6 portaaviones
con 350 aviones, 2 acorazados, 3 cruceros, 9 destructores
y 6 minisubmarinos atacó la base estadounidense en la
isla hawaiana de Oahu sin declaración previa de guerra.
Tokio entendió que un ataque preventivo a las fuerzas
navales americanas en el Pacífico era la única manera
de asegurar su dominio de la región. El Ejército yanqui
perdió a 2.403 hombres y 1.178 resultaron heridos. El
ataque desencadenó de forma automática la entrada de
Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Hace cinco años,
el presidente Obama y el primer ministro japonés Shinzo
Abe depositaron un ramo de flores en el memorial del
USS Arizona, donde están inscritos los nombres de los
soldados estadounidenses fallecidos en Pearl Harbor.
Abe no pidió perdón, como tampoco lo hizo Obama al visitar
Hiroshima. La memoria bélica permanece en un puñado
de películas que recrean una agresión que cambió la
historia del mundo y que Hollywood ha contemplado desde
diferentes ópticas, desde la propaganda al más puro
espectáculo, pasando por el intento de ofrecer una visión
'equidistante' en una coproducción entre EE UU y Japón.
Michael Curtiz, el director de 'Robin de los Bosques'
o 'Casablanca', filmó 'Esto es el ejército' (1943),
apenas dos años después del ataque a Pearl Harbor un
musical protagonizado por un bailarín de Broadway que
es llamado a filas durante la I Guerra Mundial y monta
un espectáculo de revista junto a sus compañeros. Veinticinco
años después, el hijo de aquel patriota también intentará
levantar la moral de las tropas tras el bombardeo japonés
con un nuevo show titulado, precisamente, 'Esto es el
Ejército'. La adaptación del musical de Irving Berlin
mantenía una característica de los escenarios: en su
reparto incluía a soldados que eran actores en su vida
civil. El prota era George Murphy, pero en las carátulas
de vídeo aparece uno de los secundarios por razones
obvias: Ronald Reagan. 'Esto es el Ejército' fue en
su día el musical con mayor recaudación de la historia
del cine con casi 10 millones de dólares, equivalentes
a 143 millones actuales. Todo el dinero se destinó al
Army Emergency Relief, un fondo para ayudar a los soldados
y sus familias.

Tras lidiar hábilmente con el Congreso,
obtuvo una legislación conocida como ‘reaganomics’ ,
basada en las doctrinas liberales de estimulación del
crecimiento económico, la reducción de la inflación,
el aumento del empleo y la fortaleza de la defensa nacional.
Como era de prever, esta política económica, centrada
en el recorte de los programas sociales y que trocaba
totalmente el papel del Estado en la economía, no hizo
sino aumentar las rentas de los más ricos. Así su herencia
fiscal, rebautizada por Bush padre como ‘economía vudú’,
resultaría un auténtico fiasco. Sus víctimas se contarían
a miles a en la década de los 90, cuando 12 millones
de niños estadounidenses —una cuarta parte del total—
vivieron en la pobreza, mientras que la renta neta del
1% de los contribuyentes más ricos subía un 87 % y la
de aquellos con menos ingresos caía el 5%.
En 'December 7th' (1943) tenemos nada menos que John
Ford y Gregg Toland, el director de fotografía de obras
maestras como 'Ciudadano Kane', 'Cumbres borrascosas',
'Los mejores años de nuestra vida' y 'Las uvas de la
ira', aparecen como los realizadores de este docudrama
centrado en el bombardeo a Pearl Harbor, que forma parte
de la propaganda aliada que produjo la Marina de EE
UU. El guionista Budd Schulberg, autor de 'La ley del
silencio', no aparece acreditado en un filme que combina
escenas de ficción con actores populares como Dana Andrews
y Walter Huston y fragmentos documentales con personajes
históricos como Hitler y el emperador Hirohito. Originalmente
el largometraje tenía 82 minutos de duración y acercaba
a la cultura de los 160.000 japoneses que vivían en
Hawái. La película estuvo censurada durante décadas
porque la Marina pensó que daba la imagen de que no
estaban preparados para el ataque, hasta que se permitió
estrenar una versión de apenas 32 minutos. Irónicamente,
la pieza mutilada ganó el Oscar al mejor cortometraje
documental en 1944.
Un reparto de estrellas (Burt Lancaster, Frank Sinatra,
Montgomery Clift, Deborah Kerr) y ocho Oscar convierten
'De aquí a la eternidad' (1953), adaptación del best
seller de James Jones en uno de los filmes bélicos más
célebres de todos los tiempos. Aunque, en realidad,
la cinta se detiene en los enredos sentimentales de
tres soldados de la base en los días previos al bombardeo.
El beso de Burt Lancaster y Deborah Kerr, hasta entonces
dueña de una imagen virginal y ahora esposa adúltera,
en la orilla de una playa hawaiana, zarandeados por
las olas, permanece como una de las cumbres del erotismo
en el cine. Al director Fred Zinnemann no le importaba
tanto la escaramuza bélica como el retrato de personajes
turbios y febriles, asfixiados por el entorno opresivo
de un cuartel. A la censura yanqui no le gustó que Hollywood
mostrara que en el ejército también había indeseables
y cortó algunos minutos. En España fuimos más allá mutilando
secuencias y deformando numerosos diálogos, a pesar
de que el Pentágono ya había exigido revisar el guion
en dieciséis ocasiones.

El estadounidense James Jones escribió en 1951 esta
clásica aunque brutal obra sobre la vida en un campo
militar en Hawai en 1941 y los sentimientos extremos
que rigen las relaciones de los hombres y las mujeres
que allí viven.
La primera cinta bélica en color de los estudios Toho,
'De Pearl Harbor a Midway' (1960), concede el protagonismo
al piloto de uno de los bombarderos de la fuerza aérea
japonesa que, tras acertar a sus objetivos en Pearl
Harbor, regresa a su país convertido en un héroe. La
exaltación patriótica durará hasta que la flota nipona
sea derrotada en la batalla de Midway. Toshiro Mifune
en la piel del almirante Isoroku Yamamoto es la estrella
del filme dirigido por Shuei Matsubayashi, que en su
estreno estadounidense en 1961, doblada al inglés y
acortada, se tituló 'I Bombed Pearl Harbor' (Yo bombardeé
Pearl Harbor). Hicieron falta casi veinte años para
que el cine japonés se atreviera a abordar el acontecimiento
en la primera película que ofrecía la perspectiva del
país atacante. El paso del tiempo no le ha sentado muy
bien a las escenas bélicas, con maquetas que hoy resultan
entrañables. Más interés conserva la psicología del
protagonista, el teniente Koji Kitami (Yosuke Natsuki),
que renuncia a casarse con su novia de toda la vida
porque piensa que el matrimonio afectará a su competencia
como piloto.
Roland Emerich estrenó en 2019 una película
versada en la batalla de Midway con Ed Skrein, Woody
Harrelson, Patrick Wilson, Luke Evans y Dennis Quaid.
Jack Smight dirigió a Charlton Heston, Henry
Fonda, James Coburn, Glenn Ford y Hal Holbrook en La
batalla de Midway (1976). Dauntless: The Battle of Midway
es una película dirigida por Mike Phillips, estrenada
a la par que la de Emerich. En 2020 Greyhound: Enemigos
bajo el mar nos permitió ver a Tom Hanks durante
los primeros días de la participación de Estados Unidos
en la Segunda Guerra Mundial.
John Wayne y Kirk Douglas encabezan un reparto estelar
en 'Primera victoria' (1965), en el que figuran Dana
Andrews y Henry Fonda en esta cinta de Otto Preminger
que pierde en su traducción al castellano: el título
original es 'In Harms Way', algo así como 'en riesgo
de sufrir daños'. La redención, ese tema esencial en
la mitología yanqui, inspira una cinta protagonizada
por un capitán y un comandante, reprendidos después
de Pearl Harbor, que tienen una segunda oportunidad
para demostrar su valía contra los japoneses. Preminger
combina la devastación del ataque con las historias
de los protagonistas, entre ellos un John Wayne a quien
detectaron un cáncer de pulmón durante el rodaje y cuya
interpretación, en un registro más apagado de lo habitual,
se vio afectada por la enfermedad. El ejército prestó
toda su colaboración al equipo del filme, que pudo rodar
en la base hawaiana. La maravillosa fotografía en blanco
y negro de Loyal Griggs estuvo nominada al Oscar y también
merecen destacarse la banda sonora de Jerry Goldsmith
y los títulos de crédito de Saul Bass.

Saul Bass, el hombre que rediseñó el cine.
Nada menos que Richard Fleischer por el lado americano
y Akira Kurosawa por el japonés fueron los encargados
de rodar 'Tora! Tora! Tora!' (1970). que buscaba el
equilibrio al mostrar el ataque a Pearl Harbor desde
los puntos de vista de los dos ejércitos. Al poco de
empezar el rodaje, Kurosawa fue despedido por sus diferencias
creativas con los productores y reemplazado por dos
aplicados artesanos, Toshio Masuda y Kinji Fukasaku.
La meticulosidad a la hora de hacer justicia con los
hechos quizá rebaja la tensión de una espectacular epopeya
bélica de 144 minutos, que toma su nombre de la orden
de ataque en morse que recibieron las escuadrillas de
aviones Zero, que sobrevolaban a 6.000 metros de altura
los cielos de la principal base estadounidense en el
Pacifico: 'Tora, tora, tora'. Sin héroes ni enredos
amorosos, el filme se detiene en las estrategias de
guerra y está considerado un clásico, a pesar de que
pinchó en taquilla: costó 25 millones de dólares, una
barbaridad para la época, y solo recaudó 14. Un fracaso
que le costó el puesto al mítico presidente y cofundador
de la Fox, Darryl F. Zanuck.
'Pearl' (1978) es una miniserie de tres episodios estrenada
en 1978 en la ABC que seguía las vidas del personal
de la base y residentes de la isla en las semanas previas
al ataque. En el reparto encontramos a estrellas de
la época, como Angie Dickinson, Robert Wagner, Dennis
Weaver y Lesley Ann Warren. Las escenas de combate fueron
recicladas de 'Tora! Tora! Tora!' por aquello de ahorrar
costes, además de usar secuencias dobladas de películas
del actor So Yamamura, que encarnaba al almirante Yamamoto.
'Pearl' fue una de las series más vistas de su tiempo,
con 80 millones de espectadores, a la altura de 'Raíces'
y 'Holocausto'. Angie Dickinson justo acababa de terminar
ese año otra serie que la hizo inmensamente popular:
'La mujer policía'.

Solo Michael Bay, autor de 'La Roca', 'Armageddon'
y la saga 'Transformers', es capaz de convertir una
derrota a traición en una exaltación del espíritu americano.
Ben Affleck, Kate Beckinsale y Josh Hartnett protagonizaron
la producción más cara de la historia en su día (140
millones de dólares), que edulcoraba con una historia
de amor 43 minutos de ataque japonés con torpedos, explosiones,
barcos hundidos y cuerpos que saltaban por los aires.
La crítica la vapuleó y los historiadores señalaron
los errores históricos, como la presencia del memorial
Arizona, que se erigió en 1962, o el hecho de que los
aviones Zero y P-40 no podían realizar las acrobacias
que muestra el filme. La labor de Industrial Light &
Magic (ILM), la empresa de efectos especiales de George
Lucas, no deparó en gastos: hubo escenas con 700 extras,
6 barcos, 14 aviones, 450 bombas y 12 cámaras. 18 años
más tarde, el alemán Roland Emmerich certificaría el
fin del imperio japonés con otra batalla mítica, 'Midway',
en una película que, contra todo pronóstico, no estaba
nada mal. La cinta acaba con un echo histórico,
en el que se basa Treinta segundos sobre Tokio, rodada
en 1944. Con un reparto técnico y artístico de lujo,
quizá sea la mejor película bélica realizada durante
el propio conflicto.
| Semblanzas
y ... |
8-Julio-2022
|
Durante la Segunda Guerra Mundial, la enfermera quirúrgica
Ruby Bradley fue capturada tres semanas después del
ataque a Pearl Harbor y enviada a un campo de prisioneros
en Manila, Filipinas. Allí, entre el hambre, la enfermedad
y la violencia, se ganó un nombre que la acompañaría
toda su vida: “El ángel en uniforme de campaña.” Sin
apenas instrumentos ni medicinas, Ruby realizó más de
230 cirugías y asistió en 13 partos, salvando incontables
vidas. También arriesgó la suya contrabandeando alimentos
y medicinas para los niños y los prisioneros enfermos.
Cuando fue liberada en 1945, apenas pesaba 45 kilos,
pero su espíritu seguía intacto. Cinco años después,
Ruby volvió al frente, esta vez en la Guerra de Corea,
como enfermera jefe del 171º Hospital de Evacuación.
Cuando 100.000 soldados chinos avanzaron hacia su posición,
se negó a retirarse hasta evacuar al último herido.

Solo entonces subió al avión de evacuación — segundos
antes de que un proyectil enemigo destruyera su ambulancia.
Ruby Bradley se retiró en 1963 con el rango de coronel
y más de 34 condecoraciones, convirtiéndose en una de
las mujeres más condecoradas en la historia del Ejército
de Estados Unidos. Murió en 2002 y fue enterrada con
honores militares en el Cementerio Nacional de Arlington.

En parte thriller, en parte drama psicológico,
en parte enigma con un giro inesperado, «La Mascota»
es una de las historias más asombrosas surgidas de la
Segunda Guerra Mundial. Narra la extraordinaria historia
real de cómo Alex Kurzem desentrañó los estremecedores
secretos de su pasado durante la guerra. Con el apoyo
de su hijo Mark, Alex comenzó a recordar cómo escapó
del pelotón de fusilamiento alemán que diezmó su aldea,
pero presenció el asesinato de su madre y hermanos judíos.
Rebuscó entre los árboles y se protegió de los lobos,
antes de caer en manos de un batallón de policía letón.
Los soldados lo adoptaron como su mascota y Alex acompañó
a la unidad a todas partes mientras esta cambiaba su
identidad y funciones a las de una unidad de las SS
en plena sed de venganza. Incluso apareció en películas
de propaganda nazi y artículos de prensa, desfilando
por Riga en un desfile militar… y, sin embargo, era
judío.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la
Unión Soviética libró una lucha titánica contra la Alemania
nazi, combinando una movilización económica y social
sin precedentes con un sistema político marcado por
la represión y el control total. La abnegación patriótica
del pueblo y la violencia estructural del régimen estalinista.
Los agricultores soviéticos entregaban
los tanques pesados KV-1S, financiados íntegramente
con sus propias donaciones y ahorros, a las tripulaciones
de tanques soviéticos.

La «S» de KV-1S significaba Skorostnoy
(rápido), lo que indicaba que esta versión era un intento
exitoso de aligerar el blindaje del KV-1 original y
mejorar su movilidad, una respuesta directa a las críticas
de que el KV-1 anterior era demasiado lento para la
guerra de maniobras.
La historiografía sobre la Unión Soviética
durante la Segunda Guerra Mundial ha oscilado entre
dos polos: la admiración por su papel decisivo en la
derrota del nazismo y la condena de los métodos represivos
del estalinismo. La llamada Gran Guerra Patria (1941–1945)
fue, para el pueblo soviético, una epopeya de sacrificio
colectivo, pero también una tragedia humana de proporciones
inmensas. Desde el inicio de la invasión alemana en
junio de 1941, la sociedad soviética se movilizó en
todos los frentes. Obreros, campesinos y técnicos participaron
en campañas de recaudación para financiar material militar,
especialmente tanques y aviones. Un caso emblemático
fue la creación de la columna de tanques “Agricultores
Colectivos de Moscú”, integrada por blindados pesados
KV-1S. La iniciativa surgió en octubre de 1942 en la
granja colectiva “Lucha por la Comuna”, del distrito
de Kuntsevsky (región de Moscú). Los campesinos recaudaron
2,2 millones de rublos, entregados al Banco Estatal
el 26 de noviembre de ese año. El ejemplo se propagó
rápidamente: el 9 de diciembre de 1942, los trabajadores
de Tambov reunieron 40 millones de rublos para la columna
de tanques “Tambov Collective Farmer”; dos días después,
los agricultores de Saratov aportaron 33 millones de
rublos para un escuadrón aéreo con el mismo nombre.
Ambas iniciativas recibieron la gratitud
pública de Stalin en nombre del Alto Mando del Ejército
Rojo. Estos actos reflejan una movilización patriótica
genuina, aunque también incentivada por el aparato propagandístico
del régimen. La célebre historia de Mariya Oktyabrskaya,
quien vendió sus bienes para comprar un tanque T-34
y combatió personalmente en el frente, sintetiza el
espíritu de sacrificio promovido por el Estado soviético
y asumido por parte de la población. El 30 de junio
de 1941, el Comité Central del Partido Comunista (bolchevique)
y el Consejo de Comisarios del Pueblo aprobaron un plan
de movilización integral para convertir la economía
soviética en una base militar. Entre 1941 y 1942, unas
2.000 fábricas y 25 millones de personas fueron trasladadas
a los Urales, Siberia y Asia Central, en una operación
de evacuación industrial sin precedentes. Entre 1942
y 1944 se construyeron 2.250 nuevas empresas, responsables
de producir las tres cuartas partes de todo el material
bélico soviético. El lema oficial, “¡Todo por el frente,
todo por la victoria!”, sintetizaba la subordinación
total de la sociedad al esfuerzo militar. Esta economía
de guerra permitió sostener la resistencia frente a
la ofensiva alemana y preparar las grandes contraofensivas
de 1942 y 1943.

Los alemanes mantuvieron el cerco sobere
Leningrado hasta el 27 de enero de 1944, es decir, 872
días, uno de los más largos y despiadados de la historia;
de hecho, algunos historiadores califican tales actos
de genocidio, por llevar, deliberada y sistemáticamente,
a morir de hambre a cientos de miles de civiles.

A pesar del triunfo militar, las pérdidas
humanas fueron catastróficas. En 1946, Stalin declaró
oficialmente siete millones de muertos, cifra deliberadamente
minimizada para preservar su imagen de líder infalible.
La apertura de los archivos soviéticos durante la perestroika
permitió una reevaluación: 26,6 millones de muertos,
de los cuales 12 millones eran soldados y 14,6 millones
civiles. La hambruna del asedio de Leningrado causó
cerca de un millón de víctimas, y la batalla de Stalingrado
dejó más de un millón de bajas soviéticas. La victoria
tuvo, pues, un costo humano casi inconcebible. En el
terreno represivo, los tribunales militares condenaron
a 2,53 millones de soviéticos por distintos delitos,
entre ellos 1,43 millones por deserción u oposición.
Durante el conflicto, 157.593 personas fueron ejecutadas
por traición, espionaje o derrotismo. La política de
deportaciones masivas completó este panorama. Entre
1941 y 1942, más de 800.000 alemanes del Volga fueron
enviados a Kazajstán. En 1943–44, los chechenos, ingush,
kalmukos, tártaros de Crimea y otros pueblos fueron
deportados a Siberia y Asia Central. Se calcula que
1,2 millones de personas fueron trasladadas por la fuerza
bajo acusaciones de colaboración con el enemigo.
Más allá de la sospecha étnica, estas
medidas también respondieron a la voluntad del Estado
de debilitar nacionalismos locales y poblar zonas estratégicas
del interior soviético. La victoria soviética sobre
la Alemania nazi en mayo de 1945 marcó el inicio de
una nueva era geopolítica, pero también el comienzo
de una tragedia silenciosa para millones de aquellos
que la hicieron posible. Detrás del júbilo oficial y
los desfiles en la Plaza Roja se ocultaba una profunda
fractura social y moral: la distancia entre el heroísmo
del pueblo y la ingratitud del Estado que había reclamado
su sacrificio. Entre los más olvidados estuvieron los
mutilados de guerra. De los 2,5 millones de inválidos
soviéticos, miles habían perdido brazos, piernas o el
rostro en los combates del Volga, el Cáucaso o Berlín.
En lugar de recibir reconocimiento, fueron marginados
de la vida pública. El término popular “samovar”, usado
con sarcasmo por su forma similar a las prótesis tubulares,
se convirtió en símbolo del desprecio silencioso hacia
aquellos que encarnaban el precio real de la victoria.
A partir de 1948, el Estado soviético emprendió una
política de “invisibilización”: muchos veteranos mutilados
fueron internados en antiguos monasterios reconvertidos
en sanatorios o asilos, lejos de las grandes ciudades.

En la cena del 12 de enero en la Guarida
del Lobo, Hitler estalló: el descenso repentino de la
temperatura fue "una catástrofe imprevista que lo ha
paralizado todo. En el Frente de Leningrado, con una
temperatura de -42 °C, ni un fusil, ni una ametralladora,
ni un cañón de campaña ha obrado en nuestro favor".
Debate editó recientemente por
primera vez en español un libro fundamental.
La sociedad debía recordar el triunfo,
no el sufrimiento. Estas instituciones, que subsistieron
en algunos casos hasta los años setenta, ilustran el
contraste entre el discurso heroico y la realidad de
abandono que caracterizó la posguerra estalinista. El
destino de los prisioneros soviéticos liberados de los
campos alemanes fue igualmente cruel. Según las directivas
del NKVD y del Comisariado de Defensa, todo soldado
que hubiera caído prisionero debía ser considerado “sospechoso
de colaboración con el enemigo”. Entre 1945 y 1946,
aproximadamente 1,8 millones de repatriados fueron enviados
a campos de filtración, donde se evaluaba su “lealtad”
al Estado. Decenas de miles fueron condenados a trabajos
forzados en el Gulag o enviados a colonias especiales
en Siberia. Para Stalin, el cautiverio equivalía a traición,
ya que el soldado soviético debía combatir “hasta la
muerte antes que rendirse”. Así, quienes habían sobrevivido
a los campos de concentración nazis fueron recibidos
como culpables en lugar de héroes.
Su experiencia personal quedaría relegada
al silencio, y muchos de ellos no obtendrían reconocimiento
ni rehabilitación hasta la década de 1980. Otro aspecto
del olvido posbélico fue el trato que recibieron las
mujeres soviéticas que sirvieron en el Ejército Rojo.
Durante la guerra, más de 800.000 mujeres participaron
activamente en el esfuerzo militar: como enfermeras,
conductoras, francotiradoras, pilotos y médicas de campaña.
Algunas se convirtieron en leyendas vivas, como Lidia
Litviak, la “rosa blanca de Stalingrado”, o la artillera
Yevdokiya Zavaliy, que comandó una compañía de infantería.
Sin embargo, al regresar a la vida civil, muchas de
estas mujeres fueron víctimas de una doble invisibilización:
el Estado, deseoso de restaurar el ideal patriarcal
y la “normalidad” de la posguerra, minimizó su contribución
y las confinó a los roles tradicionales. En el entorno
social, algunas fueron estigmatizadas injustamente,
consideradas “demasiado masculinas” o incluso “de conducta
dudosa” por haber compartido la vida del frente junto
a hombres. Su memoria quedó relegada hasta finales del
siglo XX, cuando las historiadoras y los testimonios
orales comenzaron a rescatar sus voces. El contraste
entre el sacrificio popular y la represión estatal resume
la gran paradoja de la historia soviética: una nación
capaz de alcanzar la victoria más decisiva del siglo
XX gracias a la entrega de su pueblo, pero que al mismo
tiempo negó a ese mismo pueblo la dignidad del reconocimiento.
La Unión Soviética emergió de la guerra
como superpotencia mundial, pero internamente cargaba
con un déficit moral imposible de ocultar. La exaltación
del heroísmo colectivo se sostuvo sobre el silencio
impuesto a los heridos, los prisioneros y las mujeres
combatientes. En palabras del historiador Richard Overy,
“la Unión Soviética ganó la guerra, pero perdió su inocencia”.
El sacrificio soviético fue, sin duda, monumental. Pero
su victoria, más que una celebración de la libertad,
fue una reafirmación del poder absoluto del Estado sobre
el individuo. En esa contradicción radica, quizás, la
esencia más trágica del siglo soviético.
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Se presentó para salvar a 8 000 personas
con solo una jeringa y una mentira. Los nazis tenían
armas, trenes y listas. Él tenía bacterias inofensivas
y una prueba médica incapaz de distinguir la verdad.
No debía funcionar. Y sin embargo, funcionó. Polonia,
1941. El Dr. Eugeniusz Lazowski, de 28 años, ejerce
en Rozwadów, un pequeño pueblo a 130 km al sureste de
Varsovia. Tiene esposa, una hija pequeña, casi sin medicinas,
y una sala de espera llena de personas que saben que
quizás no sobrevivirán al año. Los alemanes ocupan Polonia
desde hace dos años. Los guetos están cerrados. Las
deportaciones han comenzado. Cada semana, pueblos enteros
desaparecen en trenes hacia “el este”. Y todos saben
lo que significa “el este”. Lazowski atiende fracturas,
partos, neumonías. Un trabajo de médico común. Nada
es común cuando los soldados patrullan y la gente desaparece
de un día para otro. Una noche, a fines de 1941, un
amigo judío llama a su puerta, aterrorizado. “Llegarán
a mi pueblo. Tal vez la semana próxima, tal vez mañana.
¿Puedes hacer algo? Lo que sea.” Lazowski lo mira. ¿Qué
puede hacer un solo médico sin recursos contra la Wehrmacht?
Dice que lo pensará. Pero pensar no detiene los trenes.
Entonces recuerda algo aprendido en la facultad: los
alemanes temen al tifus. Durante la Primera Guerra Mundial,
la enfermedad transmitida por piojos mató a millones.
Hitler había ordenado aislar inmediatamente
toda zona sospechosa de tifus. Los soldados no entraban.
Los médicos examinaban desde lejos. Tifus significaba
aislamiento. Y aislamiento significaba supervivencia.
Pero el tifus mata. No puede infectar a nadie para salvarlo.
A menos que… recuerda la prueba de Weil-Felix. Esta
prueba detecta anticuerpos contra la bacteria del tifus,
pero también reacciona con una bacteria inofensiva:
Proteus OX19, presente en el intestino, sin peligro
alguno. Si inyecta bacterias muertas de Proteus, el
cuerpo produce anticuerpos y el test resulta positivo.
Parecen enfermos. Están perfectamente sanos. Brillante.
Y peligrosísimo.

El médico Eugene Lazowski, junto a uno
de los carteles que anunciaban que el territorio estaba
contaminado de tifus.
Lazowski contacta a su antiguo profesor,
el Dr. Stanislaw Matulewicz. Reunión secreta, diciembre
de 1941. Evalúan los riesgos: Los médicos alemanes podrían
enviar muestras a Berlín. Podrían notar que nadie muere.
Un solo informante bastaría para destruirlo todo. Pero
no hacer nada significaba la muerte segura de miles.
Deciden intentarlo. Enero de 1942. Primeras inyecciones
en el pueblo de Zbydniów. Doce pacientes. Pruebas alemanas.
Resultado: positivo. Tifus. Pánico alemán. Cuarentena
inmediata. Carteles rojos. Guardias. Y sobre todo: ningún
soldado entra. No hay deportaciones. Ni requisiciones.
Ni “reasentamientos”. El pueblo está a salvo. La noticia
corre entre la resistencia polaca. Otros pueblos piden
ayuda. Lazowski y Matulewicz amplían la operación. Noches
sin dormir. Historias médicas falsas. “Muertes” inventadas.
Los aldeanos aprenden a toser, a caminar despacio, a
parecer enfermos. Cuando los médicos alemanes quieren
inspeccionar, Lazowski los detiene en la frontera sanitaria.
“Situación muy grave, Herr Doktor. Treinta nuevos casos
esta semana.” Aterrados, se van. Nunca descubren que
nadie muere. Tres años y medio. Doce pueblos. Ocho mil
vidas. Católicos y judíos escondidos bajo falsas identidades.
Salvados por una epidemia que nunca existió.
Llegan los soviéticos. Los alemanes huyen.
Los campos se liberan. La falsa epidemia desaparece.
Lazowski quema los archivos. Guarda silencio. Con los
nazis o con los soviéticos, hablar era peligroso. En
1958 emigra a Estados Unidos. Se convierte en pediatra.
Vida tranquila. Silencio. En los años setenta, un investigador
descubre la historia. En 1999, Polonia lo honra públicamente.
En 2006, muere a los 93 años. Cuando le hablaron de
valentía, sonrió: “No fui valiente. Solo hice lo que
hace un médico. Si ves vidas en peligro, ayudas. Eso
es todo.” Pero fue más que eso. Transformó el miedo
del enemigo en escudo. La ciencia en resistencia. Salvó
a 8 000 personas no escondiéndolas, sino convenciendo
a los nazis de no acercarse. Tenía 28 años. Una familia.
Todo que perder. Cada inyección podía ser una condena.
Lo hizo igual. Tres años y medio. Doce pueblos. 8 000
vidas. El doctor Eugeniusz Slawomir Lazowski murió en
2006. En su necrológica estadounidense: “pediatra jubilado”.
Sus vecinos nunca supieron quién era. Pero en Polonia,
lo recuerdan. El médico que inventó una epidemia para
salvar vidas. El hombre que demostró que el ingenio
puede vencer al terror. A veces, el acto más heroico
es una mentira que salva.
Las ejecuciones de Pancevo, ocurridas
entre el 21 y 22 de abril de 1941, constituyen uno de
los primeros ejemplos documentados de violencia represiva
sistemática aplicada por la Wehrmacht y las SS en territorio
yugoslavo tras la invasión alemana. Este episodio, ampliamente
fotografiado por soldados alemanes, revela la temprana
coordinación entre el ejército regular, las unidades
de las Waffen-SS y las organizaciones políticas de la
minoría alemana local, así como la lógica de “castigo
ejemplar” que caracterizó la ocupación del Banato. Pancevo,
situada en la orilla izquierda del Danubio, a unos 17
kilómetros al noreste de Belgrado, formaba parte de
la región del Banato, un territorio de composición étnica
mixta donde convivían comunidades serbias, alemanas
(Volksdeutsche), húngaras y rumanas.
Desde finales del siglo XIX, la coexistencia
entre serbios y alemanes había sido relativamente pacífica,
aunque marcada por tensiones latentes que se acentuaron
tras la disolución del Imperio austrohúngaro y la integración
de la región en el Reino de Yugoslavia. Durante la década
de 1930, los vínculos políticos y culturales de la minoría
alemana con el Reich se intensificaron mediante la Kulturbund
der Deutschen in Jugoslawien, una organización que,
bajo apariencia cultural, actuaba como instrumento de
propaganda y control ideológico del nacionalsocialismo
entre los Volksdeutsche. Cuando Alemania invadió Yugoslavia
el 6 de abril de 1941, numerosos miembros del Kulturbund
colaboraron activamente con el ejército alemán como
guías, informantes o milicianos armados, operando en
la práctica como quinta columna.
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La Asociación Cultural Suabo-Alemana (
en alemán : Schwäbisch-Deutscher Kulturbund ) o Kulturbund
fue una organización cultural, social y política de
la comunidad alemana en el Reino de Yugoslavia . Durante
la Segunda Guerra Mundial , la Kulturbund promovió el
nazismo en la comunidad germano-yugoslava y colaboró
??con las autoridades de ocupación alemanas.
El 20 de abril de 1941 —fecha simbólica
por coincidir con el cumpleaños de Hitler—, miembros
del Kulturbund emboscaron una columna de refugiados
civiles y personal militar yugoslavo que huían desde
Banatsko Novo Selo hacia Pancevo. La emboscada, organizada
con armamento facilitado por contactos alemanes, provocó
la muerte de quince personas. En represalia inmediata,
unidades del ejército yugoslavo, todavía activas en
la zona pese al colapso general del frente, ejecutaron
sumariamente a nueve alemanes locales acusados de colaborar
con el enemigo. Ese mismo día, fuerzas de la Wehrmacht
y de las Waffen-SS entraron en Pancevo. Por la tarde,
una patrulla alemana fue atacada desde las inmediaciones
del cementerio ortodoxo serbio. Aunque la investigación
posterior no halló evidencias de francotiradores, el
incidente sirvió como pretexto para organizar una operación
de castigo. Documentos y testimonios posteriores sugieren
que la emboscada fue, en realidad, una operación de
bandera falsa llevada a cabo por alemanes locales, con
el fin de justificar represalias masivas contra la población
serbia.
En la madrugada del 21 de abril, las tropas
alemanas arrestaron a un centenar de hombres serbios,
seleccionados arbitrariamente de distintos barrios de
Pancevo. La instrucción judicial recayó en un tribunal
militar improvisado, presidido por el comandante de
la ciudad, el teniente coronel Fritz Bandelow, de la
División Panzergrenadier Großdeutschland. La autoridad
judicial fue asumida por el SS-Sturmbannführer Rudolf
Hoffmann, quien actuó como juez principal. Tras un juicio
sumario sin garantías procesales, 36 de los detenidos
fueron condenados a muerte bajo la acusación de “ataque
armado contra fuerzas alemanas”. Los restantes fueron
devueltos a sus hogares o mantenidos como rehenes. La
sentencia se ejecutó de inmediato, dividiéndose el grupo:
18 fueron fusilados y 18 ahorcados públicamente en la
plaza del mercado de Pancevo. Las ejecuciones fueron
llevadas a cabo por soldados de la Wehrmacht, asistidos
por miembros de las Waffen-SS y de la Kulturbund local.
El objetivo explícito era “dar ejemplo” y “prevenir
futuras resistencias”, siguiendo la política de represalias
colectivas que el mando alemán ya comenzaba a aplicar
en los Balcanes.

Las ejecuciones fueron fotografiadas exhaustivamente
por el fotógrafo de guerra Gerhard Gronefeld, acreditado
por la revista alemana Signal, publicación propagandística
de la Wehrmacht.
Se conservan alrededor de 50 imágenes,
muchas de las cuales muestran tanto los fusilamientos
como las horcas improvisadas alineadas en la plaza principal,
ante la presencia de civiles y soldados. Pese a la intención
inicial de documentar el acto como ejemplo de “justicia
alemana”, las imágenes nunca fueron publicadas en Signal.
Es probable que la crudeza de las escenas resultara
incompatible con los objetivos propagandísticos del
semanario, que buscaba mostrar una imagen disciplinada
y tecnificada del ejército alemán. Gronefeld conservó
los negativos, y solo en 1963 parte del material salió
a la luz en una publicación alemana sobre crímenes de
guerra, sin provocar entonces gran impacto social. Décadas
más tarde, las fotografías fueron incluidas en la exposición
“Vernichtungskrieg. Verbrechen der Wehrmacht 1941–1944”
(La guerra de aniquilación. Crímenes de la Wehrmacht),
organizada por el Hamburger Institut für Sozialforschung
en la década de 1990. Su difusión en la revista Der
Spiegel impulsó el testimonio de testigos y familiares
de víctimas, confirmando que Gronefeld no fue el único
fotógrafo presente: numerosos soldados, movidos por
curiosidad o morbo, tomaron imágenes del suceso, evidenciando
la banalización del terror en la cultura militar alemana
de ocupación.
Los cuerpos de los ejecutados fueron expuestos
públicamente durante tres días en la plaza de Pancevo,
como advertencia a la población. Tras ello, fueron enterrados
en una fosa común en las afueras del cementerio ortodoxo.
Cuando las fuerzas aliadas y los partisanos yugoslavos
liberaron Pancevo en octubre de 1944, los vecinos denunciaron
la existencia de la fosa. En enero de 1945, las autoridades
yugoslavas exhumaron los restos. Los análisis forenses
revelaron que poco antes de la retirada alemana, los
ocupantes habían reabierto la fosa y quemado los cuerpos
con combustible, intentando eliminar pruebas de la masacre.
Este patrón de destrucción de evidencias se repetiría
en otros lugares de la Serbia ocupada, como Kragujevac
y Kraljevo, donde miles de civiles fueron ejecutados
en represalias. Las ejecuciones de Pancevo constituyen
un caso paradigmático de la violencia temprana de ocupación
alemana en Yugoslavia, anterior incluso al estallido
generalizado de la resistencia partisana. Este episodio
demuestra la implicación directa de la Wehrmacht en
crímenes de guerra, desmintiendo la tesis de su supuesta
neutralidad frente a las SS. También la participación
activa de los Volksdeutsche en operaciones represivas,
anticipando la dinámica de colaboración que caracterizaría
el Banato y la Voivodina bajo la administración alemana.
Y el uso deliberado del terror público como instrumento
político, destinado a quebrar la moral civil y prevenir
levantamientos.
Y como no, la función simbólica de la
fotografía como documento de poder: testimonio, advertencia
y, más tarde, evidencia histórica. Pancevo fue uno de
los primeros escenarios donde el ejército alemán aplicó
métodos de represión que luego se extenderían a toda
Europa del Este: represalias colectivas, ejecuciones
sumarias, participación de colaboracionistas locales
y destrucción sistemática de pruebas. Lejos de ser un
episodio aislado, representa el inicio de una política
de ocupación basada en el terror racial y militar. Las
imágenes tomadas por los propios soldados alemanes —sin
censura ni ocultamiento— reflejan una cultura de violencia
internalizada y normalizada dentro del aparato militar
nazi. La posterior recuperación de esas fotografías
no solo aportó prueba visual irrefutable de los crímenes
de guerra, sino que también reabrió el debate sobre
la responsabilidad moral de la Wehrmacht y la persistencia
del mito del “soldado limpio”.
La Campaña de Italia (1943–1945) representó
uno de los frentes más complejos de la Segunda Guerra
Mundial, no solo por la dureza de las operaciones militares
sino también por las consecuencias sociales derivadas
de la ocupación aliada. Tras el desembarco en Sicilia
(Operación Husky) y la rendición del régimen fascista,
Italia quedó dividida entre un norte bajo control alemán
y un sur administrado por el Gobierno Militar Aliado
de los Territorios Ocupados (AMGOT). Este contexto de
colapso institucional, escasez y desempleo generó las
condiciones idóneas para el auge del mercado negro y
el contrabando. En la imagen; El desembarco de un soldado
americano, tirando de un pollino, en una foto de Capa.
En ese escenario, algunos miembros del ejército aliado
—particularmente de las fuerzas estadounidenses— se
vieron implicados en redes delictivas que incluían robo
de suministros, venta ilegal de medicamentos, combustible
o raciones, y colaboración con organizaciones criminales
italianas. Estas prácticas, aunque marginales respecto
al conjunto del esfuerzo militar, tuvieron un impacto
significativo en la vida civil y en la disciplina castrense.
La Operación Husky que trajo consigo el
primer desembarco aliado en Sicilia.

El desembarco de un soldado americano,
tirando de un pollino, en una foto de Robert Capa.
Pásate por JyV >> Fotografía
>> Autores.
El 5 de noviembre de 1945 comenzaron en
Alemania los juicios preliminares contra los criminales
de guerra nazis, preludio del célebre Tribunal Militar
Internacional de Núremberg. La preparación de dichos
juicios representó un proceso político, jurídico y simbólico
de enorme complejidad, resultado de las tensiones entre
las potencias vencedoras y de la necesidad de establecer
una nueva arquitectura legal para juzgar los crímenes
cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. La idea
de enjuiciar a los jerarcas nazis surgió en un contexto
de profunda división entre los Aliados. Winston Churchill,
ferviente enemigo del Tercer Reich, se oponía tajantemente
a la celebración de un juicio. En su concepción, bastaba
con detener a los principales dirigentes, identificarlos
y ejecutarlos sumariamente, sin necesidad de someterlos
a un proceso judicial. Esta postura, avalada incluso
por el Ministerio de Justicia británico, apelaba a antiguos
precedentes de la Inglaterra medieval, cuando un jurado
podía declarar proscrito a un criminal si no comparecía
ante la justicia. Sin embargo, la propuesta de Churchill
fue finalmente descartada ante la firme oposición de
Estados Unidos y la Unión Soviética, para quienes el
juicio no solo debía celebrarse, sino que debía hacerlo
con una legitimidad internacional sin precedentes.

Hemos hablado de los Juicios de Nuremberg
en varias ocasiones pero te puedes pasar por ...
JyV >> Fotografía >>
Juicios.
Moscú, acostumbrado a los procesos espectaculares
de las purgas estalinistas, veía en Núremberg la oportunidad
de escenificar la derrota ideológica del nazismo. Washington,
por su parte, apostó por un procedimiento rápido, pero
revestido de imparcialidad y coherencia jurídica, en
sintonía con su imagen de potencia garante del orden
mundial. La posición británica cedió finalmente el 6
de mayo de 1945, durante la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Organización Internacional. El Reino Unido
aceptó entonces la creación de un tribunal militar internacional,
con un juez y un fiscal jefe por cada una de las cuatro
potencias vencedoras: Estados Unidos, Reino Unido, la
Unión Soviética y Francia. El acuerdo se formalizó el
8 de agosto de 1945 mediante la Carta de Londres, que
establecía la base legal para los juicios. Este documento
definió cuatro tipos de delitos:
-Crímenes contra la paz.
-Crímenes de guerra.
-Crímenes contra la humanidad.
-Conspiración para cometerlos.
Este último punto resultó especialmente
controvertido, pues implicaba probar la intención del
Tercer Reich de conquistar el mundo desde fechas tan
tempranas como 1933, una cuestión de enorme complejidad
jurídica. El jurista Hersch Lauterpacht desempeñó un
papel decisivo en la formulación del concepto de “crímenes
contra la humanidad”, mientras que su compatriota Rafael
Lemkin acuñó el término “genocidio”, destinado a describir
los actos de exterminio perpetrados por los nazis contra
minorías étnicas y nacionales. Ambos eran judíos y habían
perdido familiares durante la guerra, lo que imprimió
una dimensión moral y personal a su obra teórica.
La selección de Núremberg como sede de
los juicios no fue casual. La ciudad simbolizaba el
corazón espiritual del nacionalsocialismo: allí se celebraron
los grandes congresos del Partido Nazi y se aprobaron
en 1935 las infames Leyes de Núremberg, que institucionalizaron
la persecución racial. Utilizar ese mismo escenario
para juzgar al régimen equivalía a representar, en el
plano simbólico, la muerte del nazismo. Además del simbolismo,
Núremberg contaba con un palacio de justicia relativamente
intacto y una prisión anexa, lo que permitía la custodia
de los acusados y el desarrollo logístico del proceso.
La ciudad, devastada por los bombardeos, se transformó
en un espacio de reconstrucción moral y legal del mundo
posterior a la guerra.
Los principales dirigentes nazis fueron
detenidos progresivamente. El más destacado fue Hermann
Göring, quien se rindió a las tropas estadounidenses
con la esperanza de un trato preferencial. Otros como
Rudolf Hess, Joachim von Ribbentrop, Wilhelm Keitel
o Albert Speer fueron confinados en el balneario luxemburgués
de Mondorf-les-Bains y posteriormente trasladados al
castillo de Kransberg. Durante su detención, los prisioneros
fueron sometidos a interrogatorios exhaustivos bajo
estricta vigilancia y con una dieta controlada de 1.500
calorías diarias, similar a la de la población alemana
en ese momento. Según el historiador Richard Overy,
en Interrogatorios (Tusquets), el trato respetuoso de
los aliados favoreció una sorprendente cooperación de
los reos: algunos, como Speer, mostraron una voluntad
de colaboración; otros, como Hess, fingieron amnesia,
aunque más tarde admitieron su simulación.

Albert Speer, fue un arquitecto alemán
que ejerció como ministro de Armamento y Producción
de Guerra de la Alemania nazi durante gran parte de
la Segunda Guerra Mundial.
Uno de los temores iniciales de los Aliados
fue la posibilidad de tener que enjuiciar a Adolf Hitler.
Su suicidio el 30 de abril de 1945 disipó esa preocupación,
aunque su cuerpo no fue hallado íntegramente, lo que
alimentó rumores sobre su supuesta huida. En cambio,
sí se incluyó entre los acusados a Martin Bormann, cuya
muerte no se confirmó hasta 1972. La preparación de
los juicios resultó casi tan significativa como el proceso
mismo. Los Aliados se enfrentaron a un dilema ético
y político: cómo juzgar los crímenes del nazismo sin
caer en la arbitrariedad de la venganza. La ausencia
de Hitler y Himmler condujo a una tendencia exculpatoria
entre los acusados, quienes se ampararon en la doctrina
de la obediencia debida, presentándose como meros ejecutores
de órdenes superiores. Esta actitud anticipaba lo que
décadas más tarde Hannah Arendt denominaría “la banalidad
del mal” en su análisis del juicio de Adolf Eichmann
en Jerusalén. En Núremberg, esa idea ya flotaba en el
ambiente: los acusados no se consideraban monstruos,
sino funcionarios de un sistema. La magnitud del proceso
llevó a innovaciones técnicas como la traducción simultánea,
desarrollada por IBM, y dio origen a un modelo jurídico
replicado en los procesos posteriores de Tokio y, décadas
más tarde, en los tribunales internacionales de Ruanda
y la ex Yugoslavia. Los Juicios de Núremberg no fueron
solo un ejercicio judicial, sino una fundación moral
y política del nuevo orden internacional. Su preparación,
fruto de tensiones diplomáticas y debates éticos, supuso
un hito en la historia del derecho y en la memoria de
la humanidad. En ellos se plasmó el tránsito desde la
justicia del vencedor hacia una justicia universal,
imperfecta pero necesaria, que sentó las bases del derecho
penal internacional moderno y estableció, por primera
vez, la responsabilidad individual frente a los crímenes
de Estado.
Durante el asedio de Dunkerque en octubre
de 1944, se produjo un cese al fuego humanitario. Con
la intermediación de la Cruz Roja, las fuerzas alemanas
y aliadas (británicas, canadienses y checoslovacas)
acordaron un cese al fuego entre el 3 y el 6 de octubre
de 1944. El propósito de este alto al fuego era permitir
la evacuación segura de unos 17.500 civiles franceses
que habían quedado atrapados en la zona de combate,
así como de los heridos de ambos bandos.

Para facilitar la evacuación, los alemanes
retiraron temporalmente sus defensas. Una vez concluido
el plazo acordado, el 6 de octubre de 1944, las defensas
fueron reinstaladas y los combates se reanudaron. Las
tropas de ambos bandos, temporalmente en paz, llegaron
a compartir puestos de control para facilitar el paso
seguro de los civiles.
Existe cierta discordancia, sobre la autoría
original de la "Operación Urano" que emprendería el
Ejército Rojo desde el 19 de noviembre de 1942. Según
Alexei Isayev, destacado ingeniero aeronáutico y de
cohetes soviético, Gueorgui Zhukov, político, militar
y mariscal de la Unión Soviética, señala directamente
el papel clave que desempeñó el Stavka en la preparación
de la Operación Urano. El papel principal y decisivo
en la planificación exhaustiva y el apoyo a la contraofensiva
en torno a Stalingrado corresponde, sin duda alguna,
al Stavka del Alto Mando Supremo y al Estado Mayor Genera.
Los planes para operaciones ofensivas que nacieron en
los cuarteles generales de los frentes tenían un valor
muy limitado. Un plan verdaderamente equilibrado y viable
fue preparado por el Alto Mando Supremo soviético. Cuando
Nikita Jrushchov escribe: “Zhukov vino a vernos. Nos
dijo que el Stavka tenía un plan similar al que Yeriomenko
y yo expusimos en nuestro memorándum”.

Reunión de la Stavka en abril de 1916,
a la que asistió el emperador Nicolás II de Rusia.
"Stavka" es el nombre del Cuartel General
Supremo de las Fuerzas Armadas del Imperio Ruso y de
la Unión Soviética. Fue el centro de comando que dirigió
las operaciones militares durante períodos clave como
la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial.
El reputado historiador David Glantz afirma
en su obra: "El 9 de octubre, Yeriomenko presentó al
Stavka un audaz plan que sugería una operación de envolvimiento
desde mucho más lejos que buscase la destrucción de
las tropas alemanas presentes en la región de Stalingrado.
En adelante, Stalin y sus principales asesores militares,
a sugerencia de Yeriomenko, centraron sus esfuerzos
en la implantación de un plan más ambicioso. En lo que
quedaba del mes de octubre y las primeras semanas de
noviembre se dedicaron en exclusiva a eso, lo que dio
lugar al nacimiento de la Operación Urano." El autor
Peter Antill nos dice: "Los orígenes de la contraofensiva
soviética [Operación Urano]se remontan a una reunión
en Moscú el 12 de septiembre de 1942 entre Zhukov, Vasilevski
y Stalin. Al discutir lo que se podía hacer, Zhukov
y Vasilevski plantearon el punto de que los dos grupos
del ejército alemán involucrados en la operación actual
estaban demasiado extendidos y no tenían medios suficientes
para completar los objetivos que se les habían fijado
(que los soviéticos podían adivinar razonablemente).

Las líneas de suministro del Eje se extendían
tenues y con formaciones de satélites sosteniendo cada
flanco, podría existir la posibilidad de realizar una
operación para rodear al 6° Ejército. Tendría que estar
debidamente planificado y dotado de recursos y llevado
a cabo a una distancia suficiente de la ciudad para
que el 6° Ejército no pudiera desconectar rápidamente
su armadura y bloquear los ataques soviéticos. Zhukov
estimó que tomaría alrededor de siete semanas desplegar
las fuerzas requeridas. Sería necesario que el 62° Ejército
actuara como “cebo” y mantuviera el foco del 6° Ejército
en la ciudad mientras se hacían los preparativos.."
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Aquel 14 de julio de 1943, fue una auténtica
jornada negra para los Aliados. El pueblo de Canicattí
sería el escenario de un trágico incidente en el que
los norteamericanos escribirían otra infame página de
la campaña siciliana. Las tropas estadounidenses habían
hecho su entrada en Canicattí el 10 de julio, después
de someter a la localidad al fuego de su artillería.
Cuatro días después, al tiempo que ocurrían los acontecimientos
de Biscari, los lugareños, la mayoría mujeres y niños,
entraron en la fábrica de jabón Narbone-Garilli a través
de un agujero en la pared que había abierto el bombardeo.
La gente acudía pertrechada de latas y cubos para llenarlos
de jabón líquido, un bien muy preciado, ya que había
una gran escasez de artículos de higiene a consecuencia
de la guerra. El propietario de la fábrica acudió rápidamente
al edificio del ayuntamiento, en donde se encontraban
las autoridades militares norteamericanas, con el teniente
coronel George H. McCaffrey como máximo responsable.
Una vez allí, el atribulado italiano suplicó ayuda para
detener el saqueo. Los policías militares y tres soldados
italianos de origen siciliano que hacían labores de
intérprete gracias a su dominio del dialecto local se
dirigieron entonces a la fábrica, con McCaffrey al mando,
para poner fin a ese desorden.
Eran las seis de la tarde. Cuando McCaffrey
y sus hombres llegaron a la fábrica, el saqueo había
sido frenado. Un grupo de soldados norteamericanos había
intervenido ya, arrestando a entre treinta y cuarenta
civiles. En ese punto, McCaffrey se dirigió al joven
suboficial que estaba al frente de los policías militares,
ordenándole que mandara a sus hombres disparar contra
los civiles detenidos. El suboficial, estupefacto ante
ese sorprendente requerimiento, se quedó paralizado,
por lo que el teniente coronel se dirigió directamente
a los policías militares, conminándoles a que disparasen
de una vez. Pero estos, horrorizados, también se negaron
a obedecer. El teniente coronel, furioso, se dirigió
a los tres soldados de origen siciliano, ordenándoles
sucesivamente, uno por uno, que dispararan contra aquellos
saqueadores. Los tres hombres reaccionaron de igual
modo, quedándose quietos. Nadie estaba dispuesto a disparar
contra civiles desarmados. McCraffrey sacó entonces
su revólver Colt del calibre 45 y comenzó a disparar
a sangre fría contra la multitud, que tenía a apenas
3 metros de distancia. Llegó a recargar su arma en dos
ocasiones. Ese revólver es un arma potente; a esa distancia
de 3 metros, el proyectil puede atravesar tres y hasta
cuatro cuerpos. Se desconoce la cifra total de civiles
asesinados. Posteriormente se estableció una cifra mínima
de ocho, incluyendo una niña de 10 años, pero pudieron
llegar a ser dieciocho o incluso veintiuno. McCaffrey
era un tirador experto, tanto con el revólver como con
el fusil, y había llegado a formar parte del equipo
olímpico norteamericano de tiro en los años veinte.
Tras la matanza, fueron llegando vecinos
con carretillas y comenzaron a llevarse los cuerpos,
tanto de los muertos como de los heridos. Los llevaron
a una posada próxima. McCaffrey regresó al edificio
del ayuntamiento acompañado de los soldados que hacían
labores de traducción. En un momento del trayecto les
dijo: «Dios me perdone, pero eran saqueadores». Las
autoridades militares abrieron una discreta investigación
sobre el incidente, pero McCaffrey, que aseguró que
tan solo «seis saqueadores resultaron lesionados mientras
huían», salió indemne de ella. McCaffrey murió en 1954.
Curiosamente, su hija, Anne McCaffrey, llegaría a ser
una famosa escritora. Los hechos permanecerían en secreto
hasta 1998, cuando los dio a conocer públicamente un
investigador de la Universidad de Nueva York, Joseph
S. Salemi, hijo de uno de los tres soldados de origen
siciliano que fueron testigos de la matanza, Salvatore
Salemi.
Su relato de los hechos transmite el horror
que se vivió entonces. Salemi recordaba perfectamente,
por ejemplo, que un niño de unos 12 o 13 años recibió
un disparo en el vientre y, llorando, repetía en dialecto
siciliano: «¡Tengo una bala en el estómago». Al cabo
de unos minutos de agonía, el bambino falleció. El soldado
Salemi, asqueado por lo que había contemplado, solicitó
discretamente un traslado para no permanecer por más
tiempo como asistente de McCraffrey. Pero no fue necesario
esperar el traslado; el rápido avance norteamericano
hizo que los servicios de Salemi fueran requeridos en
el frente y así perdió de vista para siempre al oficial
que había disparado contra aquella gente inocente. Acabada
la guerra, Salemi regresó a la vida civil, en Nueva
York. A finales de los años cuarenta, cuando una gestión
le llevó hasta el rascacielos Woolworth en Manhattan,
todos esos trágicos recuerdos volvieron a su mente al
ver en una placa el nombre de aquel teniente coronel
en el directorio del edificio. La siguiente vez que
vio escrito su nombre sería en las necrológicas del
New YorkTimes. Afortunadamente, el soldado Salemi no
quiso que el aborrecible crimen del que había sido testigo
quedase enterrado para siempre. Gracias a él y a su
hijo conocemos ahora esta masacre que las autoridades
militares norteamericanas trataron de mantener en secreto,
como las otras dos que ocurrieron esa funesta jornada
en Sicilia.
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La figura de Alfred Czech, uno de los
niños soldados exaltados por la propaganda nacionalsocialista
durante el colapso final del Tercer Reich, constituye
un caso paradigmático de la movilización juvenil en
un contexto de desintegración estatal. Su breve trayectoria
militar —incluida su condecoración por Adolf Hitler
en marzo de 1945— ha sido interpretada por la historiografía
como símbolo de la desesperación del régimen y de su
disposición a recurrir a menores para sostener un esfuerzo
bélico ya irrecuperable.

Alfred Zech, el niño de doce años miembro
de la Deutsches Jungvolk, recibe la Cruz de Hierro por
transportar soldados heridos desde el frente a un lugar
seguro.
A comienzos de 1945, el Tercer Reich
afrontaba un escenario de colapso total. El avance soviético
desde el Vístula había desmantelado las defensas orientales,
mientras que los Aliados occidentales penetraban en
territorio alemán desde el oeste. La erosión de la capacidad
militar provocó medidas extraordinarias, como la movilización
de adolescentes y ancianos en el Volkssturm, así como
la utilización propagandística de acciones aisladas
de jóvenes pertenecientes a las Juventudes Hitlerianas.
En este marco debe situarse la figura de Alfred Czech,
cuya historia personal se transformó en un instrumento
propagandístico en los últimos meses del régimen. Alfred
Czech nació el 12 de octubre de 1932 en Goldenau, en
la región de Silesia, en el seno de una familia de agricultores.
Creció junto a una hermana y bajo la influencia de un
padre veterano de la Primera Guerra Mundial que todavía
sufría las secuelas de sus heridas. La familia mantenía
un fuerte vínculo interno y dependía del trabajo agrícola,
en el que Alfred participaba desde niño. Conocía bien
los campos circundantes y disfrutaba de las actividades
al aire libre propias de la vida rural. A los ocho años
se unió a las Jungvolk, la sección juvenil de las Juventudes
Hitlerianas destinada a los niños de 10 a 14 años.
Aunque la pertenencia era formalmente
voluntaria, existía una fuerte presión social e institucional,
y la negativa podía implicar persecución o incluso el
envío a campos de concentración. Como muchos otros jóvenes,
Alfred experimentó allí un proceso sistemático de adoctrinamiento
nazi, acompañado de actividades deportivas, marchas
y camaradería, elementos diseñados para construir lealtad
al régimen. Cuando Alfred cumplió doce años, la situación
militar de Alemania era crítica. A finales de enero
de 1945, el Ejército Rojo lanzó la campaña de Silesia,
avanzando más de doscientos kilómetros en solo diez
días. Los combates cercanos a Goldenau reflejaban la
intensidad y brutalidad de esta ofensiva, que arrastró
al frente a la población civil y desorganizó completamente
las defensas alemanas. Fue en este contexto cuando Alfred
protagonizó las acciones que determinarían el rumbo
de su vida. En febrero de 1945, Alfred y su padre estaban
trabajando en el exterior cuando observaron a un granadero
que regresaba con dificultad desde las líneas del frente.

Dos películas imprescindibles.
Según relató el padre, el hombre parecía
herido y la unidad de infantería a la que pertenecía
había quedado atrapada bajo fuego de mortero. Alfred
actuó sin dudar: enganchó dos caballos al carro familiar
y, llevando también un pequeño trineo de mano, se dirigió
a la zona de combate. Dado el riesgo para los animales,
ocultó el carro a cierta distancia y avanzó con el trineo
hacia los heridos. Bajo fuego enemigo, transportó a
los soldados uno por uno hasta el carro, logrando evacuar
a ocho hombres en un primer viaje, y regresando posteriormente
para rescatar a otros cuatro soldados. La acción, extraordinaria
para un niño de doce años, fue reportada por los heridos
a su división y difundida dentro del aparato militar
local. Poco después, Alfred recibió además un reloj
como reconocimiento por haber detectado y denunciado
a un espía enemigo: un cabo cuya insignia de rango estaba
mal colocada, detalle que llamó la atención del muchacho
y permitió su detención. Días después de los rescates,
un oficial de alto rango visitó la casa de la familia
Czech para comunicar que Alfred sería condecorado con
la Cruz de Hierro de Segunda Clase y trasladado a Berlín
para participar en un desfile de las Juventudes Hitlerianas
en la Cancillería del Reich.
Mientras que el muchacho se mostró orgulloso
y entusiasmado, su madre temía por su seguridad. Finalmente,
el padre —marcado por su propia experiencia bélica—
insistió en que debía acudir. El viaje comenzó en Breslau,
donde Alfred recibió un uniforme nuevo. Desde allí fue
trasladado a Berlín e instalado junto a otros jóvenes
en la pensión de Arthur Axmann, líder de las Juventudes
Hitlerianas. Alfred era, con claridad, el más joven
del grupo.
La ceremonia estaba cuidadosamente planificada.
Antes del desfile, los organizadores instruyeron a los
muchachos para que no se mantuvieran rígidos ni saludaran
con el gesto nazi cuando apareciera Hitler. En la formación,
Alfred se encontraba junto a Willi Hübner, otro joven
combatiente cuya imagen también sería empleada por la
propaganda. Hitler recorrió la fila estrechando manos
y formulando preguntas. Según los testimonios, Alfred
esperaba su turno con el corazón acelerado. Cuando el
Führer llegó frente a él, comentó: «Así que eres el
más joven de todos. ¿No tuviste miedo cuando rescataste
a esos soldados?» A lo que Alfred respondió: «¡No, mi
Führer!». Hitler sonrió, le palmeó el hombro y le pellizcó
la mejilla antes de decirle: «Sigue así». La escena
fue fotografiada y difundida ampliamente, convirtiéndose
en uno de los últimos intentos de proyectar una imagen
de determinación juvenil y sacrificio, cuando la derrota
ya era inevitable.

Quema de libros, fanatismo a mansalva.
Tras la ceremonia, Alfred fue asignado
a tareas defensivas en la capital. En abril de 1945
resultó herido durante la batalla de Berlín y posteriormente
capturado por tropas soviéticas. Ante el riesgo que
implicaba portar símbolos nazis, se deshizo de su Cruz
de Hierro antes de su detención. Permaneció en un campo
de prisioneros hasta 1947, año en que fue liberado y
regresó a su hogar. El caso de Alfred Czech ilustra
varios aspectos estructurales del derrumbe nazi. La
movilización extrema de menores, consecuencia de la
pérdida de efectivos militares y de la ideología totalitaria
que concebía a la juventud como recurso político y militar.
El uso propagandístico de acciones individuales, transformadas
en símbolos heroicos destinados a reforzar una moral
que en la práctica ya no existía. La desintegración
institucional, visible en la presencia de niños en tareas
de combate, en el deterioro de mandos y estructuras
y en la necesidad del régimen de aferrarse a gestos
simbólicos ante su colapso.
Aunque único en ciertos detalles, el caso
de Czech se inserta en un patrón más amplio de explotación
infantil dentro del sistema nazi, evidenciado también
por figuras como Willi Hübner y otros jóvenes combatientes
de las Juventudes Hitlerianas. La historia de Alfred
Czech ofrece una ventana privilegiada al final del Tercer
Reich, donde la infancia fue instrumentalizada para
sostener una guerra perdida y para alimentar un aparato
propagandístico en ruinas. Su vida temprana, marcada
por el adoctrinamiento, el contexto rural y los traumas
heredados de la Primera Guerra Mundial, se vio abruptamente
absorbida por un conflicto total que no dudó en utilizarlo
como símbolo. Más allá de la célebre fotografía con
Hitler, el caso de Alfred refleja las dimensiones humanas
del colapso nazi y la devastación moral que acompañó
a la movilización de menores en un país que se desmoronaba.
Y nos vamos a Octubre de 1943, Stambruges,
Bélgica. Un avión aliado cae envuelto en fuego. Entre
el humo y el rugido del metal, un piloto estadounidense
salta al vacío. Su paracaídas se abre, pero el destino
tiene una caída más para él: aterriza en un árbol, cae
al suelo y se rompe el tobillo. Sin embargo, sigue arrastrándose,
metro a metro, hasta una granja cercana. Golpea la puerta
sin saber si está pidiendo ayuda o firmando su condena.
La suerte —y la humanidad— estaban de su lado. El granjero
lo acoge. Y lo conduce a la casa de Clovis y Georgette
Hanotte, donde una joven de 23 años, Monique Hanotte,
lo mira con una mezcla de decisión y ternura. Ella no
duda: lo esconderán. Lo protegerán. Y lo sacarán de
allí. Lo que el piloto ignoraba era que Monique no era
solo una joven campesina. Era una pieza clave de la
Línea Cometa: una red clandestina de casi 3.000 voluntarios
franceses y belgas dedicada a una misión suicida y silenciosa:
Salvar aviadores aliados antes de que los nazis los
encontraran. Monique conocía senderos entre setos donde
el aire parecía guardar silencio por ella. Conocía a
los guardias fronterizos y sabía bromear con ellos para
distraerlos. Sabía cuándo sonreír y cuándo guardar silencio.
Sabía, sobre todo, que su vida podía terminar con una
sola sospecha.

Hanotte en uniform, sobre 1944.
Ella misma lo contaba: «Si nos registraban,
decía: “He ido al campo a buscar pan”. Era más fácil
pasar siendo mujer». Mientras sostenía una hogaza dura
en la mano, llevaba vidas enteras escondidas en la otra.
La Línea Cometa rescató a más de 800 aviadores. Monique
salvó 135 de ellos. A cada uno lo acompañó por senderos
invisibles, casas seguras, bosques y estaciones donde
un error podía costarle la vida. Los nazis lo sabían.
Setecientos miembros de la red fueron arrestados. Doscientos
noventa murieron en prisiones o campos de concentración.
Pero Monique siguió. Y sobrevivió. Vivió hasta los 101
años, falleciendo apenas hace unas semanas. Siete décadas
después de salvarlo, la familia del piloto que había
rescatado —el teniente Charles V. Carlson— viajó desde
Minnesota hasta Bélgica para darle las gracias en persona.
Ella, que había arriesgado su vida tantas veces, los
recibió con la modestia de quien nunca consideró su
valentía como heroísmo. Monique Hanotte no empuñó un
arma. No llevó uniforme. No marchó en desfiles. Su resistencia
fue otra: la de caminar sin ser vista, guardar secretos
que podían costar vidas, y creer —en plena oscuridad
europea— que un ser humano vale más que cualquier bandera.
Seguimos con mujeres valientes.
El aporte de las mujeres para derrotar
a los nazis fue enorme: sin su impetuosa voluntad de
vencer al enemigo la victoria final no habría sido posible.
Por desgracia, no se conocen los nombres de todas las
heroínas soviéticas que lucharon con valentía durante
la guerra pero la trágica historia de algunas de ellas
podría esclarecer en cierto grado su trascendente papel.
Uno de los nombres más mencionados durante la Gran Guerra
Patria es indudablemente el de Zoya Kosmodemiánskaya,
una joven guerrillera, soldado del Ejército Rojo en
la unidad de exploración y subversión del Estado Mayor
General del frente occidental y la primera mujer honrada
con la alta distinción de Héroe de la URSS a título
póstumo. Ella fue y sigue siendo el símbolo del estoico
heroísmo soviético para todas las personas que lucharon
activamente contra los alemanes, al igual que para las
siguientes generaciones que la conocieron gracias a
su imagen, reproducida con frecuencia en la literatura,
la pintura, los artículos periodísticos y el cine. Zoya
nació en 1923 en un pueblo cerca de la ciudad de Tambov,
a 480 km de Moscú. Su padre era un sencillo sacerdote,
lo que les ocasionó muchos problemas cuando en la URSS
se quiso implantar con fuerza el ateísmo. Así, en 1929
hubieron de mudarse a Siberia por temor a la persecución
bolchevique.

Capturada. Una película de 2020
recrea el momento.
Unos años más tarde, murió su padre y
Zoya y su hermano menor, Alexandr (también héroe de
la Unión Soviética a título póstumo), se quedaron con
su madre. Zoya fue siempre muy buena estudiante pero
por vueltas del destino tuvo que demostrar sus habilidades
en un ámbito que le era, como a miles de jóvenes de
aquella trágica época, totalmente ajeno. Al estallar
la guerra contra el fascismo, Kosmodemiánskaya se ofreció
voluntaria para entrar en el Ejército. Su madre, maestra
de escuela, intentó disuadirla pero Zoya le respondió
con firmeza: “¿Qué más puedo hacer cuando el enemigo
se aproxima? Si llega hasta aquí, no podré seguir viviendo”.
Por desgracia estas palabras fueron tristemente proféticas.
La joven fue asignada a la unidad guerrillera n.º 9903
del frente occidental. De las mil personas que se unieron
a la misma en octubre de 1941, menos de la mitad sobrevivió
a la guerra. Después de un corto periodo de instrucción,
Zoya, junto con otros guerrilleros del grupo, realizó
su primera misión de combate: minar los caminos y cortar
las líneas de comunicación en el territorio ocupado
por los alemanes cerca de Volokolamsk, a unos 70 km
al oeste de Moscú.
En noviembre de 1941, su grupo recibió
la misión de quemar la aldea de Petrishevo, donde estaba
instalado un regimiento de alemanes. En aquel periodo
de la guerra, cuando parecía que los alemanes estaban
a punto de conquistar Rusia, Stalin dio la orden n.º
428, que exigía a los soviéticos “congelar” a los alemanes,
echarlos fuera de las casas de las aldeas, para lo cual
era necesario destruir las poblaciones en la retaguardia
de las tropas enemigas. Los miembros de la unidad guerrillera
fueron los primeros que recibieron una orden similar
y casi no se imaginaban con qué dificultades podrían
tropezarse durante esta complicada operación. En Petrischevo
Zoya logró incendiar una caballeriza y un par de casas
donde estaban instalados equipos de radio del servicio
secreto alemán. Sin embargo, no fue posible completar
la tarea dado que ella y sus compañeros fueron capturados
por los alemanes. Según una de las versiones, la unidad
fue traicionada por el dueño de una casa, un ruso que
colaboraba con los nazis. Zoya no pudo escapar del cautiverio
alemán, fue torturada e interrogada sin piedad pero
la única información que reveló al enemigo fue su seudónimo,
“Tania”. A la pregunta “¿Dónde está Stalin?”, Zoya contestó
firmemente: “Está en su puesto”. Al día siguiente la
ejecutaron. Antes de subir a la horca, le dio tiempo
de pronunciar las siguientes palabras emotivas y proféticas:
“¡Camaradas! ¡Mi muerte es mi éxito, los venceremos!
¡La Unión Soviética no está vencida y nunca lo estará!”.
Los alemanes también recibieron veredicto por boca de
la intrépida Zoya: “Me cuelgan a mí pero yo no soy la
única. Nosotros somos 170 millones y no podran colgarnos
a todos. Mis compañeros me vengarán”. Estas fueron sus
últimas palabras pero después de su heroica muerte ante
los ojos de sus compatriotas, su humillación no cesó.
En señal de escarmiento los nazis no permitieron retirar
del patíbulo el cuerpo de la “incendiaria rusa”.

Monumento a Zoya Kosmodemyanskaya y el
Monasterio de Kazán en Tambov.
Al cabo de un mes fue enterrada en un
pueblo cercano. Mucho más tarde, sus restos mortales
fueron trasladados al monasterio de Novodévichi de Moscú.
No se conocen a detalle todos los horrores que tuvo
que sufrir la guerrillera pero gracias a varios artículos
y libros sobre ella podemos conocer a la joven heroína
nacional de la URSS. Su madre también hizo un gran aporte
con su libro sobre sus hijos héroes, Relato sobre Zoya
y Shura, una novela que llegó a ser muy popular. A pesar
de que Zoya fue condecorada con una medalla a título
póstumo en 1942, el primer monumento de ella erigido
en su pueblo natal apareció a finales del siglo XX.
Ahora en Rusia prácticamente en cada ciudad o pueblo
se puede encontrar una calle o plaza bautizada en su
honor.
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Cuatro diplomáticos y un pastor
protestante.
Chiune Sugihara fue un diplomático japonés
que ejerció de vicecónsul del Imperio del Japón en Lituania.
Durante la Segunda Guerra Mundial ayudó a alrededor
de 6000 judíos a dejar dicho país, la Polonia ocupada
por la Alemania Nazi y por la Unión Soviética mediante
la expedición de visados de tránsito para que pudieran
viajar a territorio japonés, hecho por el que puso en
peligro su carrera y la vida de su familia.
André Trocmé (Saint Quentin, Aisne, 7
de abril de 1901 – Ginebra, 5 de junio de 1971) fue
un pastor protestante y teólogo de la no violencia,
hijo del hugonote francés Paul Trocmé, industrial textil,
y de Paula Schwerdtmann, alemana.
Raoul Gustav Wallenberg fue un diplomático
sueco miembro de una prestigiosa e influyente familia.
En las últimas etapas de la Segunda Guerra Mundial,
trabajó sin descanso y corrió grandes riesgos para salvar
a miles de judíos húngaros del Holocausto. Fue arrestado
por los soviéticos tras la entrada del Ejército Rojo
en Budapest, alegaron que era un espía estadounidense.
Fue declarado muerto el 17 de julio de 1947. Su muerte
es motivo de controversia.
Carl Lutz fue un diplomático suizo. Sirvió
como vicecónsul de Suiza en Budapest, desde 1942 hasta
el final de la Segunda Guerra Mundial. Se le atribuye
la salvación de alrededor de 62.000 judíos, en la que
es considerada la mayor operación de rescate de población
judía de la Segunda Guerra Mundial.
Hiram "Harry" Bingham IV fue un diplomático
estadounidense que, desde su puesto como vicecónsul
en Marsella, ayudó a huir a más de 2.500 judíos cuando
las fuerzas del nazismo avanzaban. Harry fue uno de
los siete hijos del reconocido explorador, descubridor
de Machu Picchu, exgobernador de Connecticut y senador
estadounidense Hiram Bingham III.
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