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Investigadores de South Dakota Mines y del Sanford
Underground Research Facility han identificado microbios subterráneos
capaces de acelerar la captura de CO2 y transformarlo en roca.
La investigación, financiada inicialmente por la National
Science Foundation, abre una vía tecnológica para reducir
emisiones industriales. El hallazgo se produjo en las profundidades
del antiguo yacimiento de oro reconvertido en laboratorio
científico en Lead, en Dakota del Sur. Allí, en un entorno
extremo de agua caliente, rocas y oscuridad, el equipo dirigido
por la doctora Tanvi Govil localizó microorganismos con una
capacidad poco habitual: aprovechar el dióxido de carbono
y favorecer su conversión en carbonato cálcico.
El proceso resulta especialmente relevante porque
no se limita a almacenar el gas bajo tierra durante largos
periodos. Según los ensayos descritos por el equipo, estas
reacciones bioquímicas podrían acelerar la captura de carbono
desde escalas de años hasta apenas unas semanas, un salto
que explica el interés científico e industrial que ha despertado
el descubrimiento.
Karen M. Swindler de South Dakota Mines, explicó
el alcance del descubrimiento con una frase clara: "Los microbios
que encontramos en SURF ayudan a demostrar que estas reacciones
bioquímicas pueden utilizarse para eliminar carbono de forma
eficiente de las emisiones de las centrales eléctricas". El
trabajo comenzó con muestras tomadas en el Sanford Underground
Research Facility, conocido como SURF, donde los investigadores
estudian formas de vida adaptadas a condiciones que resultarían
hostiles para muchos organismos. Ese origen es clave, porque
los gases emitidos por fábricas y centrales pueden presentar
temperaturas elevadas, presión, acidez y otros factores difíciles
de soportar.

Estos microbios podrían convertirse en un negocio
muy rentable.
La idea que ahora se está desarrollando consiste
en usar enzimas derivadas de esos microbios en un sistema
de depuración. Las emisiones pasarían a través de una solución
enzimática en un gran depósito, donde el CO2 se transformaría
en un subproducto mineral con posible utilidad industrial,
por ejemplo, como aditivo para hormigón.
Para acercar esta tecnología al mercado, Govil
y su equipo han creado una biblioteca de microbios procedentes
de distintas regiones del mundo. El objetivo es combinar sus
mejores propiedades y diseñar enzimas lo bastante robustas
como para trabajar con emisiones reales, incluidas muestras
de gases de combustión y restos de ceniza de carbón facilitados
por industrias locales. La siguiente fase pasa por un sistema
móvil de captura de carbono capaz de procesar casi una tonelada
de CO2 al día. La empresa Carb-N0, impulsada por el equipo,
pretende validar el concepto con socios industriales y avanzar
hacia la producción de enzimas en 2027, en un mercado global
de captura y almacenamiento de carbono que podría crecer de
4.510 millones de dólares en 2025 a 19.980 millones en 2034.
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