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28 - Julio - 2026
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Una expedición científica a una montaña de los Andes chilenos ha obligado a revisar una de las fronteras más aceptadas de la biología. El estudio, publicado en la revista Science, analiza cómo un diminuto ratón andino de orejas de hoja (Phyllotis vaccarum) consigue mantenerse activo a casi 7.000 metros de altitud, donde el frío, la falta de oxígeno y la escasez de alimento convierten la supervivencia en un desafío extremo. Hasta ahora, los investigadores consideraban que los mamíferos difícilmente podían vivir de manera estable por encima de los 5.500 metros, una cota similar a la de los asentamientos humanos permanentes situados a mayor altura. Sin embargo, la presencia de estos roedores más de un kilómetro por encima de ese límite demuestra que las condiciones aparentemente inhabitables no constituyen una barrera absoluta para la vida animal.

"Fue completamente inesperado. La gente no pensaba que los mamíferos pudieran sobrevivir a estas altitudes, pero están ahí", explicó Graham Scott, profesor del Departamento de Biología de la Universidad McMaster y coautor de la investigación. El entorno presenta temperaturas bajo cero, niveles mínimos de oxígeno, poca agua y una vegetación prácticamente inexistente, una combinación que los científicos comparan con ciertos paisajes de Marte.

Para descubrir qué permite al ratón soportar semejantes condiciones, Scott y su colega Grant McClelland participaron en una investigación internacional desarrollada en Chile. El equipo comparó ejemplares de gran altitud con otros procedentes de zonas más bajas y comprobó que la resistencia no depende de una única mutación, sino de numerosos ajustes fisiológicos repartidos por todo el organismo.

El ratón andino de orejas de hoja.

Los animales que habitan cerca de la cima conservan mejor el calor corporal y mantienen un consumo elevado de oxígeno incluso cuando coinciden el frío intenso y la hipoxia. Sus músculos contienen una gran cantidad de mitocondrias, estructuras celulares encargadas de producir energía. "Se parecen más a un corredor de maratón que a un velocista", señaló Scott al describir su capacidad para sostener durante más tiempo la actividad que genera calor.

Esta maquinaria celular permite que los roedores continúen produciendo energía en un lugar donde respirar exige un enorme esfuerzo. Además, su metabolismo utiliza las grasas como combustible con mayor intensidad, lo que alimenta tanto los músculos responsables del temblor como los tejidos especializados en generar calor sin movimiento. Así evitan que la temperatura corporal caiga hasta niveles incompatibles con la vida.

La falta de comida planteaba otro problema que inicialmente había recibido menos atención. A esas alturas apenas crecen plantas, por lo que los ratones recurren a recursos irregulares como los líquenes adheridos a las rocas y, posiblemente, semillas o insectos transportados por el viento. Los análisis genéticos detectaron cambios relacionados con el procesamiento de nutrientes y con la eliminación de compuestos vegetales que resultarían perjudiciales para otros animales.

El histórico Ferrocarril Trasandino Los Andes-Mendoza fue un tren internacional que unió Chile y Argentina a través de la cordillera. Inaugurado el 5 de abril de 1910, dejó de funcionar de manera definitiva el 3 de julio de 1984 tras una gran avalancha en el lado chileno. Hoy en día no existe un servicio de pasajeros activo que cruce la cordillera.

El ratón andino de orejas de hoja (Phyllotis vaccarum) es el mamífero que vive a mayor altitud en el mundo. Habita en la Cordillera de los Andes, soportando alturas superiores a los 6.700 metros, temperaturas bajo cero y niveles de oxígeno que apenas alcanzan el 44 % del nivel del mar. Los Andes son una de las cordilleras más prominentes de nuestro planeta. Situados a lo largo del litoral oeste de Sudamérica, estas montañas guardan un secreto que intriga a los geólogos y que tiene que ver con su formación. Concretamente, el de cómo es posible que la cordillera alcanzara su gran tamaño en un periodo geológico relativamente breve.

"A veces, nuestras suposiciones sobre los entornos más extremos en los que pueden vivir los animales pueden ponerse en duda", afirmó McClelland. El hallazgo muestra que la evolución actúa simultáneamente sobre la respiración, el metabolismo, la producción de calor y la alimentación. Lo que está claro es que este ratón amplía de forma notable los límites conocidos de la vida de los mamíferos en la Tierra.

Un estudio reciente suma a la ardilla terrestre ártica como otro ejemplo de adaptación. Son uno de los mamíferos más curiosos del mundo, y todo lo que llama la atención de ellos tiene que ver con la temperatura de su cuerpo. Una vez llega el invierno, estos pequeños seres se esconden bajo tierra en sitios como Canadá, Alaska y Siberia, donde los suelos alcanzan temperaturas de -20 °C. La temperatura de su cuerpo, al mismo tiempo, también se desploma.

Su cerebro se enfría hasta los 0 °C, su abdomen hasta los -2 °C y sus extremidades incluso hasta los -2,9 °C, la temperatura más baja jamás registrada en un mamífero vivo, lo que ha valido incluso un Récord Guiness. Durante los ocho meses que permanece hibernando, la ardilla terrestre ártica sobrevive sin alimento hasta que llega el día en que regresa a la superficie.

La ardilla terrestre ártica (Urocitellus parryii) habita en Alaska, EE. UU., y el noroeste de Canadá.

Al ser un mamífero de sangre caliente, su temperatura corporal normal en los meses de verano es de 37 °C, pero cuando llegan los meses fríos, es capaz de adaptarse perfectamente al entorno para sobrevivir. Son estas características extremas las que han convertido a esta especie (Urocitellus parryii) en un objeto de estudio interesante para muchos científicos.

Uno de los estudios más recientes se ha publicado en The New York Academy of Sciences, y en él los investigadores revelan que conocer en profundidad el proceso de hibernación de estas ardillas podría ser muy útil para los humanos. “Comprender la hibernación puede contribuir al desarrollo de nuevas terapias para la fragilidad, las enfermedades asociadas al envejecimiento, los cuidados intensivos y la medicina espacial”, explican. Al final, durante los meses que están bajo tierra, estos mamíferos son capaces de regular su metabolismo y temperatura corporal para proteger sus órganos, previniendo también el daño celular en condiciones extremas. “Estas adaptaciones podrían servir de base para nuevas estrategias de preservación muscular durante la inactividad, neuroprotección y control de la temperatura”, comparten.

Las ardillas árticas terrestres hibernan durante ocho o nueve meses al año, ralentizando tanto su metabolismo que su temperatura corporal puede descender por debajo del punto de congelación sin sufrir los efectos secundarios habituales, como la congelación, la pérdida muscular o la pérdida de densidad ósea.

Es precisamente su capacidad para conservar la masa muscular y ósea durante estos meses fríos la que está llamando la atención también de los científicos de la NASA. Estudiar estos animales puede ser una oportunidad para comprender mejor cómo funciona el cuerpo humano en un entorno sin gravedad, por lo que la Agencia Espacial también está financiando investigaciones sobre este curioso animal por si puede ser de ayuda para sus astronautas.

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