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Poco a poco el Gobierno estadounidense va dando
más detalles sobre cómo se plantea “gestionar” Venezuela.
El futuro próximo del país sudamericano se dividirá en tres
fases, según ha adelantado el secretario de Estado de Estados
Unidos, Marco Rubio, tras una reunión este miércoles con los
senadores en el Congreso para presentarles el plan más detallado
hasta el momento de Washington para el país sudamericano tras
la captura de Nicolás Maduro. La primera fase consistirá en
la estabilización, sobre todo la económica; la segunda, en
la recuperación, con el énfasis en la reconciliación nacional,
y la tercera será la de la transición y normalización definitiva
hacia la celebración de elecciones. Estados Unidos mantendrá
“indefinidamente” el control del petróleo, según ha adelantado
por su parte el secretario de Energía, Chris Wright. El plan,
según ha resumido el jefe de la diplomacia estadounidense
a los medios en el Capitolio en Washington (la versión explicada
a los legisladores está clasificada), apunta a una tutela
prolongada de la Administración de Trump sobre el país sudamericano.
“Tenemos ahora un proceso en marcha en el que
contamos con un control y capacidad de presión tremendos sobre
lo que pueden y podrán hacer las autoridades provisionales”,
ha declarado Rubio, que ha hablado junto al secretario de
Defensa, Pete Hegseth, que junto al exsenador de origen cubano
es otro de los hombres que el presidente, Donald Trump, ha
puesto al frente del grupo que coordinará la política sobre
Venezuela. “Pero esto será un proceso de transición. Al final,
dependerá del pueblo de Venezuela el transformar su país”.
La primera fase de estabilización tendrá como protagonista
al sector petrolero. Parte de ella será la “cuarentena” que
aplica al crudo procedente de ese país y a los buques que
lo exportan. Precisamente, según hablaba en Washington, se
daba a conocer la incautación estadounidense de dos nuevos
barcos que transportaban ese combustible. Estamos a punto
de poner en marcha un acuerdo para hacernos con todo el petróleo”,
ha declarado el secretario de Estado. Trump ya ha anunciado
que Venezuela cederá entre treinta y cincuenta millones de
barriles de petróleo. “Vamos a venderlo a precios de mercado,
no con descuento como venía haciendo el régimen”, ha apuntado
Rubio. “Ese dinero se gestionará de modo que controlemos cómo
se desembolsa, de modo que beneficie al pueblo estadounidense,
no al régimen ni induzca a la corrupción”.

Marco Rubio tras una reunión con los senadores
en el Congreso, en Washington.
No está claro cómo Estados Unidos tiene previsto
aplicar esa idea. La Constitución estadounidense otorga explícitamente
al Congreso la capacidad de decidir cómo el Gobierno gasta
el dinero, y no le permite ningún desembolso que no haya sido
aprobado por ley. Pero en una conferencia organizada por Goldman
Sachs, el secretario Wright ha puntualizado que Washington
se plantea controlar el crudo venezolano “indefinidamente”.
“Necesitamos contar con esa capacidad de presión y ese control
de las ventas de petróleo para posibilitar los cambios que
tienen que ocurrir sí o sí en Venezuela”, ha declarado Wright
en una conferencia organizada por el banco de inversión Goldman
Sachs en Miami. Esos ingresos se emplearán para estabilizar
la economía venezolana y, después, indemnizar a las petroleras
estadounidenses por la nacionalización de sus activos en el
país ordenada por el entonces presidente Hugo Chávez en 2007.
El dinero también compensará las inversiones de las petroleras,
que la Administración de Trump calcula en miles de millones
de dólares, que serán necesarias para poner al día la envejecida
infraestructura venezolana. El país miembro de la OPEP cuenta
con las mayores reservas del mundo, calculadas en cerca de
300.000 millones de barriles, pero su producción solo cubre
el 1% del total mundial, después de años de mala gestión y
ausencia de inversiones. Venezuela podrá vender también su
crudo por su cuenta, pero únicamente si Estados Unidos considera
que esas operaciones benefician a sus propios intereses de
seguridad nacional, según ha declarado el vicepresidente,
J.D. Vance, en una entrevista para la cadena Fox News. “Nosotros
controlamos los recursos energéticos, y nosotros contamos
al régimen que están autorizados a vender el crudo siempre
y cuando beneficie a los intereses nacionales estadounidenses.
Si no les beneficia, no podrán venderlo”, ha apuntado.

En 2025, la producción petrolera de Venezuela
cerró en torno a los 1,2 millones de barriles diarios (bpd),
superando la meta oficial del gobierno y mostrando una recuperación
sostenida a lo largo del año, con promedios que se mantuvieron
por encima del millón de bpd, según reportes oficiales y de
la OPEP para finales de año. El promedio acumulado entre enero
y noviembre fue de aproximadamente 1,142 millones de bpd,
con un crecimiento interanual del 10,7%.
La segunda fase del plan para Venezuela, según
ha apuntado Rubio, será la de recuperación del sector petrolero
y de las instituciones después de tres décadas de chavismo.
La inversión necesaria para ello vendrá de “garantizar que
empresas estadounidenses, occidentales y otras tienen acceso
de modo justo al mercado venezolano”. También entonces empezarán
los pasos para un proceso de reconciliación nacional. La tercera
etapa de transición se centrará en la reconstrucción de la
sociedad civil y pasos hacia un gobierno democrático. En ese
proceso de reconciliación uno de los objetivos será que las
fuerzas de oposición puedan quedar en libertad si se encuentran
encarceladas, y amnistiadas. “Creemos que estamos avanzando
hacia ese proceso de modo muy positivo”, ha dicho Rubio, que
no ha aportado más detalles sobre cómo se pretende llevar
a cabo esa tercera fase o qué plazos se plantea su Gobierno.
Lo que Rubio y Hegseth sí han descartado en sus reuniones
a puerta cerrada con senadores y congresistas es que Estados
Unidos vaya a desplegar militares en territorio venezolano,
pese a que el propio Trump ha hablado de ello como una posibilidad.
También forma parte del plan mantener, al menos de momento,
el gran despliegue naval con el que Estados Unidos bloquea
Venezuela por mar, algo que le permite mantener su amenaza
de un nuevo ataque similar al que el sábado secuestró a Maduro
en caso de que las autoridades provisionales no acaten sus
directrices al pie de la letra. Esa previsión sobre la presencia
militar se formula mientras la Casa Blanca sostiene que no
descarta recurrir a la fuerza para hacerse con el control
de Groenlandia, la isla ártica bajo control de Dinamarca que
Europa teme que pueda ser el próximo objetivo en las ambiciones
expansionistas de la Administración republicana de Trump.

Venezuela salió en diciembre de 2021 de una
hiperinflación en la que entró en 2017 y que, por cuatro años,
redujo el valor del bolívar, la moneda oficial, así como la
confianza de los ciudadanos en ella, por lo que adoptaron
de manera no oficial el dólar en un intento de proteger sus
ingresos.
La presentación del plan ha sido acogida entre
los legisladores con división de opiniones según el partido
en el que militen. Mientras los republicanos han elogiado
la propuesta, los demócratas han expresado dudas o enojo hacia
el proyecto, que varios de ellos han declarado que equivale
a un expolio de la riqueza nacional de Venezuela. “Creo que
la gran capacidad de presión es la cuarentena que hemos impuesto
en torno a ellos, y si seguimos el rastro del dinero tendrán
que responder y escuchar lo que les digamos que hagan”, opinaba
el senador republicano Roger Marshall. El senador demócrata
Chris Murphy, de Connecticut, lo ha descrito en cambio como
una “propuesta insensata”. “Hablan de robar el petróleo de
Venezuela a punta de pistola durante un tiempo indefinido,
como medida de presión para controlar al detalle ese país.
La ambición e insensatez de este plan es completamente chocante”,
declaraba el legislador a la prensa. Su correligionario Chris
Van Hollen, de Maryland y miembro del Comité de Asignaciones
—encargado de controlar los presupuestos— apuntaba por su
parte que el presidente estadounidense “no puede apropiarse
el petróleo venezolano para sus fondos para caprichos, punto”.
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