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En la estela de la reunión de la semana pasada
en la que el secretario de Estado, Marco Rubio, convocó a
66 países para forjar una alianza contra lo que definió como
una emergencia por un supuesto auge del “terrorismo de extrema
izquierda”, el Departamento que dirige Rubio publicó este
lunes un informe titulado Cuba: la capital del comunismo del
siglo XXI,que defiende que“durante casi siete décadas, el
régimen cubano ha llevado a cabo una campaña sostenida de
subversión contra Estados Unidos”, y que esta “ha logrado
infiltrarse en las más altas esferas del Gobierno estadounidense,
reclutar y cultivar a generaciones de activistas norteamericanos,
respaldar una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda
en suelo estadounidense y ejecutar una de las operaciones
de penetración de inteligencia extranjera más duraderas y
perjudiciales de la historia de Estados Unidos”. Las acusaciones,
como el marco retórico fijado la semana pasada por Rubio en
Washington, resucitan una retórica de otro tiempo y agitan
el fantasma del comunismo a la manera de los años del plomo
de la Guerra Fría.
El documento asegura que los cubanos, en vista
de su inferioridad militar, “perfeccionaron un nuevo modelo
de guerra de desgaste prolongada, articulado en torno al espionaje,
la infiltración, el sabotaje, las redes de actores interpuestos
y una infraestructura revolucionaria diseñada para volver
a Estados Unidos contra sí mismo”. “A diferencia de cualquier
otro aspecto del Estado fallido de Cuba, este modelo ha cosechado
un éxito notable”, sentencia el texto. La publicación del
informe llega después más de seis meses de una operación de
asfixia impuesta por Washington sobre la población cubana,
atenazada por una doble pinza: el embargo estadounidense,
agravado por el estrangulamiento de las vías de abastecimiento
de petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro en
enero pasado, y un régimen enrocado, que, con todo, se ha
sentado a negociar con el viejo rival. En su intervención
de apertura de la reunión ministerial de la semana pasada,
Rubio leyó lo siguiente: “Las extensas redes de inteligencia
e ideológicas del régimen cubano ayudaron a construir la extrema
izquierda en nuestro país y en nuestro hemisferio [por el
continente americano] y siguen estando inextricablemente vinculadas
a grupos y movimientos de extrema izquierda en todo Occidente
y más allá”.

El informe, de 100 páginas, afirma que Cuba
se ha dedicado “a reclutar, cultivar y movilizar a una coalición
mundial de activistas, intelectuales y grupos políticos en
torno” a su causa, “construyendo una vasta red revolucionaria
que influyó de manera desproporcionada en algunos de los movimientos
extremistas más famosos e influyentes de Estados Unidos, desde
los Panteras Negras y el Weather Underground hasta Antifa”.
“Hoy en día, esa red sigue manteniendo vínculos con poderosas
organizaciones izquierdistas sin fines de lucro, colectivos
contrarios al ICE, grupos socialistas y organizaciones militantes
marxistas en todo Estados Unidos”, argumenta el texto. Entre
las organizaciones civiles y partidos señalados por el Departamento
de Estado figuran la agrupación feminista CodePink y el Gremio
Nacional de Abogados, además del Partido Socialista Democrático
de Estados Unidos del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.
En septiembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald
Trump, que ha convertido el fantasma del comunismo en argumento
de campaña a las puertas de las elecciones de noviembre en
las que los suyos llevan las de perder, anunció la designación
como grupo terrorista de Antifa, una constelación de organizaciones
con tenues vínculos entre sí. Lo hizo una semana después del
asesinato del líder juvenil MAGA y aliado de Trump, Charlie
Kirk, por el que el republicano culpó a la “izquierda radical”,
aunque no hay pruebas que digan otra cosa que el presunto
asesino, un joven llamado Tyler Robinson, actuó en solitario.
El documento del Departamento de Estado publicado
este lunes ofrece un pormenorizado repaso de la historia de
Cuba desde la revolución de 1959, que divide en capítulos
con títulos como El nacimiento de una nueva izquierda, sobre
los primeros años; Un imperio de espionaje, que se centra
en la década de los ochenta; La revolución racial, acerca
de los vínculos del castrismo con los movimientos antirracistas
de Estados Unidos, desde los Panteras Negras a Black Lives
Matter; o Turismo Revolucionario, que trata sobre los viajes
de activistas extranjeros en solidaridad con la isla. Ese
capítulo llega hasta este año. “El Convoy Nuestra América
de marzo de 2026 constituyó un punto de inflexión clave para
la izquierda internacional”, que se ”movilizó para transportar
mercancías a Cuba desafiando las sanciones de Estados Unidos",
dice el informe. Este recuerda que a la caravana se sumaron
120 organizaciones de 33 países y cita a algunos de los famosos
que la integraron: el podcaster Hasan Piker; el exlíder del
Partido Laborista británico Jeremy Corbyn; el exvicepresidente
de España, Pablo Iglesias; y la hija de la congresista musulmana
de Minnesota Ilhan Omar, blanco favorito de los dardos del
presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Cuba sigue siendo oficialmente un Estado socialista
regido por el Partido Comunista de Cuba, que es la única fuerza
política permitida. Sin embargo, el gobierno ha implementado
reformas económicas para permitir la inversión privada y la
creación de pequeñas y medianas empresas con el fin de aliviar
la severa crisis que atraviesa.
Los grupos de izquierda que el informe señala
no están precisamente en los márgenes. Es especialmente llamativa
la mención al partido de los Socialistas Democráticos de Estados
Unidos, que adquirió relieve con Mamdani y que está cosechando
triunfos en las primarias demócratas por todo el país entre
una base de votantes movilizados por la deriva autoritaria
del Gobierno de Trump, por su agenda migratoria y por el apoyo
a Israel de Estados Unidos en su brutal campaña en Gaza. Tras
ese repaso, escrito con una prosa que desempolva el lenguaje
de los tiempos de la “amenaza roja” de la Guerra Fría, el
informe concluye que “confundir la pobreza de Cuba con inocuidad
es no comprender en absoluto la naturaleza de la amenaza”.
“Su poder fue siempre ideológico, subversivo y parasitario;
y ha demostrado una notable perdurabilidad, sobreviviendo
al imperio soviético que contribuyó a forjarlo y arraigándose
en cada nuevo enemigo de Estados Unidos surgido desde entonces.
Hoy en día, actúa como el tejido conectivo de una coalición
antiamericana más amplia, una plataforma donde las ambiciones
de Moscú, Pekín y Teherán convergen con los movimientos radicales
que operan dentro de nuestras propias fronteras”, dice el
texto. No está claro si su publicación servirá de preludio
al anuncio de nuevas medidas de Estados Unidos. De momento,
cumple la función de desarrollar, a lo largo de un centenar
de páginas, uno de los argumentos más empleados por Rubio
al hablar de la isla de la que sus padres emigraron en 1956:
el de que el castrismo representa una amenaza existencial
para Estados Unidos. También pone en el punto de mira adversarios
políticos internos de la actual Administración.
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