www.juezyverdugo.es --- contacto@juezyverdugo.es

 

19 - Enero - 2026
>>>> Destacado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Los voraces incendios forestales en la zona centro sur de Chile han dejado al menos 19 muertos y han arrasado con cerca de 25.000 hectáreas. En el tercer día del calificado como “megaincendio” por las autoridades está previsto que la temperatura en la región de Biobío y la de Ñuble sea de más de 30° celsius, lo que dificulta el control de las llamas. En el último reporte del Gobierno de Gabriel Boric, se ha informado que la cifra de muertos se mantiene en 19 (18 en la región de Biobío y uno al Ñuble). Ambas zonas están en condición de alerta roja y bajo Estado de excepción constitucional de catástrofe. Ya son más de 1.500 damnificados y cientos viviendas destruidas, que se estiman que llegarán al millar.

El ministro de Seguridad, Luis Cordero, ha informado esta mañana que durante la noche hubo “focos de incendios bastante controlados” debido a una baja en las temperaturas en Ñuble y en Biobío. Sin embargo, ha apuntado que la proyección de este lunes son temperaturas altas, por lo que la principal preocupación es evitar nuevos focos de fuego porque” dadas las condiciones climáticas, eso podría complejizar la situación de los incendios que se encuentran activos". Cordero ha dicho que la catástrofe es equivalente “en términos de intensidad, como megaincendio” a los de 2017, 2023 o 2024. En el de 2024 fallecieron 135 personas, el más mortífero en una década. En este caso, los fallecidos alcanzan los 19 (18 en la Región del Biobío y una a Ñuble).

Desde Senapred, el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, reportó que hasta este lunes hay 1.533 personas damnificadas, 325 viviendas destruidas y 1.140 viviendas en evaluación.

Bomberos trabajan para apagar el fuego en los incendios en la región del Biobío, en Chile, el 18 de enero de 2026.

Las fiscalías regionales de Ñuble y Biobío han instruido a las policías a resguardar lo posible los sitios del suceso para llevar adelante investigaciones que permitan conocer el origen de las llamas. El Fiscal Nacional Ángel Valencia reveló este domingo que existen algunas hipótesis preliminares que están siendo analizadas, las que mantendrán en reserva. El ministro Cordero adelantó esta mañana que puede tratarse de fallas eléctricas, conductas negligentes o acciones intencionales. El gobernador del Biobío, Sergio Giacaman, planteó en T13 radio que “es evidente que hay una intencionalidad” en el origen de las llamas. “Los múltiples focos conectan por la dirección del viento para que esto se transforme en un gran foco”, añadió. El presidente Gabriel Boric, que suspendió su viaje a Chiloé por el doble centenario de la isla, tiene previsto reunirse con quien será su sucesor a partir del 11 de marzo, el republicano José Antonio Kast, en La Moneda a las 11.00 horas. Boric explicó el domingo desde Concepción que el trabajo de reconstrucción superará su Administración, por lo que trabajará en conjunto con Kast, quien ha participado de encuentros virtuales con parte del que será su Gabiente y quienes están respondiendo a la catástrofe. Kast apuntó esta mañana que la emergencia la tiene que asumir el Gobierno de Boric y su Administración la reconstrucción de las vivienda y de la infraestructura crítica.

Varios de sus futuros ministros, como Iván Poduje, de Vivienda, Martín Arrau, de Obras Públicas y María José Wulf, de Desarrollo Social lo están acompañando “para ir interiorizándose y recabando antecedentes”. “La reconstrucción tiene que ser muy rápida y eficaz y eso requiere un trabajo previo”, agregó el presidente electo, quien subrayó que es el Gobierno actual el que tiene que hacer el levantamiento de lo que ha ocurrido.

En la Patagonia, Hernán Mondino no logra borrar de la retina de la memoria la imagen de la ladera ardiendo. El Parque Nacional Los Alerces, en la Patagonia andina norte argentina, se incendiaba ante sus ojos. “Vi un torbellino de humo formarse, había oleajes en el lago. Todo era impresionante y a una velocidad que nunca antes había visto”, dice el brigadista de 41 años, mientras camina con la mirada clavada en lo alto, atenta a detectar cualquier foco de fuego que lo obligue a reactivarse junto a sus más de 70 compañeros.

Desde el 9 de diciembre, una serie de incendios forestales iniciados por rayos durante tormentas eléctricas afecta a la Patagonia norte argentina. Los focos se expandieron a las provincias de Chubut, Río Negro, Neuquén y Santa Cruz, y ya arrasaron más de 25.000 hectáreas, según cifras oficiales, un tamaño un poco más grande de lo que abarca todo Buenos Aires. El impacto más grave se concentra en Chubut, donde el fuego consumió al menos 22.000 hectáreas y continúa activo dentro del Parque Nacional Los Alerces, donde trabaja Mondino. “El fuego vuela”, describe. En uno de los episodios más extremos, el incendio llegó a recorrer 25 kilómetros en un solo día. Esa aceleración está directamente vinculada al cambio climático, que modifica el régimen del fuego en la región. Según Thomas Kitzberger, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y especialista en ecología de bosques andino-patagónicos, “estamos teniendo sequías más prolongadas, inviernos con mucha menos nieve, temperaturas más altas y una mayor frecuencia de tormentas eléctricas. Todo eso genera condiciones mucho más propicias para incendios grandes”.

Un bombero en la provincia de Chubut, durante los incendios en la Patagonia.

Kitzberger analiza, estudia y hace cálculos. Trabaja con modelos climáticos desarrollados por climatólogos, incluidos los del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), que proyectan distintos escenarios futuros de temperatura y precipitaciones. “Nosotros lo que hacemos es proyectar esos escenarios climáticos en la región y preguntarle al modelo cuánto fuego va a haber”, explica. Bajo un escenario plausible de aumento de 2 °C en la temperatura global promedio para finales de siglo, la probabilidad de incendios se cuadruplicaría en la Patagonia norte. Las jornadas de los brigadistas se extienden cada vez más. Mondino se fue a descansar a las 3 de la madrugada y volvió a activarse pocas horas después: el fuego ya no da tregua. Ese cambio también está ligado a la complejidad del escenario climático. Décadas atrás, cuando predominaban condiciones más húmedas y frescas, los incendios solían ser más pequeños y manejables. Hoy, en cambio, son más agresivos y veloces. “Las temperaturas nocturnas son más altas, los vientos no amainan de noche y estos fuegos continúan su actividad. Cuando trazamos una línea del área quemada anual de los últimos 50 años, vemos una tendencia cada vez más creciente”, resume Kitzberger.

En un mapa interactivo de imágenes satelitales del programa Copernicus, los puntos rojos muestran cómo el fuego pasó de un foco mínimo a una expansión continua sobre un mosaico de terreno y especies —alerces milenarios, coihues, lengas, cipreses y ñires— que sostienen el equilibrio ecológico del bosque andino-patagónico. “Si se queman los alerces (Fitzroya cupressoides), estamos perdiendo historia”, advierte Javier Grosfeld, biólogo y exdirector regional de Conservación de Parques Nacionales en Patagonia Norte, que ha estudiado estos árboles durante años. Al nombrarlos, transmite no solo información, sino también emoción.

Una aeronave tira agua en Epuyén, el 11 de enero de 2026.

“Entrar a un bosque de alerces es como entrar a una catedral”, sintetiza. Son árboles, formaciones compuestas por individuos milenarios, de una escala y una presencia que imponen silencio y respeto. Los alerces pueden vivir hasta mil años y superar los 40 metros de altura, distribuidos como individuos únicos dentro del bosque, con un rol ecológico irremplazable. Esa longevidad los vuelve altamente resistentes a condiciones extremas de relieve y suelo, siempre que se mantenga la humedad que caracteriza a estos ambientes. En ese marco, los alerces maduros pueden resistir incendios de baja intensidad: tienen copas altas y desarrollan cortezas muy gruesas, de 10 a 15 centímetros, lo que los hace térmicamente aislantes, de modo que el fuego puede pasar muy cerquita sin dañarlos gravemente. Esa resistencia queda registrada en el propio tronco: se forma una especie de cicatriz y, con el tiempo, el árbol empieza a cerrar ese daño. “Como cada año se produce un anillo, uno puede datar perfectamente cuándo ocurrió un incendio a partir de esas cicatrices”, explica Grosfeld. Pero esa resistencia tiene un límite. Según explica Kitzberger, cada especie del bosque andino-patagónico está adaptada a tolerar incendios solo dentro de un determinado intervalo temporal entre incendios. “Cada especie tiene la capacidad de tolerar una determinada frecuencia de incendios”, señala. Cuando el fuego vuelve con mayor frecuencia que la que esos bosques pueden soportar, los árboles no alcanzan a crecer ni a reproducirse, los ciclos de regeneración se interrumpen y la persistencia del bosque, por ejemplo, el alerzal, comienza a quedar comprometida.

En el extremo opuesto aparecen las lengas (Nothofagus pumilio), árboles nativos de altura que cubren gran parte de la Patagonia andina argentina, desde Neuquén y Río Negro hasta Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Crecen por encima de los mil metros, en ambientes históricamente fríos y húmedos. Bajo climas normales, el fuego no lograba avanzar sobre los lengales: su alto contenido de humedad frenaba los incendios. Pero ese equilibrio cambió con el cambio climático. Hoy muchos incendios entran en los lengales y la lenga —con cortezas muy delgadas—, y no logran sobrevivir ni regenerarse. El impacto queda visible en el paisaje como “mordeduras”: sectores donde el bosque fue quemado y ya no vuelve a cerrarse. “Bajo cambio climático y aumento de la cantidad de incendios, la lenga es la gran perdedora”, resume Kitzberger.

Más allá del combate directo del fuego, especialistas, brigadistas, activistas y vecinos coinciden en que el mayor desafío está en cómo se gestionan las políticas públicas y la acción comunitaria para prevenir los incendios. En Argentina, la respuesta sigue concentrada casi exclusivamente en apagar el fuego, mientras la prevención, la planificación y la coordinación avanzan con mucha más lentitud. “Los organismos de combate logran apagar casi todos los focos a tiempo, pero cuando alguno se escapa, aparecen las tragedias”, señala Grosfeld. Los rayos no se pueden evitar, pero muchas otras causas sí.

Árboles consumidos por el fuego en la provincia de Chubut.

La prevención hecha política, concientización y práctica ciudadana puede avanzar hacia una silvicultura de la prevención que permita, por ejemplo, retirar material vegetal inflamable y aprovecharlo para calefacción con pellets o leña durante los inviernos patagónicos. “Nunca hicimos esto a gran escala en Argentina, pero si no empezamos, no lo vamos a hacer”, resume. En ese mismo sentido, Kitzberger pone también el foco en la gestión de la biomasa vegetal —viva y muerta— que se acumula en bosques y zonas habitadas y que, si no se maneja, alimenta incendios cada vez más intensos. El problema no es solo ambiental. “Sucede que los cambios ecológicos están ocurriendo más rápido que los sociales y eso es lo que está produciendo problemas”, dice el científico. Parte de la prevención, subraya, pasa por comprender cómo el fuego se propaga en la vida cotidiana, incluso a escala doméstica: la continuidad de la vegetación puede permitir que el incendio alcance las viviendas. Mondino lo resume desde el territorio y al final de su jornada: “No se trata solo de cuidar la naturaleza, sino también de cuidarnos entre nosotros. En definitiva, es sostener la casa de todos”.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

NUBE DE

ETIQUETAS

NOVEDADES EDITORIALES