La Policía de Investigaciones de Chile detuvo
al coronel retirado del ejército Nelson Haase Mazzei, quien
permanecía prófugo tras ser condenado por el secuestro y asesinato
de Víctor Jara. El militar, de 80 años, fue condenado en 2023
en un fallo definitivo a un total de 25 años por su participación
en el crimen del cantautor chileno y el secuestro, tortura
y homicidio del entonces director general de Prisiones, Littré
Quiroga Carvajal. El referente de la "Nueva canción chilena"
y profesor de la Universidad Técnica del Estado, fue asesinado
el 16 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile (hoy Estadio
Víctor Jara), después de sólo cinco días del golpe de Estado
en contra del gobierno de Salvador Allende. La justicia chilena
determinó que el cantautor fue separado del resto de los casi
5.000 prisioneros que se mantenían detenidos en el lugar y
llevado a la zona de los camarines. Junto a Quiroga, recibió
graves agresiones físicas y psicológicas antes de ser ejecutado.
Tenía 56 fracturas en su cuerpo y 44 balas.
Su caso es uno de los más emblemáticos de la
forma en que la dictadura del fallecido general Augusto Pinochet
ejerció la violencia política. El régimen militar que se extendió
por 17 años en el país sudamericano y dejó miles de torturados,
ejecutados y desaparecidos. El Poder Judicial chileno informó
que este sábado la ministra en visita en causas de Derechos
Humanos, de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza,
ordenó el ingreso inmediato a prisión del exmilitar. Según
medios locales, el prófugo de la justicia fue encontrado por
agentes policiales en una parcela en Puyehue, en la región
de Los Lagos, en el sur del país.
La familia del cantautor, a través de su hija
Amanda Jara, valoró en un comunicado público la noticia, aunque
advirtió que "sin embargo, para nosotros es importante recalcar
que, después de medio siglo del asesinato de Víctor Jara y
Littré Quiroga, es difícil considerar esto como justicia".
Haase Mazzei fue condenado junto a otros siete exmilitares
que también participaron en los crímenes de Jara y Quiroga,
pero no se presentó a cumplir la pena dictada en 2023 por
la Corte Suprema. Desde esa fecha que el coronel retirado
se mantenía prófugo. Era el único de los condenados por este
caso que no estaban cumpliendo condena. El máximo tribunal
del país le impuso 15 años de cárcel por el delito de homicidio
calificado y 10 años por secuestro calificado. De acuerdo
al fallo condenatorio, la justicia chilena pudo establecer
que pese a haber negado cualquier participación, Mazzei actuó
en calidad de autor de los delitos, formando parte de la estructura
de mando interna y portando armamento capaz de inferir los
traumas y heridas que provocaron tanto la muerte de Jara como
de Quiroga Carvajal. También fueron condenados por el crimen
Hugo Sánchez, Raúl Jofré, Edwin Dimter, Ernesto Bethke, Juan
Jara, Hernán Chacón y Patricio Vásquez. En esa misma sentencia
el oficial Rolando Melo fue condenado como encubridor de los
crímenes. Chacón se suicidó antes de ser detenido en agosto
de 2023. Jofré, como Mazzei, tampoco concurrió voluntariamente
a cumplir condena en ese entonces. Ese mismo año, Estados
Unidos extraditó a Chile al teniente en retiro del ejército
chileno Pedro Barrientos, condenado en el país norteamericano
como autor material del crimen y tortura del cantautor y Littré
Quiroga.
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4 razones que explican por qué el golpe del
11 de septiembre de 1973 en Chile es tan emblemático (y
tuvo tanto impacto internacional).

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>> Chile.
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Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel ...
"Las canciones -dice Amanda Jara, hija del
cantautor Víctor Jara- hacen sus propios viajes".
El de "Te recuerdo Amanda", posiblemente una
de las canciones más rememoradas y versionadas del artista
chileno, ha sido largo. Viajó desde Inglaterra, donde Jara
la compuso en 1968, hasta el campo chileno, donde el cantante
se crio en la pobreza con sus padres, Amanda y Manuel. Pasó
por Santiago, donde vivía con su esposa Joan y sus hijas,
visitó la fábrica del obrero, como la Amanda de la historia,
y subió a la sierra, como su Manuel.
Atravesó las fronteras de Chile y -premonitoria-
se adelantó a la oscuridad que traería el golpe de Estado
de Augusto Pinochet para traspasar el tiempo y llegar, cuando
se cumplen 50 años de su brutal asesinato, intacta en su
belleza y fuerza hasta nuestros días. Víctor Jara murió
el 16 de septiembre de 1973, solo cinco días después del
alzamiento militar que derrocó y acabó con la vida de Salvador
Allende. Lo mataron en el Estadio Chile, que hoy lleva su
nombre, de 44 balazos después de ser torturado durante días.
Sus verdugos le destrozaron la cara y las manos: “Ahora
te quiero ver tocar esas canciones tan lindas, hijo de puta”,
le dijeron. La dictadura no consiguió, sin embargo, acallar
su voz. Canciones como “El derecho de vivir en paz”, “A
desalambrar”, “El arado”, “El cigarrito” o “Plegaria a un
labrador”, convertidas en himnos, se siguen escuchando a
través de gargantas nuevas tanto en Chile como en el resto
de América Latina o al otro lado del Atlántico, en España,
porque, como él mismo escribió en “Manifiesto”, “canto que
ha sido valiente, siempre será canción nueva”. Y, quizás
más que ninguna otra, “Te recuerdo Amanda”, a la vez una
tierna historia de amor y un canto político que denuncia
la explotación y la represión, encarna el espíritu de Víctor
Jara.
La de “Te recuerdo Amanda” es la historia
de una pareja enamorada. “Habla del amor de dos obreros,
dos obreros de ahora, de esos que usted mismo ve por las
calles y a veces no se da cuenta de lo que existe dentro
del alma de dos obreros de cualquier fábrica, en cualquier
ciudad, en cualquier lugar de nuestro continente”, explicó
él mismo en uno de sus últimos conciertos. Esos dos obreros
no son nadie en particular y, sin embargo, podrían ser cualquiera.
Amanda y Manuel se llamaban sus padres. Y también sus hijas,
Manuela y Amanda.

Las canciones de Víctor Jara, como "El derecho
de vivir en paz", siguen escuchándose en protestas y manifestaciones,
como ocurrió con el estallido social de 2019 en Chile.
“Muchas de las canciones de mi papá tienen
un arraigo, una raíz, como un ancla, y muchas veces tienen
que ver con su propia vida, con sus experiencias, con las
penas y las alegrías... son muy personales y, a la vez,
muy universales”, relata a BBC Mundo desde Chile Amanda
Jara, hija del cantautor. Cuando su padre escribió “Te recuerdo
Amanda” se encontraba lejos de su familia. Su otra pasión,
la dirección teatral, le había llevado de gira por Estados
Unidos y Reino Unido y allí, en Stratford-upon-Avon, la
localidad natal de Shakespeare, recibió de su esposa Joan
la noticia de que su hija pequeña, que tenía apenas 3 años
y medio, había sido diagnosticada con diabetes. “En la letra
de esa canción conjugan muchas ideas, ideas de mi padre
con su pasado y su identidad, hablando sobre un futuro y
un compromiso de amor de pareja, pero también de amor hacia
muchas convicciones de vida. Además está la fábrica, está
la sierra… Entonces yo creo que de alguna forma, esa canción
toca nervios más allá de la identidad chilena, o incluso
de una identidad revolucionaria”, explica la propia Amanda.
Para el periodista chileno Freddy Stock, “Te recuerdo Amanda”
es una canción premonitoria, que habla del amor más allá
de la pérdida, y también una de las más profundas y hermosas
que escribió el cantautor: “Víctor, aunque era un destacado
comunista y un convencido militante, muchas de sus canciones,
incluso las más ideológicas, nacen del amor. Él era una
persona que escribía desde el amor”.
Si el amor era su motor, el compromiso social
de su obra hunde sus raíces en lo que él mismo llamó “el
canto del pueblo”. Nacido en una familia campesina del centro
de Chile, Víctor Jara se crio rodeado de música. Su madre,
Amanda Martínez, era cantora popular, a la que invitaban
para acompañar con su guitarra la alegría de las bodas y
los bautizos, pero también la pesadumbre de los funerales,
especialmente los de los niños, a los que se conocía como
“los angelitos”, explica Mario Amorós en su recién publicada
“La vida es eterna: Biografía de Víctor Jara”. Su madre
tuvo una influencia fundamental en su vida, a pesar de que
la perdiera siendo adolescente, relata Amanda Jara, quien
recuerda que su abuela siempre estaba presente en los relatos
de su padre, incluso en sus canciones, como en “Despedimiento
de un angelito”. La relación con su padre, Manuel Jara,
violento, alcohólico y ausente, fue mucho más complicada.
“La madre fue todo, fue el universo, su formadora en todo
sentido y fue su crisol, que termina determinándolo también
como artista, en su sensibilidad”, señala a BBC Mundo desde
Chile Freddy Stock. Como ocurría con muchas familias chilenas,
sobre toda esa época en el campo, explica el periodista,
“la madre llevaba las riendas del hogar y era todo en uno:
era madre, padre, tío, hermano… porque los padres están
ausentes. Mucho de lo que es Víctor se lo debe a su madre
y a la educación pública chilena en esa época, no como la
que tenemos ahora, que está sumergida en el mercado”. El
folclore en el que se crio y el compromiso social con los
más desfavorecidos marcaron su obra, que está poblada de
campesinos, obreros y oprimidos, y que fue adoptando cada
vez un mayor peso político. Con sus canciones y su militancia
en el “socialismo a la chilena”, Víctor Jara se convirtió
en una de las voces principales de la campaña que llevó
a Unidad Popular y a Salvador Allende a la presidencia del
país.

Defensor del "socialismo a la chilena", Víctor
Jara se volcó con el gobierno de Unidad Popular, como en
esta manifestación en apoyo de Salvador Allende el 4 de
septiembre de 1973, posiblemente su última fotografía.
“La Nueva Canción Chilena”, de la que Víctor
Jara fue su mayor exponente, “fue la que le dio cultura
y épica a todo el programa de la Unidad Popular, el programa
progresista y transformador que pretendía el gobierno de
Salvador Allende”, explica Stock, que acaba de publicar
una biografía del cantautor: “5 minutos. La vida eterna
de Víctor Jara”. Durante los tres años que duró el gobierno
socialista, Víctor Jara volcó su compromiso con el éxito
del proyecto. Fue un militante sin tapujos y puso su arte
al servicio de una causa, intentando incluso incentivar
los trabajos voluntarios para contrarrestar las numerosas
huelgas a las que la oposición sometió al ejecutivo de Allende
con canciones como “Qué lindo es ser voluntario”. “Ahora
que tenemos un Gobierno Popular, los trabajadores de la
cultura tenemos una gran responsabilidad que cumplir”, reconoció
él mismo en una entrevista en 1970. Y esa responsabilidad,
ese rol, “no era solamente cantar en su escenario, sino
luchar por la sociedad que le toca vivir, en la cual quiere
dejar un legado”, sostiene Stock. Allende siempre reconoció
el papel que la cultura tuvo en su victoria, y es célebre
su frase “no hay revolución sin canciones”, que dedicó a
aquellos jóvenes artistas que ayudaron a impulsarlo a la
Casa de la Moneda. Pero los golpistas tampoco lo olvidaron.
Víctor Jara fue detenido en la Universidad Técnica del Estado
el 12 de septiembre de 1973, un día después del alzamiento
militar que derrocó a Allende. Fue llevado, junto a otros
profesores y estudiantes al Estadio Chile, que había sido
convertido en un centro de detención. Nada más llegar, un
oficial reconoció a Víctor y dio una orden a un soldado:
“A ese hijo’e puta, tráemelo para acá; a ese, a ese”. De
un culatazo en el estómago lo hizo caer de rodillas y empezó
a patearlo. “¿Así que tú eres el Víctor Jara, el cantor
de puras mierdas? Yo te voy a enseñar a cantar canciones
chilenas, no comunistas, hijo’e puta”. La escena la relata
Stock en su libro, según el testimonio de otro sobreviviente
del Estadio Chile.
Jara pasó cuatro días en el estadio, sometido
a constantes torturas, pero con momentos en los que pudo
refugiarse en el calor de otros compañeros de la universidad
e incluso, a escondidas, escribir su último poema, “Estadio
Chile”, también conocido como “Somos 5.000”. Finalmente,
fue separado de los demás y encerrado en una camarilla junto
con el abogado Littré Quiroga, director nacional de prisiones
durante el gobierno de Allende. Jara recibió 44 balazos
y Quiroga 23.

La tumba de Víctor Jara en Santiago se ha
convertido en un lugar de peregrinaje para muchos amantes
de la música y defensores de los derechos humanos.
¿Por qué esa saña con un músico? Freddy Stock
lo tiene claro: Víctor Jara se había convertido en alguien
peligroso para la dictadura. “Para la barbarie, la belleza
es peligrosa. Para la barbarie el pensamiento es peligroso,
y para la barbarie, el amor es peligroso y todo eso lo encarnaba
de muchas maneras Víctor Jara”, señala el periodista. Stock
es uno de los muchos chilenos que crecieron bajo la dictadura
de Pinochet escuchando en secreto a Víctor Jara: “Estaba
prohibido escucharlo, y nos pasábamos los cassettes de unos
a otros y tocábamos guitarra a Víctor como un acto de rebeldía
frente a la dictadura”. Hoy, 50 años después de su asesinato,
su figura sigue estando muy presente. “Mi padre como que
vuela solo. Él está”, confiesa Amanda Jara, quien se emociona
cada vez que viaja por distintas partes de Chile y “hombres
o mujeres, algunas viejas, otros jóvenes y hasta niños me
cuentan que lo tienen en su corazón y hablan, desde su experiencia
y desde su sensibilidad, qué significa Víctor para ellos
o ellas. Eso es impresionante. Pero esa es la música, ¿cierto?
La música hace eso”. La familia siente esa presencia como
un regalo y, de alguna forma, como una reparación. “Ahí
sí que se ha hecho justicia, en cómo mi papá está instalado
en la memoria colectiva, no solo chilena, también en Latinoamérica”,
considera la hija del autor. La otra justicia, la penal,
ha llegado con medio siglo de retraso. El pasado 28 de agosto,
la Corte Suprema de Chile ratificó la sentencia que condenaba
a siete militares a prisión por el secuestro, tortura y
asesinato de Victor Jara y Littré Quiroga. Raúl Jofré González,
Edwin Dimter Bianchi, Nelson Haase Mazzei, Ernesto Bethke
Wulf y Juan Jara Quintana y Hernán Carlos Chacón Soto fueron
condenados a 25 años de prisión por homicidio y secuestro.
Otro inculpado, Rolando Melo Silva, recibió una condena
de 8 años por encubrir los crímenes. Chacón Soto se suicidó
un día después, cuando iba a ser detenido y trasladado a
prisión.
“Han pasado tantos años que se hace difícil
sentirlo como justicia o consuelo”, ha dicho la familia,
que ve en la ratificación de la sentencia una señal del
Poder Judicial de que “aunque sea complejo y largo el proceso,
ya que las Fuerzas Armadas no entregan información, estos
delitos serán juzgados”. Aún quedan, reconocen sin embargo,
“muchos casos por esclarecer y nada ha terminado”. Chile,
lamenta Amanda Jara, “sigue teniendo dificultades para tener
un relato con mínimos comunes”, de ahí la importancia de
la Fundación Víctor Jara, que inició su madre Joan y en
la que participa también su hermana Manuela Bunster, para
seguir promoviendo la transformación social a través del
arte y la cultura y ahora también del deporte comunitario,
con la reciente formación del Sitio de Memoria Estadio Víctor
Jara. “Mi papá es como un paraguas que cobija una necesidad
de país, creo yo”, apunta su hija. Un paraguas que estuvo
muy presente en el estallido social de Chile de 2019, donde
“El derecho de vivir en paz”, un himno compuesto pensando
en el pueblo vietnamita durante la guerra, cobró nuevos
significados. Como “Te recuerdo Amanda”, compuesta desde
la distancia con el pensamiento puesto en una hija, una
madre y un país añorado, “las canciones son siempre en un
contexto”, cuenta Amanda Jara. “Y cuando salen del contexto,
se transforman. Las canciones hacen sus propios viajes”.
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