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Reclusos de la mara Barrio 18 tomaron el control
de tres prisiones, secuestrando a unos 50 rehenes, mientras
sus compañeros en libertad perpetraban una serie de ataques
el pasado fin de semana que dejaron diez policías muertos
y varios heridos. Tras recuperar el mando de las cárceles,
el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, declaró el estado
de sitio por 30 días. Las primeras investigaciones apuntan
a que Barrio 18 llevó a cabo la ofensiva bajo la dirección
de su líder, Aldo Dupie Ochoa alias El Lobo, después de que
las autoridades guatemaltecas se negaran a conceder una serie
de privilegios penitenciarios y exigencias políticas. La ola
de violencia ha puesto de manifiesto el poder que en Guatemala
aún tienen las pandillas, y en especial Barrio 18, que se
disputa la hegemonía de las calles de Ciudad de Guatemala
y otras localidades con su eterno rival, la Mara Salvatrucha
13 (MS-13).
El sicariato, la extorsión y tráfico de drogas
son las principales actividades de estas maras, consideradas
grupos terroristas por los gobiernos de Guatemala y Estados
Unidos. Pero ¿cuál es el origen de Barrio 18? ¿Cómo opera?
¿Quiénes son sus líderes?

Aldo Dupie alias El Lobo, líder de Barrio 18,
tras su captura en 2010.
La formaron jóvenes de ascendencia mexicana
en la década de 1960 en el este de Los Ángeles, y más específicamente
en la calle 18. Fue allí donde adoptaron el nombre de 18th
Street Gang, en un entorno dominado por otras pandillas estadounidenses
que se disputaban el control de los barrios en un contexto
marcado por la pobreza, la delincuencia y la exclusión social.
Con el tiempo, la llegada de migrantes centroamericanos -salvadoreños,
guatemaltecos y hondureños- amplió su base social y territorial,
reforzando su estructura y capacidad de expansión dentro de
California. En los años 90, las políticas migratorias y de
seguridad de Estados Unidos derivaron en deportaciones masivas
a Guatemala, El Salvador y Honduras de jóvenes vinculados
a pandillas. "Estos jóvenes se instalaron en los barrios de
donde habían partido, en su mayoría en condiciones de pobreza
o pobreza extrema, donde se organizaron en pequeños grupos
o clicas, y se fortalecieron al dedicarse a actos delictivos
para sobrevivir", explica a BBC Mundo Eddy Morales, profesor
de criminología de la Universidad San Carlos de Guatemala.
Es precisamente en Guatemala donde Barrio 18 tuvo más éxito,
consolidando su presencia en áreas urbanas populares. Entre
ellas está la Zona 18, la más poblada y una de las más marginales
de Ciudad de Guatemala, convertida en su principal bastión.
"La elección de la zona 18 de la capital como epicentro no
fue casual, sino una forma de trasladar a Centroamérica la
identidad forjada en Los Ángeles", indica Morales.

Captura de presuntos miembros de la 18th Street
Gang en Los Ángeles en 1988.
Barrio 18 es de largo la mara más numerosa en
Guatemala con unos 22.000 miembros, mientras que la MS-13
cuenta con aproximadamente 10.000, según estimaciones recientes
del Ministerio de Gobernación guatemalteco. El gobierno tiene
identificados a unos 12.000 pandilleros y colaboradores en
todo el país y otros 3.000 están en prisión, entre ellos algunos
de los líderes de ambos grupos. La actividad de las maras
explica, en parte, el elevado número de homicidios en Guatemala:
en 2025 se registraron 3.022, casi el 85% con arma de fuego,
según el Ministerio de Gobernación. La cifra supone un aumento
del 5% respecto a los 2.869 del año anterior y sitúa a Guatemala
a la cabeza de Centroamérica en muertes violentas. Parte de
estas muertes responden a la actividad de las maras, desde
batallas entre rivales hasta asesinatos a sueldo, pasando
por ejecuciones a comerciantes que no pueden o se niegan a
pagar la "renta". La extorsión es, de hecho, la principal
fuente de financiación de Barrio 18, que exige pagos periódicos
a los pequeños y medianos empresarios de las zonas que controla.
Se cree que prácticamente todos los comerciantes de Guatemala
sufren algún tipo de extorsión, el delito más extendido en
el país con más de 1.200 denuncias cada mes, aunque los expertos
estiman que la cifra real es infinitamente mayor ya que solo
unas pocas víctimas acuden a las autoridades.
Las clicas que vertebran la mara, tanto dentro
como fuera de la cárcel, cuentan con estrictas jerarquías
internas que determinan roles y funciones. "Está el que lleva
la palabra, el principal, al que llaman ranflero; después
están los palabreros, luego los soldados, más abajo los banderas
y, finalmente, los iniciados o aficionados. Así funciona normalmente
en todas las clicas", describe el criminólogo Eddy Morales.
La Mara Salvatrucha se caracteriza por su planificación operativa,
mientras que el Barrio 18 actúa "de forma más errante", lo
que compensa con su superioridad numérica, explica el analista.

La Zona 18 es la más poblada de la capital y
una de las más peligrosas de Guatemala.
Edwin Cordón, exmarero del Barrio 18 reconvertido
en pastor cristiano, explicó a BBC Mundo cómo funciona la
banda por dentro. Criado en un ambiente marginal de la Zona
18, Cordón ingresó a la mara en su adolescencia, sobre el
año 2000, tras superar el clásico ritual de iniciación. "Tres
miembros nos dieron la pateada durante 18 segundos. Esa era
la regla: golpes en el cuerpo, no en la cara ni en los genitales.
Tenías que aguantar de pie, no caer. Ese día nos bautizamos
los tres: mi hermano, mi amigo y yo", recuerda. Asegura que
esto ha cambiado con el tiempo: ahora no basta con el ritual
de iniciación, ya que "hay que pasar periodos de prueba y
chequeos" que reafirmen la lealtad absoluta al grupo. "Eso
es lo primero que se inculca: la lealtad al número 18. La
pandilla se convierte en una entidad. Cuando estás ahí decís:
'es que el barrio dice…'", indica.
El número 18 es objeto de devoción entre sus
integrantes, que se lo suelen tatuar en el cuerpo ya sea en
números arábigos, en números romanos o en letras. También
manejan su propio lenguaje de signos: "el más común es puño
cerrado. La seña más conocida de Barrio 18 es el XB3: con
los dedos formás la X, el 3 y la B. Por otro lado, está el
18 con los dedos, o variantes propias de cada clica". Otra
característica de Barrio 18 es la delgada línea que separa
la vida y la muerte. "Hoy te pueden mandar a matar porque
te quedaste con dinero", asegura el expandillero, y aclara
que años atrás una falta de este tipo se solucionaba con un
castigo menor. Formar parte de Barrio 18 aporta a muchos jóvenes
marginales guatemaltecos ciertos privilegios como dinero,
poder o sentimiento de pertenencia. En la otra cara de la
moneda, a la mayoría de ellos les espera la cárcel o una muerte
violenta. "Mi hermano menor fue asesinado a los 16 años por
un grupo contrario; mi mejor amigo también fue asesinado;
y muchísimos compañeros", recuerda Cordón.

Desde vendedores callejeros hasta transportistas,
nadie en Guatemala escapa a la extorsión de las pandillas.
Lejos de atajar el poder de estos grupos delictivos,
las cárceles son el epicentro de muchas de sus operaciones.
"Desde prisión siguen dando órdenes debido al respeto que
mantienen hacia la integración grupal, a sus códigos de silencio,
de honor y de lealtad al grupo. Estos líderes encarcelados
dirigen muchas operaciones", indica el criminólogo Eddy Morales.
Explica que los jefes e integrantes de las clicas mantienen
una comunicación constante "gracias a la corrupción imperante
en el sistema penitenciario, que permite el ingreso de teléfonos
celulares y routers". Estos medios les facilitan seguir delinquiendo
mientras cumplen condena: la Fiscalía guatemalteca estima
que entre el 80% y el 90% de las llamadas extorsivas se realizan
desde prisión. De hecho, se cree que el motín en tres prisiones
y los ataques a policías perpetrados los pasados días se ordenaron
desde una celda. En específico, desde la celda del que muchos
consideran el máximo líder de Barrio 18 en Guatemala: Aldo
Dupie Ochoa Mejía, de 41 años, alias El Lobo. "Él es quien
dirigió la toma de los tres centros generales", afirma Eddy
Morales.

El pastor Erwin Cordón ahora y en el tiempo
en el que perteneció a Barrio 18 en los años 2000 (primero
desde la derecha).
El Lobo está recluido en el Centro de Detención
de Máxima Seguridad para Hombres Renovación I, uno de los
tres donde se produjo el motín, donde cumple una condena de
1.670 años de prisión por los delitos de asesinato, robo agravado
y secuestro, entre otros. Los motines se produjeron en respuesta
a los operativos de las autoridades para restablecer el control
en los centros de detención. El gobierno de Arévalo endureció
las condiciones carcelarias y las penas para los pandilleros
en los pasados meses, pero se topa a menudo con un sistema
judicial ineficiente y permeado por la propia delincuencia
organizada. Esto permite que los dirigentes puedan seguir
dirigiendo las actividades delictivas de las maras desde sus
celdas pese a, supuestamente, estar sometidos a aislamiento
en prisiones de máxima seguridad. "En Guatemala las cárceles
solo tienen la máxima seguridad de nombre, pero en la realidad
eso no existe", sentencia el criminólogo.
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