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“A 50 años del golpe genocida, ¡que digan dónde
están!”, pedían los enormes carteles que rodeaban el escenario
ubicado sobre la Plaza de Mayo. Junto a la leyenda, una interminable
y angustiante sucesión de fotos recordaba a los desaparecidos,
las víctimas de la dictadura militar iniciada el 24 de marzo
de 1976. Una marea humana de miles de personas marchó este
martes en el centro de Buenos Aires, hasta la histórica plaza,
para reiterar el reclamo de “memoria, verdad y justicia”.
El escenario al que, como cierre de la manifestación, subieron
Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, fue instalado dándole la
espalda a la Casa Rosada, donde tiene su despacho el presidente
Javier Milei. “Son 30.000 desaparecidos”, fue una de las consignas
más repetidas en la marcha, en respuesta a los discursos revisionistas
del terrorismo de Estado que propicia el mandatario ultra
y que volvieron a expresarse en un mensaje institucional del
Ejecutivo.
Todos los 24 de marzo, Argentina conmemora con
un feriado el Día Nacional de la Memoria y los organismos
de derechos humanos, con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo
a la cabeza, convocan a marchar. A cinco décadas del golpe
militar, y ante un Gobierno que ha desarticulado las políticas
públicas de memoria y reparación, la movilización de este
martes tuvo un cariz especial. “Pasaron 50 años y seguimos
luchando por memoria, verdad y justicia”, dijo en el acto
de cierre Taty Almeida, de 95 años, integrante de Madres de
Plaza de Mayo Línea Fundadora. “Levantemos ahora mismo muy
alto las fotos de los desaparecidos y desaparecidas. En este
momento miran hacia la Casa de Gobierno, a ese poder del Estado
que no los busca, mientras los niega”, apuntó, al leer un
documento conjunto de los organismos de derechos humanos.
También desde el escenario habló Estela de Carlotto, presidenta
de Abuelas. A sus 95 años, señaló que las consecuencias de
la dictadura todavía persisten en los casi 300 hombres y mujeres
que fueron robados de bebés por los militares y no han logrado
restituir su identidad. “Cada restitución de un nieto de las
Abuelas de Plaza de Mayo es la evidencia de las atrocidades
que cometió el terrorismo de Estado siniestro”, dijo y señaló
la necesidad de que el Estado acompañe estos procesos, algo
que no sucede desde que gobierna Milei. “Necesitamos de las
instituciones políticas, el acompañamiento de la sociedad,
el ejercicio de memoria y el quiebre de los pactos de silencio”.

Las Abuelas de Plaza de Mayo son una organización
no gubernamental argentina, creada en 1977, dedicada a localizar
y restituir a sus familias a los niños secuestrados o nacidos
en cautiverio durante la última dictadura militar (1976-1983).
Con una lucha pacífica, han logrado recuperar la identidad
de 140 nietos/as (hasta 2025) y promueven el derecho a la
identidad.
Pásate por Ser humano >> Activistas.
Antes, Elia Espen, madre de Plaza de Mayo, de
94 años, había enfatizado en su lectura del documento conjunto
el rol de las nuevas generaciones en la defensa de la memoria.
“Queremos que conozcan quiénes eran, cómo pensaban, cómo vivían,
qué sueños tenían, por qué luchaban los 30.000. Por eso hoy
estamos marchando con sus fotos”, dijo Espen, que en 1977
sufrió el secuestro y desaparición de su hijo Hugo Miedan,
a los 27 años. El acto central comenzó pasadas las 16.30,
pero ya desde el mediodía todos los vagones del metro y los
buses con dirección a Plaza de Mayo iban repletos. Los pasajeros
dejaban ver la variedad de personas que interpela la causa:
familias con niños pequeños que decidieron llevarlos por primera
vez, grupos de jóvenes estudiantes, jubilados, personas con
camisetas de Argentina o con la frase Nunca Más, el título
del informe publicado en 1984 por la Comisión Nacional sobre
la Desaparición de Personas (Conadep) que se convirtió en
lema colectivo. Carla y su hija Paloma, de 10 años, tenían
escrito con pintura azul “Nunca más” en las mejillas. Ambas
llegaron combinando un tren y un colectivo desde Vicente López,
en el conurbano norte de Buenos Aires. “Me pareció que era
muy necesario venir esta vez. Nunca antes la había traído
a ella”, dijo Carla, que también llevaba aros con la forma
del pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo. “Quiero que, aunque
todo lo que pasó le quede muy lejos, entienda lo importante
que es defender la memoria”.
En la plaza, las personas que marchaban por
su cuenta se mezclaban con los manifestantes encolumnados
con agrupaciones políticas, sociales o sindicales. Habaía
manifestantes que iban solos y otros en grupos, había niños,
jóvenes y adultos, había personas en silla de ruedas, bebés
en cochecitos, carritos de vendedores ambulantes desperdigados
en medio de la gente apiñada. Muchos llevaban en las manos
o colgadas del cuello las fotos en blanco y negro de sus desaparecidos,
los familiares o amigos que perdieron durante la dictadura
y para los que pedían justicia.

“No podíamos no estar en la plaza”, comentó
Graciela Fernández, una docente jubilada de 75 años. “Si este
Gobierno niega los crímenes de los militares ¡y está aplicando
el mismo plan económico de la dictadura!”, se indignó. A unos
metros, Claudio, 42 años, trabajador gráfico, lucía una camiseta
con el pedido de “juicio y castigo”. “Mientras haya desaparecidos
y nietos apropiados, vamos a marchar todos los 24 de marzo”,
prometió. Como música de fondo, en distintos puntos de la
plaza sonaban redoblantes y se escuchaban canciones ya clásicas:
“Como a los nazis, les va a pasar, a donde vayan, los iremos
a buscar”. En los carteles caseros se reproducía el reclamo
que este año se convirtió en lema central de la marcha: “Que
digan dónde están”, la exigencia dirigida a los represores
para que den información sobre el destino de los desaparecidos
por la dictadura. Muchas víctimas han sido identificadas gracias
al trabajo de antropólogos forenses sobre restos encontrados,
pero quienes perpetraron los crímenes se han negado sistemáticamente
a colaborar con las familias que siguen buscando a sus seres
queridos. “¿Qué queremos?”, preguntaba una mujer desde el
altoparlante. “Justicia”, coreaba la plaza. “¿Qué perseguimos?
Memoria”, respondía la multitud. “¿Qué preguntamos? Dónde
están, ¿Qué queremos? Que abran los archivos”, completaba.
Después, resonaba en Plaza de Mayo la canción Demoliendo hoteles,
de Charly García, y la gente coreaba: “Yo que crecí con Videla
/ yo que nací sin poder / yo que luché por la libertad / pero
nunca la pude tener”. Mientras las movilizaciones para exigir
“memoria, verdad y justicia” se replicaban en las principales
ciudades del país, el Gobierno de Milei aprovechó la fecha
para reiterar su planteo de “memoria completa”. Lo hizo mediante
la difusión de un video titulado Las víctimas que quisieron
esconder y dedicado a confrontar con “una visión sesgada y
revanchista” que atribuyó a las políticas de derechos humanos
impulsadas desde 2003 por el kirchnerismo. El eje del discurso
reiterado por el Gobierno desde hace dos años consiste en
equiparar a los crímenes de la guerrilla en la década del
70 con los delitos de lesa humanidad del terrorismo de Estado.
A principios de 2026, en el marco de la conmemoración
de los 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976,
han surgido diversos ensayos y obras que analizan la dictadura
militar argentina (1976-1983) desde nuevas perspectivas, abordando
la memoria, el negacionismo y el impacto persistente del terrorismo
de Estado.
Pásate por La bibliotecaria >>
Ensayo.
Las siguientes referencias son muy recomendables.
Ricardo Alberto Darín (Buenos Aires, 16 de enero
de 1957) es un actor, productor y director de cine argentino.
Considerado uno de los mejores y más prolíferos actores de
la Argentina, es mayormente conocido por su interpretación
del estafador criminal Marcos en la película Nueve reinas
(2000), y del perito mercatil Benjamín Espósito en el drama
ganador del premio Óscar El secreto de sus ojos (2009).
La prohibición de la historieta El Eternauta
en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires durante 2012,
censurando la obra de Oesterheld y Solano López dentro de
las acciones políticas culturales de aquel periodo, nos recordaron
tiempos oscuros.
Pásate por La bibliotecaria >>
Prohibidos >> 8.
Una selección de películas que
nos acercan a aquellos años terribles.
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Pásate por Destacado >> Febrero
2025.
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La guerra de las Malvinas fue un conflicto armado
de 74 días en 1982 entre Argentina y el Reino Unido por la
soberanía de las islas del Atlántico Sur. Iniciada el 2 de
abril con un desembarco argentino, la guerra terminó el 14
de junio con la rendición argentina y la victoria británica,
resultando en 649 muertes argentinas y 255 británicas.
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La literatura sobre la última dictadura militar
en Argentina (1976-1983) es vasta y abarca desde el informe
oficial de la represión hasta novelas contemporáneas que exploran
la memoria de las nuevas generaciones.
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