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La victoria de Abelardo de la Espriella en las
elecciones presidenciales del domingo por apenas 250.000 votos
(un poco menos del 1%), según el preconteo, revela una polarización
estructural. La participación del 62% fue la más alta de la
historia, y los comicios han dejado un mapa parecido al de
las elecciones en la última década. Los resultados son preliminares,
puesto que surgen de un preconteo que, el domingo de votaciones
hacen las autoridades electorales, antes del escrutinio oficial
realizado por jueces y notarios que se divulgará en los próximos
días. Tanto el candidato Iván Cepeda como el presidente Gustavo
Petro han dicho que esperarán los resultados del escrutinio
para reconocer la posible victoria de De la Espriella.
Sin embargo, la disparidad entre los preconteos
y los escrutinios suele ser mínima, por lo que es poco probable,
según expertos electorales, que los datos divulgados el domingo
se reviertan. Dicho esto, con los datos preliminares se pueden
identificar algunas de las claves que marcaron estas elecciones.
Ricardo Ruiz, un politólogo que ganó notoriedad
durante la campaña por sus análisis estadísticos, dice es
"muy difícil determinar con exactitud dónde se localizó ese
1% ganador, ya que el modelo de participación, que fue inesperadamente
alto y descontrolado, rompió cualquier análisis previo basado
en encuestas o resultados de primera vuelta".

Hace décadas que Colombia es uno de los países
con menor participación electoral en América Latina, pero
el proceso de paz con la guerrilla de las FARC y la llegada
al poder de la izquierda por primera vez en la historia en
2022 han ido activando a millones de ciudadanos que antes
descreían del sistema. La diferencia de menos de un punto
es mucho menor que lo que mostraban las encuestas y los resultados
de la primera vuelta, celebrada el 30 de mayo. Desde principios
de año Cepeda fue el favorito en todas las encuestas, pero
a medida que las elecciones se fueron acercando el fenómeno
de De la Espriella, con un discurso de mano dura potenciado
por las redes sociales, se le fue acercando, hasta el punto
de que llegó a la segunda vuelta como amplio favorito. Por
eso el estrecho margen es más que un número: es una evidencia
de que la campaña de Cepeda remontó varios puntos y con unos
días más de campaña quizás habría podido ganar. No lo logró,
pero la izquierda, ahora en la oposición, dio un mensaje de
contundencia de cara a los próximos cuatro años.
Ruiz señala que las cuentas hechas tras la primera
vuelta "se fueron al traste" debido a que el nivel de participación
en todo el país durante la segunda vuelta aumentó significativamente.
Mientras que Cepeda logró ejecutar con éxito una estrategia
para atraer a los votantes de centro, capturando entre el
80% y 85% de los votos de Claudia López y Sergio Fajardo,
De la Espriella creció "orgánicamente", lo que le permitió
mantenerse en el primer lugar a pesar del avance de su rival.
Ambos concentraron sus esfuerzos de segunda vuelta en las
redes sociales: Cepeda con una narrativa de inclusión, amor
y ternura; De la Espriella con una retórica violenta que,
durante su discurso de victoria, moderó. Lo que marcó la segunda
vuelta, explica Ruiz, fue el miedo al contendor, y eso "motivó
a la gente a salir a votar masivamente para evitar que el
otro candidato ganara, rompiendo todos los modelos de análisis
estadístico previos".

El izquierdista Iván Cepeda (a la izquierda)
y el derechista Abelardo de la Espriella (a la derecha) eran
favoritos según encuestas. La uribista Paloma Valencia (en
el centro) se sumó con fuerza a la pugna.
La característica más notable de las elecciones
recientes en Colombia es que el mapa de 2026 es prácticamente
el mismo, no solo al de 2022, sino también a los de 2018 y
2016, cuando un plebiscito para refrendar el Acuerdo de Paz
abrió una caja de pandora de temas y disputas diferentes a
la guerra. "La centralización del Estado, la presencia de
movimientos conservadores en el centro del país, las diferencias
de ingreso y la vinculación al sistema político de movimientos
de izquierda después del proceso de paz de 2016 han profundizado
la tendencia hacia una polarización estructural", dice Ruiz.
En efecto, Colombia ha sido históricamente un país distinto
en el centro andino y en las periferias de las costas: por
ejemplo, la pobreza en algunas regiones es del 46%, al nivel
de países africanos, y en las zonas urbanas es del 18%, similar
a Costa Rica o España. Esa polarización socioeconómica, también
reflejada en el acceso a la educación o los servicios públicos,
ha tenido cada vez más incidencia en los resultados electorales.
Como en 2022, la izquierda ganó en los departamentos de la
periferia del país y en Bogotá. De la Espriella se llevó el
triunfo en el centro del país y con los votantes del exterior.
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