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Suzanne Simard, experta mundial en ecología forestal, nos presenta
en este libro la vida secreta de los árboles y nos revela un hecho
fascinante: los árboles no son simplemente una fuente de madera,
sino que pertenecen a un complejo circuito de vida interdependiente.
En el bosque, los árboles se comportan como criaturas sociales y
cooperativas conectadas a través de redes subterráneas a través
de las cuales se comunican su vitalidad y sus vulnerabilidades,
y tienen vidas comunitarias no muy diferentes de las nuestras. Con
un estilo claro y accesible, la autora nos explica cómo durante
cientos de años los árboles han evolucionado: se perciben unos a
otros, aprenden y adaptan sus comportamientos, reconocen a los vecinos
y recuerdan el pasado. Los árboles, nos revela Simard, pueden tomar
decisiones sobre el futuro, advertir de peligros y montar defensas,
y competir y cooperar entre sí con sofisticación; comportamientos
todos ellos atribuidos a la inteligencia humana y que son la esencia
de las sociedades civiles. Pero el descubrimiento más relevante
de Simard es la existencia de las Madres árbol: las fuerzas misteriosas
y poderosas que desde el centro del bosque conectan y sostienen
a todos los que las rodean.
En busca de la Madre árbol es también un relato personal en el
que la autora nos cuenta su vida en el mundo maderero de las selvas
tropicales de la Columbia Británica, cómo pasó su infancia catalogando
los árboles del bosque, llegó a amarlos y respetarlos, y acabó embarcándose
en un viaje de lucha y descubrimiento. Esta es una historia de amor
y pérdida, de observación y cambio, de riesgo y recompensa, en la
que Simard nos descubre que la investigación científica va mucho
más allá de los datos y la tecnología. En este libro, Simard nos
explica quiénes somos y nuestro lugar en el mundo. A través del
descubrimiento de las Madres árbol, que nutren el bosque tan profundamente
como lo hacen las familias y las sociedades humanas, comprenderemos
también cómo estos los lazos permiten toda nuestra supervivencia.

Suzanne Simard ha desarrollado teorías y realizado experimentos
para demostrar cómo los árboles son capaces de comunicarse entre
sí. Ha utilizado carbono radioactivo para medir el flujo y el intercambio
de carbono no sólo entre árboles de la misma especie, sino entre
especies diferentes. Descubrió que los abedules y los abetos de
Douglas comparten carbono. Los abedules reciben carbono extra de
abetos de Douglas cuando uno de ellos pierde las hojas; por su parte,
los abedules suministran carbono a los abetos de Douglas que se
encuentran en sombra.
Simard ayudó a identificar algo conocido como árbol núcleo, o "árbol
madre". Las cuales son los mayores individuos dentro del bosque
y que actúan como núcleos dentro de una vasta red de micorrizas.
Un árbol madre ayuda a las plántulas infectándolas con hongos y
suministrando los nutrientes que éstas necesitan para crecer. Descubrió
también que los abetos de Douglas suministran carbono a los abetos
jóvenes. Sus investigaciones mostraron que los árboles enviaban
carbono hacia abetos que descendían de un árbol madre específico,
y no hacia abetos jóvenes aleatorios que no tenían parentesco con
el árbol madre estudiado. Sus estudios han proporcionado valiosa
información sobre como los árboles cambian la estructura de sus
raíces para abrir espacio a los árboles jóvenes.

El abeto de Douglas es un árbol del género Pseudotsuga originario
de Norteamérica.
Simard descubrió que los abetos usan la red fúngica para intercambiar
nutrientes con los abedules, durante el transcurso de las diferentes
estaciones meteorológicas. Por ejemplo, los árboles de diferentes
especies pueden ceder azúcares unos a otros, pues los déficits ocurren
de acuerdo con cambios estacionales. Este es un intercambio bastante
beneficioso entre coníferas y árboles caducifolios, dado que sus
déficits de energía ocurren en distintos periodos de tiempo. Los
beneficios de esa cooperación subterránea (se realiza por medio
de las raíces), parece que son una salud más fuerte, mayor fotosíntesis
y una mayor resiliencia en situaciones de dificultad.
Simard es una firme defensora de la popularización de la ciencia.
En la Universidad de Columbia Británica inició con sus colegas las
doctoras Julia Dordel y Maja Krzic el programa Communication of
Science Program TerreWEB, que ha formado a estudiantes de grado
para convertirse en mejores comunicadores de las investigaciones
desde 2011. Simard ha aparecido en diversas plataformas de carácter
no científico, como el documental “Do trees communicate”, en conferencias
de TED (conferencia) y en el documental “Intelligent trees”, donde
aparece junto al científico Peter Wohlleben.
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En Canillejas hay un edificio de renta antigua sobre el que pone
los ojos un fondo de inversión para comprarlo y echar a los vecinos.
El bloque de pisos alberga a veinte familias y el bar del Julito.
En él vive el Botas, protagonista de la novela Yonqui, que, junto
a personajes de otras novelas del autor como Zip, el Tijeras o el
Pirri empiezan a organizarse para intentar salvar el edificio. Esas
acciones legales llevadas a cabo junto a diversas organizaciones
parecen no ir a ningún lado, por lo que deciden diseñar un plan
para que el fondo de inversión se eche atrás, y quien lo diseña
es el Banderines, cerebro del atraco a un almacén de jamones que
se describe en la novela 5 Jotas. ¿Conseguirán entre acciones legales
e ilegales que el fondo de inversión deje de interesarse por el
edificio? Paco Gómez Escribano vuelve con una historia de denuncia
social y de lucha por los derechos de las clases más desfavorecidas.
Además, ha querido homenajear a los lectores, reuniendo a los personajes
que quedan vivos de sus once novelas anteriores.


Hay días en los que Eva ya apenas recuerda la voz de Simon, en
los que le cuesta imaginar cuál era su tono exacto, la cadencia
de sus frases. Como si algo se hubiera secado en su interior, como
si una consunción íntima impidiera que fluyeran las palabras, poco
a poco Simon zozobra en el mutismo y el ensimismamiento. Han pasado
décadas juntos, la mayor parte de su existencia: médico él, maestra
ella, se han acompañado y ayudado, han tenido tres hijas que han
criado en un hogar confortable. Ahora Eva intenta aceptar y afrontar
ese silencio que se apodera de su vida diaria. En esa nueva y desconocida
soledad, el pasado, incontenible, la asalta, y los pesados secretos
que ella y su marido ocultaron con tanto empeño, sin desvelarlos
siquiera a sus hijas, resurgen con fuerza. Única portadora y guardiana
de las confidencias de ambos, le parece cada vez más difícil acallarlas,
con el riesgo de aislarse aún más. Días en la historia del silencio
es, sin duda, literatura nórdica contemporánea en su máxima expresión,
merecedora del Premio de Literatura del Consejo Nórdico y del Premio
de la Crítica. Un libro apasionante, una novela familiar sutil,
sabia y llena de misterio que te atrapa desde el principio y te
mantiene cautivo a lo largo de sus páginas. Una obra maestra sobre
las consecuencias imprevistas e imprevisibles de una guerra, incluso
décadas después de acontecer. Una historia que revela los efectos
devastadores de algunas de nuestras estrategias de supervivencia,
de confundir el silencio con la paz y de avergonzarse de las circunstancias
inevitables. Valiente en todo lo que insinúa sobre nuestro mundo,
penetrante e inspiradora, perdura en la mente y el corazón de quien
la lee y no los abandona.

Como se acercan los Reyes Magos ...
La liberación de Kiev en noviembre de 1943 constituyó uno de los
hitos decisivos de la campaña del Ejército Rojo en Ucrania, en el
marco de la ofensiva del Dniéper. Este episodio no sólo significó
la recuperación de una de las ciudades más importantes de la Unión
Soviética, sino también un golpe político y psicológico al mando
alemán. En la imagen; Partisanos soviéticos marchando en Kiev, Ucrania,
1943. Tras la derrota alemana en Kursk (julio–agosto de 1943), el
Ejército Rojo inició una serie de ofensivas sucesivas destinadas
a expulsar a la Wehrmacht de la orilla oriental del río Dniéper.
En el sector ucraniano, el Primer Frente Ucraniano, bajo el mando
del general Nikolái Fiódorovich Vatutin, recibió la orden de establecer
cabezas de puente al oeste del río y avanzar hacia Kiev. El alto
mando soviético, el Stavka, buscaba aprovechar el agotamiento de
las fuerzas del Grupo de Ejércitos Sur, comandado por Erich von
Manstein, cuyas unidades sufrían graves pérdidas y carecían de reservas
móviles suficientes. Hitler, sin embargo, insistió en mantener Kiev
a toda costa, considerándola de importancia simbólica y logística.
A finales de octubre de 1943, las fuerzas soviéticas ya habían logrado
establecer varios puntos de cruce sobre el Dniéper, especialmente
cerca de Ljutézh (Lyutezh), al norte de la capital ucraniana, y
en Bukrin, al sur. Tras varios intentos infructuosos desde el saliente
de Bukrin, Vatutin, siguiendo las indicaciones de Georgui Zhúkov,
reorganizó sus fuerzas para lanzar el ataque principal desde el
sector septentrional. El ataque decisivo comenzó el 3 de noviembre
de 1943 desde la cabeza de puente de Lyutezh. Las unidades principales
—la 38.ª, 60.ª y 3.ª Armadas de Tanques de la Guardia— rompieron
las líneas de defensa alemanas, que estaban guarnecidas por elementos
del VII Cuerpo de Ejército alemán (bajo el 4.º Ejército Panzer,
al mando del general Hermann Hoth).

Nikolái Fiódorovich Vatutin fue un militar soviético de la Segunda
Guerra Mundial. Vatutin participó en las famosas batallas de Stalingrado
y de Kursk. También participó en la liberación de Ucrania junto
con el general Iván Kónev.
El 5 de noviembre, las tropas soviéticas ya habían penetrado profundamente
en la defensa alemana, acercándose a los suburbios de Kiev. Según
informes contemporáneos, algunos combates tuvieron lugar en los
arrabales de la ciudad ese mismo día, lo que ha llevado a cierta
confusión en las fuentes acerca de la fecha exacta de la liberación.
Durante la noche del 5 al 6 de noviembre, las fuerzas soviéticas
de Vatutin, apoyadas por la aviación y artillería del Frente, lanzaron
el asalto final. Las tropas alemanas, sorprendidas por la magnitud
del ataque, comenzaron una retirada desorganizada hacia el oeste,
en dirección a Zhitómir y Fastov. El 6 de noviembre de 1943, las
unidades del Ejército Rojo entraron en el centro de Kiev, y hacia
el mediodía la ciudad fue declarada completamente liberada. En la
operación participaron especialmente la 60.ª Ejército y la 38.ª
Ejército, apoyadas por el 5.º Cuerpo de Tanques de la Guardia. El
movimiento partisano soviético desempeñó un papel relevante en el
marco de la ofensiva del Dniéper y la liberación de Kiev. Bajo la
coordinación del Cuartel General Central del Movimiento Partisano,
dirigido por Panteleimón Ponomarenko, los destacamentos activos
en las regiones de Kiev, Chernígov y Zhytomyr ejecutaron, entre
septiembre y noviembre de 1943, una intensa campaña de sabotajes
ferroviarios y ataques a las líneas de comunicación alemanas. Estas
acciones contribuyeron a desorganizar el abastecimiento del 4.º
Ejército Panzer y dificultaron el traslado de reservas hacia la
capital ucraniana. Al mismo tiempo, los partisanos proporcionaron
información de inteligencia decisiva sobre las defensas alemanas,
que facilitó al general Vatutin planificar el ataque principal desde
la cabeza de puente de Ljutézh. Durante los días previos a la toma
de Kiev, grupos bajo el mando de Sydir Kovpak y Oleksiy Fedorov
cooperaron directamente con el Ejército Rojo, actuando como guías
y enlaces. Su participación reforzó tanto la eficacia militar como
el valor simbólico de la operación, al presentar la liberación de
la capital como un esfuerzo conjunto del pueblo ucraniano y del
Estado soviético. En conjunto, la acción de los partisanos no fue
decisiva por sí sola, pero sí complementó eficazmente la ofensiva
regular del Ejército Rojo, acelerando el colapso del dispositivo
alemán y consolidando la victoria del 6 de noviembre de 1943.

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La pérdida de Kiev significó para la Wehrmacht una ruptura crítica
en su línea defensiva a lo largo del Dniéper. El 4.º Ejército Panzer
y el 1.º Ejército Panzer quedaron expuestos a un amplio flanqueo
desde el norte, y la situación del Grupo de Ejércitos Sur se volvió
insostenible. Manstein propuso una retirada ordenada hacia el Bug
meridional, pero Hitler rechazó tal maniobra, insistiendo en mantener
posiciones en Ucrania. El resultado fue un repliegue desordenado
y la pérdida de grandes cantidades de material. Además, la caída
de Kiev tuvo una repercusión política inmediata: el 7 de noviembre
de 1943, aniversario de la Revolución de Octubre, Stalin anunció
la liberación de la capital ucraniana en un discurso que subrayó
la restauración del dominio soviético sobre una de las ciudades
más simbólicas de la URSS. La recuperación de Kiev tuvo múltiples
efectos. Consolidó la posición del Ejército Rojo en el frente sur
y permitió el posterior avance hacia Zhytomyr, Berdichev y Vínnytsia,
iniciando la ofensiva de invierno de 1943–44. Fortaleció el liderazgo
de Stalin y el prestigio del Stavka, evidenciando la eficacia de
las reformas tácticas y logísticas aplicadas tras las grandes batallas
del verano. Y fue celebrada como una victoria emblemática del pueblo
ucraniano y un punto de inflexión en la recuperación del territorio
nacional. En definitiva, la liberación de Kiev no puede entenderse
plenamente sin reconocer el papel desempeñado por los partisanos.
Su contribución no solo se expresó en la perturbación logística
del enemigo, sino también en la integración de la resistencia civil
con la operación militar soviética, anticipando el modelo de guerra
total que caracterizaría la fase final del conflicto en Ucrania.
Los partisanos actuaron como el puente entre la población ocupada
y el Ejército Rojo, constituyendo un elemento esencial en la victoria
del 6 de noviembre de 1943.
puedes pedirte ...
-Erickson, John. El camino a Berlín: la guerra de Stalin con Alemania,
1943–1945. Madrid: Ediciones Akal, 1986.
-Werth, Alexander. Rusia en guerra (1941–1945). Madrid: Akal,
1985.
-Beevor, Antony. Stalingrado y la caída de Berlín. La guerra del
Este 1941–1945. Barcelona: Crítica, 2012.
-Glantz, David M. De Kursk al Dniéper. Las ofensivas soviéticas
de 1943. Madrid: Ediciones Platea, 2019.
-Zhúkov, Gueorgui K. Recuerdos y reflexiones. Moscú: Ediciones
Progreso, 1973.
-Rokossovski, Konstantín. Deber de un soldado. Moscú: Ediciones
Progreso, 1975.
-Vatutin, Nikolái F. Documentos y órdenes del Primer Frente Ucraniano
(1943). Moscú: Voenizdat, 1964.
-Historia militar de la Gran Guerra Patria de la Unión Soviética,
1941–1945. Moscú: Ministerio de Defensa de la URSS, 1963 (trad.
española, Moscú: Ed. Progreso, 1977).
Laurent Mauvignier gana el Goncourt, el premio literario más prestigioso
de Francia, con una novela sobre la ausencia en una casa abandonada.


Un debut maravilloso.
Tomás, de ocho años, pasa otro verano en Calaire con
la familia, pero algo no encaja: mamá está cada vez más pálida,
papá viaja sin parar y las conversaciones de adultos se cortan cuando
él aparece. Mientras explora la playa con Nuria y el misterioso
Viejo Capitán le cuenta historias imposibles, aprende que crecer
es darse cuenta de los silencios. Un relato conmovedor sobre el
final de la inocencia y esa distancia mínima que, a veces, lo separa
todo.

Durante su infancia en Girardot, Colombia, Rubén prefería el mundo
de las mujeres. De adolescente, se fue a Bogotá, se travistió y
se prostituyó. Tras su transición, eligió el nombre del país donde
decidió establecerse: París, y se convirtió en Francia para siempre.
Con los años, esta mujer generosa, fascinante y voluptuosa, esta
luchadora constante, lo da todo para vivir y mantener a su familia.
Entre el poder y la lucidez, la violencia y el compromiso, la ternura
y la esperanza, la novela cuenta su historia al ritmo frenético
de uno de sus días de trabajo: el Bois de Boulogne, diecisiete clientes,
catorce servicios aceptados; en otras palabras, un sinfín de hombres
que han venido a buscarla, a perderse o a reencontrarse en ella.
Pero la novela no se detiene en la experiencia de Francia, sino
que da voz también a estos desconocidos, estos hombres, estos clientes,
al evocar quiénes son y las circunstancias en las que llegan allí.

Una novela de esperanza y supervivencia, extremadamente sensible
a las interconexiones humanas, pero también un retrato caleidoscópico
de nuestro mundo.


En abril de 1982, ante la recuperación de las Malvinas por parte
de las Fuerzas Armadas argentinas, tres soldados reservistas de
la clase 1962 son reincorporados a filas y enviados a las islas.
Llenos de expectativa, de curiosidad, de sed de aventura, Carlitos,
Antonio y el Conejo se internan en ese territorio desconocido que
se irá tornando cada vez más inhóspito a medida que las lejanas
negociaciones diplomáticas fracasen y se desencadene la guerra con
los británicos. Se enfrentarán entonces a las privaciones, el frío,
el miedo, y esa soledad que sólo podrá ser paliada a duras penas
por la fuerza de su amistad. Y conocerán, junto a sus compañeros
y sus jefes, la amplia gama de sentimientos y actitudes -la nobleza,
el egoísmo, la valentía, la estupidez- nacidos en la situación límite
que la guerra impone a los seres humanos. En este conmovedor relato,
Eduardo Sacheri pone el foco en el escenario bélico de las Malvinas
y sus protagonistas: los militares de todas las jerarquías y variada
conducta, y estos tres jóvenes que, apenas salidos de la adolescencia,
se enfrentan a lo que les ha tocado con los recursos propios de
una edad en la que se tiene toda la vida -y la muerte- por delante.
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En una contundente declaración recogida por el autor, un agente
de la de a admitió que en su país operan cárteles formados por estadounidenses:
pandillas, clubes de motociclistas y redes del crimen organizado
que ya no solo compran y venden drogas, sino que dominan rutas,
controlan territorios y lavan miles de dólares con la complicidad
de los bancos. En este libro explosivo, Jesús Esquivel documenta
cómo estos "cárteles gringos" se han consolidado como piezas clave
en el engranaje del narcotráfico. A través de testimonios de agentes,
documentos judiciales y una rigurosa investigación periodística,
Esquivel revela la profunda infiltración de estas redes criminales
en la vida estadounidense. El eje de esta expansión: el fentanilo.
Barato, letal y fácil de producir, este opioide sintético ha desatado
una epidemia que mata a miles cada año y ha transformado las reglas
del tráfico de drogas. Mientras tanto, la de a parece ir siempre
un paso atrás, incapaz de frenar la oleada de sobredosis ni de enfrentar
a los capos locales.
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En diciembre de 2025 se cumplieron 50 años de la muerte de la influyente
filósofa y teórica política Hannah Arendt (fallecida el 4 de diciembre
de 1975), una fecha que ha provocado numerosas reflexiones y homenajes
destacando la extraordinaria vigencia de su pensamiento para entender
el mundo actual, desde la política y la verdad hasta el totalitarismo
y la condición humana, a pesar de la controversia que a veces rodeó
su figura en vida. Su legado, incluyendo conceptos como la banalidad
del mal, sigue siendo fundamental para analizar la política contemporánea,
la desinformación y la fragilidad de la esfera pública. Sus escritos
han marcado el pensamiento del siglo pasado y siguen muy actuales
en el presente. Este año se han publicado (o vuelto a editar) decenas
de títulos de la escritora y sobre ella.
Es mejor empezar con los clásicos: En Los orígenes del totalitarismo
(1951) desentraña las corrientes subterráneas en la historia europea
que prepararon el advenimiento del nazismo y estalinismo. Y Eichmann
en Jerusalén (1963). A partir del juicio que se llevó a cabo contra
Adolf Eichmann, teniente coronel de la SS, la escritora estudia
las causas que propiciaron el Holocausto.
Para saber más sobre ella, Hannah Arendt. Una biografía intelectual,
de Thomas Meyer. El fin del mundo común, Hannah Arendt y la posverdad,
de Máriam Martínez Bascuñán. La esencia del totalitarismo: a propósito
de Hannah Arendt, de Raymond Aron.
Y también hay películas. Margarethe von Trotta dirige la cinta
de 2012 Hannah Arendt, protagonizada por Barbara Sukowa. Sigue a
la escritora durante el juicio contra Adolf Eichmann (se puede ver
en Filmin).
Esther Rudomin fue una escritora polaca de origen judío. Fue deportada
a Rubstovsk (Siberia) cuando, en 1941, las tropas soviéticas penetraron
en el país, de una manera trágica y dolorosa debido a que solo su
familia cercana se quedó con ella. Allí estuvo cinco años tras una
larga temporada de trabajo forzado en una mina de yeso y luchando
más tarde contra el frío y el hambre. Liberada, regresó a Polonia,
donde se enteró de que varios familiares suyos ( primos, tíos, abuelos,
etc.) habían muerto bajo el régimen nazi o por trabajo forzado,
luego a Suecia y finalmente a Nueva York en 1947. Realizó varios
trabajos en el mundo editorial hasta dedicarse a la escritura. En
1947 viajó a Nueva York con una visa de estudiante. A bordo del
trasatlántico conoció al pianista de Viena Walter Hautzig, que regresaba
de una gira de conciertos. Se casaron en 1950. Se matriculó en la
Universidad Hunter, pero nunca terminó sus estudios porque un profesor
le dijo que su acento la descalificaría para ser profesora. Consiguió
un trabajo como secretaria en la editorial G. P. Putnam's Sons y
más tarde fue ascendida a la sección de libros para niños. Ha escrito
relatos para niños, y es conocida fundamentalmente por su libro
La estepa infinita (1968), relato autobiográfico de su prisión en
Siberia, escrito sin embargo con una cierta alegría. La obra fue
nominada al National Book Award en 1969 y recibió numerosos premios,
entre ellos el Lewis Carroll Shelf Award, Jane Adams Children’s
Book Award, o el Prix du Livre pour la Jeunesse de la Fondation
de France, en 1987.

El enternecedor y laureado relato autobiográfico de Esther Hautzig
que se ha convertido en un auténtico clásico leído por sucesivas
generaciones en Estados Unidos y Europa. Publicado hace más de medio
siglo, La estepa infinita narra la historia de Esther y su familia,
quienes a principios de la Segunda Guerra Mundial fueron deportados
a Siberia, donde hubieron de permanecer cinco años. Arrestados en
su casa de Vilna, Polonia, Esther, sus padres y su abuela son encerrados
en vagones de ganado y enviados a un penoso viaje cuyo destino desconocen.
Tras seis largas semanas, el tren se detiene en Rubtsovsk, una remota
localidad de la inmensa estepa siberiana. Siberia es el final del
mundo, el sitio elegido por los soviéticos para castigar a los delincuentes
comunes y a los disidentes políticos. Confinados en aquel agreste
lugar, solo la fuerza y el ingenio les permitirá no sucumbir y sobreponerse
a las condiciones más adversas.
En el transcurso de la conflagración, los Aliados tomaron aproximadamente
unos 11 millones de prisioneros. Aunque más de dos tercios de las
tropas germanas estaban luchando en el frente oriental, los soviéticos
capturaron menos de un tercio del total de prisioneros, unos 3.155.000.
La razón hay que buscarla en el miedo cerval que tenían los alemanes
a caer en manos de los rusos. Teniendo en cuenta los excesos que
el ejército germano había cometido allí, y el terrible destino que
habían sufrido los prisioneros de guerra rusos —a los que se les
empleó como mano de obra esclava, se les utilizó para experimentos
de todo tipo o simplemente se les dejó morir de hambre— los alemanes
eran conscientes de que no podían esperar de los soviéticos ninguna
compasión. Por tanto, se entiende que hicieran todo lo posible para
evitar que el Ejército Rojo les hiciera prisioneros. Sus temores
no eran infundados; más de un tercio de los prisioneros fallecería
durante su cautiverio. Muchos alemanes tuvieron que emprender marchas
de la muerte en las que se les negaba la comida y el agua.
La vida de un soldado germano no tenía ningún valor; de vez en
cuando, los soldados rusos disparaban al azar contra las columnas
de prisioneros para divertirse. Después de arrebatarles todas sus
pertenencias, eran enviados al gulag, en donde permanecerían varios
años, trabajando en minas, bosques, granjas y fábricas, y padeciendo
hambre, frío y enfermedades.
En el libro autobiográfico de Esther Hautzig se relata la llegada
de los prisioneros alemanes a la remota localidad en la que se hallaba
confinada. Según Esther, en la primavera de 1945 llegaron en una
sucesión interminable de vagones de ganado y, en contraste con la
antigua arrogancia con que desfilaban al paso de la oca, «ahora
formaban una masa desaliñada, hambrienta y enferma». Pero el deplorable
estado que ofrecían no despertó ningún sentimiento de lástima en
la entonces niña de 14 años: «Los aborrecíamos y para nosotros seguían
siendo verdaderos monstruos, tanto para los deportados como para
los rusos. Todos teníamos motivos: las historias de sus atrocidades
eran bien conocidas». Esther explica en su libro que los prisioneros
germanos eran: Hacinados en los mismos barracones en que habíamos
vivido al llegar a Siberia, pero pronto hubo que improvisar barracones
nuevos para los miles y miles que seguían llegando. La disentería,
el cólera y Dios sabe qué otras enfermedades los diezmaban como
moscas.

Prisioneros alemanes tras la caída de Stalingrado.
Y, como si fueran moscas, a nosotros nos daba igual. No teníamos
compasión. Puede sorprender esa falta de empatía con el sufrimiento
de los prisioneros, y más en una niña, pero Esther refleja el sentimiento
que la población rusa albergaba hacia los que habían invadido su
país: «Casi sin excepción, todos los niños del pueblo habían perdido
a un padre, un tío, un hermano o un primo; a veces, no había quedado
vivo ningún pariente varón». Ese resentimiento estallaría al paso
de los prisioneros por el pueblo cuando iban o venían de trabajar.
«Mientras desfilaban —relata Esther—, la gente se desahogaba volcando
sobre ellos todas las variantes del odio. Hasta el aire parecía
cargarse de violencia. Les arrojaban basura; los niños gritaban
histéricos y les tiraban piedras. Un niño pequeño le dio una pedrada
a un alemán que le abrió un profundo corte en la cara y la gente
se puso a vitorearlo. El niño no paraba de gritar: “¡Habéis matado
a mi padre!”». No obstante, el paso de los alemanes también provocaba
otro tipo de reacciones. Había quien se ocultaba, como si aún los
creyeran capaces de cometer atrocidades, mientras que otros, como
la propia Esther, su madre y su abuela, «permanecían mudos, mirándolos
con odio y con los puños apretados». En 1947, algunos prisioneros
alemanes en Rusia pudieron regresar a casa, famélicos y demacrados.
Los últimos no lo harían hasta 1957, tras doce años de indescriptibles
penurias. Así pues, un soldado germano tendría noventa veces más
posibilidades de morir en manos de los soviéticos que en las de
los Aliados occidentales. Los alemanes, vislumbrando ese negro destino,
prefirieron entregarse a norteamericanos y británicos, de los que
esperaban, sin duda, un mejor trato; así, los primeros hicieron
3,8 millones de prisioneros, por 3,7 millones de los segundos. Los
franceses, pese a lo reducido de sus fuerzas, capturaron unos 250.000
alemanes.
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Michael J. Fox decidió cerrar un ciclo que marcó su vida. Buscó
a Eric Stoltz, el actor que originalmente había sido elegido para
interpretar a Marty McFly, pero que fue reemplazado tras seis semanas
de rodaje. Fox cuenta en su libro Future Boy que le escribió una
carta invitándolo a reunirse, advirtiéndole con humor: “Si tu respuesta
es un ‘¡Lárgate y déjame en paz!’, lo entenderé.”

Stoltz, fiel a su estilo, respondió exactamente eso… pero en tono
de broma. Luego aceptó la invitación. Cuando finalmente se vieron,
la conversación fluyó con naturalidad: hablaron de sus familias,
sus carreras y de ese “viaje en el tiempo” que cambió el rumbo de
ambos. No hubo reproches, solo respeto y cariño entre dos actores
que alguna vez compartieron el mismo papel. Desde entonces, mantienen
contacto, se recomiendan películas y hasta conversan sobre política.
Fox reconoce que aquel cambio lo llevó al estrellato, convirtiéndose
en un clásico eterno. “Eric era un actor brillante, pero no era
el Marty que buscaban”, escribió Fox. Cuatro décadas después, ambos
sellaron el pasado con risas, respeto y un abrazo que hizo historia.
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En 1850 la alta burguesía neoyorquina disfruta de una desentendida
prosperidad. Delia, «reina» del endogámico clan de los Ralston,
ultima los detalles de su vestuario para brillar en el acontecimiento
social del año: el enlace de su prima Charlotte Lovell con Joe Ralston,
que además sellará una alianza entre las dos familias hegemónicas
de Nueva York. Cuando nada parece poder desbaratar tan idílico porvenir,
una desquiciada Charlotte irrumpe en casa de Delia para desvelarle
un secreto que alterará para siempre la placidez de sus vidas y
que, de saberse, tumbaría los códigos éticos de los que ambas se
han venido nutriendo. Los destinos de Charlotte y Delia quedan trágicamente
atados bajo la inviolabilidad del secreto que comparten, consolidándose
entre ambas una tormentosa relación en la que convergerán los celos,
la compasión, el amor filial y la suspicacia.


Compró una isla deshabitada por 13 mil dólares, la equipó con animales,
aves y árboles en peligro de extinción. Le ofrecieron 50 millones
de dólares, no la vendió y la donó. En 1962, el editor de periódico
Brendon Grimshaw compró la isla deshabitada de Moyenne, en las Seychelles,
donde ningún ser humano había puesto un pie durante 50 años, por
13 mil dólares. Comenzó a vivir en la isla como un verdadero Robinson,
llevándose consigo como compañero a un lugareño, René Lafortune.
Brendon y René empezaron a acondicionar la isla. Durante 39 años,
Brendon y René plantaron 16 mil árboles con sus propias manos y
construyeron aproximadamente 5 km de caminos. En 1996 escribió un
libro sobre él y la isla llamado Grain of Sand. En 2009 se realizó
un documental del mismo nombre sobre Grimshaw y la isla. En 2007,
René Lafortune murió y Brendon se quedó solo en la isla. Tenía 81
años. Durante su vida, atrajo 2,000 nuevas especies de aves a la
isla e introdujo más de un centenar de tortugas gigantes que estaban
a punto de extinguirse, incluidas las de Seychelles. Gracias a los
esfuerzos de Brendon, la isla, antes desierta, ahora alberga dos
tercios de la fauna de Seychelles. Un pedazo de tierra abandonado
se convirtió en un verdadero paraíso. Hace algunos años, el príncipe
de Arabia Saudita le ofreció a Brendon Grimshaw 50 millones de dólares
por la isla, oferta que Brendon rechazó cortésmente. «No quiero
que la isla se convierta en el lugar de vacaciones favorito de los
ricos. Que sea un parque nacional donde todos y los animales puedan
vivir y divertirse libremente». Finalmente, logró su deseo. En 2008,
la isla fue declarada “Parque Nacional”. Grimshaw fue el único residente
de la isla hasta su muerte en julio de 2012.
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Según todos los indicios, Pier Paolo Pasolini empezó
a trabajar en esta novela en enero de 1967, y se dedicó a ella,
con creciente actividad, hasta el momento mismo de su asesinato.
Sus declaraciones no dejaban duda respecto a la importancia que
atribuía al libro: «Lo que he hecho desde que nací no es nada en
comparación con la obra gigantesca que estoy llevando a cabo», decía
en diciembre de 1974, y en enero de 1975 precisaba: «Contiene todo
lo que sé, será mi última obra». En la concepción de Pasolini, Petróleo
debía presentarse como «la edición crítica de un texto inédito».
Este libro inacabado y fragmentario ha hallado singular y trágico
acomodo en las circunstancias que han rodeado su labor de edición
que se han llevado a cabo durante varias décadas, siendo este volumen
monumental la edición definitiva de la gran obra de Pasolini.
En el 50 aniversario del asesinato de Pier Paolo Pasolini,
fue un escritor y director de cine italiano. Hombre polifacético
y personaje controvertido, fue uno de los artistas más reconocidos
de su generación, como poeta y como realizador cinematográfico.
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Conocemos a los grandes protagonistas del 18 de julio
de 1936, como Mola, Franco o Queipo de Llano, que pusieron en jaque
al Gobierno de la Segunda República con su golpe de Estado y la
guerra civil resultante de este. Sin embargo, detrás de estos hombres
hubo mucho otros cargos medios e incluso civiles que contribuyeron
a la victoria del bando sublevado. Esta obra pone nombre y apellidos
a quienes lo hicieron posible en Zaragoza, ciudad que planteaba
un reto mayúsculo para los golpistas por ser el segundo núcleo urbano
más importante bajo su control, por la presencia consolidada de
las organizaciones de izquierdas y por su cercanía a Cataluña. David
Alegre aborda la lógica y el funcionamiento de la campaña sistemática
de asesinatos desplegada por el bando golpista en la ciudad entre
el verano y el otoño de 1936, que acabó con la vida de unos 3.500
civiles de toda la provincia, la mayor parte de ellos ejecutados
en la capital aragonesa. En base a un exhaustivo proceso de investigación
analiza con todo detalle quiénes fueron los principales perpetradores
a cargo de las ejecuciones, desde las reuniones al más alto nivel
hasta el pie de fosa. Aunque cambiaron para siempre la historia
de España, la mayoría de ellos han pasado desapercibidos hasta hoy.
Así pues, el público lector tiene ante sí la oportunidad de adentrarse
en las vidas y motivaciones de dos generaciones de hombres nacidos
entre 1885 y 1915, todos ellos atravesados por los acontecimientos
clave de su tiempo, desde la pérdida de Cuba hasta los miedos del
periodo de la Segunda República.
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Joe Buck, un joven e ingenuo tejano, decide dejar
atrás un pasado sin salida y encontrar una vida rebosante de glamour
en Nueva York. La ciudad, por supuesto, resulta ser un lugar mucho
más difícil de conquistar de lo que esperaba, y pronto ve comprometido
su sueño. La dura caída de Buck a la realidad y su relación con
un estafador callejero lisiado, Ratso, forman el núcleo emocional
de la novela, y la improbable pareja es uno de los retratos de amistad
más complejos y elaborados con sensibilidad en la literatura reciente.


Esta novela no la protagonizan seres extraterrestres
sino Mauricio Hernández Norambuena, que podría ser descrito, parafraseando
a Bolaño, como uno de los últimos revolucionarios de las guerras
floridas latinoamericanas. Marciano extrema la apuesta de Nona Fernández,
que ha cruzado audazmente la memoria y la imaginación para entender
la historia reciente de Chile, sumergiéndose en zonas que parecen
salirse de los límites terrenales, en las que espacio y tiempo no
son tan claros. La narradora visita a Hernández en la cárcel donde
cumple una larga condena para hacerle preguntas, convocando en un
notable tejido de voces a varios personajes a fin de entender cómo
fue su historia: la de alguien que, mientras cultivaba amores y
amistades inextinguibles, agitó la resistencia a la dictadura, estuvo
fusil en mano en el atentado a Pinochet y luego, ya en democracia,
derivó en ilusiones perdidas, muertes, prisiones y fugas. Una novela
electrizante, que aterriza en la mente de un personaje complejo
para entenderlo en toda su intensidad y contradicción.


«¿Qué relación puede haber entre las muchas personas
de las incontables historias de este mundo, que, desde los extremos
opuestos que los separan, acaban juntándose?» ¿Qué puede unir a
los jóvenes pleiteantes de una causa testamentaria que lleva tantas
generaciones prolongándose «que no hay nadie con vida que sepa lo
que significa» con una señora volcada en los asuntos de una comunidad
africana llamada Borriobula-Gha? ¿Cómo se relacionan el baronet
sir Leicester Dedlock y su altiva mujer, lady Dedlock, con un muchacho
que barre las esquinas y malvive en uno de los rincones más infectos
de Londres? ¿Cómo pueden ser amigos el señor Jarndyce, un íntegro
caballero cuyos estados de ánimo dependen del viento del este, y
el señor Skimpole, uno de los caraduras más impresionantes de la
historia de la literatura? Sumemos a eso una extensísima galería
de personajes siniestros o angelicales, orgullosos o humillados,
pusilánimes o magnánimos, y obtendremos un atisbo del cuadro general
de Casa Desolada (1852-1853), donde todo, en efecto, está conectado.
Dickens arriesga todavía más al confiar su relato a dos narradores:
por una parte, uno que parece ver el mundo desde las alturas, capaz
de entrar en todos sus recovecos y juzgarlos, tan propenso al sarcasmo
como al patetismo, y también a la fantasmagoría; y por otra, una
narradora en primera persona, Esther Summerson, una joven de oscuro
origen que ve las cosas solo a la altura del ojo humano y cuenta
su iniciación a la vida creyéndose apenas autorizada para ello.
La combinación de ambos puntos de vista crea una auténtica convivencia,
que se eleva a un plano ético en consonancia con los ideales de
la novela. Alba incorpora a su colección principañ
la que para muchos, desde G.K.Chesterton a Vladimir Nabokov y Harold
Bloom, es una de las obras maestras de Dickens.


Cuando el hermano de Anne Lamott era un niño, estaba
agobiado con un trabajo sobre pájaros que tenía que entregar al
día siguiente. Su padre se sentó a su lado y le dijo: «Pájaro a
pájaro, colega. Ve pájaro a pájaro». Esta anécdota da título a una
fuente inagotable de inspiración: un bestseller desde su publicación,
hace ya más de 25 años, y un clásico en todas las listas de libros
sobre escritura. Con un raro talento para combinar el sarcasmo y
la emotividad, Anne Lamott da en Pájaro a pájaro una clase magistral
sobre cómo transformar la vida en literatura. Para Lamott, que escribe
siempre desde la experiencia propia, la verdad es lo único que merece
la pena contar. Hay que escribir, nos dice, como si te estuvieras
muriendo y ya no te importara nada ni nadie. El primer paso es dejarse
de tonterías. Tanto da lo que queramos escribir, nunca va a salir
a la primera, así que más vale darse permiso para escribir una mierda.
Porque todos los primeros borradores son eso, una mierda. ¿Qué mejor
remedio contra el bloqueo del escritor?
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En agosto de 1883, la erupción, al este de Java, del
volcán Krakatoa repercutió en lugares tan alejados como la ciudad
alemana de Hamburgo. Aquel cataclismo constituye para Peter Neumann
un extraordinario símbolo de las poderosas energías que algunas
esperanzas y sueños utópicos iban a desencadenar a lo largo del
siglo xx, comenzando con la inquietante figura del Superhombre nietzscheano
y terminando con la quimera de una paz universal propuesta por Susan
Sontag en el año 2003. Entre ambos momentos, Peter Neumann nos brinda
portentosos retratos de los artistas, pensadores y escritores que
revolucionaron las ideas y el modo de expresarlas y que, en tiempos
de crisis e incertidumbre, fueron capaces de pensar sobre la realidad
de formas inéditas y a menudo revolucionarias. Con trazo preciso
y enorme talento narrativo, el autor describe atmósferas y paisajes,
y descubre insospechadas constelaciones y mutuas influencias entre
autores y creadores de la talla de Ludwig Wittgenstein, Hannah Arendt,
Sigmund Freud, Salvador Dalí, la pintora Käthe Kollwitz, James Joyce,
Samuel Beckett, Theodor W. Adorno, Walter Benjamin o Christa Wolf.
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«En la incertidumbre, y hasta en el pánico, el arte
es lo único que tiene la función de reflejar lo que está pasando
para aclarárnoslo y, si es posible, ayudarnos a salir adelante.»
En 2020, recluida en un estudio en Londres en plena pandemia de
covid, Anne Bogart quiso partir de las terribles circunstancias
del momento –confinamiento, distancia social, dependencia de los
medios digitales– para reflexionar sobre nuestra época y el papel
en ella de las artes escénicas. El resultado es este libro en el
que defiende la idea de resonancia, el fenómeno –no solo artístico–
de crear relación y comunicación y de encontrar una respuesta que
no sea simple reacción –a menudo un impulso defensivo y hostil–
sino una fusión de lógica y emoción que nos permita elegir. Barajando
conceptos, además de la teoría teatral, de la psicología, la neurociencia,
la música y la filosofía tanto clásica como oriental, ahonda en
el sentido de la presencia, de la receptividad, de la paradoja,
del entusiasmo y de la contención. El arte de la resonancia incluye
asimismo ilustrativos elementos autobiográficos, desde sus tiempos
de estudiante y los comienzos de su carrera «por la puerta de atrás»
hasta sus experiencias en la sala de ensayos y con otros directores
de teatro, además de retazos de su vida personal y hasta de las
enseñanzas de cuarenta años de práctica del taichí. Su propuesta
no solo está orientada al mundo del arte y del teatro sino que tiene
una amplia dimensión social, en su búsqueda de una conciencia activa
de civismo y comunidad.

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En La Noche de los Cuchillos Largos, Paul R. Maracin
ha reunido minuciosamente los elementos dispersos y ocultos a propósito
de esta fascinante historia de engaños, intrigas, y asesinatos en
masa, hasta hoy apenas estudiada por los especialistas. Primero
se produjo el incendio del parlamento alemán —el Reichstag—. El
gobierno de Hitler inmediatamente culpó a activistas subversivos
y sin embargo Hermann Göring apareció en el lugar de los hechos
con una lista de detenciones con los nombres y direcciones de todos
los «enemigos del Estado», una lista que Hitler y sus secuaces habían
estado confeccionando durante meses.
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Entre el 30 de junio y el 2 de julio de 1934, tuvo
lugar en Alemania una de las purgas políticas más decisivas del
siglo XX. Conocida como Operación Colibrí o Noche de los Cuchillos
Largos, esta acción fue ordenada por Adolf Hitler con el propósito
de eliminar a la cúpula de las Sturmabteilung (SA), encabezada por
Ernst Röhm, así como a otros adversarios políticos dentro y fuera
del Partido Nazi. Más allá del relato de una sangrienta noche de
asesinatos, este episodio representó el paso definitivo de Hitler
hacia la dictadura total, al destruir cualquier contrapeso interno
y subordinar el poder militar y político al Führer.
Tras el ascenso de Hitler a la Cancillería el 30 de
enero de 1933, el Tercer Reich se consolidaba como un régimen en
transición entre una estructura autoritaria y un sistema totalitario.
Aunque el Partido Nazi había obtenido una posición dominante, coexistían
aún diversas fuentes de poder: el presidente Paul von Hindenburg,
la Reichswehr (el ejército regular), las élites económicas y las
propias facciones internas del partido. Entre estas últimas, las
Sturmabteilung (SA), las llamadas “Camisas Pardas”, constituían
un factor de inestabilidad. Bajo el mando de Ernst Röhm, las SA
contaban con más de tres millones de miembros en 1934, superando
ampliamente en número a la Reichswehr, limitada por el Tratado de
Versalles a 100.000 hombres. Röhm aspiraba a transformar las SA
en el nuevo ejército popular nacionalsocialista y exigía ser nombrado
Ministro de Defensa, lo que suponía una amenaza directa al cuerpo
de oficiales profesionales. A esta tensión se sumaban las críticas
de las élites conservadoras y de Mussolini, quien expresó su preocupación
por el descontrol de las SA, calificando su comportamiento como
perjudicial para la imagen internacional de Alemania.

Ernst Julius Günther Röhm (Múnich, 28 de noviembre
de 1887-ibídem, 1 de julio de 1934) fue un militar alemán, cofundador
y comandante en jefe de las SA (1931-1934), y ministro sin cartera
del gabinete de Adolf Hitler (1933).
En este marco, Hitler comprendió que debía optar entre
la lealtad personal a Röhm y la necesidad política de asegurar el
apoyo del ejército, condición indispensable para su consolidación
como Führer. La decisión de eliminar a Röhm y a sus seguidores se
tomó en el mes de junio de 1934. La operación fue preparada por
Heinrich Himmler, Reinhard Heydrich y Hermann Göring, con la colaboración
del jefe de la Gestapo, Rudolf Diels. Se falsificó un expediente
que atribuía a Röhm la recepción de doce millones de reichsmark
para organizar un golpe de Estado (Röhm-Putsch). La manipulación
de la inteligencia y la propaganda fueron esenciales para presentar
la purga como un acto de “autodefensa nacional”. El nombre en clave
“Operación Colibrí” designó las órdenes de ejecución. En la madrugada
del 30 de junio de 1934, Hitler viajó personalmente a Bad Wiessee,
donde Röhm y sus principales oficiales de las SA se encontraban
reunidos. Armado con una pistola, Hitler irrumpió en el hotel acompañado
por miembros de las SS y la Gestapo, arrestando a Röhm y a otros
líderes bajo la acusación de traición. Durante las siguientes 48
horas, comandos de las SS y de la policía de seguridad realizaron
detenciones y ejecuciones sumarias en todo el territorio alemán.
Entre las víctimas figuraron Gregor Strasser, antiguo dirigente
del ala socialista del partido; el ex canciller general Kurt von
Schleicher y su esposa; y el católico Erich Klausener, presidente
de la Acción Católica Alemana.
En total, las estimaciones históricas varían entre
85 y más de 200 asesinados, incluyendo a oficiales de las SA, opositores
políticos y personas eliminadas por viejas rivalidades personales.
El destino de Röhm fue particularmente simbólico. Mantenido con
vida durante dos días, Hitler dudó inicialmente en ordenar su ejecución,
recordando los años de camaradería compartidos. Finalmente, accedió
a las presiones de Himmler y Göring. El 1 de julio, dos oficiales
de las SS ingresaron en su celda en la prisión de Stadelheim, entregándole
una pistola para que se suicidara. Al negarse, fue ejecutado con
un disparo en el pecho. La propaganda dirigida por Joseph Goebbels
aprovechó el episodio para desprestigiar a las SA, difundiendo rumores
sobre la “corrupción moral” y la homosexualidad de Röhm y sus colaboradores,
a fin de justificar la represión ante el público alemán. La manipulación
de la moral pública fue así una herramienta clave para transformar
una purga política en un supuesto acto de “limpieza ética”. La Noche
de los Cuchillos Largos tuvo efectos inmediatos y de largo alcance.
Hablamos de Joseph Goebbels en diversas ocasiones,
como por ejemplo ...
La bibliotecaria >> Prohibidos >> 5.
En el plano político, supuso la eliminación definitiva
del poder independiente de las SA, reducidas a una función meramente
simbólica bajo el mando de Viktor Lutze. El ejército, por su parte,
interpretó la purga como una muestra de que Hitler defendía sus
intereses, lo que condujo a su adhesión al nuevo régimen tras la
muerte de Hindenburg el 2 de agosto de 1934. Ese mismo día, Hitler
fusionó los cargos de Canciller y Presidente, asumiendo el título
de Führer und Reichskanzler, concentrando todos los poderes del
Estado. La Reichswehr juró lealtad no a la Constitución ni a Alemania,
sino a la persona de Hitler. Desde ese momento, el régimen nazi
dejó de tener cualquier obstáculo legal o institucional que limitara
la voluntad del dictador. La impunidad fue total: los asesinatos
fueron legalizados retroactivamente mediante una ley promulgada
el 3 de julio de 1934, la cual declaraba que las medidas adoptadas
“para sofocar la traición del 30 de junio” eran “actos de Estado
necesarios para la defensa del Reich”. Ningún tribunal alemán investigó
jamás los hechos. La historiografía contemporánea coincide en señalar
la Operación Colibrí como un momento de inflexión en el proceso
de totalitarización del Tercer Reich. Autores como Ian Kershaw,
Richard J. Evans y Joachim Fest destacan que esta purga no solo
eliminó a un rival político, sino que envió un mensaje de terror
y obediencia a todo el aparato del partido y del Estado. El liderazgo
carismático de Hitler se consolidó mediante el uso del miedo y la
violencia, legitimados por la propaganda y el discurso de la “unidad
nacional”. En el plano simbólico, la purga transformó al Führer
en el árbitro supremo entre las facciones nazis, consagrando el
principio del Führerprinzip, según el cual la voluntad del líder
era la fuente última de la legalidad.
El Estado de derecho alemán quedó subordinado a la
ideología del partido y a la figura personal de Hitler. La Noche
de los Cuchillos Largos no fue un estallido improvisado de violencia,
sino un acto calculado de ingeniería política. A través de ella,
Hitler eliminó a sus antiguos camaradas, aseguró la fidelidad del
ejército, disciplinó al partido y demostró que el poder nazi se
sustentaba en la fuerza y el terror. Desde entonces, ningún alemán
—civil, militar o político— pudo dudar de que el Führer estaba por
encima de toda ley. El asesinato de Röhm marcó, en consecuencia,
el tránsito definitivo del régimen nazi desde una dictadura de partido
hacia una dictadura personal. La Operación Colibrí simboliza, así,
la institucionalización del crimen como instrumento de gobierno
y la desaparición de los últimos vestigios de legalidad en el Tercer
Reich.
Pídele a los Reyes Magos ...
-Evans, Richard J. El Tercer Reich. Los orígenes.
Barcelona: Península, 2005.
-Fest, Joachim. Hitler. Madrid: Alfaguara, 2004.
-Kershaw, Ian. Hitler 1889–1936: Hybris. Londres:
Allen Lane, 1998.
-Shirer, William L. Ascenso y caída del Tercer Reich.
Barcelona: Crítica, 2002.
-Bullock, Alan. Hitler: A Study in Tyranny. Londres:
Penguin, 1962.
-Mommsen, Hans. Del Imperio al Estado totalitario.
Madrid: Alianza Editorial, 2002.

Un 5 de Junio, hace 30 años, nos dejaba la
escritora que incomodó al Caribe.
El tiempo de las amazonas recorre tres décadas de
la vida de tres primas -Gaby, Virginia e Isabel- que llegan a vivir
a París en los años setenta. Su incesante exploración del deseo
las llevará a tomar decisiones que tendrán un alto costo para sus
vidas. Sus parejas, sus amantes y sus amigos forman parte de un
universo narrativo que se mueve alrededor de las preocupaciones
centrales de la obra de la autora: la madurez, el placer sexual,
la amistad y la enfermedad. Veinticinco años después de su muerte,
Marvel Moreno vuelve a sorprendernos con esta, su segunda y última
novela, una historia de mujeres que se adelantaron a su propio tiempo
y que rompieron las estructuras para arriesgarlo todo por la libertad.
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En su magistral narrativa de 1208 páginas de la Guerra
del Pacífico, Hirohito's War de Francis Pike ofrece una interpretación
original, equilibrando la visión occidentalcéntrica existente con
atención a la perspectiva japonesa sobre el conflicto. Además de
dar un relato 'paso a paso' de las campañas y batallas, Francis
Pike ofrece muchos desafíos a las interpretaciones estándar con
respecto a las causas de la guerra; la culpa de guerra del emperador
Hirohito; la inevitabilidad de la victoria estadounidense; las habilidades
del general MacArthur y el almirante Yamamoto; el papel de China,
Gran Bretaña y Australia; la tecnología militar y naval; y la necesidad
del bombardeo incendiario de Japón y el eventual uso de la bomba
atómica en Hiroshima y Nagasaki. La Guerra de Hirohito está acompañada
de recursos en línea adicionales, incluidos más detalles sobre logística,
economía, prisioneros de guerra, submarinos y kamikazes, así como
una línea de tiempo de 1930-1945 y más de 200 mapas.
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Sonia Nasir, de 38 años, actriz británica de origen
palestino, viaja a Israel para visitar a su hermana, que da clases
en la universidad de Haifa. No tarda en conocer a otros personajes,
entre ellos a Mariam Mansour, directora teatral que quiere poner
en escena una versión árabe de Hamlet en Ramala (Cisjordania). Cuando
Mariam se entera de que Sonia es una veterana de las tablas, la
enrola para que figure en el reparto de su producción. El regreso
a su tierra natal, sus desplazamientos por la geografía local (Haifa,
Gaza, Belén, Jerusalén), el contacto con los actores, los recuerdos
militantes de su padre y su tío, y la sombra imborrable de las Intifadas
suscitan en Sonia una cadena de emociones que, en combinación con
las vivencias del momento presente, la obligan a plantearse un dilema
que no esperaba: qué es ser palestino y vivir en conflicto permanente
con el Estado de Israel. La misma representación de Hamlet irá adquiriendo
matices cada vez más cercanos al problema de fondo. El fantasma
del difunto rey de Dinamarca acabará identificándose con el fantasma
de la ocupación. Entra el fantasma, segunda novela de Isabella Hammad,
es un inteligente relato en zigzag de la Palestina actual. Una apasionante
historia de diáspora y desplazamiento que elude la fácil diatriba
política y apuesta por las relaciones familiares y artísticas como
espacio de resistencia compartida.

La novela de dictador es un subgénero narrativo característico
de la literatura latinoamericana que aborda la constante histórica
de las dictaduras militares en los países latinoamericanos.

Te invitamos a investigar.

Las novelas de dictadores son un género propio. A
Valle-Inclán hay que agradecerle una de las mejores. Después fue
un tipo de novela bastante transitado en América Latina', quizá
porque también tuvieron que enfrentarse a unos cuantos. Vargas Llosa
tiene dos novelas excelentes sobre el tema, como 'La fiesta del
chivo' y 'Tiempos recios. Carpentier, Asturias también escribieron
sobre este tipo de personajes autoritarios. Y García Márquez contó
como pocos el otoño del franquismo. Hitler y Mussolini tampoco se
han escapado de la atención de los escritores. E incluso han dado
para el humor, ya que son tipos que tienen algo de histriónico y
surrealista. Dice la crítica que Tirano Banderas es la mejor novela
sobre un dictador de la Historia. Aunque en esta ocasión sea un
dictador inventado. De junio de 1925 a octubre de 1926, Valle-Inclán
fue dando a conocer en diversos medios de comunicación partes de
la novela que, convirtió, en el verano-otoño de 1926, en la versión
final que apareció el 15 de diciembre de 1926. En ella traza la
historia de un dictador americano con signos de varios dictadores
de la época. Cuenta Valle que lo escribió porque le irritaba que
en América se continuara la misma historia que en España donde hacía
solo tres años se había dado un golpe de Estado, el de Miguel Primo
de Rivera.
El Otoño del patriarca fue escrita por Gabriel
García Márquez en Barcelona entre 1968 y 1975 y en ella se aborda
la larga agonía y muerte del general Franco. Eso sí, con el estilo
del escritor colombiano: en seis bloques narrativos sin diálogos,
sin puntos y aparte, repitiendo una anécdota siempre igual y siempre
distinta, acumulando hechos y descripciones deslumbrantes. Está
también entre las mejores obra sobre un personaje autoritario. Para
el que no la haya leído: en ningún momento se cita a Franco.
Alejo Carpentier retrata en El recurso del metodo
a un dictador de un arquetípico país hispanoamericano, pero los
hechos transcurre en La Habana de los años veinte y obviamente se
trata del general Gerardo Machado, admirador de Mussolini y que
gobernó en el país durante aquellos años (con intentos de cambiar
la Constitución para quedarse en el poder). Los capítulos aparecen
enlazados por citas de Descartes que vienen a justificar arbitrariamente
los actos de personas totalmente anticartesianas.

Miguel Ángel Asturias se inspiró en el último gobierno
de Manuel Estrada Cabrera, en Guatemala, para explorar los mecanismos
que hacen funcionar una dictadura política, así como sus efectos
en la sociedad. Está narrada desde distintos puntos de vista que
van conformando de manera indirecta la figura del presidente. Publicada
en 1946, El Señor Presidente estuvo prohibida durante trece
años.
El conformista es una de las que mejor retrata la
Italia mussoliniana y cómo comenzó a crecer un tipo de personajes
(que retrató muy bien el cine del neorrealismo italiano). Publicada
por primera vez en 1951 trata de explicar un comportamiento moral
como el conformismo, un deseo de confundirse en la masa y no destacar
aun a costa de perder la libertad individual. Es decir, un fenómeno
capaz de convertir a sociedades cultas y críticas en masas capaces
de seguir los dictados de cualquier caudillo que llegara con trazas
de salvador mesiánico.
M. El hijo del siglo, biografía la vida de Benito
Mussolini y sí ha sido aclamada como la gran novela sobre el dictador
italiano. Además no es solo la historia del hombre, sino también
de una época entera y del surgimiento del fascismo. Con la profundidad
del ensayo y el ritmo narrativo de la mejor ficción contemporánea,
aborda como ya hiciera Moravia en los cincuenta (cuando todavía
casi estaba caliente el cuerpo del interfecto) cómo una sociedad
decidió entregarse a los delirios de grandeza de un solo hombre.
El dictador y la hamaca es una novela de humor sobre
un dictador ficticio, pero que podría evocar muchas situaciones
surrealistas de lo que ocurre cuando un tipo toma para sí todo el
mando posible. Pennac crea al personaje de Manuel Pereira da Ponte
Martins, dictador de un país de América Latina cuya capital es Teresina.
Un presidente que un día, tras visitar a una santera, decide huir
de las multitudes y las concentraciones públicas. Para ello contrata
a un doble que le supla. Lo que ocurre después es que ese doble
se marcha un día y contrata a otro doble. Y al final gobierna el
país el doble del doble del doble del doble… del dictador. Como
si ya importara.

Esta es una historia sobre cómo se la colaron a Franco.
En concreto, cómo se la coló el químico austriaco Albert Von Filek
que le hizo creer que España sería una gran potencia exportadora
de petróleo. Para ello le vendió la burra de un combustible sintético
que mezclaba extractos vegetales con agua del río Jarama. Y le dijo
que había puesto esta fórmula secreta al servicio del engrandecimiento
de la nueva España. Franco y sus secuaces se lo tragaron. Cuando
se advirtió del timo se dio carpetazo al asunto y aquí no había
pasado nada. Más por vergüenza.
Un dictador suele llegar a donde llega porque alguien
le ayuda. También ocurrió con Hitler. El orden del día cuenta
cómo en 1933 en el Reichstag tuvo lugar una reunión secreta, que
no estaba en el orden del día, en la que los industriales alemanes
-entre los que se contaban los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG
Farben, Bayer, Telefunken, Agfa y Varta- donaron ingentes cantidades
a Hitler para conseguir la estabilidad que él prometía. Desde ese
momento, Hitler comenzó una campaña para anexionarse Austria, lo
cual consiguió en 1938… y el resto de la historia ya es conocida.
Pero aquí se desvelan esos mercadeos que hicieron posible el ascenso
del nazismo. Sin esos empresarios quizá todo hubiese sido distinto.
Empieza por una reunión que tuvo lugar el 20 de febrero de 1933
durante la cual Hermann Göring le pide a veinticuatro importantes
empresarios alemanes (entre ellos los de Agfa, Allianz, BASF, Bayer,
IG Farben, Krupp, Opel, Siemens, Telefunken,...) de apoyarle financieramente
de cara a las elecciones legislativas de marzo de 1933: orden, trabajo,
represión sindical y enormes beneficios a cambio de ayuda para hacerse
con el poder. Los veinticuatro empresarios son: Wilhelm von Opel,
Gustav Krupp, Albert Vögler, Günter Quandt, Friedrich Flick, Ernst
Tengelmann, Fritz Springorum, August Rosterg, Ernst Brandi, Karl
Büren, Günther Heubel, Georg von Schnitzler, Hugo Stinnes junior,
Eduard Schulte, Ludwig von Winterfeld, Wolf-Dietrich von Witzleben,
Wolfgang Reuter, August Diehn, Erich Fickler, Hans von Loewenstein
zu Loewenstein, Ludwig Grauert, Kurt Schmitt, August von Finck y
el doctor Stein. Más tarde, varios de ellos se benefician de los
trabajos forzados de los deportados y prisioneros, una mano de obra
barata.
Yo el Supremo apareció en 1974 y rápidamente tuvo
una gran repercusión internacional que consolidó la aportación de
Augusto Roa Bastos en el panorama de la literatura latinoamericana.
Su «dictador» se singularizó en el conjunto de los dictadores literarios
latinoamericanos gracias al cambio de perspectiva narrativa que
permite presentar al doctor Francia desde su intimidad, en la soledad
de su poder, como intérprete de sus propios documentos y actuaciones,
como juez de su propia vida y de los acontecimientos pasados y presentes,
y a la vez defensor de su causa ante el juicio de los historiadores.
Pásate por La bibliotecaria >> Prohibidos.

Tras trece años de silencio literario, regresa el
mejor Bret Easton Ellis con una novela monumental. Los Ángeles,
1981. A sus diecisiete años, Bret está a punto de empezar su último
curso de secundaria en Buckley junto a su exclusivo y sofisticado
grupo de amigos: Thom, Susan y Debbie, novia de Bret, experimentan
con el sexo, el alcohol y las drogas mientras aprovechan los últimos
días de verano. Pero este sueño paradisiaco se desmorona con la
llegada de un nuevo alumno: Robert Mallory es brillante, guapo y
carismático, pero algo en él no encaja, y nadie más que Bret parece
darse cuenta de que ese algo podría estar relacionado con la aparición
del Arrastrero, un asesino en serie que amenaza a los adolescentes
de la ciudad y a sus mascotas. El autor de American Psycho y Menos
que cero nos brinda un emocionante y provocador viaje a su yo adolescente,
un viaje cargado de un insaciable deseo sexual y de celos, obsesión
y rabia asesina. Los destrozos es una absorbente historia sobre
la pérdida de la inocencia y el complicado paso a la vida adulta,
y también un vívido y nostálgico retrato de la década de los ochenta;
una narración recorrida por el suspense, el terror, el erotismo
y el inconfundible humor negro característicos de un autor que es
el símbolo de toda una generación.
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«Casos reales», el nuevo libro de Yasmina Reza, ya
está disponible en preventa. Una obra íntima y sorprendente en la
que la autora de Arte y Un dios salvaje vuelve a deslumbrar, entrelazando
su propia vida con la de varios criminales.

En la hoguera narra magistralmente la historia de
Miguel, un joven tuberculoso que se traslada a un pueblo cercano
a Madrid para descansar. Allí conocerá a Inés quien, tras una vivencia
dramática, también ha abandonado la ciudad en busca de soledad.
Pronto aparecerán otros personajes del pueblo: Soledad, Zoilo, la
viuda, los hermanos Rojo, el gitano, los campesinos y mineros? Todos
ellos forman parte de un único protagonista común, que sobrevive
en un espacio de tedio y vacío, y que afronta cada nuevo día como
una batalla contra la nada. En la hoguera es un espléndido retrato
de la España rural de los años cincuenta, marginada y relegada injustamente
al olvido, y de unas gentes que se debaten cada día entre la esperanza
y el abandono. Novela ganadora del Premio Gabriel Miró en 1957.

Diez días en un manicomio es un libro de la periodista
estadounidense Nellie Bly. Inicialmente se publicó como una serie
de artículos para el New York World fruto de una investigación encubierta
en un manicomio de mujeres; Bly luego compiló los artículos en un
libro, que fue publicado en 1887. En 1887, Nellie Bly aceptó una
propuesta del editor del periódico donde trabajaba, Joseph Pulitzer,
para realizar una investigación encubierta en un manicomio para
mujeres. Después de pasar una noche practicando expresiones frente
a un espejo, se registró en una pensión. Ella se negó a irse a la
cama y les dijo a los huéspedes que les tenía miedo y que parecían
"locos". Pronto decidieron que estaba "loca" y llamaron a la policía
a la mañana siguiente. Llevada a un tribunal, afirmó tener amnesia.
El juez concluyó que había sido drogada. El jefe del pabellón de
locos del Hospital Bellevue la declaró "indudablemente loca". El
caso de la "chica bastante loca" llamó la atención de los medios:
"¿Quién es esta chica loca?" preguntó el New York Sun. El New York
Times escribió sobre la "misteriosa niña abandonada" con la "mirada
salvaje y angustiada en sus ojos" y su grito desesperado: "No puedo
recordar, no puedo recordar". Una vez admitida en el asilo, Bly
abandonó cualquier pretensión de enfermedad mental y comenzó a comportarse
como lo haría normalmente. El personal del hospital parecía no darse
cuenta de que ya no estaba "loca" y, en cambio, comenzó a informar
sus acciones ordinarias como síntomas de su enfermedad.

Incluso sus súplicas para que la liberaran se interpretaron
como nuevos signos de enfermedad mental. Hablando con sus compañeros
pacientes, Bly estaba convencida de que algunos estaban tan "cuerdos"
como ella. Bly experimentó las condiciones deplorables de primera
mano. Las enfermeras se comportaron de manera odiosa y abusiva,
diciéndoles a los pacientes que se callaran y golpeándolos si no
lo hacían. La comida consistía en caldo de gachas, carne de res
en mal estado, pan que era poco más que masa seca y agua sucia e
imbebible. Los pacientes peligrosos eran atados con cuerdas. Los
pacientes fueron obligados a sentarse la mayor parte del día en
bancos duros con escasa protección contra el frío. Los desechos
estaban por todos lados en los lugares para comer. Las ratas se
arrastraban por todo el hospital. Sobre el efecto de sus experiencias,
ella escribió:
¿Qué, excepto la tortura, produciría la locura más
rápido que este tratamiento? Aquí hay una clase de mujeres enviadas
para ser curadas. Quisiera que los médicos expertos que me están
condenando por mi acción, que ha probado su capacidad, tomaran a
una mujer perfectamente cuerda y sana, la callaran y la hicieran
sentar desde las 6 de la mañana hasta las 8 de la noche. en bancos
de respaldo recto, no la dejéis hablar ni moverse durante estas
horas, no le deis lecturas y no le hagáis saber nada del mundo ni
de sus cosas, dadle mala comida y malos tratos, y veréis cuánto
tarda en llegar. volverla loca. Dos meses la convertirían en un
desastre mental y físico.
Después de diez días, su periódico aseguró la liberación
de Nellie Bly del manicomio. Su informe, publicado primero en The
New York World y luego lanzado como libro, causó sensación y le
dio una fama duradera. Sobre su liberación, Bly escribió: "Salí
de la sala de locos con placer y arrepentimiento: placer de poder
disfrutar una vez más del libre aliento del cielo; Lamento no haber
podido traer conmigo a algunas de las desafortunadas mujeres que
vivieron y sufrieron conmigo y que, estoy convencida, están tan
cuerdas como yo lo estaba y ahora soy yo misma."
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Robert Louis Stevenson no debía vivir más allá de
los treinta años, según decían los médicos. Desde niño había sido
frágil y enfermo, con una respiración difícil, fiebres y ataques
que lo dejaban exhausto. Nacido en Edimburgo en 1850, creció en
el seno de una familia acomodada de ingenieros, donde su padre,
Thomas Stevenson, esperaba que el hijo siguiera la tradición familiar.
Pero Louis —como lo llamaban— tenía otros planes. Pasó gran parte
de su infancia en cama, leyendo y soñando. Como no podía correr
ni jugar, inventaba mundos: levantaba teatros con muñecos de plomo,
imaginaba mares, tesoros y héroes. Sus padres esperaban que superara
esa “inmadurez”. No lo hizo nunca. Estudió Derecho en la Universidad
de Edimburgo, para complacer a su padre, pero jamás ejerció. En
cambio, viajó cuando la salud se lo permitía, escribiendo ensayos
y relatos de viaje que apenas le daban para vivir. En 1876 conoció
a Fanny Van de Grift Osbourne, una estadounidense separada y madre
de dos hijos. Se enamoró de ella, y cuando ella regresó a California,
Stevenson la siguió, cruzando el Atlántico y los Estados Unidos
a través de trenes y barcos humildes.
El viaje casi lo mata. Llegó enfermo, pero se casaron
en 1880. Fanny se convirtió en su enfermera, su compañera y su protectora.
En 1881, Louis y Fanny se refugiaron en una pequeña casa en Escocia
con el hijo de Fanny, Lloyd Osbourne, de doce años. Llovía sin cesar.
Para distraerse, el muchacho dibujó un mapa de una isla imaginaria.
Stevenson lo miró y vio una historia. Añadió nombres, montañas,
bahías, una “Colina del Telescopio” y, en el centro, una cruz marcada
con una X. Así nació la idea de La isla del tesoro. Cada tarde escribía
un capítulo y lo leía en voz alta después de la cena. Lloyd escuchaba
fascinado, y los adultos también se dejaron llevar por la aventura.
Incluso el severo padre de Stevenson, ingeniero y racional, se entusiasmó
tanto que sugirió ideas para la trama. El resultado fue un relato
de pura emoción: Jim Hawkins, un joven valiente, un mapa misterioso,
un viaje al mar y el carismático pirata Long John Silver, el villano
más humano que la literatura infantil había conocido. Lo extraordinario
es que Stevenson inventó casi todo lo que hoy consideramos “típico”
de los piratas: el mapa con una X, el cofre enterrado, el loro en
el hombro, las canciones marineras, la bandera de calaveras y tibias.

Tal como él quería, su sepultura está en el monte
Vaea, de origen volcánico. Su epitafio dice: “Bajo el inmenso y
estrellado cielo, / cavad mi fosa y dejadme yacer ./ Alegre he vivido
y alegre muero. / Pero al caer quiero haceros un ruego. / Poned
sobre mi tumba este verso: / ‘Aquí yace donde quiso yacer. / De
vuelta de la costa está el marinero, / de vuelta del monte está
el cazador’”.
Los piratas reales nunca fueron así, pero los de
Stevenson conquistaron la imaginación del mundo. El manuscrito fue
publicado primero en 1881–1882 en la revista Young Folks bajo el
título The Sea Cook, or Treasure Island. El éxito fue discreto.
Pero en 1883, al aparecer en libro, se convirtió en un fenómeno.
Por primera vez, Stevenson fue famoso y económicamente libre. Siguieron
otras obras maestras: Kidnapped (1886), The Strange Case of Dr.
Jekyll and Mr. Hyde (1886), The Master of Ballantrae (1889). Pero
su salud siguió deteriorándose. Los médicos le recomendaban climas
suaves: Suiza, el sur de Francia, los Alpes, América. Nada lo curaba.
En 1888, él y Fanny emprendieron un viaje hacia el Pacífico Sur.
Visitaron las Marquesas, Tahití, y finalmente Samoa, donde se establecieron.
Allí, sorprendentemente, Stevenson recuperó fuerzas.
Construyó su casa, Vailima, y fue querido por los samoanos, que
lo llamaban Tusitala, “el narrador de historias”. El 3 de diciembre
de 1894, mientras ayudaba a Fanny en la cocina, se desplomó de repente.
Había sufrido una hemorragia cerebral. Murió aquella noche, a los
44 años. Los samoanos cumplieron su deseo: llevaron su cuerpo al
monte Vaea, para que descansara mirando al mar. En su tumba grabaron
los versos que él mismo había escrito: Aquí yace donde deseaba estar;
de regreso del mar, está el navegante; y de regreso de la colina,
el cazador. Así terminó la vida del hombre que, enfermo y soñador,
inventó la aventura moderna.
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El futuro de ‘El Principito’: qué ocurre cuando expiran
los derechos de autor de los grandes clásicos de la literatura.

Pásate por la entrada dedicada a la obra, de
nuestra bibliotecaria.
Y por la selección de autores.
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París, 1943. La ciudad aún temblaba bajo el peso de
la guerra, con sus cafés semivacíos y sus luces tenues. Y en una
de esas habitaciones veladas por el humo, Françoise Gilot, de 21
años, conoció a un hombre que cambiaría —y casi consumiría— su vida.
Pablo Picasso tenía entonces 61, ya era una leyenda, y ya resultaba
peligroso, como solo pueden serlo los grandes hombres con un poder
absoluto. La miró y le dijo: «Eres muy joven. Podría ser tu padre».
Ella sostuvo su mirada, sin pestañear. «No es usted mi padre», respondió.
Así era Françoise: acero envuelto en gracia. Él era el sol del mundo
del arte, y durante diez años ella giró a su alrededor —pintando,
amando, resistiendo—. Su amor fue brillante, caótico, embriagador.
Él la dibujó cientos de veces, afirmando que la inmortalizaba. Pero
con cada trazo, también intentaba poseerla. La llamaba «la mujer
que veía demasiado». «Lo amé», admitió ella una vez, «pero también
vi la trampa». A principios de los años cincuenta, la luz comenzó
a apagarse. El gran Picasso —que solía decir que las mujeres eran
«máquinas de sufrir»— se volvió cruel. Exigía adoración, no amor.
Cada discusión se convertía en una tormenta. Cada silencio, en una
herida. «Quería ser a la vez Dios y el niño», recordaba Gilot. «Y
no quedaba espacio para nadie más en ese universo». Una mañana de
1953, tras otra noche de gritos y lágrimas,
Françoise se miró en el espejo de su villa en Vallauris.
Solo tenía treinta y dos años, y sin embargo, su reflejo le pareció
de una antigüedad secular. Detrás de ella, los lienzos de Picasso
la observaban como ojos vigilantes. Por primera vez, no vio su sombra:
se vio a sí misma. Se volvió hacia él y dijo con serenidad: «Me
voy». Picasso soltó una risa fría, incrédula. «No puedes dejarme.
Nadie abandona a Picasso». Pero lo hizo. Salió de allí sin drama,
sin lágrimas, con la fuerza serena de una mujer reclamando su alma.
Tiempo después, recordaría aquel día no como un final, sino como
un comienzo. «No era una prisionera», afirmó. «Vine porque quise…
y me fui cuando quise». Él intentó destruirla por ello. Llamó a
galerías y les dijo que nunca exhibieran su obra. «A la gente nunca
le importarás», le espetó. «Solo les importará que una vez me conociste».
Pero Françoise se negó a desaparecer. En 1964, publicó Vida con
Picasso —un libro que despojó al mito de su aura y narró su verdad
con claridad y elegancia—. La crítica lo tachó de escandaloso. Picasso
lo llamó traición. Ella lo llamó libertad. Y la libertad se convirtió
en su obra maestra. Años después, volvería a enamorarse —del Dr.
Jonas Salk, el hombre que erradicó la polio—. «Picasso quería poseer
el mundo», comentó ella en voz baja, «Jonas quería salvarlo».

Con el tiempo, el mundo comprendió lo que Picasso
nunca logró ver: que Françoise Gilot no era una musa. Era una artista.
Sus lienzos estallaban en color y fuerza —autorretratos que hablaban
de supervivencia, resiliencia y renacimiento—. Sus obras cuelgan
hoy en el Met, el MoMA y el Centre Pompidou: testimonios silenciosos
de una mujer que se negó a ser definida por nadie más que por ella
misma. Cuando, ya mayor, le preguntaron cómo había reunido el valor
para marcharse, sonrió y respondió: «Porque la libertad es el único
amor que merece la pena conservar». Picasso pintó su rostro cientos
de veces. Pero ella —ella pintó su propio destino. Y así, Françoise
Gilot se convirtió en la única mujer que no solo vivió en la sombra
de Picasso. Salió de ella —y entró en su propia y brillante luz.
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"Un tanque es algo increíblemente complicado", explica
el historiador británico James Holland. "Lo que quieres es que ese
armatoste tan pesado y complicado sea lo más simple posible, y en
eso los americanos eran maestros consumados: en lograr la simplicidad
del diseño", añade. Holland, autor de varios libros sobre la Segunda
Guerra Mundial, lo sabe bien porque él mismo pudo conducir un Sherman
made in USA del mismo tipo de los que cruzaron Europa desde Normandía
hasta Berlín entre junio de 1944 y abril de 1945. "Con el Sheman
los estadounidenses reducían el diseño a lo esencial. Podía cambiar
su motor en apenas dos horas, directamente en el campo, algo impensable
para un Tiger alemán. Mientras los aliados avanzaban, tenían que
cruzar ríos cuyas vías de comunicación el enemigo había destruido
durante su retirada. Cada puente derribado representaba un obstáculo
que había que superar rápidamente. La solución más práctica y veloz
era desplegar un puente Bailey de clase 40, capaz de soportar el
peso de un Sherman y permitir que el avance continuara sin demora.".
No parecía hace unos años que escribir en la prensa sobre puentes
como el Bailey –denominado así por el ingeniero británico Donald
Bailey, quien ideó la estructura de puente montable como un gigantesco
mueble de IKEA sueco– y que los aliados llevaban bajo el brazo en
su avance por la Europa ocupada por el Tercer Reich en el 44, pudiera
tener un reflejo en la actualidad. Pero cobra interés después de
que la semana pasada la máxima representante de la UE para Asuntos
Exteriores, Kaja Kallas, lanzara una advertencia: "Si un puente
no puede soportar un tanque de 60 toneladas, si los túneles ferroviarios
son demasiado pequeños y los anchos de vía demasiado estrechos para
acomodar vehículos militares, tenemos un problema". Las advertencias
de la representante estonia en la UE a los miembros de la Comisión
iban aún más allá: "El actual compromiso de tener que avisar con
45 días para que los tanques y las tropas de infantería puedan cruzar
fronteras está claramente obsoleto". Imaginar tanques por las carreteras
de Europa es una idea que ha mutado de ser impensable a ser probable
con sus subsiguientes complicaciones logísticas y tácticas, ya que
la función de los carros blindados sigue siendo la misma que en
1944. Es más, la mayor diferencia es que de un tonelaje de 40 o
50, como eran los Sherman americanos o los Tiger alemanes, se ha
pasado a superar los 60, como en el caso de los Leopold actuales,
lo que dificulta en mucha mayor medida el paso de los blindados.
¿Qué lecciones actuales se pueden extraer delos blindados de la
Segunda Guerra Mundial? El tanque Sherman de 30 toneladas es un
protagonista esencial de la nueva obra de James Holland Hermanos
de Armas (Ático de los Libros), que analiza el regimiento de voluntarios
de Gran Bretaña de los Sherwood Rangers, que comenzaron como arma
tradicional de caballería, el Nottinghamshire Imperial Yeomanry,
con corceles desplegados en Palestina en 1918, y que en apenas veinte
años estaban montados dentro de un carro blindado en la crucial
campaña del Norte de África contra los Afrikakorps nazis del general
Erwin Rommel. Una historia que empieza a tener paralelismo con la
actualidad y que brinda lecciones sobre la planificación, la producción
y la logística de guerra.

Pídeselo a los Reyes ...
Sobre el papel los tanques Tiger de la Werhmacth eran
mejores que los Sherman; su blindaje era superior, así como el calibre
de su cañón, pero eran mucho menos maniobrables y también más complicados
de manejar, por lo que su teórica superioridad técnica quedó en
la práctica reducida. Holland explica que había detalles absurdos
que los hacían menos eficientes, como por ejemplo que su munición
debiera cargarse desde el lado izquierdo, cuando la mayoría de la
población es diestra, además de otros aspectos: "El Tiger era un
tanque mucho más complicado de conducir, y eso lo hacía más lento
y difícil de maniobrar en combate. Imaginemos la situación: te disparaban
y necesitabas ponerlo en primera o en marcha atrás para escapar
rápidamente. No era tarea fácil. La caja de cambios preselector
semihidráulica de 18 velocidades, con dos palancas, resultaba increíblemente
compleja. Además, había muchas más cosas que podían fallar en el
momento más crítico. En contraste, en un tanque Sherman bastaba
con meter la marcha atrás y continuar. Eso era exactamente lo que
se necesitaba en el campo de batalla. Por eso, para los comandantes,
la velocidad y facilidad de maniobra era tan crucial como el tamaño
del cañón: la capacidad de moverse rápido podía marcar la diferencia
entre la vida y la muerte". Los combates entre Sherman y Tiger que
aparecen de hecho en la detallada crónica que hace Holland del regimiento
británico corroboran la imagen popular de los tanques alemanes de
películas como Los violentos de Kelly (1970), en la que se mostraba
la superioridad técnica de los Tiger y su único punto débil para
la munición de los Sherman, que era la parte trasera. Pero también
el número fue un aspecto crucial: en la película había un Tiger
por tres Shermans, lo que equivalía a un combate igualado, pero
en la realidad la desproporción de unidades fue mucho mayor: "En
la guerra, la superioridad no siempre se medía en calibres o blindajes,
sino en números y en la capacidad de llegar a tiempo. Y en ese terreno,
el Sherman reinaba sin discusión. Había 36 por cada Tiger que los
alemanes lograban sacar de fábrica. Al final del conflicto, apenas
habían existido 1.347 Tigers, y menos de quinientos King Tiger.
En contraste, los aliados inundaron los campos de batalla con 49.000
Sherman, y con otros 74.000 chasis que podían reconvertirse en casi
cualquier cosa. Esa era su verdadera fuerza: podían transformarse
en cañones autopropulsados, transportes de tropas, vehículos de
recuperación, bulldozers… lo que hiciera falta. El Tiger, orgulloso
y temible, carecía de esa flexibilidad. Alemania no podía producir
en masa; sencillamente no sabía, ni tenía la infraestructura. Su
respuesta fue apostar por lo que consideraba ‘mejor’: menos unidades,
más complejas, más sofisticadas. Pero esa lógica tenía un talón
de Aquiles que pocos mencionaban: Alemania no era, en 1939, una
sociedad mecanizada. Había cuarenta y siete alemanes por cada vehículo
motorizado. En Estados Unidos, solo tres. Eso significaba que un
soldado estadounidense promedio ya había crecido con un volante
entre las manos; uno alemán, no", subraya Holland.

El historiador británico James Holland.
Esta es una de las cuestiones que se asemejan ahora
a la actualidad para el autor británico, ya que el enfrentamiento
Sherman vs Tiger fue una buena metáfora de lo que ocurrió en el
campo de batalla en 1944-45 en Europa, y una pista de lo que puede
deparar el futuro con la amenaza creciente de Rusia ¿Necesita Europa
fabricar más tanques, allanar las infraestructuras de transporte,
limitar las restricciones de movimiento de tropas? "Bueno, vuestro
primer ministro —Pedro Sánchez— proclamó a los cuatro vientos que
ningún tanque ruso cruzaría los Pirineos, pero lo cierto es que
no lo sabemos", comenta Holland, quien ha sido incluido por la diplomacia
rusa como indeseable en una lista de representantes de medios. "Tenemos
una responsabilidad colectiva en Europa. Me duele que haya ocurrido
el Brexit, porque no creo que sea útil en este momento en tantos
niveles diferentes, y desde luego no es particularmente útil desde
el punto de vista de la defensa. Mira, Europa tiene 785 millones
de personas. Tiene mentes brillantes, mucho dinero a pesar de lo
que se diga, y no hay absolutamente ninguna razón por la que no
podamos rearmarnos de manera muy grande. Es una vergüenza que la
gente esté gastando menos del 5% en defensa en este momento. Tenemos
que espabilar. No hay ninguna razón por la que Estados Unidos deba
seguir defendiendo Europa". El aspecto clave del relato de James
Holland es, sin embargo, el de esos voluntarios civiles que no sabían
nada del ejército y que, en muchos casos, solo eran buenos jinetes,
pero que terminaron en el frente de batalla dentro de tanques. Es
el caso de Stanley Christopherson, un oficial de los Sherwood Rangers
procedente de la clase alta, uno de los protagonistas de Hermanos
de Armas, junto a George Dring, antiguo herrador de la época en
que el regimiento de caballería de los Rangers aún usaba caballos.
Narrativamente, todo esto le brinda a Holland la posibilidad de
una historia en la que se mezclan personajes de muy diversa procedencia
a partir de sus diarios y cartas .en la línea de lo que había hecho
ya Stephen Ambrose con Hermanos de Sangre, o también de James D.
Hornfischer con The Last of the tin can soldiers- y que permite
una descripción con extraordinario detalle de la unidad y de las
acciones de combate.

Un Sherman Firefly pasando por Geldern, Alemania,
en marzo de 1945.
"Una de las cosas que siempre me han fascinado de los Sherwood Rangers
es la extraordinaria variedad de personas que los formaban. Aquel
regimiento reunía a hombres que, en cualquier otro momento de sus
vidas, jamás habrían vestido un uniforme ni, mucho menos, se habrían
imaginado como soldados a tiempo completo. Y, sin embargo, allí estaban,
compartiendo blindados, trincheras y jornadas interminables. Esa mezcla
insólita creó algo singular: un grupo donde convivían miradas muy
distintas sobre el mundo, hombres que aportaban experiencias de oficios,
viajes y vidas previas que nada tenían que ver con el ejército. Y,
paradójicamente, esa diversidad resultó ser una fortaleza", destaca
el historiador. En ese sentido, un relato actual de los ejércitos
profesionales que hay en el continente sería muy distinto, y para
Holland el hecho de la participación civil en el ejército durante
la Segunda Guerra Mundial supuso una ventaja apreciable: "Una de las
características más reveladoras de la Segunda Guerra Mundial es que
los ejércitos que la combatieron eran, en gran medida, ejércitos del
pueblo. Y en el caso británico, aquella masa de ciudadanos-soldados
terminó convirtiéndose, hacia el final de la contienda, en una fuerza
más flexible y eficaz que el ejército profesional que había existido
al comienzo. El rígido sistema de regimientos seguía ahí, por supuesto,
pero se había vuelto menos inflexible, más permeable a las ideas y
talentos que llegaban de fuera. Y eso, sin duda, fue algo profundamente
positivo".
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Fue mientras trabajaba en otro libro “que jamás he
podido culminar”, cuando la escritora nacional Claudia Apablaza
(47) empezó a trabajar en una novela nueva. Al principio trataba
solo de una historia sobre el exilio, pero luego sumó otra capa.
“Narraba la historia de un personaje llamado Aquiles, su exilio,
la pérdida de su mano, el viaje que emprendió desde Chile a Brasil
-cuenta a Culto-. El texto comenzó a abrirse, y en un segundo momento
la historia de Aquiles la conecté con el presente de Amelia, una
científica. Quise aferrarme más a ese presente, y el texto dio un
giro, ciertos temas se fueron puliendo y otros solapando, como el
tema principal que ahora cruza esta novela, que es el desastre climático,
la catástrofe medioambiental, las técnicas terroríficas para intervenir
el clima en las que se encuentra sumergida e investigando Amelia”.
Así, Apablaza le dio vida a La siembra de nubes (Seix
Barral), su octavo libro, en el que relata cómo esta científica
obtiene una beca para ir a estudiar la siembra de nubes en Canadá,
con todo lo que implica esta forma de tratar la atmósfera, y antes
de partir también se enfrenta al pasado familiar. Oriunda de Rancagua
y editora en el sello independiente Los Libros de la Mujer Rota,
hoy reside en Barcelona.
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Teresita y su familia subsisten en Albaria, un pueblo
de la costa donde el padre trabaja de pescador a temporadas. La
madre limpia casas de día; algunas noches va a cuidar a una anciana
del pueblo. Cuando falta en casa, su vecina Justa se hace cargo
de los niños. Teresita y su hermana mayor también se ocupan de sus
tres hermanos más pequeños. Tras una pelea familiar, el padre se
marcha y el tío Germán —que acaba de abandonar el seminario y trae
consigo un pasado oculto— se instala con ellos. Los niños dejan
de vivir con miedo y juegan con el tío como no habían podido hacerlo
con el padre. Ahora su casa es un hogar. Teresita, a quien el tío
enseña a cantar, se siente fascinada por su carisma y la atención
que le dedica. Él le modula la voz blanca hasta hacerla cantar fuera
de tesitura. Por agradar al tío, ella forzaría su voz hasta quebrarla.
La escritura de Mercè Romero viaja entre el realismo y un delirio
casi místico para acercarse con sensibilidad a los límites de la
infancia y al peso de las cargas familiares. Una novela intimista
y al mismo tiempo social, La voz en la maleza acompaña a la protagonista
en su angustiosa soledad por no revelar un secreto que acarrearía
el desastre familiar.

Este martes se cumplieron 250 años del nacimiento
de una de las escritoras más influyentes de la literatura universal.
Jane Austen nació el 16 de diciembre de 1775 en Steventon, Hampshire,
Inglaterra, y fue la séptima hija del reverendo George Austen. Aunque
publicó sus novelas a comienzos del siglo XIX en un mundo en el
que las mujeres no eran aceptadas como hábiles escritoras, sus personajes,
conflictos y observaciones sociales lograron ser valoradas por millones
de personas conforme fue pasando el tiempo. Es por eso que el cine
volvió una y otra vez sobre sus libros para reimaginar sus historias
en el marco audiovisual.

Dirigida por Ang Lee y estrenada en 1996, Se consolidó
como una de las adaptaciones más prestigiosas del universo Austen.
La historia se centra en las hermanas Elinor y Marianne Dashwood,
dos jóvenes de la Inglaterra del siglo XIX que, tras la muerte de
su padre y la pérdida de la herencia familiar, se ven obligadas
a mudarse y a enfrentar un futuro incierto. Mientras Elinor encarna
la razón, el autocontrol y la prudencia, Marianne representa la
pasión, el impulso y la entrega absoluta al amor.
El guion estuvo a cargo de Emma Thompson, quien además
protagonizó el film junto a Kate Winslet, Hugh Grant y Alan Rickman.
Tras su estreno, recibió un amplio reconocimiento de la crítica
y la industria: ganó el Globo de Oro a la Mejor Película Dramática
y al Mejor Guion, obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín
y le valió a Emma Thompson su segundo Premio Oscar, esta vez como
guionista, entregado por Sir Anthony Hopkins.
Estrenada en 2005 y dirigida por Joe Wright, Orgullo
y prejuicio es una de las adaptaciones más reconocidas y populares
de la obra de Jane Austen. La película se basa en la novela publicada
por primera vez el 28 de enero de 1813 de manera anónima, considerada
la más célebre de la autora y una de las primeras grandes comedias
románticas de la historia de la literatura. La trama gira en torno
a las cinco hermanas Bennet: Jane (Rosamund Pike), la mayor y de
carácter dulce; Elizabeth, conocida como Lizzy (Keira Knightley),
inteligente, irónica e independiente; Lydia (Jena Malone), impulsiva
y despreocupada; Mary (Talulah Riley), reservada y reflexiva; y
Kitty (Carey Mulligan), influenciable y tímida. Todas viven junto
a sus padres en Longbourn, una propiedad rural cuya herencia, ante
la ausencia de varones, quedará en manos de su primo, el señor Collins.
En ese contexto, la señora Bennet concibe el matrimonio como la
única posibilidad de asegurar el futuro de sus hijas.

La película es recordada por la gran actuación de
Keira Knightley como Elizabeth Bennet.
El film recibió cuatro nominaciones a los premios
Oscar: Mejor Actriz, Mejor Banda Sonora, Mejor Dirección de Arte
y Mejor Diseño de Vestuario. Actualmente, se encuentra disponible
en Prime Video y tiene una duración de 2 horas y 1 minuto.
Estrenada en 2020, Emma es una película británica
dirigida por Autumn de Wilde y escrita por Eleanor Catton, basada
en la novela homónima de Jane Austen. La historia original corresponde
a la cuarta novela de la autora inglesa, publicada en 1815 en tres
volúmenes, y se distingue dentro de su obra por el retrato irónico
de su protagonista. La película está protagonizada por Anya Taylor-Joy,
quien da vida a Emma Woodhouse, la hija de un rico terrateniente
que vive en un pequeño pueblo rural. Inteligente, privilegiada y
convencida de su talento para unir parejas, Emma disfruta desempeñarse
como casamentera entre sus conocidos, en especial con su protegida
Harriet Smith (Mia Goth), una joven de origen humilde. Sin embargo,
sus buenas intenciones derivan en una cadena de malentendidos y
enredos sentimentales.
A lo largo del relato, la protagonista se ve obligada
a enfrentarse a sus propias contradicciones y a revisar su visión
del amor, hasta descubrir que aquello que buscaba para los demás
siempre estuvo más cerca de lo que imaginaba para ella misma, de
la mano de su amigo, George Knightley (Johnny Flynn). Actualmente,
la película se encuentra disponible en Prime Video y tiene una duración
de 1 hora y 59 minutos.
Estrenada en 2022, Persuasión es una película dramática
dirigida por Carrie Cracknell. Se trata de la última obra que escribió
la autora inglesa, publicada de manera póstuma en 1818, y una de
las más maduras y melancólicas de su producción literaria. La historia
se centra en Anne Elliot, una joven perteneciente a una familia
aristocrática venida a menos que, años atrás, fue persuadida por
su entorno para rechazar al hombre que amaba, el capitán Frederick
Wentworth, debido a su baja posición social y a la falta de estabilidad
económica. Esta decisión marcará su vida para siempre y la hundirá
en un profundo arrepentimiento. Sin embargo, debido a una serie
de dificultades financieras que afectan a la familia de Sir Elliot,
Anne y Wentworth volverán a encontrarse. La película está protagonizada
por Dakota Johnson en el papel de Anne Elliot, acompañada por Cosmo
Jarvis como Frederick Wentworth y Henry Golding como Mr. Elliot,
dando una adaptación más actualizada de la obra. Actualmente, Persuasión
se encuentra disponible para ver en Netflix y tiene una duración
de 1 hora y 49 minutos.

Estrenada en 1999, Mansfield Park es una comedia romántica
británica basada en la novela de Jane Austen. La película fue escrita
y dirigida por Patricia Rozema y se distingue por ofrecer una lectura
más audaz y crítica del texto original. La historia sigue a Fanny
Price, interpretada por Frances O’Connor, una joven que es enviada
desde muy pequeña a vivir con sus tíos adinerados en la mansión
de Mansfield Park. Allí recibe una educación destinada a formarla
según las normas y costumbres de la alta sociedad, con la expectativa
de que logre un matrimonio conveniente. Sin embargo, Fanny se revela
como una mujer inteligente, sensible e independiente, cualidades
que la colocan en tensión constante con el entorno que intenta moldearla.
Actualmente, la película se encuentra disponible en Prime Video
y tiene una duración de 1 hora y 51 minutos.
Muere el novelista gallego José María Pérez Álvarez,
celebrado por Goytisolo en 'The Times' y a quien plagió Bryce Echenique.

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En noviembre de 2020, pocos meses antes de publicar
su primera novela, la autora de este libro estuvo a punto de morir.
Un sábado como cualquier otro, en su casa, sin saberlo, ella y su
pareja se estaban muriendo. La caldera tenía una fuga y el monóxido
de carbono les fue adormeciendo hasta que Marta se levantó a duras
penas para ir al baño. Ahí, cayó desplomada y se golpeó la cabeza.
Cinco años ha necesitado para narrar esta experiencia en una historia
que conjuga la tensión narrativa, la ansiedad y la esperanza. Oxígeno
es «el libro que nunca hubiera querido escribir», el relato de los
minutos en los que se les escapaba la vida, el de los meses que
siguieron el accidente y el de los años que lo precedieron todo,
cuando se enamoraron y empezaron a construir una vida sin pensar
que podría terminar en cualquier momento. Combinando con maestría
la sensibilidad, el sentido del humor y la lucidez, la autora mira
de frente a la muerte para celebrar el asombro diario de seguir
aquí.
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