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20-Julio-2026

Ángel, quien de niño llegó a un barrio obrero de la capital huyendo de la violencia, se enfrenta, como estudiante de medicina de una universidad sacudida por fuertes protestas estudiantiles, como graves dilemas éticos y políticos que lo hacen sentir como un cobarde. Años después, cuando el azar termina por involucrarlo en una relación sentimental con Franca, una joven de distinta condición social que acaba de huir de un matrimonio opresivo, su vida toma un rumbo impredecible que lo lleva a situaciones límite.

El día en que Pedro José pierde el pedazo de metal que le dio su madre para comprar plátano, arroz y carne seca, decide montarse en la primera embarcación que le permitirá atravesar la selva chocoana y llegar hasta Istmina. Allí buscará a un maestro que le enseñará a leer. Los personajes de Arnoldo Palacios transforman su habla y convierten este relato en un espejo de la lucha por la supervivencia en medio del olvido estatal y la polarización social. Los personajes de esta novela convergen en un crisol de experiencias, en el que cada encuentro resalta la complejidad de una sociedad marcada por el racismo y la migración. Ambientada en la época de la república liberal, hasta los días que siguieron al Bogotazo, La selva y la lluvia nos lleva en un viaje que captura la esencia de un pueblo en transformación.

Una madre y su niño viajan en canoa por el caudaloso río Atrato. La madre es blanca, el niño es negro. Entre manglares, frutas y trenzas, la narradora le va contando a la pasajera de al lado su infancia, sus recuerdos y cómo el pequeño llegó a su vida una mañana calurosa. La lancha avanza, la inquietud se acrecienta. La mujer preferiría no llegar o dar la vuelta. Esta es una historia sobre el arraigo, el miedo y la maternidad en un contexto de violencia, sobre los peligros de la selva colombiana. A través del lirismo de su prosa, Lorena Salazar Masso crea una atmósfera adictiva y nos traslada a un mundo a veces onírico y otras descarnadamente realista en el que la ternura y la belleza de las imágenes salpica.

Premio Rómulo Gallegos 2009, El País de la Canela es la historia de una expedición fracasada, de la locura que se apoderó de aquellos conquistadores del Nuevo Mundo que deliraban a causa de las promesas de oro y opulencia.

«Fue en las terrazas saqueadas del Quzco donde Gonzalo Pizarro oyó por primera vez hablar del País de la Canelea. Él tenía como todos la esperanza de que hubiera canela en el Nuevo Mundo, y cuando oudo dio a probar a los indios bebidas con canela, para ver si la reconocían. [...] Sé que los indios no pudieron haberle descrito todo con exactitud, porque las dificultades de comunicación eran muchas, pero Pizarro adivinó las arboledas rojas de árboles leñosos y perfumados, un país entero con toda la canela del mundo, la comarca más rica que alguien pudiera imaginar.»

Un grupo de hombres, guiados al principio por Gonzalo Pizarro y después por Francisco de Orellana, emprende una expedición en busca de un soñado bosque de canela. Bajo su mando, los doscientos españoles, los cuatro mil indios y los dos mil perros de presa, llamas y cerdos que forman parte de la expedición encontrarán increíbles parajes, seres nunca vistos y el más caudaloso de los descubrimientos: el río Amazonas.

El relato clásico del escritor colombiano acerca de lo ocurrido el 9 de abril de 1948 en la capital de Colombia se reeditó en 2023, 40 años después. y en 2023, a 75 años un evento catastrófico en la historia de Colombia que se ha conocido como “El Bogotazo”, cuando la capital y el país entero se vieron azotados por la violencia, tras el asesinato en la calle, y a plena luz del día, del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán.

Una de las piezas más importantes que se han concebido al respecto, junto a títulos como “Mataron a Gaitán”, de Herbert Braun, o “Cóndores no entierran todos los días”, de Gustavo Álvarez Gardeazábal.

Cuando la guerra se extingue en sus propios métodos, los medios empiezan a transformarse. Cuando las promesas se diluyen, las luchas se convierten en ficciones. Y cuando las armas comienzan a ser cada día más pesadas, se regresa a la búsqueda de la identidad sin ellas. Alfredo Molano les da voz a dos personajes que nunca antes había abordado: el ideólogo, perteneciente a la clase media trabajadora y profesional, cuya lucha revolucionaria se gestaba en las aulas universitarias a mediados del siglo XX, y el militante de los grupos paramilitares, producto de la división de la sociedad y la complejidad del conflicto colombiano. Seis historias de vida desgarradoras, historias de desmovilización, reencuentros y desarraigo; desde la contradicción de la selva hasta la soledad del despojo.

Hay muchos estudios sobre la violencia en Colombia, pero pocos logran retratarla de forma tan vívida como Alfredo Molano. Esta obra está compuesta por siete relatos, unos de víctimas, otros de victimarios, a partir de los cuales nos adentramos en lo más complejo y humano de la guerra, del despojo, del sufrimiento que entraña la violencia y sus más profundas contradicciones. Es el retrato de un país que quedó irremediablemente dividido después del 9 de abril de 1948.

Pocos temas de coyuntura ocupan la atención como la puja entre Estados Unidos y el régimen de Venezuela por el controvertido empresario colombiano Alex Saab. Pocos periodistas conocen esta historia como Gerardo Reyes, que en este relato muestra facetas desconocidas de este las relaciones de Saab con Hugo Chávez y políticos colombianos como Piedad Córdoba. Un libro revelador y de candente actualidad. Un relato que muestra las relaciones de Saab con Nicolás Maduro y políticos colombianos.

Veinte años después de la aparición de Las mujeres en la guerra , libro de testimonios de diez mujeres involucradas en el conflicto colombiano desde orillas distintas —que aún se estudia en colegios y universidades—, Editorial Planeta lanza esta edición conmemorativa. Incluye las historias actualizadas de estas mujeres cuyas vidas, narradas con una sinceridad pasmosa por la periodista Patricia Lara Salive, retratan no solo sus motivaciones más profundas, sino los distintos porqués del conflicto.

"En algunos de sus relatos Gabriel García Márquez habla de un hombre que está muriendo de indigencia en el paraíso. Cualquier colombiano, rico o pobre, puede hoy reconocerse allí." "Hemos hecho del más privilegiado territorio del continente una desoladora pesadilla. Las sierras eléctricas aniquilan una naturaleza que podría salvarnos; la conquista de América prosigue con su viejo rostro brutal contra los hombres y las selvas; la peste del olvido borró nuestros orígenes y nuestros sueños. Pero todos necesitamos un país. Las páginas que siguen no son más que un esfuerzo sincero por entender lo que somos: un escritor tiene el deber de ser parte de su tierra y de su época. Reinventar el país no puede ser tarea de unos cuantos, pero la enormidad de la labor casi exige milagros. Recuerdo entonces aquellas palabras de Voltaire nsobre los hombres de su tiempo: 'Necesitaban milagros: los hicieron'".

Por las sendas de El Ubérrimo, es un texto valiente, rigurosamente documentado, que renueva la información sobre algunos temas que han marcado la compleja historia de Colombia en las últimas décadas: paramilitarismo, desalojo violento de tierras y usurpación del poder para beneficios particulares.

Estas crónicas escritas por Pilar Lozano, a lo largo de varios años de trabajo periodístico, son un duro recorrido por la historia de vida de niños y niñas y adolescentes que estuvieron vinculados, como en los peores tiempos de la esclavitud, con los grupos armados ilegales de Colombia. Estas, y otras historias de este libro, muestran la huella del conflicto en la infancia de nuestro país. Este libro reitera la tragedia humanitaria que simboliza para las niñas, los niños y los pueblos sucumbir y perderlo todo por el conflicto armado. Es el resultado de muchas jornadas de la periodista tras cada una de las historias, a lo largo y ancho de Colombia. Logra testimonios tan sentidos que muchas veces se confunde el género periodístico con el cuento o la novela.

La rebelión de las ratas es una obra acerca de la rebelión de las clases bajas de un pueblo ficticio llamado Timbalí, en Boyacá, que viven oprimidos y explotados por las fuerzas industriales. Su mundo es el de la pobreza, la miseria y la desesperanza. La novela muestra el infierno social de las comunidades que viven por y para alimentar el engranaje económico de las sociedades capitalistas. Se desarrolla en enero de 1962 en el municipio de Santa Rosa de Viterbo, denominado Timbalí en la historia.

Javier Ocampo López (1939–2014) fue un destacado historiador, escritor y folklorista colombiano que dedicó gran parte de su vida a recopilar, estudiar y difundir la tradición oral, los mitos y las leyendas de Colombia. Mitos, leyendas y relatos colombianos (2006) es na obra clave que reúne los relatos más representativos de la cultura popular y el sustrato mítico del país. Leyendas populares colombianas (1996) es un riguroso recorrido por las historias que configuran el imaginario colectivo regional y nacional. Mitos y leyendas indígenas de Colombia se enfoca en la cosmovisión de los pueblos originarios y sus deidades ancestrales. Otras publicaciones relevantes incluyen Mitos colombianos, Supersticiones y agüeros colombianos y Mitos y leyendas bogotanas.

Este libro reúne los testimonios de los principales dirigentes del M-19, —Jaime Bateman, Iván Marino Ospina, Álvaro Fayad, Carlos Pizarro y Antonio Navarro Wolf—, en los cuales se va perfilando la historia del grupo insurgente: sus orígenes, sumergidos en la violencia desatada luego de la muerte del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán; sus ideales; sus acciones guerrilleras y sus reiteradas apuestas por la paz, hasta su desmovilización y transformación en partido político. Patricia Lara ha enmarcado estas semblanzas dentro de la historia de la violencia colombiana. Ha incluido, también, importantes documentos oficiales y del movimiento subversivo que le permiten al lector conocer las distintas posiciones ideológicas que se debatían en ese momento sobre temas como la lucha armada, la paz, el juzgamiento de los implicados en acciones violentas y la amnistía. Por la variedad de temas y por su enfoque testimonial, Siembra vientos y recogerás tempestades nos hace repensar nuestra historia, mirar de manera crítica el presente y, así, buscar nuevos caminos para la solución del conflicto que nos aqueja.

A finales de los años ochenta y principios de los noventa, acorralados por la pobreza, el tedio y la desesperanza, los adolescentes del barrio de Aranjuez, en Medellín, no tenían otra alternativa que la violencia: para ser alguien debían empuñar un arma, sin importarles que a la vuelta los esperara, inevitablemente, la muerte. Desoladora, emotiva, apasionante, esta novela testimonial es más que la historia de unos jóvenes; es, de algún modo, el espejo de una época y de un país.

Hay algo en el tono de Laura Ortiz que suena distinto, que la destaca como una estrella en el lienzo ya radiante de la literatura latinoamericana reciente, copado, por fin, de voces de mujeres jóvenes. Quizás sea su modo de contar la tragedia sin jamás aligerarla ni vampirizarla, sino oponiéndole la porfía salvaje de la vida, el calor del deseo, un oído fino para la verdad de los detalles. Hay en Sofoco tanto talento que te vas a encontrar sonriendo a veces, sin darte cuenta. «A pesar de su aparente forma tradicional, la singularidad de esta obra está en la fuerza de sus imágenes y en la notable construcción de escenarios. Con lenguaje literario y lenguaje coloquial, los relatos presentan voces bien definidas llenas de detalles y belleza. La obra, además, tiene reflexiones brillantes y destreza para plasmar tintes de humor.» Claudia Ulloa, Giuseppe Caputo y Nubia Macías

El río Magdalena es la principal razón por la que Colombia existe como nación. Es el surco de vida que permitió a los colombianos establecerse en un territorio que es de las geografías más complejas de todo el planeta. En la cuenca del Magdalena viven cuatro de cada cinco habitantes del país y es la fuente del ochenta por ciento de la riqueza económica de la nación. El Magdalena es al mismo tiempo corredor de comercio y fuente de cultura; es el manantial del que nacen la música, la literatura, la poesía y las plegarias de Colombia. En los tiempos más oscuros fue convertido en cementerio, una corriente amorfa de muertos. Sin embargo, siempre regresa como un río de vida. Durante los peores años de violencia, la Magdalena nunca abandonó a su gente. Siempre fluyó. Quizás ahora, como sugiere este libro —resultado de cinco años de viajes desde el nacimiento del río en el Macizo Colombiano hasta su desembocadura en Bocas de Ceniza— sea el momento de retribuir sus esfuerzos y dejar que se depure de todo lo que ha mancillado sus aguas. Magdalena. Historias de Colombia descubre los paisajes y riqueza natural del río, su cuenca y sus gentes. Este libro es una larga declaración de amor a Colombia, una tierra "de colores y cariño" como la ha descrito su autor, un mensaje de que necesitamos volver a mirar al Río Grande de la Magdalena como eje de la reconciliación que requiere el país.

El palacio sin mascara es lo que nadie le dijo al país durante 22 años en torno al holocausto del 6 y 7 de noviembre de 1985, tiempo durante el cual pareciera que se hubiera realizado un pacto para ocultar parte de la verdad de lo ocurrido allí. Se trata de un reportaje en el cual ni una sola palabra deja de estar sustentada en documentos obtenidos por el autor en seis juzgados penales, en el Tribunal Especial de Instrucción Penal, en la comisión de la Verdad, en el Consejo de Estado, en la Procuraduría General de la Nación, en Tribunales Contenciosos Administrativos y especialmente en la Fiscalía General de la Nación que volvió sobre la investigación de delitos que permanecieron, como la desaparición forzada agravada.

Genoveva Alcocer, vive en Cartagena, Colombia, en el siglo XVIII, una época en la que la superstición aún tiene mucho poder, las nuevas ideas provocan cambios significativos y la astrología es tan arriesgada como la astronomía.

Un niño guerrillero y un teniente del ejército relatan sus dramáticas experiencias cuando coinciden en la misma selva y en el mismo campo de batalla, pero en trincheras enfrentadas. Esta historia desgarradora -que se relata en primera persona- da testimonio de la vida miserable que padecen los niños que son obligados a combatir en las guerrillas. Enrique -el protagonista- es un niño campesino, que a sus nueve años fue reclutado a la fuerza por la guerrilla. Durante cuatro años lo sometieron a entrenamiento militar y a adoctrinamiento político. Le enseñaron a odiar al Estado, a los ricos, a los políticos, a los burgueses y a los gringos. Aprendió que «la lucha de clases» y «la combinación de todas las formas de lucha», hacen parte del evangelio de los revolucionarios y que el propósito fanático de tomarse el poder por las armas, justifica ataques contra la fuerza pública, más atropellos y abusos contra los campesinos que se resistan a colaborar.

Luego del derrumbe, las máquinas se van de San Antonio. De la mina solo quedan unos pozos en los que, después de una larga sequía, aparecen los restos de un cuerpo. Nadie grita tu nombre es la historia de K., que recuerda su infancia en ese lunar de barro en la geografía nacional. Allá, en esa tierra abierta, quedan su mamá y su abuela. Allá encontró la marimba: esa pepita de oro que le dio un brillo diferente al porvenir. Harold Muñoz ha reescrito Nadie grita tu nombre, libro que ganó el Premio de Novela Emecé-Idartes en el 2017, y que hoy, en otra versión, regresa a librerías para condensar en un solo grito el nombre de los vivos y las iniciales de los muertos.

La obra reúne testimonios, reflexiones y documentos sobre los trágicos hechos ocurridos los días 6 y 7 de noviembre de 1985 en Bogotá. Aborda el episodio desde una perspectiva enfocada en los derechos humanos, la memoria histórica y los procesos de reconciliación nacional.

Durante los últimos veinticinco años, Colombia vivió una transformación tan profunda como incompleta: la violencia organizada se redujo de manera notable, pero no desapareció. Distintos gobiernos ensayaron respuestas que parecían opuestas -negociar o golpear, abrir mesas o usar la fuerza- y que, sin embargo, terminaron cruzándose una y otra vez. La danza y el martillo propone una tesis novedosa para entender ese recorrido: Colombia no redujo la violencia escogiendo entre diálogo y coerción, sino combinándolos de forma tensa, imperfecta y cambiante. La danza nombra las negociaciones, pactos y arreglos que buscan contener el uso de la violencia; el martillo, la presión armada y judicial que modifica las relaciones de fuerza. Juan Carlos Garzón y María Victoria Llorente reconstruyen veinticinco años de decisiones -del Caguán a la Paz Total, de la Seguridad Democrática al Acuerdo con las FARC, de la desmovilización de los paras a la negociación con el Clan del Golfo- y someten a prueba algunos de los mitos más repetidos del debate público: que negociar siempre desarma al Estado, que la coca explica por sí sola la violencia o que la fuerza basta para pacificar. El resultado es una lectura lúcida sobre lo que Colombia aprendió, desaprovechó y aún debe enfrentar: cómo gobernar un orden armado más fragmentado, territorial y difícil de nombrar.

El ciclo de terror, corrupción y tragedia impulsado por las drogas en Colombia no terminó con la muerte de Pablo Escobar en 1993. Justo cuando los colombianos estaban listos para dejar atrás el legado asesino de los cárteles del país, se desarrolló un nuevo y sangriento capítulo. A fines de la década de 1990, los grupos paramilitares de derecha con estrechos vínculos con el negocio de la cocaína llevaron a cabo una campaña de expansión violenta, masacrando, violando y torturando a miles de personas. Acá no ha habido muertos narra la angustiosa historia de tres colombianos comunes que arriesgaron todo para revelar la lucha entre la nueva mafia y gran parte del cuerpo militar y político del país: Jesús María Valle, un activista de derechos humanos asesinado por revelar un oscuro secreto; Iván Velásquez, un fiscal silencioso que tomó la causa de Valle y se convirtió en un héroe improbable; y Ricardo Calderón, un periodista obstinado que todavía está siendo blanco de sus revelaciones. Sus innovadoras investigaciones llevaron a prisión a un tercio del Congreso del país y alimentaron nuevas demandas de justicia y paz que los líderes de Colombia no podían ignorar. Llevando a los lectores de las sofocantes calles de Medellín donde los criminales fueron perseguidos, a través del campo donde los paramilitares destruyeron ciudades enteras, y en los corredores del palacio presidencial en Bogotá, Acá no ha habido muertos hace un inolvidable retrato de los hombres valientes y mujeres que se atrevieron a enfrentarse a la marea de avaricia, rabia y sed de sangre que amenazaba con devorar a su país.

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