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Ángel, quien de niño llegó a un barrio obrero
de la capital huyendo de la violencia, se enfrenta, como estudiante
de medicina de una universidad sacudida por fuertes protestas
estudiantiles, como graves dilemas éticos y políticos que
lo hacen sentir como un cobarde. Años después, cuando el azar
termina por involucrarlo en una relación sentimental con Franca,
una joven de distinta condición social que acaba de huir de
un matrimonio opresivo, su vida toma un rumbo impredecible
que lo lleva a situaciones límite.

El día en que Pedro José pierde el pedazo de
metal que le dio su madre para comprar plátano, arroz y carne
seca, decide montarse en la primera embarcación que le permitirá
atravesar la selva chocoana y llegar hasta Istmina. Allí buscará
a un maestro que le enseñará a leer. Los personajes de Arnoldo
Palacios transforman su habla y convierten este relato en
un espejo de la lucha por la supervivencia en medio del olvido
estatal y la polarización social. Los personajes de esta novela
convergen en un crisol de experiencias, en el que cada encuentro
resalta la complejidad de una sociedad marcada por el racismo
y la migración. Ambientada en la época de la república liberal,
hasta los días que siguieron al Bogotazo, La selva y la lluvia
nos lleva en un viaje que captura la esencia de un pueblo
en transformación.

Una madre y su niño viajan en canoa por el caudaloso
río Atrato. La madre es blanca, el niño es negro. Entre manglares,
frutas y trenzas, la narradora le va contando a la pasajera
de al lado su infancia, sus recuerdos y cómo el pequeño llegó
a su vida una mañana calurosa. La lancha avanza, la inquietud
se acrecienta. La mujer preferiría no llegar o dar la vuelta.
Esta es una historia sobre el arraigo, el miedo y la maternidad
en un contexto de violencia, sobre los peligros de la selva
colombiana. A través del lirismo de su prosa, Lorena Salazar
Masso crea una atmósfera adictiva y nos traslada a un mundo
a veces onírico y otras descarnadamente realista en el que
la ternura y la belleza de las imágenes salpica.

Premio Rómulo Gallegos 2009, El País de la Canela
es la historia de una expedición fracasada, de la locura que
se apoderó de aquellos conquistadores del Nuevo Mundo que
deliraban a causa de las promesas de oro y opulencia.
«Fue en las terrazas saqueadas del Quzco donde
Gonzalo Pizarro oyó por primera vez hablar del País de la
Canelea. Él tenía como todos la esperanza de que hubiera canela
en el Nuevo Mundo, y cuando oudo dio a probar a los indios
bebidas con canela, para ver si la reconocían. [...] Sé que
los indios no pudieron haberle descrito todo con exactitud,
porque las dificultades de comunicación eran muchas, pero
Pizarro adivinó las arboledas rojas de árboles leñosos y perfumados,
un país entero con toda la canela del mundo, la comarca más
rica que alguien pudiera imaginar.»
Un grupo de hombres, guiados al principio por
Gonzalo Pizarro y después por Francisco de Orellana, emprende
una expedición en busca de un soñado bosque de canela. Bajo
su mando, los doscientos españoles, los cuatro mil indios
y los dos mil perros de presa, llamas y cerdos que forman
parte de la expedición encontrarán increíbles parajes, seres
nunca vistos y el más caudaloso de los descubrimientos: el
río Amazonas.

El relato clásico del escritor colombiano acerca
de lo ocurrido el 9 de abril de 1948 en la capital de Colombia
se reeditó en 2023, 40 años después.
y en 2023, a 75 años un evento catastrófico en la historia
de Colombia que se ha conocido como “El Bogotazo”, cuando
la capital y el país entero se vieron azotados por la violencia,
tras el asesinato en la calle, y a plena luz del día, del
líder liberal Jorge Eliécer Gaitán.
Una de las piezas más importantes que se han
concebido al respecto, junto a títulos como “Mataron a Gaitán”,
de Herbert Braun, o “Cóndores no entierran todos los días”,
de Gustavo Álvarez Gardeazábal.

Cuando la guerra se extingue en sus propios
métodos, los medios empiezan a transformarse. Cuando las promesas
se diluyen, las luchas se convierten en ficciones. Y cuando
las armas comienzan a ser cada día más pesadas, se regresa
a la búsqueda de la identidad sin ellas. Alfredo Molano les
da voz a dos personajes que nunca antes había abordado: el
ideólogo, perteneciente a la clase media trabajadora y profesional,
cuya lucha revolucionaria se gestaba en las aulas universitarias
a mediados del siglo XX, y el militante de los grupos paramilitares,
producto de la división de la sociedad y la complejidad del
conflicto colombiano. Seis historias de vida desgarradoras,
historias de desmovilización, reencuentros y desarraigo; desde
la contradicción de la selva hasta la soledad del despojo.

Hay muchos estudios sobre la violencia en Colombia,
pero pocos logran retratarla de forma tan vívida como Alfredo
Molano. Esta obra está compuesta por siete relatos, unos de
víctimas, otros de victimarios, a partir de los cuales nos
adentramos en lo más complejo y humano de la guerra, del despojo,
del sufrimiento que entraña la violencia y sus más profundas
contradicciones. Es el retrato de un país que quedó irremediablemente
dividido después del 9 de abril de 1948.

Pocos temas de coyuntura ocupan la atención
como la puja entre Estados Unidos y el régimen de Venezuela
por el controvertido empresario colombiano Alex Saab. Pocos
periodistas conocen esta historia como Gerardo Reyes, que
en este relato muestra facetas desconocidas de este las relaciones
de Saab con Hugo Chávez y políticos colombianos como Piedad
Córdoba. Un libro revelador y de candente actualidad. Un relato
que muestra las relaciones de Saab con Nicolás Maduro y políticos
colombianos.

Veinte años después de la aparición de Las mujeres
en la guerra , libro de testimonios de diez mujeres involucradas
en el conflicto colombiano desde orillas distintas —que aún
se estudia en colegios y universidades—, Editorial Planeta
lanza esta edición conmemorativa. Incluye las historias actualizadas
de estas mujeres cuyas vidas, narradas con una sinceridad
pasmosa por la periodista Patricia Lara Salive, retratan no
solo sus motivaciones más profundas, sino los distintos porqués
del conflicto.

"En algunos de sus relatos Gabriel García Márquez
habla de un hombre que está muriendo de indigencia en el paraíso.
Cualquier colombiano, rico o pobre, puede hoy reconocerse
allí." "Hemos hecho del más privilegiado territorio del continente
una desoladora pesadilla. Las sierras eléctricas aniquilan
una naturaleza que podría salvarnos; la conquista de América
prosigue con su viejo rostro brutal contra los hombres y las
selvas; la peste del olvido borró nuestros orígenes y nuestros
sueños. Pero todos necesitamos un país. Las páginas que siguen
no son más que un esfuerzo sincero por entender lo que somos:
un escritor tiene el deber de ser parte de su tierra y de
su época. Reinventar el país no puede ser tarea de unos cuantos,
pero la enormidad de la labor casi exige milagros. Recuerdo
entonces aquellas palabras de Voltaire nsobre los hombres
de su tiempo: 'Necesitaban milagros: los hicieron'".

Por las sendas de El Ubérrimo, es un texto valiente,
rigurosamente documentado, que renueva la información sobre
algunos temas que han marcado la compleja historia de Colombia
en las últimas décadas: paramilitarismo, desalojo violento
de tierras y usurpación del poder para beneficios particulares.

Estas crónicas escritas por Pilar Lozano, a
lo largo de varios años de trabajo periodístico, son un duro
recorrido por la historia de vida de niños y niñas y adolescentes
que estuvieron vinculados, como en los peores tiempos de la
esclavitud, con los grupos armados ilegales de Colombia. Estas,
y otras historias de este libro, muestran la huella del conflicto
en la infancia de nuestro país. Este libro reitera la tragedia
humanitaria que simboliza para las niñas, los niños y los
pueblos sucumbir y perderlo todo por el conflicto armado.
Es el resultado de muchas jornadas de la periodista tras cada
una de las historias, a lo largo y ancho de Colombia. Logra
testimonios tan sentidos que muchas veces se confunde el género
periodístico con el cuento o la novela.

La rebelión de las ratas es una obra acerca
de la rebelión de las clases bajas de un pueblo ficticio llamado
Timbalí, en Boyacá, que viven oprimidos y explotados por las
fuerzas industriales. Su mundo es el de la pobreza, la miseria
y la desesperanza. La novela muestra el infierno social de
las comunidades que viven por y para alimentar el engranaje
económico de las sociedades capitalistas. Se desarrolla en
enero de 1962 en el municipio de Santa Rosa de Viterbo, denominado
Timbalí en la historia.

Javier Ocampo López (1939–2014) fue un destacado
historiador, escritor y folklorista colombiano que dedicó
gran parte de su vida a recopilar, estudiar y difundir la
tradición oral, los mitos y las leyendas de Colombia. Mitos,
leyendas y relatos colombianos (2006) es na obra clave que
reúne los relatos más representativos de la cultura popular
y el sustrato mítico del país. Leyendas populares colombianas
(1996) es un riguroso recorrido por las historias que configuran
el imaginario colectivo regional y nacional. Mitos y leyendas
indígenas de Colombia se enfoca en la cosmovisión de los pueblos
originarios y sus deidades ancestrales. Otras publicaciones
relevantes incluyen Mitos colombianos, Supersticiones y agüeros
colombianos y Mitos y leyendas bogotanas.

Este libro reúne los testimonios de los principales
dirigentes del M-19, —Jaime Bateman, Iván Marino Ospina, Álvaro
Fayad, Carlos Pizarro y Antonio Navarro Wolf—, en los cuales
se va perfilando la historia del grupo insurgente: sus orígenes,
sumergidos en la violencia desatada luego de la muerte del
líder liberal Jorge Eliécer Gaitán; sus ideales; sus acciones
guerrilleras y sus reiteradas apuestas por la paz, hasta su
desmovilización y transformación en partido político. Patricia
Lara ha enmarcado estas semblanzas dentro de la historia de
la violencia colombiana. Ha incluido, también, importantes
documentos oficiales y del movimiento subversivo que le permiten
al lector conocer las distintas posiciones ideológicas que
se debatían en ese momento sobre temas como la lucha armada,
la paz, el juzgamiento de los implicados en acciones violentas
y la amnistía. Por la variedad de temas y por su enfoque testimonial,
Siembra vientos y recogerás tempestades nos hace repensar
nuestra historia, mirar de manera crítica el presente y, así,
buscar nuevos caminos para la solución del conflicto que nos
aqueja.

A finales de los años ochenta y principios de
los noventa, acorralados por la pobreza, el tedio y la desesperanza,
los adolescentes del barrio de Aranjuez, en Medellín, no tenían
otra alternativa que la violencia: para ser alguien debían
empuñar un arma, sin importarles que a la vuelta los esperara,
inevitablemente, la muerte. Desoladora, emotiva, apasionante,
esta novela testimonial es más que la historia de unos jóvenes;
es, de algún modo, el espejo de una época y de un país.

Hay algo en el tono de Laura Ortiz que suena
distinto, que la destaca como una estrella en el lienzo ya
radiante de la literatura latinoamericana reciente, copado,
por fin, de voces de mujeres jóvenes. Quizás sea su modo de
contar la tragedia sin jamás aligerarla ni vampirizarla, sino
oponiéndole la porfía salvaje de la vida, el calor del deseo,
un oído fino para la verdad de los detalles. Hay en Sofoco
tanto talento que te vas a encontrar sonriendo a veces, sin
darte cuenta. «A pesar de su aparente forma tradicional, la
singularidad de esta obra está en la fuerza de sus imágenes
y en la notable construcción de escenarios. Con lenguaje literario
y lenguaje coloquial, los relatos presentan voces bien definidas
llenas de detalles y belleza. La obra, además, tiene reflexiones
brillantes y destreza para plasmar tintes de humor.» Claudia
Ulloa, Giuseppe Caputo y Nubia Macías

El río Magdalena es la principal razón por la
que Colombia existe como nación. Es el surco de vida que permitió
a los colombianos establecerse en un territorio que es de
las geografías más complejas de todo el planeta. En la cuenca
del Magdalena viven cuatro de cada cinco habitantes del país
y es la fuente del ochenta por ciento de la riqueza económica
de la nación. El Magdalena es al mismo tiempo corredor de
comercio y fuente de cultura; es el manantial del que nacen
la música, la literatura, la poesía y las plegarias de Colombia.
En los tiempos más oscuros fue convertido en cementerio, una
corriente amorfa de muertos. Sin embargo, siempre regresa
como un río de vida. Durante los peores años de violencia,
la Magdalena nunca abandonó a su gente. Siempre fluyó. Quizás
ahora, como sugiere este libro —resultado de cinco años de
viajes desde el nacimiento del río en el Macizo Colombiano
hasta su desembocadura en Bocas de Ceniza— sea el momento
de retribuir sus esfuerzos y dejar que se depure de todo lo
que ha mancillado sus aguas. Magdalena. Historias de Colombia
descubre los paisajes y riqueza natural del río, su cuenca
y sus gentes. Este libro es una larga declaración de amor
a Colombia, una tierra "de colores y cariño" como la ha descrito
su autor, un mensaje de que necesitamos volver a mirar al
Río Grande de la Magdalena como eje de la reconciliación que
requiere el país.

El palacio sin mascara es lo que nadie le dijo
al país durante 22 años en torno al holocausto del 6 y 7 de
noviembre de 1985, tiempo durante el cual pareciera que se
hubiera realizado un pacto para ocultar parte de la verdad
de lo ocurrido allí. Se trata de un reportaje en el cual ni
una sola palabra deja de estar sustentada en documentos obtenidos
por el autor en seis juzgados penales, en el Tribunal Especial
de Instrucción Penal, en la comisión de la Verdad, en el Consejo
de Estado, en la Procuraduría General de la Nación, en Tribunales
Contenciosos Administrativos y especialmente en la Fiscalía
General de la Nación que volvió sobre la investigación de
delitos que permanecieron, como la desaparición forzada agravada.

Genoveva Alcocer, vive en Cartagena, Colombia,
en el siglo XVIII, una época en la que la superstición aún
tiene mucho poder, las nuevas ideas provocan cambios significativos
y la astrología es tan arriesgada como la astronomía.

Un niño guerrillero y un teniente del ejército
relatan sus dramáticas experiencias cuando coinciden en la
misma selva y en el mismo campo de batalla, pero en trincheras
enfrentadas. Esta historia desgarradora -que se relata en
primera persona- da testimonio de la vida miserable que padecen
los niños que son obligados a combatir en las guerrillas.
Enrique -el protagonista- es un niño campesino, que a sus
nueve años fue reclutado a la fuerza por la guerrilla. Durante
cuatro años lo sometieron a entrenamiento militar y a adoctrinamiento
político. Le enseñaron a odiar al Estado, a los ricos, a los
políticos, a los burgueses y a los gringos. Aprendió que «la
lucha de clases» y «la combinación de todas las formas de
lucha», hacen parte del evangelio de los revolucionarios y
que el propósito fanático de tomarse el poder por las armas,
justifica ataques contra la fuerza pública, más atropellos
y abusos contra los campesinos que se resistan a colaborar.

Luego del derrumbe, las máquinas se van de San
Antonio. De la mina solo quedan unos pozos en los que, después
de una larga sequía, aparecen los restos de un cuerpo. Nadie
grita tu nombre es la historia de K., que recuerda su infancia
en ese lunar de barro en la geografía nacional. Allá, en esa
tierra abierta, quedan su mamá y su abuela. Allá encontró
la marimba: esa pepita de oro que le dio un brillo diferente
al porvenir. Harold Muñoz ha reescrito Nadie grita tu nombre,
libro que ganó el Premio de Novela Emecé-Idartes en el 2017,
y que hoy, en otra versión, regresa a librerías para condensar
en un solo grito el nombre de los vivos y las iniciales de
los muertos.

La obra reúne testimonios, reflexiones y documentos
sobre los trágicos hechos ocurridos los días 6 y 7 de noviembre
de 1985 en Bogotá. Aborda el episodio desde una perspectiva
enfocada en los derechos humanos, la memoria histórica y los
procesos de reconciliación nacional.

Durante los últimos veinticinco años, Colombia
vivió una transformación tan profunda como incompleta: la
violencia organizada se redujo de manera notable, pero no
desapareció. Distintos gobiernos ensayaron respuestas que
parecían opuestas -negociar o golpear, abrir mesas o usar
la fuerza- y que, sin embargo, terminaron cruzándose una y
otra vez. La danza y el martillo propone una tesis novedosa
para entender ese recorrido: Colombia no redujo la violencia
escogiendo entre diálogo y coerción, sino combinándolos de
forma tensa, imperfecta y cambiante. La danza nombra las negociaciones,
pactos y arreglos que buscan contener el uso de la violencia;
el martillo, la presión armada y judicial que modifica las
relaciones de fuerza. Juan Carlos Garzón y María Victoria
Llorente reconstruyen veinticinco años de decisiones -del
Caguán a la Paz Total, de la Seguridad Democrática al Acuerdo
con las FARC, de la desmovilización de los paras a la negociación
con el Clan del Golfo- y someten a prueba algunos de los mitos
más repetidos del debate público: que negociar siempre desarma
al Estado, que la coca explica por sí sola la violencia o
que la fuerza basta para pacificar. El resultado es una lectura
lúcida sobre lo que Colombia aprendió, desaprovechó y aún
debe enfrentar: cómo gobernar un orden armado más fragmentado,
territorial y difícil de nombrar.

El ciclo de terror, corrupción y tragedia impulsado
por las drogas en Colombia no terminó con la muerte de Pablo
Escobar en 1993. Justo cuando los colombianos estaban listos
para dejar atrás el legado asesino de los cárteles del país,
se desarrolló un nuevo y sangriento capítulo. A fines de la
década de 1990, los grupos paramilitares de derecha con estrechos
vínculos con el negocio de la cocaína llevaron a cabo una
campaña de expansión violenta, masacrando, violando y torturando
a miles de personas. Acá no ha habido muertos narra la angustiosa
historia de tres colombianos comunes que arriesgaron todo
para revelar la lucha entre la nueva mafia y gran parte del
cuerpo militar y político del país: Jesús María Valle, un
activista de derechos humanos asesinado por revelar un oscuro
secreto; Iván Velásquez, un fiscal silencioso que tomó la
causa de Valle y se convirtió en un héroe improbable; y Ricardo
Calderón, un periodista obstinado que todavía está siendo
blanco de sus revelaciones. Sus innovadoras investigaciones
llevaron a prisión a un tercio del Congreso del país y alimentaron
nuevas demandas de justicia y paz que los líderes de Colombia
no podían ignorar. Llevando a los lectores de las sofocantes
calles de Medellín donde los criminales fueron perseguidos,
a través del campo donde los paramilitares destruyeron ciudades
enteras, y en los corredores del palacio presidencial en Bogotá,
Acá no ha habido muertos hace un inolvidable retrato de los
hombres valientes y mujeres que se atrevieron a enfrentarse
a la marea de avaricia, rabia y sed de sangre que amenazaba
con devorar a su país.
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