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11 - Octubre - 2022
>>>> Tatiana Espinosa

Los shihuahuacos son los abuelos de la Amazonía peruana. Estos majestuosos árboles han estado en pie más de mil años, conectados desde sus raíces con otros más jóvenes, a los que transmiten la sabiduría de su especie. Por siglos han resistido al nacimiento y la caída del imperio de los incas e incluso a la brutal fiebre del caucho. Pero, ahora, la tala indiscriminada y la demanda internacional por su codiciada madera los están llevando al abismo de la extinción. Aunque no existe un inventario oficial de shihuahuacos en Perú, los científicos advierten que, cada día, 74 ejemplares fueron talados en promedio durante la última década, según los datos a los que tuvieron acceso los autores de la investigación Madera Sucia, pero nunca fueron publicados por el Estado peruano, pese a haberse comprometido a hacerlo. De seguir tal ritmo, calculan que este gigante podría desaparecer en menos de seis años.

Ante este peligro inminente, Tatiana Espinosa (Lima, 1977) está al frente de la defensa de los últimos shihuahuacos (Dipteryx micrantha) a orillas del río Las Piedras, en Madre de Dios, capital de la biodiversidad de Perú. Allí, la ingeniera forestal encabeza Arbio, una organización sin fines de lucro que protege un área de bosques que el Estado peruano le concedió por un plazo de 40 años. Son 916 hectáreas que custodia, desde hace 12 años, junto a sus hermanas Gianella y Rocío y un grupo de guardaparques a través de la investigación de flora y fauna y un sistema de adopción de otros árboles longevos, como la quinilla colorada (Manilkara bidendata).

“Los árboles más grandes son los abuelos de un bosque que funciona como familia”, explica la activista, quien el año pasado ganó el premio nacional Carlos Ponce del Prado, que reconoce a quienes aportan a la conservación en el país. “La supervivencia de los más jóvenes depende de esta comunicación que tienen con sus abuelos, quienes a través de sus raíces les pasan nutrientes, información, su historia”.

Cuando se mutila un shihuahuaco, por ende, la Amazonía no solo pierde un árbol. Cuando cae un abuelo, se pone en jaque todo el equilibrio de un ecosistema complejo. “El bosque es más que un conjunto de árboles, pero al destruir los ejemplares más grandes estamos destruyendo este gran sistema”, detalla Espinosa.

El shihuahuaco es uno de los gigantes de la Amazonía peruana, con una altura que supera los 50 metros. Sin embargo, para que su tronco llegue por lo menos al metro de diámetro puede tardar unos 700 años. Además, en las copas más altas anidan especies vulnerables como el águila arpía (Harpia harpyja) y el águila crestada (Morphnus guianensis). “Es impresionante que justo los shihuahuacos más longevos y grandes son los que están cortando la industria maderera para convertirlos en suelos de parquet en Lima o para enviarlos a China”, lamenta Espinosa.

Por su madera dura, este árbol –también conocido con el nombre comercial de cumarú– es muy cotizado en el mercado internacional, principalmente en China, Europa, Estados Unidos y México. En efecto, por lo menos la mitad de toda la madera que Perú exporta es shihuahuaco en forma de tablillas de parquet, madera pulida o aserrada, según la serie Madera sin Rastro. Por si fuera poco, esta especie ancestral también se está usando para el carbón vegetal que se comercializa en Lima, de acuerdo a una investigación de OjoPúblico.

Existen más de 40 especies con valor comercial maderable comprobado en Perú. Sin embargo, la mitad del valor de la madera que Perú exporta es de una sola especie: el shihuahuaco, un fundador del territorio, una especie muy vieja, realmente antigua, capaz de alcanzar los 50 metros de altura.

“Todos esos países que están comprando madera de árboles milenarios dan inicio a una cadena de deforestación porque, después de cortar los grandes shihuahuacos, lo que queda lo convierten en carbón. Luego talan el resto, meten fuego y se instala un monocultivo agrícola”, asegura Espinosa. “Si estás comprando algo de madera dura, tienes que saber que no es sostenible; así de simple”.

15 - Abril - 2023
>>>> Marino Morikawa

Marino Morikawa Sakura (Huaral, Perú, 1977) es un científico peruano de ascendencia japonesa. Especialista en la descontaminación y recuperación de humedales y lagos, con principios de biotecnología y nanotecnología.

Nacido en Huaral, Perú, el 29 de julio de 1977. Egresado de Farmacia y Bioquímica de la Universidad Norbert Wiener. Gracias a una beca del gobierno japonés, realizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Tsukuba en Japón, donde se especializó en ciencia de recursos naturales y de industrias investigando el tratamiento de aguas residuales para su reutilización. De 2010 al 2013 se encargó de la recuperación del humedal "El Cascajo", ubicado entre las ciudades de Huaral y Chancay. Sin embargo, el 2016 los miembros integrantes del "Comité de vigilancia ambiental del humedal Santa Rosa - Chancay" han desmentido los logros descritos por Morikawa. Desde julio de 2015, se encuentra involucrado en un proyecto de descontaminación y recuperación del Lago Titicaca.

Es fundador de la empresa "TTT Grupo Morikawa", dedicada a la mejora del medio ambiente a través de la innovación tecnológica.

Tras estudiar, gracias a una beca, su posgrado en Ciencias Humanas y Ambientales en la Universidad de Tsukuba (Japón), volvió a Perú para descontaminar El Cascajo, el humedal donde jugaba cuando era pequeño, pero que con los años y por la contaminación quedó inservible. Con esa primera intervención logró recuperar el 98% del humedal. Es más, consiguió recuperar la fauna y vegetación del lugar y atraer a aves migratorias.

finales de 2011, presentó un proyecto en la Universidad de Tsukuba para rescatar el lago Titicaca, usando nanotecnología como solución. En ese momento, según Morikawa, “la bahía interior de Puno, que tiene 17 kilómetros de largo, estaba 100% contaminada”. Aunque ese año las autoridades rechazaron el proyecto, en 2017 consiguió por fin cumplir su sueño.

“Uno de los mayores insumos contaminantes está en la zona de El Espinar y queríamos empezar por ahí”, comentó el científico. El proyecto piloto se denominó Challenge 15-Titicaca y su objetivo era reducir el 3% de contaminación. Finalmente, el experimento resultó todo un éxito porque lograron reducir entre un 46% y un 77% la contaminación del lago.

Su deseo es salvar el 70% de los hábitats naturales de Perú. Y busca recuperar las cuencas hidrográficas del país para poder tratar el agua y hacerla potable. Y es que según denuncia Morikawa, “en Perú las EDAR (plantas de tratamiento de aguas residuales) no están funcionando correctamente y solo pueden tratar hasta un 10%". La técnica de recuperación se basa en utilizar la fórmula adecuada de sustratos para poder aclarar el agua en unos segundos. “Y a partir de ahí, dependiendo de los procesos de tratamientos, es posible lograr la depuración”, explica el científico.

Su amor por los ecosistemas de ríos, lagos, humedales y pantanos viene de cuando tenía seis años y su padre le llevó a la puna y le dio agua de un glaciar para beber. Morikawa probó ese agua y confiesa que desde entonces no ha probado agua “tan deliciosa”. Ahora su objetivo es que todas las personas del mundo experimenten esta sensación al menos una vez en la vida.

La puna es una ecorregión altiplánica, o meseta de alta montaña, propia del área central de la cordillera de los Andes. Constituye un bioma neotropical de tipo herbazal de montaña, llamado a veces tundra altoandina.

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