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5 - Agosto - 2019
>>>> Séptimo arte > LA COSA

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Un 25 de junio de 1982 se estrenó LA COSA, el clásico de la ciencia ficción dirigido por un John Carpenter más inspirado que nunca. Cine de Verano no apto para todos ...

The Thing (La cosa en España, La cosa del otro mundo en México, y El enigma de otro mundo en Argentina y varios países de Hispanoamérica) es una película de terror de ciencia ficción estadounidense de 1982 dirigida por John Carpenter y escrita por Bill Lancaster. Basado en la novela de 1938 de John W. Campbell Jr. Who Goes There?, cuenta la historia de un grupo de investigadores estadounidenses en la Antártida que se encuentran con la «Cosa», una forma de vida extraterrestre parasitaria que imita a otros organismos. El grupo es superado por la paranoia y el conflicto, comprenden que ya no pueden confiar entre sí y que cualquiera de ellos podría ser la Cosa. Esta protagonizada por Kurt Russell como un piloto de helicóptero del equipo, R.J. MacReady, e incluye a A. Wilford Brimley, T. K. Carter, David Clennon, Keith David, Richard Dysart, Charles Hallahan, Peter Maloney, Richard Masur, Donald Moffat, Joel Polis, y Thomas Waites en papeles secundarios.

La producción comenzó a mediados de la década de 1970 como una fiel adaptación de la novela, después de la popular The Thing from Another World de 1951. The Thing pasó por varios directores y escritores, cada uno con diferentes ideas sobre cómo enfocar la historia. El rodaje duró aproximadamente 12 semanas, a partir de Agosto de 1981, y tuvo lugar en sets refrigerados en Los Ángeles, así como en Juneau, Alaska, y Stewart, British Columbia. Del presupuesto de 15 millones de dolares de la película, 1.5 millones se gastaron en los efectos de las criaturas de Rob Bottin, una mezcla de productos químicos, productos alimenticios, goma y piezas mecánicas que su gran equipo convirtió en un extraterrestre capaz de asumir cualquier forma. The Thing fue lanzado en 1982 con críticas muy negativas, descrito como «basura instantánea», «un exceso miserable», y propuesto como la película más odiada de todos los tiempos. Las críticas elogiaron los logros de los efectos especiales y criticaron su repulsión visual, mientras que otras se centraron en la caracterización deficiente. La película ganó 19.6 millones durante su recorrido en cines. Se han citado muchas razones para no haber captado a la audiencia: la competencia de películas como E.T., el extraterrestre, que ofrecía una visión optimista de la visita de extraterrestres; un verano lleno de exitosas películas de ciencia ficción y fantasía; y una audiencia, viviendo una recesión, diametralmente opuesta al tono nihilista de The Thing. La película encontró un público positivo cuando se estrenó en video y televisión. En los años posteriores, se ha reevaluado como una de las mejores películas de ciencia ficción o de terror jamás realizadas, y ha ganado seguidores de culto. Los cineastas han notado su influencia en su trabajo, y se ha mencionado en otros medios, como la televisión y los videojuegos. The Thing ha generado una variedad de productos, incluida una novela de 1982, casas encantadas, juegos de mesa y secuelas en cómics, un videojuego del mismo nombre, y una precuela de 2011 del mismo nombre.

Los miembros de la estación 31 de investigación estadounidense en la Antártida son alertados por sonidos de disparos y explosiones. Al examinar qué está pasando, descubren que un perro de raza alaskan malamute está siendo perseguido por un helicóptero noruego, en el que uno de sus tripulantes dispara e intenta matar al perro. En medio de la confusión, la incapacidad de comunicarse en otro idioma y creyendo que los noruegos se han vuelto locos debido a una estancia prolongada en la Antártida se produce un enfrentamiento y los noruegos mueren a manos de los estadounidenses. Durante la escaramuza, uno de los estadounidenses, Bennings (Peter Maloney), es herido. Tras el incidente, el perro es llevado a la estación, siendo encerrado con los demás perros. Los estadounidenses intentan comunicar el incidente por radio, pero el aparato no funciona. Debido a esto el piloto R.J. MacReady (Kurt Russell) y el doctor Copper (Richard Dysart) deciden ir en helicóptero a la estación noruega para buscar alguna respuesta. Al llegar, descubren que la estación está en ruinas, sin señales de vida. Mientras Copper recoge cintas de vídeo y documentos, MacReady descubre un gran bloque de hielo con una cavidad en el centro. Fuera del campamento encuentran el cadáver calcinado de una criatura humanoide con dos caras. Los estadounidenses llevan el cuerpo a su campamento, donde el doctor Blair (Wilford Brimley) realiza una autopsia. Sin embargo, lo único que descubre es que los órganos de la criatura son los de un ser humano normal. Mientras tanto, el perro que era perseguido por los noruegos sufre una metamorfosis que lo transforma en una criatura deforme, atacando a los demás perros de la estación. Los ladridos de los animales alertan a los estadounidenses, quienes acuden al lugar. Allí, Childs (Keith David) mata a la criatura con un lanzallamas. Tras hacer una autopsia al cadáver, Blair descubre que la criatura era un ser extraterrestre que tenía la capacidad de imitar otras formas de vida y que podría haber imitado a uno o más miembros de la estación. Tras esto, los miembros de la estación comienzan a sospechar entre ellos, al no estar seguros de quién es humano o quién no. Tras el incidente del perro, utilizando el equipo y cintas de vídeo encontradas en la estación de los noruegos, MacReady, Norris (Charles Hallahan) y Palmer (David Clennon) descubren un cráter en cuyo interior hay una nave espacial. Basándose en las capas de hielo que rodean a la nave, Norris estima que tiene por lo menos 100.000 años. Los estadounidenses se dan cuenta de que si la criatura llega al mundo exterior podría devorar toda la vida que existe sobre la Tierra y la batalla se transforma en una misión tanto por su supervivencia como por la de toda la raza humana.

Adrienne Barbeau, ex esposa de Carpenter, es la única mujer en el elenco de la película, dando voz al ordenador con el que MacReady juega al ajedrez al comienzo de la película. Esta película forma parte de la conocida como Trilogía del Apocalipsis del director. El príncipe de las tinieblas (Prince of Darkness, 1987) y completada por La cosa y En la boca del miedo.

Un 25 de junio de 1982 se estrenó LA COSA, el clásico de la ciencia ficción dirigido por un John Carpenter más inspirado que nunca; una cinta que impresionó a todo el mundo con sus efectos especiales, una banda sonora sublime de Morricone, un héroe a la altura y una trama que dejaba al público anclado a sus asientos. Pero, dicho esto, según Carpenter, la reacción de la gente fue muy mala al principio. Le odiaban por haber sacado algo tan violento y horrible.

Curiosamente, antes de que comenzara el rodaje, a Carpenter le llegó el guión de un extraterrestre bueno pero decidió elegir el otro camino y un tal Steven Spielberg se quedó con él. Por supuesto, estamos hablando de la susodicha E.T. A raíz del éxito que John Carpenter tuvo con La Noche De Halloween, los productores de la película lo eligieron para dirigirla pero en un principio dudaron de su capacidad y estuvieron muy cerca de llamar a Tobe Hooper para que se encargara de la dirección. Sin lugar a dudas, el actor que estuvo a punto de ser Han Solo en La Guerra de las Galaxias le regaló a Carpenter una interpretación sublime pero Kurt Russell estuvo a punto de no interpretar a Macready ya que los actores Nick Nolte y Jeff Bridges rechazaron el papel antes.

The Thing fue estrenada en 840 cines de Estados Unidos el 25 de Junio de 1982, siendo clasificada R por la MPAA (restringido a menores de 17 años). El fin de semana de estreno debutó octava en la taquilla, recaudando más de 3 millones de dólares.

El «noruego» que dispara contra el perro al inicio del film es el ayudante de dirección Larry Franco, cuñado de Kurt Russell en aquella época, que no hablaba una palabra de noruego. Al parecer memorizó unas pocas líneas en ese idioma que luego chapurrea y que quieren decir algo así como «¡Apartaos, idiotas! ¡Eso no es un perro! ¡Es una especie de «cosa»…!». El extraño sombrero de cowboy que Kurt Russell lleva puesto en los planos generales de las secuencias de exteriores, fue una aportación del propio actor. Puesto que todos los actores debían vestir uniformemente con el equipo contra el frío polar, Russell decidió llevar alguna prenda que le distinguiera de los demás, para que el público supiera en todo momento quién es la «estrella» del film. Las escenas de interior se rodaron en un estudio de California donde, siguiendo instrucciones de John Carpenter, la temperatura se reguló para que no subiera nunca de 12-15 grados C., mientras que en la calle hacía un calor de mil demonios.

Los efectos especiales, que causaron gran impacto en su época, son obra de Robb Bottin, quien entonces con sólo 22 años fue pionero en el uso de «animatronics» hechos con resinas y siliconas para crear impresionantes formas móviles tan fantásticas como repulsivas. Su trabajo en LA COSA fue tan intenso que cayó enfermo por agotamiento. Entre los miembros del equipo de investigación encontramos a dos científicos, «Mac» y «Windows», uno de los cuales terminará reducido a cenizas por el otro utilizando un lanzallamas. Se trata de R.J. MacReady (Russell) y su compañero Windows (Thomas G. Waites), quien es «asimilado» por la cosa dejando pocas opciones a nuestro protagonista. Por supuesto tan solo se trata de una coincidencia puesto que la primera versión del sistema operativo basado en ventanas de Microsoft no se lanzó hasta 1985.

John Carpenter era un fanático de la película The Thing from Another World, estrenada en 1951 y producida por Howard Hawks. En 1981, Universal Pictures ofreció a Carpenter hacer una nueva versión de la película, pero en vez de hacer un remake de dicha cinta, optó por adaptar el relato en que la misma se había basado, Who Goes There? de John W. Campbell. Según Carpenter, los aspectos que quiso resaltar en la historia fueron la paranoia de los personajes al verse enfrentados a una criatura que puede adoptar la apariencia de otros seres vivos, y la importancia de la identidad. El guion de la nueva versión fue escrito por Bill Lancaster, hijo de Burt Lancaster. A diferencia de otras de sus películas, John Carpenter no compuso la banda sonora de The Thing, tarea que asumió el italiano Ennio Morricone. La música de Morricone para la cinta siguió un estilo similar al del mismo Carpenter, optando por sonidos minimalistas. Los efectos especiales corrieron a cargo de un grupo liderado por Roy Arbogast, entre los cuales se encontraban Rob Bottin, Albert Whitlock y Stan Winston. Winston trabajó en la primera escena donde el extraterrestre da a conocer su verdadera apariencia, que tiene lugar en una jaula donde están unos perros de la raza malamute de Alaska.

Tras su estreno The Thing recibió comentarios diversos por parte de la crítica cinematográfica. Roger Ebert del periódico Chicago Sun-Times destacó los efectos especiales de la cinta, pero criticó algunas actuaciones y ciertos elementos de la trama. Por su parte, Vincent Canby de The New York Times se refirió a ella como "una película tonta, deprimente y sobreproducida [...] una obra prácticamente sin trama compuesta de muchos efectos especiales, con actores usados simplemente como objetos para ser cortados, acuchillados, destripados y decapitados". Pedro Crespo del periódico ABC sostuvo que Carpenter abusaba del sobresalto en vez de generar inquietud, lo cual terminaba aburriendo. Pese a la disparidad de las críticas iniciales, la película fue ganando mejores comentarios con el paso de los años. The Thing tiene un 78% de comentarios "frescos" en el sitio web Rotten Tomatoes, basado en un total de 45 críticas. Hay varias secciones de críticas. En una sección votan críticos profesionales, en otras votan los usuarios y en otra se recopilan las dos secciones de críticas. Un tomate con la apariencia de explotado es porque la película es mala (en la opinión de los críticos), y si el tomate es un tomate «fresco» es porque la película está valorada a favor.

James Berardinelli de Reelviews escribió que el filme "es uno de esos remakes poco comunes que se mantienen fieles a la premisa original pero hacen algo único con el concepto"; destacó además la atmósfera de paranoia que rodea a los personajes. Los sitios web Filmsite.org y Film.com la incluyeron entre las mejores películas de 1982, y está entre las 250 cintas mejor evaluadas en IMDb por los usuarios. Por su parte, la Chicago Film Critics Association la ubicó en el puesto número 17 de las películas más terroríficas de la historia. En 2008, la revista Empire llevó a cabo una encuesta entre lectores y críticos de cine para seleccionar las 500 mejores películas de todos los tiempos, y The Thing fue ubicada en el puesto 289. Al año siguiente, Entertainment Weekly la incluyó entre las 20 películas más terroríficas de todos los tiempos.

En Junio de 1982 Alan Dean Foster publicó una novela homónima basada en el guion de la película. A partir de 1991, la editorial Dark Horse publicó cuatro cómics que narraban los acontecimientos posteriores a la película. Los títulos de los cómics fueron: The Thing From Another World, The Thing From Another World: Climate of Fear, The Thing From Another World: Eternal Vows, y The Thing From Another World: Questionable Research. La empresa Computer Artworks lanzó en 2002 The Thing, un videojuego que tiene lugar después de los acontecimientos de la película y en el que se visitan la mayoría de escenarios que se muestran en esta, incluyendo la base estadounidense y noruega. El juego fue lanzado para PlayStation 2, Xbox y PC, y se comenzó a trabajar en una segunda parte de este, pero finalmente fue cancelada. En Enero de 2010 la revista Clarkesworld Magazine publicó un relato de Peter Watts titulado The Things, que narra la historia de la película desde la perspectiva de la criatura alienígena. Estuvo nominado a un premio Hugo en la categoría de mejor relato corto.

Los premios Hugo (Hugo Awards en el original en inglés) son un conjunto de galardones otorgados anualmente a las mejores obras de ciencia ficción o —en menor medida— de fantasía publicadas durante el año natural previo, así como a otros méritos relacionados con dichos géneros alcanzados durante el mismo periodo de tiempo. Los premios reciben su nombre en honor a Hugo Gernsback, inventor del propio término "ciencia ficción" y fundador de la revista pionera en el género Amazing Stories. Hasta 1992 los premios eran oficialmente conocidos como Science Fiction Achievement Awards, pero dicha denominación se abandonó en favor de la más ampliamente usada de Hugos. La organización y supervisión de los premios corre a cargo de la Sociedad Mundial de Ciencia Ficción (WSFS), organizadora de la Convención Mundial de Ciencia Ficción (Worldcon), en cuyo seno la ceremonia de entrega de los premios Hugo ocupa un lugar prominente.

En Octubre de 2017 salió al mercado The Thing: infection at outpost 31, un juego de mesa basado en la película, cuyo objetivo, que los jugadores sientan la tensión mostrada en la película mientras que intentan descubrir a los infectados y estos intentan escapar o infectar a todos los demás.

El 14 de Octubre de 2011 se estrenó una película homónima que narra los acontecimientos previos a los mostrados en la cinta de John Carpenter. La precuela fue dirigida por Matthijs van Heijningen Jr. y protagonizada por Mary Elizabeth Winstead y Joel Edgerton, entre otros. En esta película se muestran todo lo que sucedió en la estación Thule desde el descubrimiento de la nave espacial en el hielo hasta que dos supervivientes noruegos persiguen al perro infectado que aparece al inicio de la película original, conectando así el final de esta película con el inicio de la original de John Carpenter. La película no recibió críticas muy favorables, teniendo un 5,2 de nota en la página web filmaffinity, 6,2 en IMDb y 4,2 en la puntuación de la audiencia de Rotten Tomatoes.

A mediados de 2016, muchos medios se hacían eco de un vídeo donde John Carpenter charlaba con los alumnos de la New York Film Academy. Cuando una de las asistentes preguntó al maestro su opinión sobre 'Halloween, el origen', remake que Rob Zombie firmó de su clásico 'La noche de Halloween', su respuesta no dejó indiferente a nadie: "Mintió sobre mí, dijo que fui muy frío con él cuando me contó que iba a hacerla. Nada más lejos de la realidad. Le dije: 'Haz que sea tu película, tío. Esto ahora es tuyo. No te preocupes por mí'. Le apoyé, no sé por qué mintió ese pedazo de mierda, no tenía motivos para hacerlo". Meses después de aquello, la repercusión mediática en el mundillo, y una nueva batalla abierta entre defensores de ambos realizadores, se hizo patente. Esto llegó a oídos del propio Carpenter que, como hombre del siglo XXI que es, aclaró la situación en Twitter:

"A todos los fascinados con la disputa JC/RZ, son noticias viajas. Hablamos el domingo, hemos enterrado el hacha de guerra. Olvidémoslo".

En Mayo de este año el Festival de Cannes 2019 se inaguró con la premiere de 'Los muertos no mueren'. Su director, Jim Jarmusch, citó a John Carpenter como una de sus referencias e inspiraciones a la hora de crear películas, y es por esta y otras muchas razones por lo que el Festival ha rendido su más personal homenaje al cineasta norteamericano, otorgándole el premio Golden Coach debido a su contribución al cine como director de películas como 'La Noche de Halloween' o 'La Cosa'.

Así, Carpenter, también conocido por otros clásicos como 'Están vivos', recibía este premio otorgado por el gremio de directores franceses en la ceremonia de apertura del famoso festival. El maestro del terror dijo en el evento que se ha sentido fascinado por el cine desde que vio la forma en que los personajes emergían de los rayos de luz de un proyector en su primera experiencia viendo una película a los 3 años, momento en que vio a Katharine Hepburn y Humphrey Bogart en 'La reina de África'.

'La noche de Halloween' fue la película que lo lanzó a la fama, una modesta producción que recaudó millones en taquilla y de la que Carpenter guarda un buen recuerdo. "Dijeron que era una porquería, y que yo no tenía ni idea de dirigir actores. Sin embargo, cuando semanas más tarde se estrenó en Nueva york, hubo un crítico que la puso por las nubes y entonces empezó a estar bien considerada". Y aunque el propio Carpenter es fuente de inspiración para muchos jóvenes cineastas, este también tiene sus propios ídolos, citando a Dario Argento, George A. Romeo y Tobe Hooper como los grandes maestros del terror para él.

No cabe duda de que si hablamos de cine fantástico y de terror en las décadas de los 70 y 80, un nombre que no podría faltar es el de John Carpenter, toda una institución en el género y leyenda viva que, pese a llevar años de retiro, sigue muy presente en la actualidad gracias a las revisiones y remakes que, a partir de sus grandes éxitos, se siguen realizando. Nacido en Nueva York, en 1948, mamó desde la más tierna niñez buen cine clásico, siendo especial amante de los westerns dirigidos por dos grandes maestros como John Ford y Howard Hawks, influencias que, de una manera u otra, encontraríamos en su obra, así como de clásicos de la ciencia ficción de serie B, con El enigma de otro mundo (Christian Nyby, Howard Hawks, 1951), a la cabeza. Abandonó sus estudios en la University of Southern California's School of Cinematic Arts, que había comenzado en 1968, para perseguir su sueño de convertirse en realizador, dirigiendo su ópera prima, Dark Star (1974), modestísima sátira de ciencia ficción en la que ya ejerció de hombre orquesta, produciendo, componiendo la música (algo que repetiría en la mayoría de sus películas), editando y co-escribiendo el guion junto a Dan O'Bannon, responsable, años después del libreto de Alien, el 8º pasajero (Ridley Scott, 1979). Sin ser ninguna maravilla, esta primera obra ya dio muestras de lo que Carpenter podría llegar a ofrecer con un presupuesto limitado pero mucha creatividad, abriéndole las puertas a producciones más relevantes.

Fue su segundo trabajo, el thriller claustrofóbico Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976), el que brindó el primer éxito de crítica de su carrera, mientras que, con su tercera película, La noche de Halloween (1978), se consolidó como uno de los cineastas más prometedores de la época. Aquel slasher se convirtió en un enorme éxito de taquilla que dio lugar a numerosas secuelas y sucedáneos, y hoy está considerado uno de los clásicos intocables del cine de terror moderno. Con la protagonista de aquella, Jamie Lee Curtis, volvió a repetir dos años después en otra joyita del género como La niebla (1980), pero, entre ambas películas, Carpenter había incursionado con éxito en la televisión con dos telefilmes tan distinguidos como la hitchcockiana Alguien te está espiando (1978) y el biopic Elvis (1989), donde trabajó por primera vez con quien se convertiría en su actor fetiche, Kurt Russell. La carrera de uno no se entendería sin la participación del otro, ya que ambos colaboraron en títulos tan emblemáticos como 1997: Rescate en Nueva York (1981), La cosa (1982), Golpe en la pequeña China (1986) o 2013: Rescate en L.A. (1996). Durante la primera mitad de la década de los 80 conoció el éxito comercial con la mayoría de sus películas, adaptando con acierto a Stephen King en Christine (1983) y entregando una fantasía extraterrestre tan entrañable como la de Starman (1984).

Pero tras el batacazo comercial sufrido con una de sus producciones más caras, Golpe en la pequeña China, el director decidió apartarse de las grandes productoras y volver a sus orígenes independientes, facturando obras de coste mucho más humilde que, sin embargo, ayudaron a seguir granjeando su fama de cineasta de culto. A este periodo pertenecen El príncipe de las tinieblas (1987), En la boca del miedo (1994), El pueblo de los malditos (1995) –competente revisitación del clásico homónimo de Wolf Rilla, a partir de la novela de John Wyndham–, Están vivos (1988), Vampiros (1998) –estupendo acercamiento al tema del vampirismo, protagonizado por un James Woods en su salsa–, Fantasmas de Marte (2001) –imposible suerte de western espacial con Natasha Henstridge, Jason Statham, Ice Cube y Pam Grier en el reparto– y Encerrada (2010), su último trabajo hasta la fecha, un thriller psicológico bastante mal recibido por la crítica pero no del todo desdeñable. En medio, Carpenter se permitió rodar una comedia fantástica para Warner, Memorias de un hombre invisible (1992), a mayor gloria del cómico Chevy Chase, que se saldó con un sonoro fracaso, a pesar de contar con unos efectos especiales bastante destacados, y codirigió junto a Tobe Hooper el telefilme de episodios de terror Bolsa de cadáveres (1993). También realizó, en sus últimos años de actividad, dos de los más celebrados capítulos de la serie de antologías terroríficas Masters of Horror: El fin del mundo en 35 mm (2005) y Pro-Vida (2006). Este 2018, John Carpenter volvia a estar de actualidad gracias al sorprendente éxito crítico y comercial de la secuela de La noche de Halloween dirigida por David Gordon Green.

Algunos nombres hoy reconocidos, surgieron del universo Carpenter.

La conocida como Trilogía del Apocalipsis del director –completada por La cosa y En la boca del miedo– tuvo su ecuador en esta producción con la que volvía a sus orígenes más humildes, escarmentado por la mala experiencia con los grandes estudios y el varapalo económico de Golpe en la pequeña China. Desde la productora Alive Films levantó un proyecto que recuperaba las constantes de su cine más personal, aquel en el que un grupo de variopintos personajes queda atrapado en un lugar cerrado y asediado por la amenaza externa de turno. En esta ocasión, el escenario de pesadilla es el sótano de una iglesia abandonada de Los Angeles y el enemigo a batir por el sacerdote encarnado por Donald Pleasence y los estudiantes allí involucrados en un proyecto científico es, ni más ni menos, que el mismísimo Satán y un ejército de vagabundos convertidos en zombies, capitaneados por el cantante Alice Cooper. Muchos rostros habituales de las películas de Carpenter (Victor Wong y Dennis Dun llegaban de protagonizar junto a Kurt Russell Golpe en la pequeña China) se dejan ver en una película que bebe, de manera nada disimulada, de una fuente como es el serial de la BBC sobre Quatermass y, más concretamente, de la cinta de la Hammer ¿Qué sucedió entonces? (Quatermass and the Pit, Roy Ward Baker, 1967), y que posee esas atmósferas opresivas que tan bien manejaba el realizador en sus mejores trabajos, así como algunas imágenes perturbadoras (todas las relacionadas con el eclipse de sol y el uso de todo tipo de insectos en las escenas más terroríficas) que hacen de este filme un pequeño placer para los aficionados al género satánico.

Después del éxito de taquilla de Christine, Carpenter fue fichado por Michael Douglas, en categoría de productor, para una cinta de encargo que podría considerarse una de las más impersonales del maestro y, al mismo tiempo, también de las más pulidas a nivel de guion, interpretaciones y acabado formal. Un proyecto que nacería con la firme intención de apuntarse al carro del triunfo cosechado por E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), presentando otra historia, escrita por Bruce A. Evans y Raynold Gideon, centrada en la figura del alienígena de buen corazón extraviado en nuestro planeta y perseguido por las fuerzas del gobierno sin escrúpulos, contraponiéndose a la amenazante visión del depredador venido del espacio ofrecida por el propio Carpenter en La cosa. Jeff Bridges consiguió una nominación al Oscar como mejor actor por su encarnación de entidad extraterrestre reencarnada en el cuerpo del difunto esposo del personaje encarnado por Karen Allen, actriz que vivía las mieles del éxito gracias a su papel de Marion en En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981). Starman es un filme de ciencia ficción que destaca por su humanidad y el trasfondo romántico del relato, así como por unos efectos especiales que, 35 años después, continúan sorprendiendo manteniéndose frescos. También fue una de las contadas ocasiones en las que John Carpenter delegó las labores musicales en otro profesional, algo que se agradece, ya que la banda sonora de Jack Nitzsche es ciertamente memorable. La película fue aplaudida por la mayor parte de la crítica (aunque hubo quien la tildó de demasiado blanda) y gozó de la popularidad suficiente como para propiciar una serie de televisión homónima, protagonizada por Robert Hays.

Rodada inmediatamente después de El príncipe de las tinieblas, Están vivos es una satírica cinta que podría considerarse una de las más personales y críticas de toda la filmografía del cineasta. Adaptación del relato Eight O’Clock in the Morning, de Ray Nelson, Están vivos nos presenta la delirante odisea a contrarreloj de un humilde trabajador de la construcción (encarnado por la antigua estrella de lucha libre Roddy Piper) que descubre, de manera casual, la terrible conspiración alienígena que sacude a la humanidad. Gracias a unas gafas que encuentra será capaz de ver la auténtica identidad que se oculta tras importantes personalidades de la vida social y política del país y cómo estas manipulan a los ciudadanos, sirviéndose de mensajes subliminales lanzados desde los medios de comunicación, para convertirlos en una raza de esclavos. A través del enésimo relato de ciencia ficción paranoica, en la estela de grandes clásicos como La guerra de los mundos (Byron Haskin, 1953) o La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956), Carpenter aprovecha para realizar unas sangrantes reflexiones sobre el poder alienante de la televisión y el consumismo, cada vez más imperante, durante la década de los 80, sirviéndose de un sentido del humor bastante negro y multitud de referencias cinéfilas –no solo enclavadas en el género fantástico, ya que hay una pelea de cinco minutos de duración entre Piper y Keith David que homenajea directamente a El hombre tranquilo (John Ford, 1956)–, y logrando una de esas obras que van ganando adeptos con el paso de los años, hasta el punto de lograr el estatus de culto que en su momento le fue negado.

Planteado inicialmente como un western místico por Gary Goldman y David Z. Weinstein, el guión de Golpe en la pequeña China fue reescrito por W. D. Richter para trasladar la historia a la actualidad y funcionar como secuela de su inclasificable cinta de culto de 1984 Las aventuras de Buckaroo Banzai. Finalmente, desechado también este proyecto, se contrató a Carpenter para sacar adelante esta alocada, excesiva y divertidísima aventura a la que el director añadió diversas aportaciones personales, dando como resultado uno de los híbridos más curiosos del cine de los 80. El cine de artes marciales, la comedia, el romance, la fantasía, mucho de mitología china y una estética de cómic pulp deudora de Fu Manchú son los ingredientes primordiales de esta historia sobre un fanfarrón camionero, Jack Burton (uno de esos personajes bombón que solo Kurt Russell podían resolver con tanto carisma), enfrentado al villano Lo Pan y sus señores de la Muerte en el corazón del Barrio Chino de San Francisco, para conseguir rescatar a la novia de su amigo, una china de ojos verdes, antes de que sea sacrificada en un ritual donde el brujo dejaría de ser un fantasma para recuperar su cuerpo físico. Golpe en la pequeña China es un verdadero placer culpable, repleto de vibrantes escenas de acción (las escenas en las que aparecen los Tres Tormentas son espectaculares), criaturas monstruosas y efectos especiales de lo más vistosos, en donde el ritmo trepidante logra camuflar un guion sin pies ni cabeza. Carpenter tuvo que enfrentarse, además, a las presiones del estudio, rodando y montando la película a toda prisa para adelantarse al estreno de otra fantasía de similares características, El chico de oro (Michael Ritchie, 1986), producida por Paramount Pictures. La crítica la masacró sin piedad y la taquilla, con 11 millones de dólares recaudados, fue tan desastrosa que el director decidió volver a sus proyectos independientes. Aun así, los años la han colocado como uno de sus trabajos más queridos por los fans.

De todos los personajes que Kurt Russell interpretó a las órdenes de Carpenter sin duda, el más emblemático siempre será el de Serpiente Plissken, antihéroe de vuelta de todo, criminal desencantado del ser humano a quien se le encomendaba la misión de rescatar, en el plazo de 24 horas, al mismísimo presidente de los Estados Unidos, después de que su avión se estrellase en el centro de un Manhattan convertido en la prisión de alta seguridad más grande del mundo, en la que los mayores despojos de la sociedad campan a sus anchas. Este es, a grandes rasgos, el argumento de uno de los grandes clásicos del cineasta, 1997: Rescate en Nueva York, alucinante relato de ciencia ficción en su modalidad de futuros distópicos, donde, una vez más, hay lugar para buenas dosis de crítica al militarismo y a la política de la belicista administración Reagan, ofreciendo una imagen de los gobernantes del país moralmente decadente. Pese a la economía de medios, el director se las arregló para confeccionar una maravillosa aventura de serie B que bebía, sin ningún tipo de complejo, de géneros tan diversos como la acción urbana de The Warriors (Walter Hill, 1979), la fantasía post-apocalíptica de la saga Mad Max y muchos ingredientes de western, tanto en la ambientación como en el dibujo de muchos de sus destartalados personajes secundarios. De hecho, una de las leyendas de aquel polvoriento género, Lee Van Cleef, forma parte del brillante reparto que incluye a otros habituales del universo carpenteriano como Donald Pleasence o Adrienne Barbeau, que venía de protagonizar el título anterior de Carpenter, La niebla. Como curiosidad, cabe destacar que un James Cameron que se iniciaba en el cine trabajó en la elaboración de los decorados de esta película, con resultados brillantes, ya que la ambientación de esa Nueva York derruida y poblada de psicópatas y criminales es uno de sus aspectos más destacados. 1997: Rescate en Nueva York fue un gran éxito de público, recaudando más de 50 millones de dólares en taquilla, y conoció una tardía secuela, 2013: Rescate en L.A. (1996), que, pese sus puntuales aciertos, no consiguió estar a la altura del título de culto original.

Con En la niebla, el maestro vuelve a incidir en el cine de terror que tan buenos resultados le brindó en La noche de Halloween con otra cinta protagonizada por la estrella de aquella, una Jamie Lee Curtis convertida en reina del grito de la época. En esta ocasión se aleja del slasher para adentrarse en unos terrenos más clásicos y perturbadores, los de un relato fantasmagórico con claros ecos de Historias de la Cripta y de la película británica The Crawling Eye (Quentin Lawrence, 1958) e influencias de escritores como Edgar Allan Poe (la película se abre con una cita suya), Lovecraft o Arthur Machen. La niebla nos traslada a una pequeña población costera de California, Antonio Bay, sobre la que existe la leyenda de que pesa una ancestral maldición: cada 100 años, una espesa niebla recorrerá sus calles, trayendo en su interior los espíritus de unos marineros que murieron de manera violenta como consecuencia de la codicia de los habitantes del lugar, y estos se cobrarán venganza. Ya la escena de apertura, con John Houseman relatando la historia a un grupo de niños a la luz de una hoguera, logra poner los vellos de punta. El director y su co-guionista Debra Hill nos regalan un cuento de horror de atmósfera oscura y onírica, cargado de momentos para el recuerdo (esa Adrienne Barbeau trepando a lo más alto del faro, perseguida por los marineros zombies; el potentísimo clímax final en la iglesia), magistralmente acompañado de una de las bandas sonoras más inquietantes jamás compuestas por Carpenter, y que cuenta con la presencia secundaria de la veterana Janet Leigh, madre de Jamie Lee en la vida real y protagonista del mítico asesinato en la ducha de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Estamos ante uno de esos títulos considerados “menores” en el momento de su estreno, pero que, sin embargo, han logrado alcanzar la categoría de clásicos con el devenir de los años, gracias a las reivindicaciones de su ejército de fans. Fue un gran éxito de taquilla, recaudando veinte veces su modesto presupuesto de un millón de dólares, y conoció un remake, Terror en la niebla (Rupert Wainwright, 2005), absolutamente infumable.

Después de un par de proyectos considerados (muy merecidamente) menores, como la comedia Memorias de un hombre invisible y el telefilme Bolsa de cadáveres, Carpenter sorprendió con una de sus obras más redondas, esta En la boca del miedo que venía a culminar su extraordinaria Trilogía del Apocalipsis. Con la inestimable colaboración de Michael De Luca en la escritura del guion, el director entrega una alucinante historia, de evidentes reminiscencias de los relatos de H.P. Lovecraft, que sumerge al espectador en el imprevisible universo creado por Sutter Cane, un escritor de novelas de terror cuyo éxito de ventas le ha convertido en un fenómeno sociológico, y que, de la noche a la mañana, desaparece sin dejar rastro antes de entregar la que sería su última obra, In the Mouth of Madness, provocando una inexplicable oleada de violencia entre los fanáticos de sus novelas. Es entonces cuando entra en escena el detective John Trent (Sam Neill en una de los mejores trabajos de su carrera, justificadamente al borde de la sobreactuación, ya que su personaje va cayendo en una espiral de autodestrucción y locura), contratado por la editorial para dar con el paradero del escritor. Los pasos del incrédulo investigador (en el fondo, sospecha de que todo el asunto forma parte de una elaborada campaña de promoción) le llevan hasta el pueblo de Hobb's End, teóricamente solo real en la mente de Cane, donde comienza a experimentar todo tipo de fenómenos paranormales, terroríficas alucinaciones y manifestaciones de ese Mal abstracto que tanto le gusta representar a Carpenter a través de múltiples formas. En la boca del miedo, a pesar de su condición de serie B, es una película de género absolutamente genial, repleta de imágenes oníricas y perturbadoras, y que cuenta con una elegante dirección artística –en este sentido, estamos ante una de las obras más cuidadas del cineasta– y unos excelentes efectos especiales que, en el diseño de algunas de las criaturas demoníacas que nos brinda, recuerdan a los de La cosa. La crítica volvió a reconciliarse con uno de los grandes creadores de pesadillas, hasta el punto que la prestigiosa revista francesa Cahiers du cinéma lo incluyó como uno de los mejores diez títulos de 1995.

Dos años después de estrenarse con Dark Star, la verdadera prueba de fuego para el director llegaría con su segunda incursión tras las cámaras. El productor J. Stein Kaplan contrató los servicios de la joven promesa para levantar una película de explotación con un ínfimo presupuesto de 100.000 dólares, dándole, eso sí, absoluta libertad creativa. Así nació Asalto a la comisaría del distrito 13, un tenso thriller de acción protagonizado por un policía novato que recibe la misión de supervisar el traslado de una comisaría de Los Ángeles a un nuevo edificio y que se ve inmerso en una angustiosa pesadilla cuando, después de que un furgón de prisioneros (entre ellos, Napoleón Wilson) realice una parada allí para pasar la noche, un ejército de sanguinarios pandilleros rodee el lugar con la intención de dar caza al padre de una niña asesinada que mató a uno de ellos como venganza y también encuentra refugio en la comisaría. La historia de esta unión de policías y reclusos para hacer frente a un enemigo común, esos pandilleros que se adelantaron a aquella corriente de violencia urbana que encontraría uno de sus máximos exponentes en The Warriors (Walter Hill, 1979), sirvió a Carpenter como excusa para rendir tributo a uno de sus westerns favoritos, Río Bravo (Howard Hawks, 1959), donde el Sheriff encarnado por John Wayne también se atrincheraba en su oficina, junto a un grupo de colaboradores, para impedir la liberación del preso al que custodian, a manos de los secuaces de su hermano terrateniente, antes de que las autoridades lleguen para llevárselo. Pero el genio del realizador no se detiene ahí y la manera en que está tratada la amenaza exterior al edificio está más próxima al cine de terror que al de acción. Las influencias de La noche de los muertos vivientes (George A, Romero, 1968) son más que evidentes, tanto por la sensación de claustrofobia y creciente terror que va inundando el relato como en esos asesinos sedientos de sangre cuyas imágenes no difieren demasiado a la de aquellos zombies. Asalto a la comisaría del distrito 13 ha alcanzado la categoría de título de culto, manteniendo intactos, 43 años después, su increíble atmósfera opresiva y unas altas dosis de violencia que le valieron la calificación R en el momento de su estreno, algo que dificultó su carrera comercial en Estados Unidos, donde fue recibida por la crítica de forma un tanto tibia. Sin embargo, fue en Europa donde la cinta encontró su público (sobre todo a raíz de su paso por el Festival de Cine de Londres), comenzando una reivindicación hacia ella que la ha llevado hasta lo que es hoy, una pieza fundamental para conocer mejor el universo carpenteriano. Como buena obra de referencia, conocería su consiguiente remake, la no del todo desdeñable Asalto al distrito 13 (Jean-François Richet, 2005).

Han pasado más de cuatro décadas desde que Carpenter dirigiera su película más famosa, La noche de Halloween, una de aquellas obras que revolucionaron el género de terror en la década de los 70 y crearon multitud de secuelas e imitaciones. Imposible olvidar cómo, aquella noche de Halloween de 1963, en la pequeña ciudad de Haddonfield, Illinois, un Michael Myers de solo 6 años se enfundó una máscara de payaso e hizo partícipe al espectador, a través del uso de la cámara subjetiva, de cómo asesinó a sangre fría a su hermana mayor. Este prólogo tan impactante fue tan solo el comienzo de la leyenda. Una excelente película que sería una de las precursoras del subgénero slasher, teniendo la inteligencia de priorizar el suspense por encima de los excesos de hemoglobina. El cineasta sabía cómo aterrorizar al espectador sin recrearse en lo obvio, sirviéndose de un elegante manejo de la cámara y una música, compuesta por él mismo, capaz de poner los vellos de punta. La odisea de Laurie Strode (una jovencísima Jamie Lee Curtis en el papel que la hizo famosa) y sus amigas durante la noche de Halloween de 1978, asediadas por un psicópata asesino enmascarado mientras desempeñan sus funciones como niñeras celebró el 40 aniversario de su triunfal estreno (recaudó unos 70 millones de dólares cuando costó la modestísima cifra de 300.000, todo un ejemplo de rentabilidad) en plena forma. Ni la multitud de secuelas que vinieron después (a cual peor) ni la competencia de otros títulos de similares características, con Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) a la cabeza, han logrado ensombrecer las generosas cualidades cinematográficas de un filme que también se benefició de una estupenda interpretación de Donald Pleasence (desde entonces sería uno de los actores fetiche del realizador) en el rol del Dr. Sam Loomis, el psiquiatra que trataba a Michael durante su reclusión en un sanatorio para enfermos mentales y que llegó a la conclusión de que el joven, más que un loco común, era la encarnación de la maldad en su estado más puro. Él y Laurie son dos personajes emblemáticos del cine de terror, perfecta representación de la lucha sin cuartel contra Michael Myers, instalado en las últimas décadas como uno de los “monstruos” más icónicos de la gran pantalla que, lejos de desaparecer de nuestras vidas, promete seguir dando mucha guerra, a la vista de los formidables resultados de su secuela homónima.

La obra maestra indiscutible dentro de la filmografía de Carpenter sería, como no podía ser de otra forma, el remake de una pequeña joya de la ciencia ficción clásica como El enigma de otro mundo (1951), donde su admirado Howard Hawks planificó y supervisó un rodaje dirigido por Christian Nyby. Universal Pictures confió en él para tan importante empresa y fue todo un acierto, ya que con La cosa nos encontramos ante uno de esos escasos ejemplos de revisión que supera los logros de la obra original que le sirve de base. Bill Lancaster se encargó del guion, a partir de la novela de John W. Campbell, de una terrorífica historia que nos trasladaba a una apartada estación de investigación de la Antártida, donde un grupo de investigadores (entre los que vuelve a aparecer Kurt Russell) se verá acosado por un ente de origen extraterrestre que, después de haber permanecido enterrado en la nieve durante más de cien mil años, despierta para sembrar el miedo y la muerte. Uno de los mayores aciertos de la cinta reside en la conseguidísima sensación de angustia y paranoia que se crea entre los compañeros de encierro, enfrentados a la incertidumbre de no saber bajo qué identidad se esconde el monstruo en cada momento. La capacidad de cambiar de apariencia de este, supuso todo un reto para los encargados de los efectos especiales, entre los que estuvieron nombres tan ilustres en este campo como Stan Winston y Rob Bottin, que lograron unos resultados asombrosos. Las diferentes transformaciones de la cosa, muy sanguinolentas y explícitas (el filme logró la calificación R por su alto contenido violento) creadas de manera artesanal, mantienen todo el impacto en la actualidad. Por su parte, el maestro Ennio Morricone compuso una música absolutamente inquietante, siguiendo el estilo de Carpenter, que subrayaba aún más esa atmósfera opresiva que caracteriza al filme, más cercana a la construida por Ridley Scott en Alien el 8º pasajero (1979) que a la del clásico al que rinde tributo. La cosa contó con un presupuesto bastante generoso para los que solía manejar el director, 15 millones de dólares, pero su rendimiento en taquilla no fue todo lo satisfactorio que los estudios hubieran deseado (menos de 20 millones de la misma moneda), y es que el público de 1982 prefirió dejarse seducir por un tipo de visitante intergaláctico más bondadoso, el ofrecido por E.T., el extraterrestre.

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