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Una estructura asociada a V445 Puppis, la única nova de helio
confirmada en la Vía Láctea, está expulsando misteriosos proyectiles
de gas a velocidades extremas. La investigación, presentada
en la Reunión Nacional de Astronomía de la Royal Astronomical
Society, revela un fenómeno nunca observado en otras novas.
Los astrónomos han identificado varios grumos, posiblemente
ricos en oxígeno, que se desplazan a una velocidad máxima
de 32 millones de km/h. Estas balas o proyectiles aparecen
incrustados en el gigantesco flujo bipolar liberado por la
explosión estelar, aunque su mecanismo de formación continúa
desconcertando a los especialistas.
El hallazgo ha sido posible después de que la nube de polvo
que ocultaba el sistema comenzara a perder densidad. V445
Puppis entró en erupción a finales del año 2000 y lanzó material
a ambos lados del sistema binario, formando una estructura
que se extiende a lo largo de más de 1,6 billones de kilómetros.

Las novas se producen cuando una enana blanca captura materia
de una estrella compañera. La acumulación de gas eleva la
presión y la temperatura hasta provocar una reacción termonuclear
descontrolada. Sin embargo, casi todas las novas conocidas
utilizan material rico en hidrógeno, mientras que V445 Puppis
carece completamente de este elemento.
Las observaciones confirman que la enana blanca está absorbiendo
materia de una estrella de helio que perdió previamente su
envoltura externa de hidrógeno. "La explosión se ha desvanecido
lo suficiente como para investigar su origen, por lo que podemos
confirmar que el sistema está formado por una enana blanca
que captura material de un tipo extremadamente raro de estrella
llamada estrella de helio", explicó John Mills, investigador
de la Universidad de Warwick.

Estudiante de doctorado (PhD) en Física y Astrofísica
(periodo 2025–2029) y profesor asistente de clases prácticas
en la misma institución. Graduado con honores de primera clase
en Física por la Universidad de Oxford. Su trabajo se centra
en la nova de helio V445 Puppis. En julio de 2026 presentó
sus descubrimientos en el Encuentro Nacional de Astronomía
(NAM2026), donde expuso el hallazgo de un sistema estelar
inusual y la presencia de misteriosas "balas" de alta velocidad
disparadas tras la explosión.
Para reconstruir el sistema, Mills combinó datos del Very
Large Telescope, imágenes ópticas del telescopio espacial
Hubble, espectros obtenidos por el Southern African Large
Telescope y mediciones de la misión TESS de la NASA. El análisis
también indica que ambas estrellas completan una órbita cada
3,7 días.
El origen de los proyectiles gaseosos sigue sin explicación.
"El origen de estas 'balas' es un misterio. Sospechamos que
se originaron después de la explosión, pero nunca se han observado
proyectiles de este tipo en ninguna otra nova", señaló Mills.
Además, el sistema ha comenzado de nuevo a transferir materia,
un proceso que podría desembocar en futuras erupciones y ayudar
a estudiar el posible vínculo entre las novas de helio y las
supernovas de tipo Ia.
Una estrella nova es una explosión gigante en la superficie
de una estrella pequeña y muerta llamada enana blanca, lo
que hace que parezca nacer una estrella brillante nueva en
el cielo. El nombre viene del latín "nueva", aunque la estrella
ya existía antes de brillar con tanta fuerza. Su luz puede
multiplicarse miles o millones de veces en pocos días. El
brillo dura unas semanas o meses antes de apagarse despacio.
A diferencia de las supernovas, la explosión no destruye a
la enana blanca, por lo que puede volver a repetirse en el
futuro.
Las novas normales se alimentan de gas con hidrógeno, el
cual se acumula en la superficie de una enana blanca hasta
provocar una explosión termonuclear. Una nova de helio explota
sin hidrógeno, impulsada únicamente por la fusión de helio.
Este sistema, ubicado en la constelación de Puppis (la Popa),
entró en erupción en el año 2000. Recientes observaciones
de telescopios como el Hubble permitieron despejar la nube
de polvo que lo rodeaba y descubrir que el astro expulsa proyectiles
o "balas" de gas a casi el 3 % de la velocidad de la luz.
Este extraño comportamiento ayuda a los astrónomos a comprender
mejor los mecanismos de ciertos tipos de supernovas y cómo
evolucionan los sistemas estelares binarios.
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