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Venecia.
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25-Octubre-2020

No está claro si Venecia se hunde o la están hundiendo. Y aunque es cierto que los episodios de acqua alta cada vez son más frecuentes e intensos, no debemos olvidar que el Adriático lleva casado con la ciudad desde hace unos mil años. Cada año, el día de la Ascensión, el Dogo salía de la laguna y arrojaba al mar una alianza de oro, en una ceremonia de esponsales que se repitió durante siglos. Así, es lógico que los amantes quieran consumar de vez en cuando, aunque últimamente se les vea más ardorosos que de costumbre. En este romance, los humanos son apenas testigos de este amor milenario, pero también colaboran en acelerar los tiempos, ya sea por acción, con el desarrollo de una monstruosa industria turística que es a la vez la salvación y la maldición de la ciudad, o por omisión, con el injustificable retraso en la construcción de diques que tal vez –solo tal vez— sean capaces de retrasar el abrazo final entre la ciudad y su mar, o entre el mar y su ciudad.

Quizá sea esta fascinación que genera la belleza trágica que representa Venecia y su historia con el Adriático, la que ha ejercido un atractivo irresistible para viajeros, escritores y lectores a lo largo de los siglos. Tres categorías que no son necesariamente separadas sino que a menudo se solapan. En cierto sentido, escribir sobre Venecia es como componer canciones de amor: sobre un mismo hecho evidente, pero poco cerebral, hay casi tantas aproximaciones como personas que lo intentan. Además la traslación al papel –ya sea en palabras o en notas— de esa conmoción interna no puede resultar siempre acertada. Se trata, pues, de asumir un riesgo sin la certeza del resultado final. El mismo que asumieron los venecianos que levantaron los palazzi, las iglesias, el Arsenale o sus viviendas sobre el fango de la laguna.

Y sin embargo, a pesar de que las fórmulas parezcan ya agotadas, siempre hay nuevas maneras de contar esa lucha. O de usarla como escenario para otras luchas. En El palazzo inacabado (El Ojo del Tiempo, Siruela) Judith Mackrell se centra en uno de esos edificios llamados a sumergirse, el Palazzo Venier Leoni, para contar la historia real de tres mujeres contemporáneas que compartieron con Venecia la lucha por no terminar ahogadas. Luisa Casati, Doris Castlerosse y Peggy Gunggenheim compartieron, sin coincidir entre ellas, no solo las paredes del edificio –empezado a construir en 1750 como símbolo de poder de una de las familias más poderosas de la serenissima y que quedó inacabado— sino cada una con su historia personal la misma rebelión de Venecia ante un destino marcado. Mackrell utiliza un emblemático edificio veneciano como hilo conductor y escenario de una situación que es un universal.

Imágenes de Venecia del libro 'El Palazzo Inacabado' (Siruela).

Porque más allá de la belleza evidente, probablemente sea la situación de Venecia, con su grandeza perdida y su destino trágico, lo que la convierte en un imán para escritores y lectores. Los primeros se enfrentan al reto de trenzar esas historias colocando al lector en fondamente, calli y canalli mientras los segundos deben dejarse atrapar por ambas dimensiones –la física y la del relato— sin falsas expectativas ni dejar que una opaque a la otra. Exactamente como harían paseando tranquilos –en la Venecia actual esto a menudo es un desiderátum– por cualquier campiello.

Si escribir sobre Venecia es un reto, leer lo es apenas un poco menor. E igual que tratar de clasificar los edificios venecianos es una labor interminable e indefectiblemente inexacta, establecer límites claros en la literatura contemporánea, digamos, venecianista resulta igual de arbitrario. Pero al igual que Venecia se divide en sestiere, identificables, se puede establecer alguna división básica –y como todas las divisiones mejorable– para el lector que se dirige a través de un libro a Venecia.

En primer lugar se encuentran los estudios históricos sobre la ciudad y su república de los cuales, entre sus autores más famosos están Alvise Zorzi, director de la Mostra en los años de la posguerra con más de una veintena de obras en italiano, y John Julius Norwich (Historia de Venecia, Ático de los Libros). Otros autores de este tipo, eligen momentos cruciales en la historia de la república que sirven para hacer una exposición histórica de su funcionamiento. Es, por ejemplo, el caso de historiador naval Roger Crowley (Venecia, ciudad de fortuna, Ático de los Libros).

Menos apegados a los grandes eventos, pero sumergidos –tratándose de Venecia no podía ser de otra forma— en la cotidianeidad de la ciudad encontramos diversos autores cuyo punto en común es ser extranjeros que han vivido o viven en la ciudad de la laguna. Hombres y mujeres que relatan sus peripecias, desde buscar un electricista a recoger a los hijos a la salida del colegio. Barry Frangipane y Benn Robbins con The Venice experiment (Savory Adventures) y Polly Coles con The politics of washing (Robert Hale) constituyen un buen ejemplo.

Gracias fundamentalmente a la estadounidense Donna Leon ha proliferado lo que podríamos definir como el estilo veneciano-policíaco. Leon –vecina desde hace décadas de Venecia pero que se niega a que sus obras sean traducidas al italiano– es la creadora de la famosa saga del comisario Brunetti (Seix Barral) un policía veneciano que guía al lector tanto por las aguas y aceras de la ciudad como por la mente de un veneciano que sigue admirándose de la belleza que observa todos los días y preguntándose por su destino. En la estela de Leon se incluyen escritores como Philip Gwynne Jones que con The Venetian game (Constable) inicia una serie en la que el protagonista es un cónsul general británico y Gregory Dowing que con Ascension (St Martin Press) da el primer paso en una trama policíaca situada esta vez en 1749. No sabemos si el destino final de Venecia será quedar sumergida para siempre en el Adriático. Pero a medida que la ciudad se hunde, la literatura de distinto tipo sobre ella emerge con fuerza. Otra paradoja para la que tal vez sea la ciudad más paradójica del mundo.

Con su obra Historia de Venecia Norwich nos dejó un clásico, que está entre lo mejor que se ha escrito sobre la Serenísima, una auténtica maravilla que despertará el deseo de conocer o descubrir de nuevo esta ciudad increíble. Norwich, un erudito sobre Venecia y un extraordinario divulgador, trazó un recorrido brillante desde los comienzos del mito del Adriatico en el siglo V, hasta la disolución de la República Veneciana, llevada a cabo en 1797 por Napoléon. Te atrapará el magnetismo de esta narración y conocerás la ciudad a través de personajes extraordinarios envueltos en intrigas, aventuras y heroicidades, tan misteriosas y seductoras como la misma Venecia.
El mismo autor, la misma ciudad, que ya no era la misma, caminan juntos en este espectacular recorrido por el siglo XIX, en una Venecia que retrata el autor a través de biografías de visitantes ilustres. Célebres viajeros como lord Byron, John Ruskin, Henry James o Richard Wagner que pasaron temporadas atrapados por la magia veneciana, y través de grandes hechos históricos. En Venecia en el siglo XIX, Norwich comienza el recorrido con la entrada en la Serenísima de un joven Napoleón, con el que abre una apasionante y recomendable lectura, para acercarse a Venecia a través de las biografías de aquellas figuras que, por uno u otro motivo, se rindieron a su hechizo.
Venecia Deseada es un acercamiento a la ciudad cuya presencia material está en la obra de autores fundamentales de la literatura moderna: como Melville, Lord Byron, Ruskin, Henry James, Marcel Proust, Hofmannsthal, Ezra Pound, Rilke, Mann, o Sartre entre otros. Tanner, un eminente crítico literario, analiza cómo la historia, la arquitectura, los jardines, la pintura, la escultura, la política, el mar, o las plazas venecianas generan una literatura personal y original en cada uno de estos autores, que vivieron en algún momento de sus vidas en Venecia. "Venecia Deseada" rastrea en los caminos de esas joyas literarias la huella veneciana, las relaciones que tuvieron entre ellos, los diálogos entre sus obras. Y a través de estos caminos, el lector se inunda de la ciudad y con ella, y cuando la visite, se sentirá cómplice, con ellos, de ese deseo veneciano.

Premio Nobel de Literatura en 1987, Joseph Brodsky, poeta ruso-estadounidense, nacido en Leningrado y fallecido en Nueva York, dejó el encargo de ser enterrado en el cementerio de San Michele en Venecia. Allí descansa este escritor enamorado de la Serenísima, bajo una sencilla losa de mármol que rememora su nombre y sus años de vida: de 1940 a 1996. Sobre ella se ven habitualmente bolígrafos y rosas.

Marca de Agua es un libro hermoso, escrito desde el deslumbramiento y la adoración por la ciudad de los canales. Durante diecisiete años, Brodsky pasó en Venecia largas temporadas, siempre en invierno, cuando la ciudad estaba "libre" de turistas.

Marca de agua es una guía de Venecia, pero no es una guía cualquiera, no hay en ella itinerarios concretos, ni descripciones de monumentos o de obras de arte. Brodsky escribió cincuenta y un textos breves, meditaciones inundadas por el espíritu de Venecia, que te harán amar a esta ciudad única. Con estos textos traza un personal y hermoso recorrido por un espacio de agua, que ve unas veces marrón, otras azul o gris, agua que trata y maltrata a Venecia.

Un viaje al Renacimiento Veneciano que va respondiendo a lo largo de sus páginas a muchas preguntas, sobre la vida cotidiana de sus habitantes y sobre el aspecto de la ciudad en su momento cumbre, cuando era la República más cosmopolita de Europa y su puerto era la vía de entrada a Bizancio. Fortini describe en Arte y vida en la Venecia del Renacimiento, aquellos años venecianos mediante un análisis de pinturas, ilustraciones de libros, dibujos y distintas obras renacentistas, para enseñar la extraordinaria belleza de esta cultura y la diferencia con otras zonas de Italia. Una época que aún hoy se encuentra en muchos de sus edificios y de sus plazas, en las obras de sus museos y entre la placidez de sus canales más recónditos.
Para conocer la última época de gloria veneciana, traemos este interesante y entretenido paseo por el siglo XVIII a través de la música. En La Venecia, la autora nos muestra una ciudad que nunca se había divertido tanto; fiestas y música ocupaban un lugar impresionante en la vida cotidiana, como si intuyeran su habitantes que se les acababa la vida que conocían. Un Carnaval que duraba entre cinco y seis meses, conciertos, ópera, teatro, ceremonias religiosas, recepciones en las embajadas. Un ir y venir constante de alegría sin freno, en una ciudad de la que se dice, por muchos motivos, que es la música. Y Vivaldi en medio de todo ese festín de cultura y diversión. Patrick Barbier recompone entre documentos y epistolarios de la época la vida musical de Venecia, que parecía sonar tras la batuta de Vivaldi, salpicada de jugosas anécdotas. Una lectura más que interesante que hará que la próxima vez que visites Venecia, lo hagas atento a sus sonidos.
Los gondoleros silenciosos es una fábula que ocurre en esta ciudad fascinante a partir de uno de sus colectivos más legendarios: los gondoleros, con fama de ser los mejores cantantes del mundo. De pronto y sin saber porqué empezaron a desafinar y optaron todos por guardar silencio mientras remaban. El protagonistas es Luigi, joven aspirante a gondolero, que guía al lector por una Venecia entre la fantasía y la realidad, mientras busca la respuesta del maleficio en una taberna secreta de los gondoleros, en la iglesia de las almas de los que murieron en el mar, y en muchos otros rincones mágicos de esta fabulosa ciudad, que seguro buscarás en tu próxima visita.
El Impresor de Venecia es una novela sobre el nacimiento del negocio de los libros. Ambientada a principios del siglo XVI y protagonizada por Aldo Munizio, en cuya imprenta nacieron auténticos hitos de la edición moderna, como la cursiva o el libro de bolsillo. Munizio fue un humanista obsesionado con la recuperación del saber de los clásicos: Aristóteles, Aristófanes, Epicuro. Pero se encontró con la censura y el mercantilismo, como le pasaría hoy, para complicarle su sueño editor. En una Venecia fascinante y enloquecida, más idónea para espíritus mercantiles y amantes furtivos, que para los pioneros de la edición, Azpeitia, irónico y erudito, te lleva por un apasionante recorrido entre los canales y las calles de la Venecia del Renacimiento tras los pasos de un editor legendario.
Esta guía culinaria veneciana, recoge las recetas de cocina de un célebre comisario: El comisario Brunetti, personaje de las novelas de Donna Leon, que ha resuelto tantos casos difíciles en la ciudad de Venecia. El libro te invita a entrar en la cocina de Brunetti para aprender los secretos de la pasta favorita de los Brunetti (los penne rigate), o un recomendable pastel de manzana, los secretos de la lasaña que cocina la madre de Brunetti, el risotto favorito de la autora, (risotto de zucca) y los mejores clásicos de la auténtica cocina italiana en versión veneciana. Y además de otras muchas sorpresas, El Sabor de Venecia, te pasea por los mercados de Venecia y te cuenta los secretos de un pescador de la zona.

Este es un paseo insólito por la intimidad de un ser maravilloso que el autor compara con un lenguado colosal tendido sobre el mar. Visto desde el avión, o en un mapa, efectivamente tiene forma de pez. En Venecia es un pez, Scarpa se pregunta ¿Cómo es posible que este animal prodigioso haya remontado el Adriático para venir a guarecerse justo aquí? Es un libro de amor a Venecia, que está ordenado por etapas que concuerdan con los órganos del visitante: de los pies a los ojos. Conducido por la prosa flexible y socarrona de Scarpa, tus sentidos disfrutarán de Venecia como no te lo imaginas. Secretos y revelaciones de la mágica ciudad van apareciendo a lo largo de sus páginas, entre ellos la sorprendente afirmación de que Venecia no es buen sitio para una declaración de amor. ¡Pero si es la ciudad más romántica del mundo!. Lo enfoca el autor desde la violencia que implican algunos actos de amor, como intentar retener a alguien a quien amamos, que es lo que dice Scarpa que han hecho ellos a Venecia:

Hemos hecho cosas peores que atarla a tierra firme: literalmente, la hemos clavado al fondo del mar.

Mi plan secreto para mudarme a Venecia estaba listo. Era hora de ver si mi esposa aceptaba la idea de dejar nuestra casa para vivir durante un año entero en un país extranjero ...

Y así comienza el viaje: Barry y Debbie Frangipane, una pareja de clase media cansados de la rutina, lo deja todo por el atractivo de Venecia. ¿Podrán moverse en una ciudad extranjera? Descubre los divertidísimos giros y vueltas que toman sus vidas durante su año en la ciudad del agua, mientras nos muestran una Venecia que nunca supimos que existía. El Experimento de Venecia trata de cumplir sueños en un viaje que cualquiera de nosotros podría hacer, pero ¿lo haríamos?

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Escrito en francés, en sus años de declive, cuando Giacomo Casanova era bibliotecario en el castillo del conde Waldstein, en Bohemia, el manuscrito de sus memorias fue vendido en 1820 al editor alemán Brockhaus. Éste encargó la edición de la Historia de mi vida a Jean Laforgue, quien no se conformó con corregir el estilo, plagado de italianismos, sino que adaptó su forma de pensar al gusto prerromántico de la época, censurando pasajes ideológicos y omitiendo episodios que consideraba subidos de tono. Hasta ahora, todas las traducciones al español se han basado en la versión de Laforgue. En 1928, Stefan Zweig se lamentaba de la falta de un texto original de las Mémoires que permitiera «juzgar fundadamente la producción literaria de Casanova». No fue hasta 1960 cuando la editorial Brockhaus decidió desempolvar el manuscrito original para, en colaboración con la francesa Plon, publicarlo por fin de forma fiel y completa.

La edición de Brockhaus-Plon se había traducido al inglés, alemán, italiano y polaco, pero todavía no al español. Esta edición de Atalanta, traducida y anotada por Mauro Armiño y prologada por Félix de Azúa, con cronología, bibliografía e índice onomástico, brinda al lector la oportunidad de gozar por primera vez en español de este clásico de la literatura universal.

Los viajes de Marco Polo, conocido también como El libro de las maravillas o El libro del millón, es el título con el que suele traducirse al español el libro de viajes del mercader veneciano Marco Polo, conocido en italiano como Il Milione (El millón).El libro relata los viajes de Marco Polo a China, a la que él llama Catay (norte de China) y Mangi (sur de China). Polo supuestamente dictó su obra a un amanuense, Rustichello de Pisa, quien fue su auténtico autor, basándose en relatos de comerciantes italianos y en su fantasía mientras estuvo preso en Génova en 1298 y 1299; Marco Polo solo es el personaje novelesco protagonista. El libro se redactó originalmente en francovéneto, una lengua literaria que utilizaba un léxico francés en una sintaxis véneta; el manuscrito más antiguo conservado lleva por título Le divisament du monde. La obra se divide en cuatro libros. El primero describe las tierras de Oriente Medio y Asia Central que Marco Polo atravesó en su viaje hacia China.

El libro segundo habla de China y la corte de Kublai Kan. En el tercero se describen varias regiones costeras de Oriente: Japón, India, Sri Lanka y el sudeste de Asia, así como la costa oriental de África. El cuarto libro trata de las guerras que mantuvieron poco antes entre sí los mongoles, y describe también algunas regiones bastante más al norte, como Rusia. El libro alcanzó un éxito poco frecuente en la época anterior a la invención de la imprenta. Se tradujo a varias lenguas europeas ya en vida de su autor, pero los manuscritos originales se han perdido.

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Tres mujeres extraordinarias del siglo XX, son las protagonistas de la obra El palazzo inacabado: Arte, amor y vida en Venecia, de Judith Mackrell. Esas mujeres fueron Luisa Casati, Doris Castlerosse y Peggy Guggenheim, y el libro ha sido recientemente publicado por Ediciones Siruela, con traducción del inglés a cargo de Lorenzo Luengo.

En cuanto al palazzo, se trata del Palazzo Venier dei Leoni. Un monumental proyecto encargado a mediados del siglo XVIII por la prominente familia Venier, pero cuyas obras se paralizaron en 1780. Las razones no son conocidas con certeza (las autoridades, problemas económicos, decaimiento de la dinastía por la falta de descendencia…) Fue abandonado con solo una planta y tres columnas del pórtico de triple arco de la fachada contruidas. Y así permaneció durante más de un siglo —il palazzo non finito, lo llamaban los venecianos— hasta que, ya en el siglo XX, fue ocupado sucesivamente por las tres mujeres de cuyas biografías se ocupa este libro.

La primera fue Luisa Casati, y a ella se dedica la primera parte del libro, que lleva por título Una obra de arte viviente.

Nacida en Milán en 1881, hija de un magnate textil, quedó huérfana a los quince años, heredando una gran fortuna. Casada con un marqués y madre de una hija, sus aspiraciones sociales iban mucho más allá del ámbito familiar. Deseaba un lugar en el mundo elegante de su época, y lo logró gracias a su gran riqueza, innata elegancia y calculada excentricidad. Fue amiga y mecenas de algunos de los grandes nombres del arte de su época como Gabriele D’Annunzio (su amante durante un tiempo), Vaslav Nijinsky o Jean Cocteau.

Ella fue quien recuperó el Palazzo Venier, adquiriéndolo en 1910 y viviendo allí durante buena parte de la segunda y tercera décadas del siglo XX. Pero no reanudó las obras, como esperaban los venecianos: lo quería como un escenario de carácter gótico, ricamente decorado y en una ubicación privilegiada.

La segunda fue Doris Castlerosse, y a ella se dedica la segunda parte del libro, titulada La salonnière.

Nacida en Londres en 1900, sus orígenes eran mucho más humildes que los de Casati. Fue una mujer determinada a aprovechar su capital erótico y capacidad de seducción para ascender socialmente. Tras una trayectoria como “amante profesional” se casó con el vizconde Valentine Castlerosse. La pareja disfrutó de unos años locos al final de los locos años veinte, en compañía de personajes como Noël Coward o Tallulah Bankhead. En los años treinta, Doris fue sumando nuevas conquistas, como Cecil Beaton e incluso —aunque nunca fuera confirmado— Winston Churchill, quien pintó tres retratos de Doris. En un nuevo giro a su destino, Doris sedujo a una rica heredera lesbiana estadounidense, Margot Hoffman. Margot fue quien compró para ella el Palazzo Venier en 1936. Después de modernizarlo, Doris cumplió en él su sueño de ser una gran anfitriona. Organizó allí una serie de fiestas a las que asistieron personalidades como Douglas Fairbanks e incluso miembros de la realeza británica. Pero su estancia en Venecia se vio truncada por la guerra que, a la postre, también la abocaría a su final.

La tercera, y la más famosa, fue Peggy Guggenheim, y de ella se ocupa la tercera y última parte del libro, titulada La coleccionista. Nacida en nueva York en 1898, recaló en Venecia después de la Segunda Guerra Mundial, tras décadas viviendo en su ciudad natal, París y Londres. Años durante los cuales coleccionó no solo obras de arte, sino también maridos y amantes. Adquirió el Palazzo Venier en 1949, y lo abrió como museo poco tiempo después. Fue la que más se integró en la ciudad de las tres y conocía bien Venecia y el dialecto veneciano. Está enterrada en el jardín del palazzo. Su colección de arte, un legado al que dedicó todo su empeño, ha resultado una importante contribución a la ciudad. Y ha dotado al palazzo de un propósito definitivo como museo, un lugar donde sus obras de arte se mantienen juntas y permanentemente expuestas en Venecia.

Judith Mackrell es crítica de danza del diario británico The Guardian. También es la exitosa autora de varias obras biográficas, una de las cuales entró en la selección de los Costa Book Awards en la categoría de Biografías.

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