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Stephen Crane

El Montmartre particular de Stephen Crane fue el Bowery neoyorquino de finales del XIX, el barrio que había pasado de elegante a marginal por donde se movía la bohemia, el primer paso de Crane para convertirse en el artista que quería ser. En 2021 Paul Auster quiso rescatar del olvido en La llama inmortal de Stephen Crane la figura del periodista y escritor de Newark.

De Newark a Nueva York como de Barcelona a París. Este Picasso abandonado sobrevivió en aquel Bowery salvaje que le encantaba, donde el Bateau Lavoir fue una residencia para estudiantes de medicina. Tenía 22 años cuando escribió Maggie, una chica de las calles. Nadie quiso publicar el texto por su crudeza. Una crudeza real que era una crónica novelada de sus visiones y experiencias diarias.

Escritor de periódicos, su segunda novela fue El rojo emblema del valor, la obra opuesta a Maggie porque esta se basó en sus observaciones ciertas, y aquella surgió de un curioso cóctel de lecturas de periódicos e imaginación que se convirtió en un éxito extraordinario en 1895. Pero lo más curioso fue que el libro se hizo famoso por su elogiado realismo nunca antes visto. El realismo que era inventado, o más bien construido, con un talento y una forma inusuales.

El Bowery neoyorquino a finales del XIX.

El rojo emblema del valor cuenta la historia del soldado Henry Fleming en la guerra de Secesión estadounidense, que huye de la batalla por miedo y luego, arrepentido, busca enmendarse buscando la herida (el rojo emblema) que le salve de sí mismo. El simbolismo y la manera de narrar; la descripción del miedo, la psicología de la guerra, del momento, de la lucha, fueron admirados por los lectores y alabados por los soldados verdaderos que se reconocieron en los sentimientos y sensaciones descritas en la novela.

Lo más curioso, se decía antes, o lo más notable, es que Stephen Crane nunca estuvo en ninguna guerra. El rojo emblema del valor fue una creación artística asombrosa por esa razón: la recreación perfecta y sublime de una realidad que no había vivido. La fama le llegó a Crane primero tras publicarse algunos capítulos en centenares de periódicos que hicieron llegar aquellas «crónicas» líricas al gran público. Fue como escribir sobre ciudades del mundo leyendo y ojeando revistas de viajes.

Dedicamos un monográfico a la guerra de Secesión estadounidense y la segregación.

Su aclamado realismo estaba bañado de impresionismo como de oro. Un fenómeno literario. La guerra entre metáforas para una obra modernísima en su tiempo y aún hoy, un clásico poco conocido de un autor poco conocido del que Paul Auster dijo que debería estar situado a la altura de Herman Melville o de Edgar Allan Poe. El rojo emblema del valor no solo triunfó en Estados Unidos, sino que su éxito fue aún mayor en Gran Bretaña. Crane sobrevivió tan solo unos pocos años a su fama debido a la tuberculosis.

Entonces se empezó a construir el mito del escritor y de la novela que nunca ha dejado de editarse. Contó Auster en su libro sobre Crane que el periodismo de sus inicios «explicaba lo que había visto, pero creo que gran parte era inventado»: el germen de El rojo emblema, un poco el triste Lord Jim de su mejor amigo Joseph Conrad o el moderno que frecuentó los bajos fondos y que llamaba «El maestro» a su también amigo Henry James.

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Crane fue el decimocuarto y último hijo de un matrimonio perteneciente a la Iglesia Metodista. En 1890 se trasladó a Nueva York para trabajar por su cuenta como reportero de los barrios bajos, trabajo que junto a su pobreza le proporcionaría material para su primera novela. Maggie: una chica de la calle (1893) fue su novela inicial, que publicó con seudónimo y tuvo que costear él mismo; mereció los elogios de varios escritores, pero no tuvo éxito comercial (hoy es un clásico). A ella la siguió El rojo emblema del valor (1896), un relato fuertemente lírico y realista sobre la guerra civil estadounidense, que sigue siendo reconocida internacionalmente como un estudio psicológico, certero y profundo de un soldado joven. En la novela describe cierto episodio de la guerra civil desde dentro. Esta obra, de constantes reediciones, fue llevada al cine por John Huston.

A pesar de que no había vivido experiencias militares, la descripción de las duras pruebas de combate que revelaba en su obra (basada en documentación e imaginación), indujo a varios periodistas estadounidenses y extranjeros a contratarle como corresponsal en la Guerra de los Treinta Días (guerra greco-turca de 1897) y en la Guerra hispano-estadounidense (1898). En 1896 el barco en el que acompañaba a una expedición de Estados Unidos a Cuba, naufragó y estuvo cuatro días a la deriva, lo que a la larga le ocasionó una tuberculosis. Plasmó estas experiencias en el libro de cuentos The Open Boat and Other Tales (1898). En 1897 se estableció en Inglaterra, donde hizo amistad con los escritores Henry James y Joseph Conrad, quien alabó su gran novela. Poco antes de su muerte apareció el que es probablemente su libro más popular, Whilomville Stories (1900).

El naturalismo de Crane no es tan desesperado como el de Émile Zola y se halla además transido de un fuerte lirismo. Escribió un total de doce libros hasta morir de tuberculosis, a los 28 años, en Badenweiler (Alemania). Una sátira del temperamento romántico que dejó inacabada, The O'Ruddy, fue concluida por Robert Barr y se dio a conocer en 1903.

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