|


































|
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El 1 de noviembre de 1942, la Batalla de Stalingrado alcanzaba
su momento más crítico. Tras más de tres meses de intensos combates
urbanos, las fuerzas alemanas del 6º Ejército, bajo el mando del
general Friedrich Paulus, controlaban la mayor parte de la ciudad,
pero estaban exhaustas y mal abastecidas. La resistencia soviética,
organizada por el general Vasili I. Chuikov y coordinada estratégicamente
por el mariscal Gueorgui K. Zhúkov, mantenía posiciones clave en
el sector industrial y en la orilla occidental del Volga. La situación
de aparente dominio alemán ocultaba un progresivo desgaste y la
inminencia de una contraofensiva soviética que cambiaría el curso
de la guerra.

El rostro de la lucha en Stalingrado. Un agotado 'Panzergrenadier'
tras otro ataque fallido.
A comienzos de noviembre de 1942, el frente del Volga se había
convertido en el epicentro del conflicto germano-soviético. Desde
el lanzamiento de la ofensiva alemana en el verano —la Operación
Blau—, el objetivo principal del Grupo de Ejércitos B había sido
capturar Stalingrado, asegurando el control del Volga y protegiendo
el avance hacia los campos petrolíferos del Cáucaso. Sin embargo,
lo que inicialmente se concibió como una operación rápida se transformó
en una de las batallas más largas y sangrientas de la historia moderna.
El 6º Ejército alemán, junto con elementos del 4º Ejército Panzer,
había penetrado profundamente en la ciudad desde septiembre. Para
el 1 de noviembre, las tropas de Paulus controlaban aproximadamente
el 80% de Stalingrado, incluidos sectores cruciales como la colina
de Mamáyev Kurgán, los escombros de la fábrica de tractores Dzerzhinski
y parte de la planta metalúrgica Barrikady. No obstante, los soviéticos
conservaban un corredor estrecho en la ribera del Volga, a través
del cual mantenían un flujo constante —aunque peligroso— de hombres,
armas y suministros desde la orilla oriental. El aparente dominio
alemán escondía una situación crítica. El 6º Ejército sufría un
progresivo agotamiento material y humano.

Jonathan Trigg, reconocido autor sobre la II Guerra Mundial y antiguo
oficial del Ejército británico, en Stalingrado.
Las pérdidas acumuladas desde agosto superaban los 100.000 hombres
entre muertos, heridos y desaparecidos. Las unidades de infantería
estaban reducidas a una fracción de su fuerza nominal, y los tanques
y cañones se encontraban al límite de su operatividad debido al
desgaste y la escasez de repuestos. La cadena logística alemana
estaba sobreextendida. Las líneas de suministro, que se extendían
cientos de kilómetros a través de la estepa rusa, eran vulnerables
a la acción partisana y a las condiciones meteorológicas. Con la
llegada del invierno, las temperaturas comenzaron a descender hasta
los 40º C, afectando tanto al personal como al equipo. Las raciones
de alimentos y combustible se reducían drásticamente, y la moral
de las tropas, enfrentadas a una resistencia inquebrantable, empezaba
a deteriorarse. La defensa soviética, dirigida por el general Chuikov
desde su puesto de mando en las ruinas de la ciudad, se basaba en
tácticas de combate cuerpo a cuerpo y en el aprovechamiento máximo
del terreno urbano. La consigna “Ni un paso atrás” (Ni shagu nazad),
impuesta por la Orden Nº 227 de Stalin, se convirtió en principio
rector de la defensa. Los soviéticos mantenían el control de las
fábricas del norte —“Octubre Rojo”, “Barrikady” y “Tractor de Stalingrado”—,
zonas que se transformaron en fortalezas improvisadas. Las pequeñas
unidades del 62º Ejército combatían desde sótanos, escombros y fábricas
en ruinas, con francotiradores y zapadores infligiendo bajas constantes
a los atacantes.

Las confesiones del general nazi que desveló la torpeza militar
de Hitler: «Stalingrado culminó el desastre». Franz Halder escribió
en 1949 un libro de apenas sesenta páginas en el que recogió los
fallos más dolorosos que cometió el 'Führer' en la URSS.
Cada edificio conquistado requería un elevado coste en vidas y
material. Mientras tanto, el alto mando soviético (STAVKA), encabezado
por Zhúkov y Aleksandr Vasilevski, preparaba una ambiciosa maniobra
de cerco: la Operación Urano. Su ejecución dependía de la acumulación
secreta de tropas y medios mecanizados en los flancos norte y sur
del saliente alemán, defendidos en gran parte por unidades rumanas,
italianas y húngaras, mucho menos experimentadas y peor equipadas.
Durante la primera quincena de noviembre, mientras el 6º Ejército
alemán intentaba sin éxito eliminar los últimos focos de resistencia
dentro de la ciudad, el Ejército Rojo concentraba sus fuerzas en
las zonas de Serafimóvich, Kletskaya y Kotelnikovo. La artillería,
los cuerpos mecanizados y los ejércitos de choque estaban listos
para iniciar la ofensiva. La inteligencia alemana subestimó la magnitud
de la amenaza. Paulus, confiando en que la victoria en Stalingrado
estaba próxima, concentró sus esfuerzos en los combates urbanos.
Hitler, desde el cuartel general de Rastenburg, insistía en mantener
la ofensiva dentro de la ciudad y prohibió cualquier retirada significativa,
ignorando las advertencias del general Kurt Zeitzler sobre la fragilidad
de los flancos. El 1 de noviembre de 1942 marcó el punto de transición
entre la ofensiva alemana y la inminente inversión de la situación
estratégica. La aparente victoria del 6º Ejército escondía su agotamiento
irreversible.

Soldados de la Wehrmacht tirando de un coche embarrado, noviembre
de 1941. La rasputitsa desempeñó un papel crucial durante las diferentes
guerras en Rusia, particularmente en la Segunda Guerra Mundial donde
la Blitzkrieg fue casi detenida por el lodo, haciendo los tanques
más poderosos prácticamente inutilizables.
Las fuerzas soviéticas, pese a las pérdidas devastadoras, mantenían
la iniciativa oculta tras sus líneas. Tres semanas más tarde, el
19 de noviembre, el lanzamiento de la Operación Urano rodearía a
más de 250.000 soldados del Eje en Stalingrado. El equilibrio de
fuerzas se había alterado de manera definitiva. Lo que el Alto Mando
alemán percibía como una victoria parcial se convirtió, en realidad,
en el preludio de su mayor derrota. Stalingrado no solo marcó un
punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial, sino que simbolizó
el comienzo del fin del expansionismo alemán en el Este.
Puedes pedirle a los Reyes Magos los siguientes libros ...
-Antony Beevor, Stalingrado, Barcelona: Crítica, 2000.
-David M. Glantz & Jonathan House, To the Gates of Stalingrad,
University Press of Kansas, 2009.
-John Erickson, The Road to Stalingrad, London: Weidenfeld & Nicolson,
1975.
-Vasili I. Chuikov, La batalla de Stalingrado, Moscú: Ediciones
Progreso, 1965.
-Geoffrey Jukes, Stalingrado: el punto decisivo, Madrid: San Martín,
1980.
Photographos es la revista fotográfica impresa más antigua y de
mayor trayectoria en Grecia, publicada ininterrumpidamente desde
1989.
Participa.

El Festival de Fotografía de Belfast es el festival anual de fotografía
más grande del Reino Unido e Irlanda. Con más de 30 sedes, presenta
fotografía contemporánea de vanguardia de artistas locales, nacionales
e internacionales.

El Simposio Nacional de Fotografía de Autor Jardín Remoto Experience
2025 que se celebra del 14 al 16 de noviembre en el convento de
Nanclares de la Oca (Álava) premiará en ésta su tercera edición
a cinco de los asistentes participantes en la revisión de portfolios
del domingo 16 de noviembre por la mañana.

Pronto sabremos los ganadores del PARIS INTERNATIONAL STREET PHOTO
AWARDS.

Ignacio López Bocanegra, más conocido como Nacho López, (Tampico,
Tamaulipas, 20 de noviembre de 1923 – Ciudad de México, 24 de octubre
de 1986) fue un fotógrafo mexicano, figura importante en el periodismo
fotográfico de dicho país en el siglo XX. Casi rechazó la creación
de imágenes que retrataban un México exótico y prefirió la fotografía
de gente común de la Ciudad de México a la de la élite política
y social. Se le acredita haber sido el primero en México en trabajar
con series fotográficas, a las que llamó "fotoensayos" hechos para
publicarse en revistas ilustradas semanales en el país. Cerca de
la mitad de sus fotografías fueron de situaciones organizadas por
López, diseñadas para capturar las reacciones de los presentes en
el evento.

Aunque como fotoperiodista estuvo activo por menos de una década
en la década de los años 1950, fue una influencia para las generaciones
de fotoperiodistas que lo sucedieron, y dejó una colección de aproximadamente
33,000 imágenes resguardada hoy en el Fondo Nacho López de la Fototeca
Nacional de México.

Visual Art Open otorga un prestigioso premio de 10.000 libras esterlinas,
diseñado para reconocer y promover el talento artístico excepcional
a nivel internacional . Además de importantes premios en metálico,
los ganadores obtienen acceso a destacadas oportunidades de exposición,
desarrollo profesional personalizado y beneficios exclusivos para
miembros.


En The Motif Collective, no solo entregan premios
increíbles, sino que también ayudan a los artistas a construir credibilidad
mediante un reconocimiento elegante y bien merecido.


Los Premios de Fotografía Booooooom regresan por cuarto
año consecutivo y la convocatoria ya está abierta.


La plataforma PitturiAmo da visibilidad internacional
a artistas, incluyendo fotógrafos, a través de exposiciones y colaboraciones
con galerías de arte.


La exposición internacional en línea “Más allá de
los temas” es una invitación abierta a todos los estilos, todas
las visiones, todas las imaginaciones.
Abstracto, documental, retrato, paisaje, minimalista,
maximalista, analógico, digital ...


Arts to Hearts es una comunidad creativa global que
reúne a mujeres creativas y artistas con diversos intereses para
ayudarlas a establecer carreras exitosas financieramente y personalmente
satisfactorias a través del aprendizaje, la comunidad, la colaboración
y el establecimiento de contactos.


El Festival de Fotografía PhotoPolis Agrinio invita
a presentar la solicitud para la exposición “Photofolios:26”.

Trabajadores armados de Praga conducen a dos prisioneros
por la calle: un oficial de la Gestapo y un SS-Hauptscharführer.
Estos dos, antes de ser capturados, habían disparado al aire desde
el ático de un edificio. Emil Fafek tomó la imagen en mayo
de 1945. Durante la Segunda Guerra Mundial, Fafek fue un trabajador
forzado en Alemania. A principios de mayo de 1945, regresó a Praga,
donde fotografió el levantamiento de la resistencia checa contra
los ocupantes alemanes, que terminó en un alto el fuego cuando el
Ejército Rojo entró en la ciudad.

Ese mismo año, Fafek se convirtió en fotógrafo del
recién fundado diario Mladá Fronta, donde permaneció durante más
de 40 años. Era muy común que los agentes de la Gestapo, especialmente
aquellos que realizaban investigaciones o arrestos, vistieran de
civil para pasar desapercibidos entre la población y poder operar
de forma encubierta.
El 23 de Agosto de 1989, cerca de dos millones de
personas en Lituania, Estonia y Letonia formaron una cadena humana
de más de 675 kilómetros para protestar pacíficamente
contra la ocupación sovietica.

Esta histórica manifestación, conocida
como La cadena báltica, simbolizaba su deseo de libertad.

Limpiando los canales de Venecia, 1956.
Los canales de Venecia se congelaron por última vez
en 2012, y la anterior fue en 1929. Todo el agua de los canales
se renueva de forma natural cada 12 horas debido a las mareas.
La misión de estos premios es descubrir, exhibir y
promover a fotógrafos que trabajan en todos los géneros de la fotografía
analógica en todo el mundo.


En la Unión Soviética de los años treinta, la lealtad
podía durar menos que un suspiro. Y ningún ejemplo ilustra mejor
esa época de sombras que la historia de Henrikh Yagoda, jefe de
la NKVD, y de su esposa, Ida Averbakh. Ida no era una figura menor.
Intelectual, militante convencida del proyecto soviético, en 1936
escribió una frase que hoy resuena con un eco trágico: “El GULAG
es un medio ideal para transformar la peor materia humana en constructores
activos del socialismo”. Un año después, aquel mismo sistema que
ella defendió la declaró enemiga del pueblo. Fue arrestada, enviada
al GULAG y ejecutada con un disparo en la nuca. La “reeducación”
que tanto había elogiado se convirtió en su sentencia. Pero detrás
de su caída estaba la caída aún más ruidosa de su esposo. Henrikh
Yagoda —fiscal implacable, responsable directo de miles de arrestos,
torturas y condenas a campos de trabajo— cometió un error fatal:
ser útil solo hasta el día en que Stalin dejó de necesitarlo.

Todo estalló tras un episodio casi absurdo. Máximo
Gorki, el escritor más influyente del régimen, pidió permiso para
viajar a Italia por motivos de salud. La llamada llegó al Kremlin
en un tono que Stalin consideró insolente. La respuesta del líder
fue un frío recordatorio disfrazado de metáfora: un avión llamado
“Máxim Gorki” había caído porque “volaba demasiado alto”. El mensaje
era claro: el escritor también estaba volando donde no debía. Stalin
llamó entonces a Yagoda y le ordenó “ocuparse de Gorki”. Poco después,
el escritor enfermó y murió. En aquella época, las coincidencias
eran demasiado precisas para ser coincidencias. Y como ocurría siempre
en el círculo del poder estalinista, una vez cumplida la función,
el ejecutor se convertía en futuro ejecutado. La caída de Yagoda
fue tan teatral como cruel. Stalin lo acusó de traición, conspiración
y espionaje —cargos que él mismo había utilizado contra miles— y
ordenó que presenciara la ejecución de catorce condenados antes
de enfrentarse a la suya. Era el tipo de ironía que definía el terror.
Ida e Yagoda, figuras centrales del aparato represivo, desaparecieron
en 1937 sin que quedara ni memoria oficial ni funerales, tan solo
un hueco en los archivos y una advertencia silenciosa: en el gran
proyecto soviético, nadie estaba a salvo, ni siquiera quienes lo
habían construido a base de miedo.
Hoy, cuando algunos evocan con nostalgia la Unión
Soviética, es imposible no recordar estas historias. Porque más
allá de los discursos, la planificación y la propaganda, hubo vidas
quebradas, familias destruidas y un país entero gobernado por el
temor. Una época donde el poder podía levantar imperios… y borrarlos
con el mismo trazo.

En la fotografía pueden ver a 8 trabajadores de Shockley
Semiconductor Laboratory conocidos como "Los 8 traidores" En 1955,
Shockley fundó su propia empresa para desarrollar y producir transistores
y diodos. Sin embargo, es bien sabido que Shockley tenía un carácter
complicado y a veces agresivo, incluso puede ser considerado como
paranoico. La paranoia de Shockley por ser espiado llegaba al punto
de grabar todas las llamadas, evitar que entre compañeros compartieran
sus avances o aplicar el detector de mentiras a sus empleados. Todo
esto llevó a que 8 de sus trabajadores renunciaran a su empresa
y se aliaran con Sherman Fairchild para fundar Fairchild Semiconductor,
empresa que durante años sería líder en el mercado de semiconductores
tanto en tecnología como en venta. Actualmente la empresa es parte
de ON Semiconductor. En la fotografía, de izquierda a derecha, tenemos
a Gordon Moore, Sheldon Roberts, Eugene Kleiner, Robert Noyce, Victor
Grinich, Julius Blank, Jean Hoerni y Jay Last. Si bien todos tuvieron
relevancia de una u otra forma tras abandonar Fairchild Semiconductor,
hay 4 nombres que sobresalen de todos los demás.
- Jean Hoerni el inventor del proceso planar, la
cual es la técnica de manufactura utilizada para fabricar circuitos
integrados.
- Eugene Kleiner co-fundador de Kleiner Perkins, una
empresa que se especializa en invertir en empresas en crecimiento.
Algunas empresas en las que ha invertido son Amazon, EA, Google,
Palo Alto y Twitter
- Robert Noyce co-fundador de Intel e inventor del
primer circuito integrado de silicio. Aunque la tecnología ha ido
cambiando, los chips actuales se basan en el chip creado por Noyce.
- Gordon Moore co-fundador de Intel y conocido principalmente
por la Ley de Moore, la cual nos dice que el número de transistores
en un circuito integrado se duplica cada año.
La hiperinflación en Alemania en 1923 fue un colapso
económico extremo donde los precios se duplicaban cada pocos días,
alcanzando un pico en noviembre con tasas mensuales del 3.250.000%,
haciendo que el dinero se volviera casi inútil (un dólar llegó a
valer billones de marcos) y llevando a la gente a usar billetes
para combustible o decoración, siendo una consecuencia directa de
la impresión descontrolada de dinero para pagar reparaciones de
guerra tras la Primera Guerra Mundial y la ocupación del Ruhr, hasta
que se estabilizó con el Rentenmark y el Plan Dawes.

Niños alemanes jugando con fajos de dinero sin valor
durante el apogeo de la hiperinflación en 1923.
Una barra de pan costaba 160 marcos a finales de
1922 y 200 mil millones de marcos en noviembre de 1923. El Tratado
de Versalles impuso pagos enormes, que Alemania intentó cubrir imprimiendo
más dinero, agotando sus reservas. Francia y Bélgica ocuparon la
Región del Ruhr, la zona industrial, por impagos; el gobierno alemán
financió la resistencia pasiva imprimiendo aún más billetes. La
falta de confianza en el marco llevó a una impresión descontrolada,
devaluando la moneda día a día.
El acorazado "Gneisenau" en el dique seco de Howaldtswerke
en Kiel, poco después de que un torpedo del submarino británico
HMS Clyde impactara gravemente su proa el 20 de junio de 1940. La
potente explosión abrió un boquete de varios metros de ancho en
el costado de estribor, deformó las placas de acero como si fueran
láminas finas y reventó secciones enteras de los primeros mamparos.
Tras un sellado temporal en Trondheim, Noruega, el crucero, gravemente
dañado, fue remolcado a su astillero, donde fue apuntalado sobre
bloques de quilla. La foto muestra claramente la enorme magnitud
de la destrucción, en comparación con los minúsculos trabajadores
del astillero en el suelo del muelle. A pesar del enorme boquete,
el "Gneisenau" se mantuvo a flote; las extensas reparaciones se
prolongaron hasta finales del otoño de 1940, antes de que el barco
volviera a estar listo para el servicio.

En 1927, Benito Mussolini ordenó el drenaje del lago
Nemi, un lago volcánico cerca de Roma. Ocultos bajo sus oscuras
aguas durante casi 1900 años yacían dos reliquias extraordinarias:
los palacios flotantes de Calígula, el infame emperador de Roma.
Construidos en el siglo I d. C., los barcos eran maravillas de la
ingeniería: enormes leviatanes de madera adornados con suelos de
mármol, mosaicos, sistemas de plomería e incluso plataformas giratorias.
Tras la muerte de Calígula, fueron hundidos deliberadamente, y sus
secretos se conservaron en silencio bajo el lago. El primer barco
emergió en 1929. Al año siguiente, el segundo, de mayor tamaño (73
x 24 metros, 240 x 79 pies), emergió. Una foto tomada alrededor
de 1931 lo muestra recortado contra las aguas que se retiraban,
una ilusión de flotación tras casi dos milenios de inmersión. Para
1932, ambos barcos habían sido recuperados por completo y exhibidos
en un museo construido exclusivamente para honrarlos. Pero su supervivencia
fue desgarradoramente breve. En 1944, durante la Segunda Guerra
Mundial, un incendio consumió el museo.

Ya sea provocado por las tropas alemanas en retirada
o por la artillería aliada, las llamas redujeron a cenizas los barcos
de Calígula, preservados durante 1900 años bajo el lago Nemi, en
tan solo una noche. Hoy solo quedan fragmentos carbonizados y fotografías,
recordatorios fantasmales de tesoros perdidos y de lo frágiles que
pueden ser incluso los logros más grandiosos de la historia.
Entre los campos de concentración del régimen nazi,
Mauthausen, en Austria, fue el más temido. No por su tamaño, sino
por su crueldad. Los prisioneros sabían que ser enviados allí equivalía
a una condena segura. Clasificado como campo de categoría III, Mauthausen
estaba reservado para los llamados “enemigos más peligrosos del
Estado”. Su castigo no era inmediato, sino metódico: el exterminio
por trabajo, hambre y agotamiento. En el corazón del campo se alzaba
la cantera de granito, un abismo tallado a fuerza de sufrimiento.
Cada día, los prisioneros eran obligados a cargar enormes bloques
de piedra y subirlos por los 186 peldaños irregulares de la llamada
Escalera de la Muerte. Si uno caía, arrastraba consigo a los demás,
en una avalancha de cuerpos y rocas. Los guardias de las SS lo sabían.
Se burlaban, empujaban, hacían correr a los reclusos con cargas
imposibles.

Algunos morían en el acto; otros eran ejecutados por
detenerse un instante a respirar. A diferencia de otros campos,
Mauthausen apenas usaba gas. Su arma era más lenta y deliberada:
el trabajo hasta la extenuación. Hambre, frío, golpes y jornadas
interminables transformaron el lugar en un laboratorio de la deshumanización.
Para los prisioneros de todo el sistema nazi, escuchar el nombre
de Mauthausen era suficiente para perder la esperanza. Significaba
haber llegado al punto donde la vida se convertía en resistencia
pura, y la muerte, en descanso. Hoy, sus muros permanecen en pie.
No como ruinas, sino como testigos. Allí donde las piedras aún recuerdan
el eco de los pasos forzados, el mundo se enfrenta con una verdad
imposible de olvidar: que el horror también puede construirse peldaño
a peldaño.
Tokio, 15 de agosto de 1945. El aire estaba quieto,
denso, como si el país entero contuviera la respiración. Millones
de japoneses se reunieron en calles, templos y estaciones para escuchar
una voz que jamás habían oído antes: la del emperador Hirohito.
Era la primera vez en la historia que un monarca japonés se dirigía
directamente a su pueblo. Su mensaje, transmitido por radio, fue
breve, solemne… y devastador: Japón se rendía. La Segunda Guerra
Mundial había terminado. Las palabras, cuidadosamente elegidas,
evitaban mencionar la palabra rendición. En cambio, el emperador
habló de “soportar lo insoportable” para preservar la nación. Pero
todos entendieron. Algunos rompieron en llanto. Otros inclinaron
la cabeza en silencio.

Y muchos simplemente miraron al suelo, incapaces de
asimilar el final de un sueño imperial que había consumido millones
de vidas. En ese instante, Tokio se transformó. No en ruinas ni
en humo —ya había visto suficiente de eso—, sino en un océano de
silencio. Fue el eco de una nación que comprendía, por primera vez,
la magnitud del dolor y la derrota. Aquel día no fue solo el fin
de una guerra. Fue el comienzo de una reconstrucción moral, política
y espiritual que cambiaría para siempre el destino de Japón.

Esta imagen estremecedora fue tomada durante la Hambruna
de Madrás de 1877, bajo el dominio británico en la India. Muestra
a un hombre demasiado débil para mantenerse en pie… pero aún de
pie, protegiendo a su familia moribunda del hambre y de la desesperación
que llevó a muchos al canibalismo. Entre 1876 y 1878, una combinación
de sequías devastadoras y negligencia colonial provocó una de las
peores tragedias humanas de la historia. Más de 5 millones de personas
murieron, no solo por falta de alimento, sino por políticas que
priorizaron la exportación de granos sobre la vida de los propios
habitantes. Detrás de esas miradas vacías no hay solo sufrimiento:
hay dignidad, resistencia y el último gesto de amor de un padre
que se niega a rendirse en un mundo sin compasión.
Nueva York, 1964. El crítico Peter Bogdanovich y el
maestro del suspenso, Alfred Hitchcock, compartían daiquiris en
el piso 25 del hotel St. Regis. Entre risas y anécdotas, hablaban
de su tema favorito: cómo matar en pantalla con elegancia. Al terminar
la noche, tomaron el ascensor. En el piso 19, subieron tres desconocidos.
Entonces, Hitchcock giró hacia su acompañante y dijo, con la calma
de quien está relatando una receta: —“Fue horrible… sangre por todas
partes”. Los recién llegados se quedaron rígidos. El director continuó,
imperturbable: —“Un chorro le salía por la oreja, otro por la boca…
el suelo estaba cubierto”. El ascensor descendía lentamente, y el
silencio se volvió una cuerda tensa. Nadie se atrevía a mirarlo,
pero todos escuchaban. El suspense era absoluto. Cuando las puertas
se abrieron, Hitchcock y Bogdanovich salieron. Antes de irse, el
crítico le preguntó: —“¿Y qué dijo el hombre?” Hitchcock sonrió
y respondió: —“Nada. Es mi historia del ascensor. La inventé para
que la gente sintiera lo que significa el suspense”. Y así, sin
cámaras ni guion, el genio que reinventó el miedo demostró una vez
más su poder: crear tensión incluso en el espacio más cotidiano.
En el fondo, Hitchcock no necesitaba una película para hacer cine.
Le bastaba un ascensor.

La relación entre Alfred Hitchcock y Peter Bogdanovich
es la de un influyente director de cine ("el maestro del suspense")
y un joven crítico y cineasta que lo admiraba profundamente, hasta
el punto de entrevistarlo extensamente en los años 60 para su libro
El director es la estrella (The Director's Eye), donde Bogdanovich,
organizó una retrospectiva de Hitchcock en el MoMA y documentó sus
ideas sobre el "cine puro", la creación de suspense y sus películas
favoritas como Sombra de un engaño y Psicosis, a menudo usando anécdotas
famosas como la de la "historia del ascensor" para ilustrar su genialidad.
La NASA ha publicado una serie de imágenes remasterizadas
de Marte en ultra alta resolución, ofreciendo una visión sin precedentes
de la superficie marciana. Las imágenes están disponibles para el
público en el sitio web oficial de la NASA, permitiendo a científicos
y entusiastas del espacio examinar la superficie de Marte como nunca
antes.

Vista detallada de una duna activa en Marte, conocida
como “High Dune”, parte del campo de dunas de Bagnold. Esta imagen
fue tomada por el rover Curiosity, mostrando los patrones de viento
y sedimentación en el paisaje marciano.
En un proyecto visual fascinante, la NASA ha difundido
fotografías a gran resolución de la “High Dune”, una de las primeras
dunas de Marte estudiadas de cerca. Capturadas por la Mastcam del
rover Curiosity, estas imágenes muestran la superficie ondulada
de las dunas del campo de Bagnold, ubicadas en el flanco noroeste
del Monte Sharp . Estas dunas están activas y se desplazan hasta
un metro por año, lo que demuestra que el planeta aún posee dinámicas
geológicas notables. Las fotografías fueron tomadas durante el sol
1.176 de la misión del Curiosity, y han sido ajustadas con un balance
de blancos que simula cómo se verían bajo la luz del día terrestre.
La cámara fue desarrollada por Malin Space Science Systems y el
proyecto es dirigido por el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL),
una división del Instituto Tecnológico de California. Esta colaboración
ha permitido que el rover Curiosity siga revelando los secretos
de Marte con imágenes de altísima calidad.

La superficie ondulada de la primera duna de arena
marciana estudiada de cerca ilustra esta imagen de la «High Dune»
(Duna Alta) obtenida con la Mastcam (Cámara de Mástil) del rover
Curiosity de la NASA. Este lugar forma parte del campo de «Dunas
de Bagnold» a lo largo del flanco noroeste del Monte Sharp. Las
dunas son activas, migrando hasta alrededor de un metro por año.

Una vista de la cima de una duna de arena marciana
muestra dos tamaños de ondulaciones, desde el rover Curiosity de
la NASA. Las dunas de arena y el tipo más pequeño de ondulaciones
también existen en la Tierra.
Para explorar estas impresionantes imágenes y obtener
más información sobre las misiones en Marte, puedes visitar los
siguientes recursos oficiales de la NASA:

Panorama de 1.800 millones de píxeles del rover Curiosity.

Imágenes de la duna “High Dune” capturadas por el
rover Curiosity.

Galería de imágenes de Marte en el NASA Photojournal.
En el sitio web del NASA Photojournal, los usuarios
pueden acceder a las imágenes más recientes capturadas por el rover
Perseverance a través de su cámara Mastcam-Z, así como a las impresionantes
tomas orbitales proporcionadas por la cámara HiRISE del orbitador
Mars Reconnaissance Orbiter (MRO). Este recurso ofrece una colección
constantemente actualizada de fotografías de Marte, permitiendo
explorar tanto vistas detalladas del terreno desde la superficie
como amplias panorámicas desde la órbita.

Estratos sedimentarios en la superficie de Marte revelan
un antiguo entorno acuoso. La imagen fue capturada por Curiosity,
mostrando capas inclinadas formadas por procesos geológicos complejos.
Las imágenes tienen diferentes dimensiones y la mayor
parte incluye versiones de alta resolución. Están a disposición
del público y compartidas por la NASA en su sitio web, incluido
un mosaico de 1.800 millones de píxeles de la superficie marciana.
A pesar de que muchas de estas imágenes ya eran conocidas
por el público especializado, las versiones en ultra alta definición
recientemente procesadas representan una auténtica joya visual y
científica. Gracias a los avances en tecnología de imagen y procesamiento
digital, estas capturas permiten redescubrir Marte desde una perspectiva
única.

Accede a las versiones en alta definición.
Precursor de lo que el fotógrafo Cornell Capa -el
hermano de Robert- bautizó como concerned photography, por ese afán
humanitario que buscaba influir en el mundo a través de lo retratado,
el suizo Paul Senn (1901-1953) dejó cientos de miles de negativos
y 1.500 reportajes publicados en decenas de revistas, pero fue la
Guerra Civil española la que provocó un vuelco en su mirada. Esta
figura angular del fotoperiodismo europeo del siglo XX consideraba
España como su segunda patria, tras sus viajes entre 1933 y 1939
por Andalucía, Valencia, Madrid y Barcelona, y fue en ella donde
registró su trabajo más impactante: la Retirada. Fue testigo de
la huida por los Pirineos de cerca de 500.000 personas a través
del puesto fronterizo de Le Perthus, durante los inicios de 1939,
ante el avance de las tropas franquistas.
Pese a ello, la exposición que, hasta el 21 de diciembre,
acoge el Ateneo de Madrid es la primera en España del bautizado
como el Capa suizo. El centenar de imágenes sobre la Guerra Civil
y el exilio republicano, en un proyecto comisariado por Michel Lefebvre
y Markus Schürpf, descubren este valioso legado visual de Paul Senn,
pues no sólo se limitó a ser un mero documentalista de rigor, sino
que conforman una crónica sensible y directa en blanco y negro que
invita a la reflexión.

Hombres, mujeres, ancianos y niños, cubiertos por
mantas y con sus maletas a cuestas, atravesaron pasos nevados, en
su mayoría a pie y entre un caos considerable, en una de las primeras
crisis de refugiados fijadas en la historia contemporánea.
Junto a esta áspera serie que procede del Fondo Paul
Senn, propiedad de la Fundación Gottfried Keller y depositado en
el Museo de Bellas Artes de Berna, la muestra incluye las instantáneas
que recogió de su visita a los campos de Rivesaltes y Le Récébédou
del sur de Francia, en 1942, mientras seguía el trabajo de la Ayuda
Suiza. Ya en 1937, había documentado para Zürcher Illustrierte los
convoyes humanitarios de ese Comité Suizo de Ayuda a los niños de
España entre Valencia y Madrid, pues la población suiza donó unas
800 toneladas de artículos de socorro, además de sumar combatientes
a las Brigadas Internacionales.


La liberación del campo de concentración de Dachau
el 29 de abril de 1945 fue un momento crucial en la historia de
la Segunda Guerra Mundial y un recordatorio del horror del Holocausto.
Dachau fue uno de los primeros campos de concentración establecidos
por los nazis en 1933, y se convirtió en un modelo para otros campos.
Durante la guerra, miles de prisioneros fueron sometidos a condiciones
inhumanas, trabajos forzados, torturas y asesinatos en masa. Las
tropas estadounidenses de la 7ª División Blindada del 7º Ejército
llegaron al campo el 29 de abril de 1945.
Encontraron más de 30.000 prisioneros, muchos de ellos
en condiciones críticas de salud y desnutrición. Los soldados también
descubrieron vagones de tren con cientos de prisioneros muertos,
lo que evidenciaba la brutalidad y la negligencia de los guardias
del campo. La liberación de Dachau fue un momento clave en la comprensión
del alcance de los crímenes nazis y contribuyó a la persecución
de los responsables después de la guerra. Los testimonios de los
supervivientes y las imágenes del campo liberado se convirtieron
en símbolos del Holocausto y de la importancia de recordar y prevenir
futuras atrocidades.

En una cueva de Siegen, Alemania (1945), se ve a Ivan
Babcock, miembro de la 165 Compañía de Fotografía de Señales del
Ejército de los EE.UU., posando con la corona del Sacro Imperio
Romano Germánico. La cueva fue utilizada por los alemanes como almacen
de obras de arte.

La fotografía recoge una escena costumbrista típica
de las fiestas: la venta de pavos para la cena de Nochebuena. Durante
décadas, la Plaza de Santa Cruz (muy cercana a la Plaza Mayor de
Madrid) fue punto de encuentro para este comercio navideño, que
se mantuvo en la calle hasta la llegada de los años sesenta. Alfonso
Sánchez Portela, documentó con su cámara la vida cotidiana y las
tradiciones populares del primer tercio del siglo XX, dejando un
valioso testimonio visual de su tiempo. Hijo del también fotógrafo
Alfonso Sánchez García, al terminar la guerra civil española se
le retiró el carné de periodista, que no se le devolvió hasta 1952,
aunque nunca volvió a ejercer. En agosto de 1939 la familia Sánchez
abrió un nuevo estudio fotográfico en la Gran Vía, ya que el antiguo
había sido destruido por un obús. Llegando a constituir el estudio
un auténtico museo gráfico de la historia española, en 1992 el Ministerio
de Cultura adquirió el archivo del «estudio fotográfico Alfonso»
que consta de más de cien mil negativos, que incluyen trabajos de
otros empleados del estudio. Además colaboró en la película El Sur
de Víctor Erice y en un documental titulado Alfonso, el fotógrafo
realizado por Enrique Viciano. En 1984, Enrique Tierno Galván le
impuso la medalla de oro de la villa de Madrid, y 1989 fue nombrado
académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, como
el primer fotógrafo admitido en ella.

La Asociación de Fotógrafos Profesionales de España
(AFPE) celebró este jueves en el Disseny Hub de Barcelona la gala
de entrega de los Premios LUX 2025, considerados como unos de los
máximos galardones de la fotografía profesional en España. En esta
33ª edición de los premios, organizados por la AFPE para dar visibilidad
y prestigio al sector fotográfico, el jurado destacó la importancia
de la mirada humana entre las obras premiadas, entre las que destaca
la obra de un compostelano.
El protagonismo de la jornada fue para el compostelano
Roberto Ouro Tubio. Tras recibir el LUX de Bronce en la categoría
de Paisaje y Naturaleza en la pasada edición, el fototógrafo santiagués
ha dado un paso más este año y ha logrado el LUX de Oro en esa misma
disciplina por la obra 'Los gigantes del mar'.

Esta fotografía fue tomada la noche del 22 de julio
de 1934 en Chicago, frente al Biograph Theater, y muestra los instantes
posteriores a la muerte de John Dillinger, el hombre más buscado
de Estados Unidos en su tiempo. Esa noche Dillinger había acudido
al cine acompañado de dos mujeres para ver la película Manhattan
Melodrama, sin saber que había sido traicionado. La mujer que lo
delató fue Anna Sage, conocida después como la dama de rojo, quien
informó al FBI de su ubicación a cambio de una recompensa y la promesa
de no ser deportada. Cuando Dillinger salió del cine, los agentes
lo rodearon en silencio. Al percatarse del peligro, intentó huir
por un callejón oscuro, pero fue alcanzado por varios disparos por
la espalda. Uno de los proyectiles le atravesó el cuello y salió
por debajo del ojo derecho, causándole la muerte casi instantánea.
El cuerpo que aparece tendido en el suelo es el suyo, rodeado por
policías, agentes federales y una multitud de curiosos que llegó
en cuestión de minutos. En plena Gran Depresión, Dillinger no era
solo un criminal: para muchos era un símbolo de rebeldía contra
los bancos, el sistema y las autoridades. Había protagonizado asaltos
espectaculares, fugas imposibles y persecuciones legendarias, incluida
su famosa escapatoria de una cárcel usando una pistola de madera.

Para otros, en cambio, era un asesino peligroso responsable
de varias muertes. Su caída marcó un antes y un después en la lucha
contra el crimen organizado en Estados Unidos. La muerte de Dillinger
fue utilizada como un triunfo propagandístico por el FBI y por su
director, J. Edgar Hoover, quien necesitaba demostrar el poder de
la recién creada agencia federal. Desde ese día, el FBI pasó de
ser un organismo con poca autoridad a convertirse en una fuerza
nacional temida y respetada. La imagen también refleja el contraste
de la época: un país golpeado por la pobreza, fascinado por los
forajidos, pero desesperado por restaurar el orden. Esta escena
quedó inmortalizada como el final de la era romántica de los grandes
gánsteres de los años 30 y como una de las fotografías criminales
más famosas del siglo XX.
Antes de la guerra, Elisabeth Volkenrath era una mujer
común. Trabajaba como peluquera en Alemania y llevaba una vida sencilla,
sin señales de lo que estaba por venir. Pero cuando comenzó la Segunda
Guerra Mundial, decidió unirse al sistema nazi. En 1941 ingresó
como guardiana en los campos de concentración. Allí, su humanidad
comenzó a desaparecer. Ascendió rápidamente. Primero en Ravensbrück,
luego en Auschwitz y finalmente en Bergen-Belsen, donde se convirtió
en supervisora principal. Su reputación era temida: no gritaba,
no mostraba ira; su crueldad era metódica, calculada y silenciosa.
Los prisioneros decían que su calma era lo más aterrador: uno nunca
sabía cuándo actuaría. En Auschwitz participó en las selecciones
para las cámaras de gas, eligiendo con un solo gesto quién viviría
y quién moriría. En Bergen-Belsen, mantuvo su papel incluso cuando
el caos se apoderó del campo en los últimos días del régimen nazi.
Cuando las tropas británicas liberaron el campo en abril de 1945,
la encontraron aún dando órdenes.

Fue arrestada y llevada a juicio junto con otros guardias
del campo. Los testimonios de los sobrevivientes no dejaron dudas:
había sido cómplice directa del exterminio. El 13 de diciembre de
1945, fue ahorcada en la prisión de Hamelin, sin mostrar arrepentimiento
alguno. Ni lágrimas, ni disculpas. Solo el silencio helado de quien
confundió la obediencia ciega con el poder.
Hace algunos años, CNN presentó una impactante fotografía
capturada por el fotógrafo Anil Prabhakar en un bosque de Indonesia.
La imagen retrata a un orangután, una especie actualmente en peligro
de extinción, extendiendo su mano en un gesto de ayuda hacia un
geólogo que había caído en una piscina de barro durante su exploración.
El director ejecutivo de BOSF, Jamartin Sihite, señaló en un comunicado
que, aunque no está claro si el simio esté ofreciendo ayuda o pidiendo
alimento, la fotografía hace plantearse la manera en la que tratamos
a los animales salvajes, entre ellos los que, como el orangután
de Borneo, están en peligro de extinción. Al compartir la fotografía,
el fotógrafo incluyó el siguiente pie de foto: "En una época en
la que el concepto de humanidad parece desvanecerse, son los animales
quienes nos reconducen a los principios fundamentales de la humanidad".

Pásate por Planeta Tierra >> Grandes
simios.

Imagina estar en las animadas calles de Nueva York
en el año 1900 —el clip-clop de los carruajes tirados por caballos
resonando entre altos edificios de ladrillo, el clangor de los tranvías
sobre sus rieles, la prisa de personas corriendo hacia el trabajo
o hacia sus hogares. Pero bajo todo ese ruido y movimiento, existía
un mundo secreto escondido bajo tus pies —una vasta red de tubos
de metal que pulsaba silenciosamente bajo la ciudad, como venas
que transportan la savia misma de la comunicación. Se llamaba el
Sistema de Correo Neumático, y en su tiempo, era nada menos que
magia. Inaugurado en 1897, esta maravilla subterránea se extendía
casi 50 kilómetros (30 millas) bajo Manhattan, conectando 23 oficinas
de correos a través de un laberinto de tubos presurizados. Las cartas
se sellaban dentro de cilindros de metal forrados de fieltro, diseñados
cuidadosamente para protegerlas de rasgaduras o dobleces, y luego
se insertaban en la boca de un tubo. Y entonces —¡whoosh!— el cilindro
se disparaba hacia adelante, impulsado por potentes compresores
de aire que lo empujaban o tiraban a través de los túneles a velocidades
de hasta 50 km/h (30 mph).

En solo siete minutos, una carta podía viajar desde
el centro de Manhattan hasta una oficina de correos lejana —un trayecto
que a un cartero le habría tomado más de media hora por la superficie.
Cuando el cilindro llegaba a su destino, no chocaba contra la pared
como uno podría imaginar. En su lugar, desaceleraba con gracia,
amortiguado por frenos de aire y parachoques de goma, antes de ser
retirado con cuidado. Los trabajadores lo abrían como un cofre del
tesoro, sacando las preciadas cartas que contenía —susurros de un
rincón de la ciudad a otro. Durante décadas, esta red zumbó silenciosamente
bajo Nueva York, un mensajero invisible de una era anterior a la
electrónica, un sistema tan avanzado que parecía casi vivo. Para
los años 50, finalmente se silenció, reemplazado por camiones y
sistemas postales modernos. Pero durante un tiempo, fue una verdadera
maravilla —el Internet invisible de la ciudad, impulsado no por
electricidad ni código, sino por el simple aliento del aire que
corría por el corazón de Manhattan.

Close-up Photographer of the Year celebra el arte
de la fotografía de primeros planos, macro y micro a través de una
competencia global anual, desafíos temáticos, un boletín y un libro.

La conmemoración del centenario de Mariana Yampolsky
se convierte en un acontecimiento cultural de primer orden en Buenos
Aires, donde la exposición Mariana Yampolsky: la mirada contra el
olvido. Fotografías (1925-2002) invita a redescubrir la potencia
de una obra que desafía el olvido y reivindica la memoria visual
de las comunidades rurales mexicanas. El Museo de Arte Hispanoamericano
Isaac Fernández Blanco es escenario de esta muestra, organizada
por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, la Embajada
de México en Argentina y la Secretaría de Cultura mexicana. La exposición
reúne una selección de imágenes emblemáticas de la artista, reconocida
internacionalmente por su capacidad para retratar la vida cotidiana
de los pueblos originarios de México. Según la información difundida
por los organizadores, “Mariana Yampolsky: la mirada contra el olvido”
podrá visitarse hasta el 15 de marzo de 2026.

Nacida en Chicago y naturalizada mexicana, Yampolsky
forjó una trayectoria singular en la que la fotografía se transformó
en un medio para comprender y visibilizar la realidad de las comunidades
rurales.

«Se nos ha ido cuando más falta nos hacia una rara
combinación de talento, humor, visión y generosidad». Nadie mejor
que Cristina de Middel, presidenta de Magnum hasta hace unos meses
y gran amiga de Martin Parr, para dar con las mejores palabras con
las que despedir al genial fotógrafo británico, que falleció el
pasado día 6 de diciembre. Su particular manera de retrata la sociedad
y fenómenos como el turismo de masas sentó en cierto modo las bases
de eso que hoy se conoce como nuevo documentalismo. Un soplo de
aire fresco que, aunque no gustó a todo el mundo, acabó presidiendo
y cambiando para siempre nada menos que la agencia Magnum. Nadie
fotografiaba la playa como él. Ni la sociedad inglesa y su terrible
comida. Humor británico en formato fotográfico al que él mismo se
exponía sin problemas y cuyas instantáneas forman ya parte del imaginario
colectivo del siglo XX. Es sencillamente imposible ver la Torre
de Pisa o las playas de Benidorm sin pensar en él.
The Last Resort es seguramente el libro que marcó
un antes y un después en la carrera de Martin Parr y en la fotografía
documental británica. Publicado en los 80, muestra la vida en New
Brighton tal cual era: familias en la playa, diversión, desorden,
decadencia… Todo mezclado con ese color saturado y esa ironía que
terminaron siendo su firma. Son 78 páginas que ya apuntaban hacia
el Parr que todos conocemos: crítico, divertido, incómodo a veces,
pero siempre honesto. En su momento generó polémica, pero hoy es
un libro clave para entender por qué su mirada cambió la forma de
contar la vida de la clase trabajadora. Es un homenaje perfecto
para recordar por qué se volvió una figura tan importante en la
fotografía contemporánea.

No fue un fotolibro más, sino el punto de inflexión
que redefinió la fotografía documental británica. Hasta entonces,
la tradición imperante se basaba en el blanco y negro y en una mirada
humanista clásica. Parr, inspirado por los coloristas estadounidenses
como Joel Meyerowitz y Stephen Shore, así como por las postales
comerciales sobresaturadas de John Hinde —que descubrió trabajando
en los campamentos de verano Butlin’s—, decidió aplicar esa estética
chillona a la realidad británica. Durante tres veranos, documentó
a las familias de clase trabajadora en el decadente balneario de
New Brighton, cerca de Liverpool. El uso del flash a plena luz del
día y la película de color de alta saturación dieron como resultado
imágenes donde convivían niños llorando, envoltorios de comida rápida,
hormigón y pieles quemadas por el sol. Aquellas instantáneas generaron
una fuerte controversia. Se le acusó de retratar a las clases desfavorecidas
con crueldad desde una posición de privilegio. Sin embargo, Mark
Sealy, director de Autograph, ha defendido la honestidad de esa
mirada: «Algunas personas leen la obra como cruel, pero ves las
imperfecciones cuando estás cerca de las cosas. No se trataba de
ridiculizar, había una distancia íntima. Trataba a las personas
a través de su lente con un sentido de igualdad». Con ‘The Last
Resort’, Parr validó su mantra personal: «Hago fotografías serias
disfrazadas de entretenimiento».
Nacido en Surrey en 1952, Parr comenzó su andadura
inspirado por su abuelo, disparando en blanco y negro en comunidades
rurales y religiosas, etapa recogida en trabajos como ‘Bad Weather’
(1982). Tras su giro al color, no se limitó a la clase trabajadora.
En ‘The Cost of Living’ (1989), giró la cámara hacia su propia clase
social, la clase media, documentando las fiestas en jardines y el
consumismo durante la era Thatcher. Posteriormente, su crítica se
globalizó con series sobre el turismo de masas (‘Small World’) y
el consumo global (‘Common Sense’). Su estilo, descrito por Henri
Cartier-Bresson como «de otro planeta», provocó tensiones en su
ingreso en la agencia Magnum Photos en 1994. Pese a la oposición
de miembros históricos como Philip Jones Griffiths, Parr fue admitido
por un solo voto de diferencia, liderando años después la modernización
de la agencia, la cual presidió entre 2014 y 2017. El fotógrafo
mantenía una estrecha relación con España. En 2023 presentó ‘MálagaEXPRESS’,
una muestra con más de cien imágenes donde exploraba con su habitual
ironía los comportamientos del ocio y el turismo en la ciudad andaluza.
Early Works es una especie de ventana al “Parr antes
de ser Parr”, cuando todavía fotografiaba en blanco y negro y estaba
encontrando su estilo. Son más de 200 páginas con imágenes de los
70 y principios de los 80, donde ya asoman su ironía, su ojo para
los detalles y su interés por la vida cotidiana británica. Viéndolo
hoy, se siente casi como una arqueología de su mirada: el origen
de todo lo que vendría después. Es un libro perfecto si quieres
entender cómo empezó su camino y por qué su forma de mirar acabó
marcando a generaciones.
Life’s a Beach demuestra por qué nadie ha fotografiado
las playas como Parr. El libro reúne escenas de veraneantes por
todo el mundo: turistas despistados, familias con neveras llenas
de arena, helados derretidos, cuerpos reales y situaciones tan absurdas
como humanas. Son 128 páginas muy fáciles de ver y llenas de momentos
que solo él sabía encontrar. Hoy, con su fallecimiento, se siente
aún más especial: un recordatorio alegre, cálido y humorístico de
su manera única de mirar el verano y la vida.

Más allá de su obra, Parr fue un voraz coleccionista
y promotor del fotolibro. El autor Johny Pitts ha señalado que «nadie
contribuyó más al auge del fotolibro como medio popular en los últimos
20 años que él». En 2014 fundó la Martin Parr Foundation en Bristol,
un espacio dedicado a preservar su archivo y difundir la fotografía
británica e irlandesa. El artista, que sostenía que «todos los fotoperiodistas
son de izquierdas» porque es imprescindible que «te importe la gente»,
deja tras de sí una obra que enseñó a varias generaciones a mirar
lo cotidiano, lo aburrido y lo absurdo con nuevos ojos.
Real Food es Parr siendo Parr sin filtros: comida
de todo tipo convertida en un espejo de nuestras obsesiones. Más
de 200 páginas con primeros planos exagerados, colores intensos
y escenas que te hacen reír y reflexionar a la vez. No es un libro
de gastronomía, sino de cómo comemos, qué mostramos y qué escondemos.
Es divertido, visualmente potente y muy representativo
de cómo convirtió lo cotidiano en comentario social. Ideal si te
encanta su humor y su forma de retratar lo mundano. El antídoto
para ese Instagram repleto de comida bonita pero que tiene poco
que contar.

Think of Scotland es un viaje por la cultura escocesa
visto con el ojo juguetón de Parr: retratos, fiestas locales, paisajes
turísticos y escenas que desmontan clichés a base de color y humor.
Tiene 128 páginas muy dinámicas y llenas de energía. Es un libro
que enseña cómo observaba la cultura sin juzgar, con curiosidad
y con ganas de pasarlo bien visualmente. Un título muy accesible
y muy Parr, ideal para entender su lado más festivo y cercano.
Luxury recoge cinco años de Parr fotografiando el
mundo del lujo: fiestas exclusivas, eventos llenos de champán, moda,
poses y exceso por todas partes. Son unas 112 páginas en tapa dura
donde el glamour termina pareciendo casi una caricatura. Parr muestra
ese universo sin suavizarlo, con su humor directo y su mirada crítica.
Hoy, visto desde la distancia, funciona casi como un retrato del
exceso y de cómo le gustaba exponer lo absurdo del comportamiento
humano. Muy recomendable si te interesa su faceta más satírica.
Colouring book es, literalmente, la forma más divertida
de entrar en su universo: dibujos basados en sus fotos para que
los colorees como quieras. Puede parecer simple, pero refleja mucho
de su espíritu: humor, juego, libertad y cero solemnidad. Es una
manera distinta de acercarse a su obra, ideal para estudiantes,
curiosos o cualquiera que quiera explorar su mundo desde otro ángulo.
Y ahora, tras su fallecimiento, tiene un toque aún más bonito: como
si nos invitara a seguir disfrutando y experimentando.

Ver a Parr en acción, cámara en ristre y en ocasiones
con un andador, es un autentico lujo, a veces divertido, siempre
interesante. Este recomendable documental repasa su trayectoria
e intenta asomarse a esa mirada traviesa, divertida e irónica de
la que tanto se ha hablado. Se puede ver en Filmin y Movistar+.

El primer aspecto a tener en cuenta es que no debemos
hablar solo de las “primeras fotógrafas”, sino en realidad de "las
primeras fotógrafas documentadas” como explica Stéphany Onfray,
autora del libro ‘Retratadas: Fotografía, género y modernidad en
el siglo XIX español’, editado por Cátedra: “A la hora de estudiar
a las fotógrafas en el s. XIX, muchas veces tendemos a escoger a
una fotógrafa por campo” pero explica que a medida que investigan,
cada vez se encuentra a más mujeres. Por eso la comisaria de la
exposición ‘Retratadas. Estudios de Mujeres’ (Museo del Romanticismo
hasta el 25 de enero de 2026) dice que destacar solo a una fotógrafa
en concreto “puede esconder a muchas otras fotógrafas que quizás
aún no tengamos documentadas”.
Otra idea fundamental es que “eran mujeres avanzadas”,
explica Carmen Dalmau, autora del libro ‘Las mujeres disparan’,
editado por JdeJ Editores. “En cuanto a que descubrieron que este
nuevo invento les permitía no solo tener un cuarto propio, sino
tener el dinero para mantener ese cuarto propio, como dice Virginia
Woolf”, cuenta la historiadora del arte, comisaria y crítica de
fotografía. Y continúa: “Este nuevo invento les permite tener una
profesión que no está regulada por ninguna norma académica ni por
ningún gremio”. Explica que “aprenden la fotografía de forma artesanal,
de mano de sus padres o de sus hermanos, o buscan la formación con
alguien que hace fotografía”. Y esto es realmente clave. “Las mujeres
tienen acceso a la fotografía de una manera más fácil que, por ejemplo,
a la práctica pictórica”, comenta la comisaria de ‘Retratadas’,
“porque al fin y al cabo, la fotografía no se toma en serio”, explica
Onfray. Esa es “la puerta de atrás” para que entren las mujeres,
añade: “Al no ser considerado como un arte, no entra dentro de todo
este sistema académico que al final es muy masculino”.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha
presentado este miércoles una nueva exposición dedicada a Oriol
Maspons, uno de los nombres centrales de la fotografía española
del siglo XX. La muestra, integrada en la serie Maestros de la fotografía
en la Academia –de la que constituye su décima entrega–, ofrece
hasta el 12 de abril de 2026 doce obras del fotógrafo barcelonés
pertenecientes a los fondos de la institución, adquiridos gracias
a la herencia de Fernando Guitarte –benefactor de la institución
que donó su fortuna íntegra a la Academia tras su muerte en 1978–,
acompañadas por un notable conjunto de material bibliográfico y
hemerográfico.
Oriol Maspons (Barcelona, 1928–2013) fue uno de los
miembros más activos e influyentes de la llamada Escuela de Barcelona.
Ingresó en 1951 en la Agrupación Fotográfica de Cataluña y, dos
años después, inició una amistad decisiva con Francesc Català-Roca.
Entre el salonismo dominante en la Agrupación y el talento directo
de Català, la elección fue clara. En 1953, enviado a París por una
compañía de seguros, entró en contacto con los grandes nombres de
la fotografía europea —Robert Doisneau, Henri Cartier-Bresson, Brassaï,
Guy Bourdin— y con el influyente grupo Les 30 x 40.

Cuando regresó a Barcelona en 1956, Maspons tenía
ya definido su rumbo: no sería un aficionado ilustrado, sino un
profesional capaz de moverse con naturalidad entre el reportaje,
el retrato, la moda y la publicidad. Durante casi medio siglo trabajó
de forma ininterrumpida para la prensa, las editoriales, el cine
y las nuevas agencias publicitarias, construyendo una obra extensa
que comenzó a recibir reconocimiento público a partir de los años
setenta. Su presencia fue constante en exposiciones, antologías
y encuentros fotográficos en España, Europa y América, y su ciudad
le reconoció en numerosas ocasiones.
Uno de los ejes de la exposición es el contexto editorial
y mediático en el que Maspons desarrolló buena parte de su trabajo.
Procedente de la colección Pedro Melero / Marisa Llorente, el material
expuesto –cubiertas de libros, revistas y discos– da cuenta de la
intensa circulación pública de sus imágenes y de su papel decisivo
en la configuración del imaginario visual de varias décadas. En
la exposición de la Academia se exhiben algunos de sus fotolibros
más significativos –de Caminando por las Hurdes (1962) a L’instant
perdut (1995) o Personajes de compañía– junto a volúmenes hoy icónicos
ilustrados por él, como Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos
o Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé, para la editorial Seix
Barral. El conjunto se completa con revistas especializadas, como
Afal, y con otros soportes menos habituales, entre ellos cubiertas
de discos y publicaciones musicales, que dan cuenta de una obra
no especialmente extensa en títulos propios, pero sí ampliamente
difundida y decisiva en la configuración visual de la cultura editorial
española de su tiempo.
La sala de fotografía del Museo de la Academia, aún
de dimensiones contenidas, se ha consolidado como un espacio estable
dentro de la institución, con la voluntad expresa de ampliarse en
el futuro. Iniciado con los fondos de Alberto Schommer, el conjunto
de fotografía moderna ha ido creciendo hasta conformar una colección
excepcional, presentada de manera monográfica por autores y centrada
en hitos clave de la historia fotográfica española.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------



--------------------------------------------------------------------------------------------------------------







--------------------------------------------------------------------------------------------------------------




--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
|
|