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El 6 de junio de 1942, una mujer saltó desde un avión para comprobar
si un material creado para fabricar medias podía salvar la vida
de miles de soldados. Su nombre era Adeline Gray. Hasta entonces,
los paracaídas se fabricaban principalmente con seda. Estados Unidos
dependía en gran medida de las importaciones procedentes de Japón,
pero la guerra en el Pacífico interrumpió ese suministro justo cuando
las fuerzas armadas necesitaban una cantidad creciente de equipos.
La industria comenzó a buscar una alternativa. DuPont había desarrollado
pocos años antes una fibra sintética llamada nailon. Era ligera,
resistente, elástica y no absorbía la humedad como otros tejidos.
Su primera gran aparición comercial había sido en las medias femeninas,
que se convirtieron rápidamente en un éxito. Ahora debía superar
una prueba mucho más exigente. La Pioneer Parachute Company utilizó
el nuevo material para fabricar un paracaídas destinado a una persona.
Pero antes de producirlo en grandes cantidades, alguien tendría
que confiarle su vida. Adeline Gray tenía 24 años, era paracaidista
experimentada y trabajaba revisando y preparando paracaídas. Se
ofreció para realizar la prueba. Aquella mañana subió a un avión
sobre Brainard Field, en Hartford, Connecticut. Abajo esperaban
alrededor de cincuenta representantes del Ejército y la Marina.
A unos 760 metros de altura, Adeline salió del avión. Durante unos
segundos cayó libremente. Después abrió el paracaídas. El nailon
se desplegó correctamente, soportó la tensión y la hizo descender
sin problemas ante los observadores reunidos en el aeródromo.

Era el salto número 33 de su vida, pero terminaría siendo el más
importante. La prueba demostró que el nuevo tejido podía sustituir
a la seda en los paracaídas militares. Su resistencia, ligereza
y disponibilidad lo convirtieron en un material fundamental para
la guerra. La producción de nailon fue desviada casi por completo
hacia fines militares. Además de paracaídas, se utilizó en cuerdas,
redes, neumáticos, equipos de aviación y otros suministros. Las
medias desaparecieron temporalmente de las tiendas mientras las
fábricas trabajaban para los ejércitos. El salto de Adeline no fue
una acrobacia publicitaria. Fue una prueba en la que un fallo del
material habría significado una caída mortal. Ella se convirtió
en la primera persona que descendió con éxito utilizando un paracaídas
de nailon. Una mujer saltó desde un avión para probar una tela nueva.
El resultado ayudó a transformar para siempre la fabricación de
paracaídas y convirtió una fibra asociada con la moda en un material
capaz de salvar vidas.
En 1891 nació Ignacio Sánchez Mejías, que murió en 1934 dos días
después de ser sido cogido por el toro Granadino en la plaza de
Manzanares. No permitió que le operaran allí y pidió que le llevaran
a Madrid. La ambulancia tardó varias horas, lo que añadido al calor
de agosto hizo que se declarara la gangrena y murió. Ignacio Sánchez
Mejías era mucho más que un torero, y mucho más que el cuñado del
mítico Joselito (es uno de los que llevan su ataúd en el impresionante
monumento que hizo Benlliure para el cementerio de Sevilla, y en
la foto,, aparece junto a su cadáver, lleno de desolación).
Fue uno más de la Generación del 27, amigo de Alberti, de Miguel
Hernández y de Lorca, que escribió el "Llanto por Ignacio Sánchez
Mejías" (para muchos es la mejor elegía que se haya escrito en español
desde las coplas de Jorge Manrique, compuestas casi cinco siglos
antes).

El 11 de diciembre de 1964, Sam Cooke llegó al Hacienda Motel de
Los Ángeles. Tenía 33 años y ya era mucho más que una estrella del
soul. Había pasado de cantar gospel a conquistar la música popular
con una elegancia poco común. Su voz podía sonar suave, luminosa,
casi perfecta, pero detrás de ella había un hombre que también estaba
intentando abrir caminos para los artistas negros en una industria
que muchas veces se quedaba con el control, el dinero y el silencio.
Aquella noche, todo terminó de forma confusa. Cooke había llegado
al motel acompañado de una joven llamada Elisa Boyer. Poco después,
ella salió del lugar y pidió ayuda, asegurando que temía por su
seguridad. Minutos más tarde, Cooke apareció en la oficina del motel,
alterado y parcialmente vestido, buscando a la mujer que había estado
con él. Allí se produjo un enfrentamiento con Bertha Franklin, la
gerente del lugar, quien declaró que actuó para defenderse.

Bertha Franklin sostuvo que el cantante irrumpió en
su oficina en ropa interior, actuando de forma agresiva y exigiendo
saber el paradero de Elisa Boyer. Según su declaración, Cooke la
atacó e intentó violarla, por lo que se vio obligada a dispararle
en defensa propia. Sin embargo, existen numerosos elementos que
contradicen o complican este relato.
Tras el altercado, gran parte del dinero y la ropa
de Sam Cooke en el motel desaparecieron de la habitación sin que
se realizara una investigación exhaustiva. Boyer, quien más tarde
fue arrestada por prostitución y otros delitos menores, dio versiones
contradictorias a la policía. Afirmó falsamente que Cooke la había
secuestrado, cuando, según otras pruebas, parecía haber estado con
él de manera voluntaria antes de huir de la habitación. Personas
allegadas al artista que pudieron ver el cuerpo antes del funeral,
como la leyenda del soul Etta James, notaron heridas severas (incluyendo
traumatismo craneal severo y huesos aplastados) que sugerían una
paliza brutal, inconsistente con la versión de un solo forcejeo
y un único disparo en defensa propia.
Pásate por Ser humano >> Activistas >>
USA.
Zofia Wierzbicka fue una apicultora polaca reconocida
por haber escondido y salvado a la familia judía Rosenbaum en su
propiedad de las afueras de Lódz (Polonia) durante la ocupación
nazi en la Segunda Guerra Mundial. En 1941, tras comenzar la liquidación
del gueto de Lódz, Zofia —que entonces era una viuda de 39 años
con una hija pequeña— acogió a los Rosenbaum (un matrimonio y sus
dos hijos pequeños). Los ocultó en una bodega de piedra subterránea
situada bajo su granero. Para alimentar a cuatro personas adicionales
en una época de racionamiento estricto, Zofia necesitaba comprar
grandes cantidades de azúcar. Cuando los oficiales alemanes la interrogaron
por esas compras inusuales, ella argumentó con frialdad que el azúcar
extra era necesario para alimentar a sus colmenas de abejas durante
el invierno.

Gracias a su astucia y al absoluto secreto de su
operación, la familia Rosenbaum logró sobrevivir a la guerra entera
en el sótano. Décadas después, en 1978, se le otorgó el reconocimiento
oficial en el jardín de los Justos entre las Naciones en Yad Vashem.
En los Óscar de 1966, Lee Marvin subió al escenario
a recibir el Óscar al Mejor Actor. Miró a la sala más poderosa de
Hollywood y dijo: *"Creo que la mitad de esto le pertenece a un
caballo en algún lugar de Nevada." El público se rió. Él lo decía
en serio. Ese caballo — un tordo llamado Smoky — había compartido
casi todas las escenas con Marvin en *Cat Ballou*. Marvin interpretaba
a un famoso pistolero borracho, apenas capaz de mantenerse en pie,
mientras Smoky lo igualaba golpe a golpe — tambaleándose, tropezando
y balanceándose con una extraña precisión cómica. La actuación fue
tan llamativa que la Asociación Humanitaria Americana le otorgó
al caballo su propio premio. Marvin, por su parte, estaba convencido
de que Smoky se había ganado la mitad del Óscar. Así era él. Lo
que pocos en aquella sala comprendieron del todo fue de dónde venía
su actuación.
En junio de 1944, en la isla de Saipán, Marvin era
un francotirador explorador de la Marina de 20 años, en la 4.ª División
de Marines. Durante un brutal enfrentamiento, las ametralladoras
japonesas destrozaron su unidad. Él fue alcanzado: una bala le seccionó
el nervio ciático. Pasó más de un año recuperándose en hospitales
navales. Solo un puñado de hombres de su compañía sobrevivieron.
Cargó con eso el resto de su vida — el dolor, los recuerdos, las
pesadillas. Después de la guerra, la actuación lo encontró casi
por accidente. Mientras trabajaba como ayudante de plomero, reemplazó
a un actor enfermo en un teatro local. Cuando la gente le preguntaba
después dónde había aprendido a actuar, él no hablaba de ninguna
formación. "Aprendí a actuar en combate", decía. "Intentaba actuar
sin miedo cuando por dentro estaba aterrado."

Esa verdad atravesó cada papel que interpretó. Los
villanos curtidos, los hombres rotos, los personajes que se aferran
a su última oportunidad de redención — no eran invenciones. Él los
entendía desde adentro. En Cat Ballou interpretó dos roles: el asombroso
y trágico Kid Shelleen y el despiadado Tim Strawn. Una sola película.
Dos actuaciones. Un Óscar — una hazaña poco común que lo distinguió.
A pesar de una larga carrera, Marvin guardó muy pocas cosas. Solo
algunos objetos significativos: su Óscar a medias con Smoky, un
reconocimiento del National Cowboy Hall of Fame, un disco de oro
por Wand'rin' Star — un éxito ronco e improbable en el Reino Unido
— y un solo zapato de tacón alto con el que Vivien Leigh le había
golpeado en una escena, guardado con cariño como recuerdo. Todo
lo demás era simplemente trabajo.
Está enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington.
Su lápida no menciona películas ni premios.
Solo dice:
*Lee Marvin* *Cabo de Primera Clase* *Cuerpo de Marines
de los Estados Unidos* *Segunda Guerra Mundial*
Y en algún lugar del oeste americano, el caballo que
lo ayudó a crear una de las actuaciones más memorables del cine
sigue siendo un socio desconocido de aquel momento — compartiendo,
al menos a los ojos de Marvin, la mitad de un Óscar y toda la historia
que hay detrás.
Se cumplen 140 años desde llegada a Nueva York de
la Estatua de la Libertad como símbolo de esperanza para los inmigrantes.
El 17 de junio de 1885, la Estatua de la Libertad
llegó al puerto de Nueva York. Este emblemático monumento, un regalo
de Francia, simbolizaba la amistad entre dos naciones nacidas de
las primeras revoluciones democráticas modernas. La obra del escultor
Frédéric Auguste Bartholdi, con la estructura metálica diseñada
por Gustave Eiffel, representaba un ideal claro: la libertad. La
Estatua de la Libertad, con su antorcha levantada, el libro con
la fecha del 4 de julio de 1776 y la cadena rota bajo su pie izquierdo,
evocaba no solo la independencia estadounidense sino también la
abolición de la esclavitud tras la guerra civil. Situada en un islote
frente a Manhattan, la estatua recibió durante décadas a millones
de migrantes que llegaban a Ellis Island, convirtiéndose en un símbolo
de esperanza y promesa.

Pásate por Febrero de 2021.
En 1903, el soneto 'The New Colossus' de Emma Lazarus
añadió a la estatua un mensaje dirigido a Europa y Asia, continentes
de origen de los inmigrantes: una invitación a los "cansados, pobres
y desamparados" para encontrar en Estados Unidos un refugio y una
nueva oportunidad. Sin embargo, en la era Trump, esa promesa parece
estar bajo amenaza. Las políticas migratorias restrictivas, las
redadas contra inmigrantes indocumentados y las medidas que han
limitado la libertad académica han generado un clima de tensión.
Para muchos, la administración actual representa un giro autoritario
y nacionalista que pisa los valores fundamentales simbolizados por
la Estatua de la Libertad.
Durante la batalla de Okinawa en 1945 un grupo de
222 estudiantes de secundaria fueron alistadas como enfermeras.
Se las conocía como “Himeyuri Gakutotai” o “Cuerpo de estudiantes
princesas Lirio”. Les habían dicho que asistirían a heridos lejos
del frente de batalla. Tal fue así que llevaron sus útiles escolares
para continuar con sus estudios pero la realidad fue muy distinta.
Las enviaron directamente a las cuevas y trincheras donde debían
asistir a soldados sin ningún tipo de anestesia, amputar miembros,
enterrar cuerpos, darles cianuro a los irrecuperables y hasta trasladar
pertrechos entre las tropas japonesas.

Estudiantes de Himeyuri antes de su movilización.
en Japón, Rezo frente al monumento conocido como la "Piedra Angular
de la Paz", en el Parque Conmemorativo de la Paz de Okinawa. Este
memorial contiene los nombres grabados de todas las personas, civiles
y militares de todas las nacionalidades, que perdieron la vida durante
la Batalla de Okinawa en la Segunda Guerra Mundial.
Durante tres meses vivieron en el infierno mientras
eran diezmadas por bombas de fósforo blanco, desnutrición o directamente
se suicidaban con el cianuro que les daban a los soldados, arrojándose
sobre una granada o lanzándose de los acantilados por miedo a ser
capturadas por las fuerzas norteamericanas. De las 222 Himeyuri
murieron 211 y 16 maestras. Hoy 23 de junio recordamos el final
de la batalla de Okinawa mostrando una imagen de ellas antes de
partir hacia la guerra y el monumento a los caídos en aquel conflicto
que ascendió al número de 200.000.

El extremo meridional de la isla principal de Okinawa
fue escenario de los combates terrestres más sangrientos de la Segunda
Guerra Mundial en Japón. El Monumento y el Museo Himeyuri de la
Paz, en Ihara (ciudad de Itoman) transmiten las trágicas experiencias
de las jóvenes estudiantes okinawenses que se vieron obligadas a
trabajar como enfermeras para el ejército japonés en deplorables
condiciones. Abandonadas a su suerte bajo el fuego enemigo, muchas
de ellas perdieron la vida en su huida desesperada hacia el sur.
El 25 de junio de 1942, un submarino estadounidense
miró a través de su periscopio y capturó una de las imágenes más
inquietantes de la guerra submarina en el Pacífico. En la fotografía
se ve al destructor japonés Yamakaze inclinándose mientras se hunde
frente a las costas de Japón. El submarino era el USS Nautilus,
comandado por William H. Brockman Jr. Era grande, antiguo para los
estándares de la guerra, y ya venía de sobrevivir a uno de los momentos
más decisivos de la Segunda Guerra Mundial. Unas semanas antes,
durante la batalla de Midway, el Nautilus se había acercado peligrosamente
a la fuerza japonesa. Fue atacado desde el aire, perseguido por
destructores y sometido a cargas de profundidad. Uno de esos destructores,
el Arashi, se quedó atrás para cazarlo. Cuando el Arashi abandonó
la persecución y aceleró para reunirse con la flota japonesa, dejó
una larga estela blanca sobre el océano. Esa estela fue vista por
los bombarderos en picado estadounidenses comandados por Wade McClusky,
que buscaban a los portaaviones japoneses con el combustible cada
vez más bajo. McClusky decidió seguirla.

El rastro del Arashi los condujo hasta la fuerza principal
japonesa. Poco después, los aviones estadounidenses atacaron los
portaaviones Akagi, Kaga y Soryu, en el golpe que cambió el rumbo
de Midway. El Nautilus no había hundido ningún portaaviones aquel
día. Pero al sobrevivir, había obligado a un destructor japonés
a separarse de la flota, y esa separación terminó señalando el camino
a los pilotos estadounidenses. Después de Midway, el Nautilus volvió
a patrullar cerca de Japón. El 25 de junio encontró al Yamakaze,
un destructor moderno de la Armada Imperial Japonesa. Brockman maniobró
en silencio, lanzó sus torpedos y el buque fue alcanzado. Se hundió
rápidamente, con su tripulación a bordo. Entonces alguien en el
submarino tomó la fotografía a través del periscopio. La imagen
resulta perturbadora porque no muestra una batalla abierta, sino
la naturaleza fría de la guerra submarina: un enemigo invisible,
un ataque desde debajo del mar y un barco que desaparece antes de
comprender del todo de dónde llegó la muerte. Para los hombres del
Nautilus, era una victoria militar. Para los marineros del Yamakaze,
fue el final de una vida que también había sido arrastrada por la
maquinaria de la guerra. Esa fotografía sobrevivió como un testimonio
silencioso de una verdad incómoda: en el Pacífico, la guerra no
solo se decidió con grandes flotas y batallas famosas, sino también
en segundos invisibles, cuando un periscopio asomaba sobre el agua
y el destino de cientos de hombres quedaba reducido a una línea
en el horizonte.
Sempo Sugihara (1900-1986) fue un diplomático japonés
que en 1939 fue enviado por su gobierno a Lituania para abrir un
consulado del cual él sería el único diplomático para, desde allí,
informar sobre las actividades soviéticas y los planes bélicos de
Alemania. Seis meses después estalló la guerra y la Unión Soviética
anexó a Lituania. El 27 de Junio de 1940 llegaron cientos de hombres,
mujeres y niños judíos a las rejas de la embajada pidiendo refugio
tras la que sería la persecución étnica más horrorosa de ese siglo.
Desobedeciendo las reiteradas negativas del Ministerio de Asuntos
Exteriores en Tokio respecto de otorgar visas a esos refugiados
para huir hacia la Unión Soviética y también ante la inminencia
del ingreso de Japón a la guerra como aliado de Alemania, Sugihara
decidió desoír las órdenes de su país y obedecer a su conciencia
ante la mirada de desesperación de los refugiados, sobre todo los
que tenían hijos pequeños. Sabiendo que su decisión significaba
el fin de su carrera comenzó a extender visas de tránsito a todos
los solicitantes agolpados contra las rejas de su consulado. Comenzó
el 1° de Agosto de ese año a expedir visas que demoraban unos 15
minutos por solicitante, por lo que renunció a su comida por aprovechar
el tiempo. Trabajó día y noche y cuando se acabaron los impresos
oficiales comenzó a expedir documentos manuscritos, a la vez que
seguía recibiendo cables con la orden de detenerse y llegando más
y más refugiados a su embajada.
Los soviéticos exigieron que se cerrara el consulado
y Tokio le ordenó a Sugihara que se mudara a Berlín. Mientras, se
trasladó a un hotel donde continuó despachando documentos a la multitud
que lo siguió como su última tabla de salvación. Se estimó que dio
unas 6.000 visas para que los judíos viajaran a oriente a través
de Siberia, incluidas hojas en blanco que firmó para que los refugiados
escribieran el resto. Muchos pensaron que esos documentos escritos
y sellados a toda prisa por Sugihara llevaban una bendición. Durante
su estancia en Japón a estos judíos refugiados no se les discriminó,
y cuando sus visas expiraron se les permitió ir a Shangai para aguardar
allí el fin de la guerra. Durante la guerra, Sugihara fue cónsul
en Checoslovaquia, Rumania y Alemania. Como su gobierno nunca le
mencionó las visas, creyó olvidado el asunto. En 1945, las tropas
soviéticas lo arrestaron junto a su familia y fueron enviados a
un campo de concentración. Después de 21 meses fueron liberados
y devueltos a Japón. Su gobierno le pidió la renuncia y no le concedieron
la habitual carta de recomendación. Para sobrevivir tuvo que dedicarse
a vender puerta a puerta.

En 1967, un funcionario de la embajada israelí ubicó
a un hijo de Sugihara y le dijo que Israel quería honrarlo por lo
que hizo. En Tel Aviv, Sugihara fue recibido como un héroe, con
fiestas en su honor. En 1984, la Comisión israelí para el Recuerdo
de los Mártires y Héroes del Holocausto concedió a Sempo el título
de “Justo entre las Naciones”, pero el ex diplomático, ya de 85
años, estaba demasiado débil para asistir y su esposa recibió el
premio. Se le dio a un parque su nombre, y en 1992 Israel le otorgó
una ciudadanía póstuma. Sugihara murió en 1986 en un anonimato relativo
en Japón. Sus vecinos no se dieron cuenta de que vivían al lado
de un héroe sino cuando un gran número de judíos ortodoxos se presentaron
en su casa para asistir al funeral. En 1991 el gobierno japonés
ofreció una tardía disculpa a la familia Sugihara por haberlo destituido.
Se calculó que con su gesto humanitario salvó a decenas de miles
de judíos, contando hijos y nietos. Se dijo que “Sempo Sugihara
fue un enviado de Dios”.
El 16 de marzo de 1995 murió Simon Fraser, 15.º Lord
Lovat, jefe del clan Fraser de Lovat. Con él se apagó una de las
últimas imágenes de una época que ya no volverá: la del jefe de
clan de las Highlands al frente de sus hombres en combate. Winston
Churchill lo describió ante Iósif Stalin con una frase feroz y memorable:
“el hombre de modales más suaves que jamás hundió un barco o cortó
una garganta”. Los alemanes llegaron a poner precio a su cabeza.
Y el 6 de junio de 1944, el día D, desembarcó en Sword Beach, en
Normandía, al frente de miles de comandos británicos, mientras un
gaitero tocaba entre el fuego, las olas y el estruendo de la guerra.
Simon Fraser nació en 1911, en una de las familias más antiguas
de Escocia. Los Fraser habían sido durante siglos guerreros de las
Highlands: jefes de clan, defensores de sus tierras y guardianes
de una tradición hecha de lealtad, coraje y honor. Cuando comenzó
la Segunda Guerra Mundial, ese mundo ya estaba desapareciendo. Los
jefes de clan ya no dirigían ejércitos. La vieja forma de vida de
las Highlands se desvanecía en la historia. Pero Lord Lovat iba
a recordarle al mundo lo que todavía podía significar un jefe escocés.
Se unió a los comandos, las fuerzas especiales británicas,
y pronto se ganó fama de oficial brillante, valiente y un poco temerario.
Entrenaba a sus hombres con dureza, iba siempre al frente y jamás
les pedía algo que él no estuviera dispuesto a hacer. Los alemanes
sabían quién era. Querían capturarlo o verlo muerto. Él llevó esa
amenaza como una condecoración más. En 1944, Lord Lovat era brigadier
y mandaba la 1.ª Brigada de Servicio Especial. Estaba a punto de
conducir a sus hombres en una de las mayores invasiones anfibias
de la historia. La noche anterior al día D, el 5 de junio de 1944,
habló a sus soldados. Al amanecer iban a atacar el Muro del Atlántico.
Muchos no regresarían. Terminó su discurso con unas palabras que
quedarían en la memoria: “Dentro de cien años, los hijos de vuestros
hijos dirán: debieron de ser gigantes en aquellos días”. A la mañana
siguiente, el 6 de junio de 1944, el brigadier Lord Lovat avanzó
por Sword Beach, en Normandía, guiando a sus comandos hacia el infierno.
Y detrás de él sonó algo imposible de olvidar. La gaita. El mando
británico había restringido el uso de gaitas en combate. Eran demasiado
visibles. Demasiado peligrosas. Un gaitero era un blanco fácil.
Lord Lovat llevó de todos modos a su gaitero personal: Bill Millin,
un joven soldado de 21 años criado en Escocia. Cuando se acercaban
a la playa, Lovat le dio la orden: “Tócanos hasta la orilla”. Millin
dudó y recordó las normas que prohibían tocar la gaita en combate.
Lovat sonrió y respondió: “Eso es cosa del mando inglés. Tú y yo
somos escoceses, y eso no se nos aplica”.

Así que, mientras los comandos avanzaban por Sword
Beach, mientras las balas cortaban el agua, mientras los hombres
caían y la artillería explotaba, Bill Millin tocó. Tocó melodías
tradicionales escocesas. A su alrededor morían hombres. Las ametralladoras
barrían la playa. El ruido era ensordecedor. Y, aun así, por encima
del caos de la guerra, se escuchó el sonido inconfundible y desafiante
de la gaita de las Highlands. Años después se contó que algunos
soldados alemanes no dispararon contra Millin porque pensaron que
un hombre caminando por un campo de batalla tocando la gaita debía
de estar completamente loco. Lo tomaron por un demente. Y siguió
tocando. La misión de Lord Lovat era clara: avanzar tierra adentro
hasta Pegasus Bridge, donde tropas británicas aerotransportadas
resistían desde la madrugada en un cruce estratégico bajo contraataques
alemanes. Lovat y sus comandos salieron de Sword Beach, atravesaron
posiciones enemigas y siguieron avanzando bajo fuego hacia el puente.
Llegaron poco después de la una de la tarde. Lord Lovat se acercó
con calma al oficial al mando, el mayor John Howard, cuyos hombres
llevaban horas combatiendo, y se disculpó por llegar tarde. Después
ordenó a sus comandos cruzar Pegasus Bridge. A plena luz. En campo
abierto. Bajo fuego enemigo. Y durante parte del avance, los hombres
llevaron sus boinas verdes, símbolo de los comandos, visibles para
todos. Los disparos alcanzaron a varios de ellos. Pero el puente
se mantuvo. Había algo casi mítico en lo que Lord Lovat acababa
de hacer. El nombre Fraser tenía raíces normandas, vinculadas a
una historia antigua que miraba hacia aquellas tierras. Ahora, siglos
después, un jefe de clan escocés había llevado a sus hombres de
vuelta a suelo normando en una de las batallas decisivas de la historia
moderna. Seis días más tarde, el 12 de junio de 1944, Lord Lovat
fue gravemente herido por fuego aliado. Le dieron la extremaunción.
Todos pensaron que iba a morir. Pero sobrevivió. Regresó a Escocia
como un héroe. Sirvió en la vida pública. Participó en actividades
agrícolas y administró sus tierras en las Highlands. Pero sus últimos
años estuvieron marcados por el dolor. En 1994 murieron dos de sus
hijos con pocos días de diferencia. La pérdida fue devastadora.
William Millin: un gaitero en el desembarco de Normandía.

Las dificultades económicas también golpearon a la
familia, y Beaufort Castle, hogar ancestral de los Fraser de Lovat,
terminó fuera de sus manos. El castillo donde había nacido. La casa
que su clan había llamado hogar durante generaciones. El 16 de marzo
de 1995, Simon Fraser, 15.º Lord Lovat, murió a los 83 años. Bill
Millin, el gaitero que había caminado junto a él en el caos del
día D, tocó en su funeral. El círculo se cerró. Cuando murió Lord
Lovat, murió también una imagen que ya pertenece para siempre a
la historia: la del jefe de clan de las Highlands que entra en batalla
al frente de sus hombres. Habrá escoceses con títulos antiguos.
Habrá oficiales con apellidos ilustres. Pero ya no habrá otro jefe
de clan que camine hacia el combate como lo hicieron los antiguos
señores de las Highlands durante siglos. Esa era terminó con Simon
Fraser. El hombre al que Churchill recordó con una frase imposible
de olvidar. El brigadier que llevó gaitas a las playas del día D.
El escocés por cuya cabeza los alemanes ofrecieron una recompensa.
El jefe de clan que llegó a Pegasus Bridge y se disculpó por la
tardanza.
El hombre de la capucha blanca no ocultaba solo su
rostro. Ocultaba una vida entera condenada a esconderse. Ottawa,
años cincuenta. En una entrevista televisiva, un hombre aparece
sentado frente a las cámaras con la cabeza cubierta por una capucha.
Su voz, su identidad y su rostro debían permanecer protegidos. Para
muchos espectadores, parecía una escena extraña, casi teatral. Pero
detrás de aquella imagen estaba uno de los gestos más decisivos
del inicio de la Guerra Fría. Se llamaba Igor Gouzenko. Había nacido
en 1919, cerca de Moscú, y fue formado como criptógrafo dentro del
sistema de inteligencia militar soviético, el GRU. En 1943 llegó
a Canadá para trabajar en la embajada soviética en Ottawa. Su tarea
era delicada: manejar comunicaciones cifradas, documentos secretos
y mensajes que revelaban cómo operaba una red de espionaje soviética
en Occidente. Canadá le mostró algo que no esperaba. No solo una
vida más cómoda, sino otra forma de respirar. Elecciones, prensa,
calles abiertas, familias que hablaban sin el mismo miedo. Para
Gouzenko, aquella diferencia se volvió imposible de ignorar. Al
terminar la Segunda Guerra Mundial, cuando supo que podía ser enviado
de regreso a la Unión Soviética, tomó una decisión que cambiaría
su vida para siempre. El 5 de septiembre de 1945 salió de la embajada
soviética con documentos secretos.

Eran más de 100 archivos que mostraban la existencia
de una red de espionaje activa en Canadá, con conexiones en Estados
Unidos y Gran Bretaña. Entre los objetivos había información científica,
militar y nuclear. En un mundo que apenas acababa de salir de la
guerra, aquellas páginas revelaban algo inquietante: la alianza
entre Occidente y la Unión Soviética ya se estaba rompiendo por
dentro. Lo más extraño fue que, al principio, casi nadie quiso escucharlo.
Gouzenko intentó acudir a periodistas, policías y autoridades. Muchos
dudaron. Otros temieron las consecuencias diplomáticas. La guerra
acababa de terminar y nadie quería abrir una nueva crisis con Moscú.
Durante horas, el hombre que llevaba documentos capaces de sacudir
la política mundial fue tratado casi como una molestia. Pero la
verdad ya estaba fuera. Cuando las autoridades canadienses comprendieron
el alcance de los documentos, el caso explotó. Se creó una comisión
de investigación, se revisaron redes de espionaje y los gobiernos
occidentales empezaron a mirar a su antiguo aliado con una desconfianza
que ya no se apagaría. Para varios historiadores, el caso Gouzenko
fue uno de los primeros golpes públicos de la Guerra Fría. La decisión
tuvo un precio terrible. Gouzenko, su esposa y sus hijos tuvieron
que vivir bajo protección.
Cambiaron de identidad, de residencia y de rutina.
Su rostro se volvió una amenaza. Cada aparición pública exigía una
máscara, una capucha o una sombra. Incluso cuando hablaba, debía
hacerlo como alguien que sabía que su pasado todavía podía alcanzarlo.
En la Unión Soviética, las consecuencias también cayeron sobre su
familia. Parientes suyos fueron perseguidos, encarcelados o castigados
por una decisión que no habían tomado. El precio de su deserción
no lo pagó solo él. Lo pagaron también quienes quedaron al otro
lado del silencio. Por eso la imagen de Gouzenko con la capucha
blanca resulta tan poderosa. No muestra únicamente a un desertor.
Muestra a un hombre que entregó secretos capaces de cambiar la política
mundial, pero perdió para siempre la posibilidad de vivir con un
rostro propio. Su historia no parece una escena de espionaje. Es
una escena de miedo real. Un hombre sentado ante las cámaras, cubierto
para seguir vivo, convertido en símbolo de una época en la que la
verdad podía salvar a unos y condenar a otros. Igor Gouzenko abrió
una puerta hacia la Guerra Fría. Y después pasó el resto de su vida
escondiéndose de lo que había visto al otro lado.
El miércoles 25 de Octubre de 1944, un Zero al mando
del teniente Yukio Seki sobrevoló varias veces el portaaviones estadounidense
“USS Saint-Lo”. Los artilleros de a bordo del barco abrieron fuego,
alcanzando al caza, que se alejó con varios impactos en el fuselaje.
Pero, de pronto, Seki dio media vuelta y, ante la mirada atónita
de los marinos, enfiló su aeronave en línea directa hacia el portaaviones
y soltó las bombas que cargaba a la vez que se estrellaba con su
avión sobre la cubierta. Los sobrevivientes del buque apodaron esa
táctica suicida como “Devil Driver”, aunque en un principio se creyó
que tal maniobra había obedecido a algo accidental por parte del
piloto japonés y no creyeron que se podría transformar en algo habitual.
Pero, tras varios impactos de otros aviones a las embarcaciones
se tuvo que aceptar que se trataba de una nueva y mortífera táctica
militar nipona. En 1944 la situación japonesa en el Pacífico era
crítica por lo que Japón tomó drásticas y dramáticas decisiones
para lograr revertir aquel devenir y comenzó a reclutar pilotos
suicidas, llamados Kamikazes (que significa “viento divino”, expresión
que tiene sus orígenes en el siglo XIII, cuando los mongoles al
mando de Kublai Khan decidieron invadir el archipiélago japonés
y fueron rechazados por un fuerte tifón que se desató en esos momentos).
Aquellos hombres debían autoinmolarse voluntariamente por el bien
de su país. Fue una táctica desesperada ante la escasez de pilotos
veteranos y la inferioridad industrial frente a los EEUU, que representaron
el sacrificio de unos 2.500 jóvenes en el conflicto.

Utilizaban aviones convencionales cargados de bombas
o los “Oka”, unos aviones planeadores sin tren de aterrizaje y propulsados
por cohetes, guiados por un piloto hacia el impacto. Aunque los
ideólogos de la táctica kamikaze fueron el contraalmirante Takijiro
Onishi y el comandante Asaiki Tamai, la idea original fue italiana,
durante la invasión de Etiopía, cuando el duce ya se había propuesto
crear un escuadrón suicida que estrellase sus aviones contra los
buques de la Marina Real Británica, pero nunca la llevaron a cabo
quizá por el espíritu poco fanático de los italianos. El perfil
del kamikaze japonés era el de un hombre joven entre 20 y 30 años
(en algunos casos se enrolaron adolescentes de 17 años) procedentes
de la Fuerza Aérea Japonesa, cadete recién licenciado y voluntarios
procedentes de universidades con ideales patrióticos ultranacionalistas
y fieles defensores del código de honor samurái, el bushido. Todos
con una inquebrantable lealtad al emperador y la idea de yamatodashi
o sacrificio personal que agrupaba a personas de todo tipo de creencia
religiosa, tanto sintoísta, como budista o cristiana. Nunca se aceptó
a alguien que fuera hijo único para no acabar con un linaje familiar
aunque hubo el caso de una madre que consiguió que finalmente su
hijo fuera aceptado tras enviar una carta a las autoridades quejándose
de que fuera rechazado por ese motivo.
Hubo pilotos que, llegado el momento, se negaron a
convertirse en kamikaze como el caso de Ryo Yamada que tras negarse
fue degradado a soldado raso y enviado al frente de combate. Antes
de partir, a cada kamikaze, se les entregaba una bandera con inscripciones
rituales, en la frente se ataban el hachimaki, una cinta con el
dibujo del sol naciente (símbolo imperial) y se ceñían el senninbari
o “cinta de mil puntadas”, una faja tejida por mil mujeres, cada
una de las cuales debía efectuar una puntada. Completaban su atuendo
con una katana, la típica espada samurái y, finalmente, se les ofrecía
una copa de sake o de té antes del despegue. Durante el verano de
1945, la llamada "escuadrilla Shinten" llegó a utilizar algunos
de sus kamikaze para impactar no contra barcos, sino contra los
grandes bombarderos B-29 estadounidenses, que dejaban caer su carga
letal contra las ciudades de Japón, ya fuera mediante impactos directos
contra su fuselaje o intentando cortarles las hélices con las alas
de sus Zero. El último ataque de un kamikaze japonés tuvo lugar
el 29 de julio de 1945, cuando uno de estos cazas impactó contra
el destructor USS Callaghan y logró hundirlo, provocando 47 víctimas.
La increíble historia del niño de 12 años que fotografió
la Guerra de Vietnam.


"La esquina de los paraos" hace referencia al lugar
físico de los pueblos andaluces donde los jornaleros sin empleo
(los "paraos") esperaban cada mañana a que los capataces los contrataran
para trabajar en el campo. Precariedad laboral, desigualdades y
sumisión ante el poder económico.
El término se hizo muy popular gracias a las célebres
sevillanas protesta publicadas en 1977 por el grupo andaluz Gente
del Pueblo, que relatan la dura realidad de la falta de trabajo
y el clamor social. Incluida en su histórico álbum Sevillanas Democráticas
lanzado en 1977.
En las minas de diamantes de Sudáfrica en 1954, cada
trabajador era radiografiado al terminar su turno antes de poder
salir. No para proteger su salud. Para proteger las gemas. El sistema
de control en las minas de diamantes sudafricanas de mediados del
siglo XX era uno de los más sofisticados y humillantes de la industria
extractiva mundial. Los trabajadores, mayoritariamente hombres negros
bajo el régimen del apartheid que se había institucionalizado en
1948, vivían en compounds, barracones cercados dentro de los propios
terrenos mineros, durante contratos de varios meses sin posibilidad
de moverse libremente fuera del perímetro. Al final de cada turno,
antes de la salida, eran sometidos a inspecciones corporales exhaustivas.
La radiografía era el último filtro: detectaba diamantes tragados
o escondidos en cavidades corporales. La lógica del sistema era
transparente para quien quisiera verla: el mismo Estado que aplicaba
leyes raciales para impedir que los trabajadores negros poseyeran
tierras, votaran o se movieran libremente por el país, invertía
en tecnología médica cara para asegurarse de que no se llevaran
ni una piedra del suelo que excavaban. De Beers, la compañía que
controlaba aproximadamente el ochenta y cinco por ciento de la producción
mundial de diamantes en aquella época, gestionaba directamente los
compounds y los sistemas de control. Ernest Oppenheimer, su director,
había perfeccionado durante las décadas anteriores un modelo de
negocio basado en el control total de la cadena: desde la extracción
hasta la venta al consumidor final en Europa y América.

El trabajador de la radiografía ganaba en 1954 alrededor
de dos chelines al día. El diamante que encontrará en el
suelo y que se llevaran antes de que él lo tocara podría valer cientos
de libras en Amsterdam o Londres.
Inconfundible vista de los Andenes de la Estación
del Norte de Madrid, repleta de un conjunto de rudimentarias maletas,
atadas con una simple cuerda de pita. Eso sí, perfectamente alineadas.
El orden milimétrico de los bultos se debía a los estrictos controles
de facturación de las expediciones organizadas por el Instituto
Español de Emigración. Estos eran los equipajes correspondiente
a una expedición de emigrantes que salían de la Estación del Norte,
que partían hacia Alemania, Bélgica, Suiza, Francia ... En busca
de trabajo y ganar un dinero con los que mantener a las familias
que dejaban atrás. La escena es un fiel reflejo de la historia migratoria
de España. El éxodo rural hacia el exterior marcó a toda una generación.
Entre 1950 y 1973, más de un millón de españoles abandonaron el
país debido a la falta de oportunidades económicas, dirigiéndose
principalmente a Alemania, Francia, Suiza y Bélgica. Las famosas
maletas de cartón o madera, reforzadas con cuerdas de pita, se convirtieron
en el símbolo universal de la precariedad y el sacrificio de aquellos
trabajadores.

Europa central absorbió la mano de obra para la industria,
la construcción y la agricultura. Las salidas masivas se organizaban
desde puntos clave como la antigua Estación del Norte en Madrid
o la Estación de Francia en Barcelona. Las remesas de dinero que
enviaban los emigrantes fueron fundamentales para el sustento de
las familias y la modernización de la economía española.

El Encuentro Internacional de Fotoperiodismo de Asturias
es una plataforma cultural, educativa y profesional dedicada a la
imagen, el periodismo visual y la mirada humanista.


El Geoparque Costa Quebrada convoca su primer concurso
de fotografía con 3.000 euros en premios.

Esta foto reunió en un solo instante tres de las
máquinas más extraordinarias del siglo XX: un transbordador espacial,
un Boeing 747 modificado para cargarlo sobre su fuselaje y, volando
al fondo, un Concorde supersónico. En 1983 el transbordador Enterprise
realizó una extensa gira de exhibición. El transbordador que ves
arriba del 747 es el Enterprise, OV-101, el primer orbitador construido
por la NASA. Curiosamente, nunca viajó al espacio: fue creado como
prototipo para probar cómo se comportaría un shuttle durante el
vuelo atmosférico y, especialmente, durante el aterrizaje. En 1977
realizó 5 vuelos libres, después de ser soltado desde un Boeing
747 en pleno aire. Debajo está el NASA 905, un Boeing 747-123 construido
en 1970 y comprado por la NASA a American Airlines.
Para cargar transbordadores recibió enormes refuerzos
internos, soportes sobre el fuselaje y pequeños estabilizadores
verticales adicionales en la cola. Medía unos 70.7 metros de largo
y tenía una envergadura cercana a 59.6 metros. Llegó a realizar
70 de las 87 misiones de transporte de transbordadores durante la
etapa operativa del programa.

1983 durante el Salón Aeronáutico de París (Le Bourget),
un evento en el que coincidieron estas joyas de la aviación y la
exploración espacial:
Y arriba aparece otro monstruo tecnológico: el Concorde,
capaz de transportar pasajeros a aproximadamente Mach 2, más de
2,000 km/h. Por unos segundos, el avión comercial supersónico coincidió
visualmente con la máquina diseñada para llevar humanos al espacio
y con el gigantesco 747 que la transportaba. Hoy esta combinación
es literalmente irrepetible: el programa del transbordador terminó,
los 747 transportadores fueron retirados y el Concorde dejó el servicio
comercial. Una fotografía que capturó tres épocas de la aviación
y la exploración espacial.
Tras la intensa ola de calor de junio y los graves
incendios forestales en el sur de Francia,el verano europeo continúa
marcado por las crisis climáticas. En toda Europa escasea el agua
en los ríos. El Rin, el Danubio y el Po registran niveles de agua
históricamente bajos. Estos ríos son fundamentales para el transporte
de mercancías, la agricultura y el abastecimiento de agua. Y la
situación es dramática. A lo largo del Danubio, los buques de carga
y de crucero ya no pueden seguir navegando en algunos tramos. En
Hungría, Rumanía y Croacia, incluso han reaparecido barcos y coches
hundidos en el lecho seco del río. En muchos puntos del lecho del
río Rin, como en Colonia y Düsseldorf, la gente puede ahora pasear
por donde antes fluían fuertes corrientes.
El nivel del Danubio es tan bajo que en Budapest afloran
restos de la Segunda Guerra Mundial, entre ellos una motocicleta
y dos soldados exhumados, según informa el Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge,
la asociación alemana para el cuidado de las sepulturas de guerra.
Según el propio Volksbund, la organización envió a Budapest a un
especialista en exhumaciones que llevó a cabo los trabajos con la
ayuda de colegas húngaros. Además de los restos de los soldados,
que pudieron conservarse gracias al barro, se hallaron numerosas
minas alemanas Tellermine 35. Estas se utilizaron durante la Segunda
Guerra Mundial contra carros de combate.

Como el barro del puerto en el fondo del Danubio a
la altura de la plaza Batthyány está mezclado con gasóleo, se han
creado condiciones casi perfectas para conservar los restos de los
vehículos y los restos humanos. Gracias a este derivado del petróleo,
el barro también ha conservado en muy buen estado las placas de
identificación, de modo que las letras y los números se leen con
gran claridad, explicó el especialista en exhumaciones, según el
Volksbund.
Las placas de identificación eran entonces el equivalente
a un documento de identidad. Cada soldado llevaba una placa en doble
ejemplar. En caso de muerte, una de las mitades se enviaba a la
oficina de información de la Wehrmacht, que a su vez podía informar
a los familiares. En el caso de los cuerpos de soldados recuperados
del Danubio, las placas de identificación pueden leerse íntegramente,
según el Volksbund. Además, las dos mitades siguen juntas, de modo
que la noticia de su muerte nunca llegó a la oficina de información
de Berlín. Tras una investigación, los soldados serán enterrados
en el cementerio de guerra de Budaörs, a la entrada de Budapest.
La motocicleta fue recuperada por empleados del Instituto
y Museo de Historia Militar. Consideran que se trata del modelo
DKW NZ 350-1, que en su época gozaba de la reputación de ser especialmente
robusto y fiable, según señala el Volksbund.

Entre los hallazgos en el lecho descubierto del Danubio
figura también un bidón de gasolina.
El calor prolongado y la acusada falta de precipitaciones
han reducido el caudal de esta gran vía fluvial a mínimos históricos,
permitiendo que la historia sepultada vuelva a emerger tras más
de ocho décadas sumergida. Cerca de la localidad serbia de Prahovo,
la impresionante retirada de las aguas ha dejado al descubierto
las estructuras oxidadas de una masa naviera estratégica que permanecía
oculta a la vista de todos.

Esta drástica bajada del nivel hídrico revela los
cascos retorcidos, cubiertas y estructuras metálicas de la flotilla
de la Kriegsmarine alemana. En el otoño de 1944, los mandos navales
nazis dieron la orden de hundir deliberadamente sus embarcaciones
durante la retirada frente al avance del Ejército Rojo soviético.
Con este movimiento táctico no solo buscaban impedir que el enemigo
capturase su equipamiento militar, sino que articularon un bloqueo
sumergido diseñado minuciosamente para obstaculizar el transporte
de tropas enemigas río arriba.
Aquel muro naval improvisado con más de 200 barcos,
mercantes, remolcadores y gabarras ha sobrevivido al conflicto internacional
y sigue entorpeciendo el tráfico comercial moderno. Se estima que
este obstáculo sumergido genera unas pérdidas económicas anuales
para Serbia cercanas a los cinco millones de euros debido a los
continuos retrasos en la navegación. Por este motivo, las autoridades
nacionales han puesto en marcha un ambicioso plan de rescate en
colaboración con el Banco Europeo de Inversiones para limpiar el
cauce.
El proceso de extracción de las embarcaciones hundidas
resulta lento, complejo y sumamente peligroso para los equipos de
rescate. Dado que se sospecha que varios navíos aún albergan munición
y explosivos activos en sus bodegas, los buzos deben inspeccionar
previamente cada zona en aguas extremadamente turbias. Mediante
bombas especializadas, las cuadrillas retiran toneladas de lodo
acumulado para poder remolcar los restos más accesibles o enterrar
definitivamente aquellos barcos cuya retirada suponga un peligro
inasumible.

Pásate por JyV >> Fotografía >>
Budapest.
A pesar de la gravedad de la sequía que afecta gravemente
a la agricultura y al transporte fluvial en varios países, el fenómeno
ofrece una ventana de oportunidad inédita para ejecutar estos trabajos.
Las labores de desminado y limpieza de los pecios no solo mejorarán
la seguridad de la navegación comercial, sino que alinearán la zona
con los objetivos ecológicos europeos. La retirada de estos obstáculos
facilitará enormemente el transporte de mercancías por vía fluvial,
reduciendo progresivamente la dependencia del tráfico por carretera.
Según confirmó Emanuele Giaufret, embajador de la
UE en Serbia: "También es un proyecto importante para la Agenda
Verde, ya que facilitará el tan necesario cambio del transporte
por carretera al transporte fluvial". Esta declaración pone de relieve
el impacto ecológico positivo que tendrá la descontaminación de
este tramo de río. La eliminación de la amenaza que suponen los
restos bélicos resultaba una prioridad absoluta para las administraciones
locales y los organismos de la UE involucrados.
La paulatina reaparición de estos barcos de guerra
oxidados se ha convertido en una potente metáfora del impacto del
cambio climático en la geografía europea. Mientras los residentes
locales observan atónitos las ruinas de la Segunda Guerra Mundial
mientras navegan o se bañan, el río deja al descubierto un periodo
trágico. Las severas condiciones meteorológicas continúan alterando
no solo los ecosistemas actuales, sino revelando capítulos del pasado
que parecían olvidados para siempre bajo las corrientes.
El patrimonio arqueológico y militar emergente en
el Danubio demuestra cómo la historia reciente puede reaparecer
cuando la naturaleza se ve empujada a situaciones extremas. Mientras
los ingenieros y científicos colaboran para descontaminar la zona
de forma segura, el paisaje del río servirá durante este periodo
seco como un recordatorio visual de los momentos oscuros que atravesó
el continente en el siglo pasado, transformando temporalmente el
cauce en un museo bélico a cielo abierto.

Un bote varado ante la falta de agua en un afluente
del Danubio en Rumanía.
Desde Berlín a Pomerania Occidental, las tormentas
y lluvias de hasta 20 litros por metro cuadrado fueron recibidas
este miércoles por los alemanes como un gran «respiro». Sin embargo,
solo será un espejismo. El país espera este fin de semana una nueva
ola de calor que elevará los termómetros por encima de los 33 grados.
«Es difícil de creer, esto no para», advirtió el popular meteorólogo
Dominik Jung ante una «montaña rusa meteorológica» que ha desecado
el Danubio y el Rin. Un informe de un grupo de investigadores revela
que el número de días estivales con temperaturas extremas se ha
duplicado desde 1990 en Alemania y una encuesta apuntaba a que más
de la mitad de su población lleva «mal o muy mal» el calor actual.
Los datos no mejoran. Europa es un gigantesco sistema
hidráulico y, sin agua, se detiene. Las industrias paran ante la
escasez de suministros y de abastecimiento energético. Metalúrgicas
–como Thyssenkrupp, que ha reducido su producción en Duisburgo–,
químicas y empresas de automoción figuran entre las más afectadas.
Los analistas vaticinan que el PIB germano ha descendido ya un 0,2%
porque es imposible tirar de la economía con las principales autopistas
fluviales de mercancías asfixiadas. Los barcos navegan los ríos
con el 20% de carga para evitar embarrancar en los fondos arenosos
que ocupan cada día más superficie.
«Desde niños hemos bromeado con cruzar el Danubio
a pie, y ahora casi lo podemos hacer. Pero ya no nos hace gracia:
es un drama y una catástrofe económica y social para Hungría», comenta
un vecino de Budapest, Ardan Havasi, en los medios locales. El Ministerio
de Deportes ha ordenado incluso adelantar los partidos de su liga
de fútbol con el fin de ahorrar en iluminación en los estadios.
Existe una sensación de desplome crítico. Se mire donde se mire,
los datos son arenosos. Polvo y roca. En Eslovaquia los caudales
fluviales son los más bajos desde 1876 y en la República Checa las
centrales hidroeléctricas funcionan entren un 5% y un 60% de su
capacidad. Ante este panorama, los gobiernos afinan su ingenio:
Rumanía se prepara para hundir cuatro grandes barcazas con rocas
en un tramo del Danubio con el fin de crear una represa y aumentar
el nivel de agua. Nunca antes se ha realizado una operación así,
pero está en juego el funcionamiento de la principal central nuclear
del país.

La histórica sequía que afecta al Rin y al Danubio,
los principales ríos de Europa (y que amenaza con provocar un shock
económico y energético).

A los europeos la sequía les enfrenta a una realidad
desconocida. Uno de cada seis ríos del Reino Unido baja casi seco.
El Loira está en máxima alerta: la arteria más larga de Francia
es difícil de remontar para las barcazas. «Si no se puede navegar,
al menos habrá playa», dice una mujer sobre los bancos de arena
surgidos en el tramo medio del valle, donde el río es vadeable en
varios puntos. Pero, además, puntualmente se han dado temperaturas
en el agua de casi 30 grados, impensables en años anteriores, ya
que la media en verano ronda los 20 grados. Malo para un ecosistema
que a menudo funciona como un mecano. «El agua tan caliente perjudica
a todo lo que se mueve alrededor de un río: la fauna, el turismo
y su capacidad como refrigerante para las centrales, con un consiguiente
riesgo en la industria», señalan los expertos en cambio climático.
Italia no escapa al efecto horno. La cuenca del Po ha dejado de
ser una perla de agua. Un centenar de poblaciones del Piamonte y
Lombardía sufren desabastecimiento y el descenso de la masa de agua
dulce amenaza con ser reemplazada por la salada del mar Adriático,
lo que pone en riesgo la industria agrícola. El Gobierno declaró
este miércoles la alerta máxima por calor en las 27 ciudades principales
de Italia. Las autoridades romanas se apiadan de los turistas que
buscan sombras en cada rincón: los monumentos abren de noche mientras
los cines ofrecen sesiones gratuitas convertidos en refugios climáticos.
El turismo. Ya ni siquiera el norte de España, los Alpes italianos
o la fachada francesa son suficientes. Dinamarca, Noruega y las
playas de La Haya reciben este año una oleada inusual de visitantes,
a quienes el calor y las sequías fuerzan a buscar el fresco del
norte cada vez más al norte.
Las autoridades rumanas comenzaron este viernes con
el hundimiento controlado de barcazas en un brazo del Danubio, con
el objetivo de aumentar el caudal del río necesario para refrigerar
la central nuclear de Cernavoda, en el sureste del país balcánico.
Ante la falta de agua, la planta atómica -que con su potencia instalada
de 1.400 megavatios (MW) produce un 20 % de la electricidad consumida
en el país- tuvo que desconectar uno de sus dos reactores el pasado
28 de julio.

Niveles de agua extremadamente bajos en el río Rin,
en Alemania. Los buques de carga solo pueden navegar con una carga
reducida y se ha reducido la producción.
En total está previsto hundir cuatro barcazas, aunque
las maniobras, aplazadas en dos ocasiones por las fuertes corrientes,
son complejas. Las dos primeras serán inundadas de forma gradual
en una operación que puede prolongarse hasta cuatro horas, mientras
que las otras dos se colocarán unos 300 metros aguas abajo y previsiblemente
serán hundidas hoy sábado. Según la Administración Nacional Aguas
de Rumanía, las embarcaciones fueron cargadas con rocas hasta alcanzar
un calado de 1,9 metros y serán hundidas una a una de forma controlada,
bajo estrictas medidas de seguridad. La intervención busca reducir
la pérdida de agua en la zona de Cernavoda y preservar las condiciones
hidrológicas necesarias en un momento en que el Danubio registra
caudales excepcionalmente bajos por la sequía en Europa central
donde nace el río, el segundo más grande del continente.
Según los hidrólogos, el río transporta 1.400 metros
cúbicos por segundo a su entrada en Rumanía, con una previsión de
aumento hasta 1.450 metros cúbicos por segundo a mediados de la
próxima semana. Aun así, el caudal seguirá muy por debajo de la
media que suele tener en agosto, con unos 3.900 metros cúbicos por
segundo. Si la operación tiene éxito, permitirá mantener el suministro
de agua para la central entre dos y cuatro días adicionales.
El inusual episodio de calor que está viviendo buena
parte de Europa está afectando con dureza a los Países Bajos. Las
autoridades neerlandesas cerraron este miércoles las esclusas del
río Nuevo Mosa, en Róterdam, debido a la sequía y el rápido descenso
de las reservas de agua dulce. Una medida inédita que afecta a la
navegación comercial y recreativa, y prohíbe la extracción de agua
superficial en buena parte del oeste del país. Una decisión cuyo
objetivo principal es retener el agua dulce en la región y frenar
la intrusión de agua salada procedente del mar. «Por la persistente
sequía, intervenir es ahora inevitable», señaló la Auoridad del
Auga de Delfand y recoge Efe. Las restricciones afectan a 14 municipios,
entre ellos Róterdam, La Haya, Delft, Schiedam y Vlaardingen, y
según explicó al canal público NOS la portavoz del organismo, Nieske
Dijkshoorn, «es la primera vez que se anuncia una medida de este
tipo». «El caudal del Rin está descendiendo de forma drástica y
eso hace que el agua salada penetre cada vez más en nuestra zona»,
añadió.

El nivel del agua en Kaub, situado entre Coblenza
y Maguncia, ha descendido por primera vez desde la existencia de
registros a valores de un solo dígito a causa del calor extremo
de este verano. El nivel de agua medido en esta estación de medición
es la referencia determinante para la navegabilidad en el Rin y
significa que la gran arteria fluvial logística europea queda dividida
en dos. «Tenemos capacidad para 6.000 toneladas, pero la semana
pasada cargábamos la mitad y hoy es ya imposible zarpar», lamenta
el capital del Hidde, una barcaza que transporta carbón a centrales
eléctricas combinadas. El Rin, que nace en los Alpes suizos y desemboca
en el mar del Norte, es una de las vías fluviales más transitadas
de Europa. La disminución del nivel del agua ha generado preocupación
por las consecuencias económicas y geoestratégicas de la interrupción
de la navegación y el transporte marítimo. Desde el transporte de
mercancías hasta la operatividad de respuesta de la OTAN puede verse
comprometida sin esta vía de comunicación. «La mayoría de mis empleados
viven en Ludwigshaffen y no pueden llegar en ferry hasta Mannheim»,
se aflige el dueño de una cadena de floristerías.
El Sistema Nacional de Información sobre Niveles Bajos
de Agua (NIWIS) de Alemania informa que el 44% de las estaciones
de medición del Rin y el 78% de las del Danubio registran niveles
de agua extremadamente bajos. A la altura de Colonia, el nivel del
agua es hoy de solo 62 centímetros, según el Servicio Electrónico
de Información de Vías Navegables (Elwis). Y la tendencia sigue
a la baja: se espera todavía una semana de muy altas temperaturas
y, para el jueves, el nivel del agua podría descender a solo 48
centímetros. Antes de este verano, el mínimo histórico había sido
de 69 centímetros, medido el 23 de octubre de 2018.
Sólo en Alemania, el bloqueo tendrá un efecto estimado
de entre una y dos décimas en el PIB del tercer trimestre. «El Rin
es especialmente poco profundo en esta sección, por lo que a un
nivel tan bajo del agua, el transporte de mercancías queda bloqueado,
así como el tráfico de cruceros, las excursiones y el transporte
de pasajeros», ha explicado Jens Schwanen, director ejecutivo de
la Asociación Alemana de Vías Navegables Interiores (BDB). El nivel
del agua permite navegar entre los puertos de Ámsterdam, Róterdam
y Amberes, así como Colonia y la red de canales en Alemania Occidental.
Más al sur, el tráfico marítimo podría continuar por el Meno, el
Mosela, el Neckar y el canal Danubio-Meno. Pero en el Alto Rin Medio,
entre Wiesbaden y Coblenza, el cauce más estrecho y el fondo más
irregular lo hacen ya imposible, de manera que los transportes deben
ser partidos y dejan de ser rentables. Colapso logístico en el Rin

El Rin a su paso por Bacharach, es la vía fluvial
más utilizada de la Unión Europea. Con una longitud de 1230 km,
es navegable en un tramo de 883 km entre Basilea y su delta en el
mar del Norte.
El Rin, «en principio, queda partido y ya no es navegable
a lo largo de todo su caudal», describe Schwanen la situación logística
y el cuello de botella para el transporte de mercancías. La BDB
acoge con satisfacción las reuniones de crisis previstas con el
Ministerio alemán de Transporte y subraya que «es justo que las
opciones para el aumento del uso de carreteras y ferrocarril se
estén debatiendo ya este lunes bajo la coordinación de Claudia Stutz,
secretaria de Estado, en Berlín».
También solicita que sean pospuestas las obras de
construcción en todas las redes de transporte. «Estamos enfrentando
un gran test de estrés logístico que pondrá a prueba la resiliencia
del sistema: las próximas obras de carretera, ferrocarril y vías
fluviales deben ser evitadas, así como cualquier restricción de
la infraestructura debido a obras móviles», ha sugerido. «A nuestra
urgente petición, la Oficina de Vías Navegables y Navegación 'Canales
de Alemania Occidental' está posponiendo el cierre total de siete
semanas de la esclusa Wanne-Eickel en el canal Rin-Herne, que estaba
prevista para finales de agosto», confirma Schwanen, «esta ruta
alternativa a través del canal, que es importante para la navegación
y la industria, se mantendrá así durante esta situación de crisis«.
Durante el fin de semana, Renania del Norte-Westfalia, Baja Sajonia,
Renania-Palatinado y Sarre ya han flexibilizado las restricciones
al tráfico de camiones en domingo, por primera vez desde 1956, para
aportar fluidez al transporte de mercancías en dirección y hacia
Europa Central.
El problema resulta especialmente sensible porque
el Rin conecta el puerto de Róterdam con las grandes regiones industriales
de Alemania y sirve para transportar materias primas y mercancías
como combustibles, minerales, metales y productos químicos. La situación
ya ha provocado cierres en determinadas vías navegables neerlandesas
y el impacto puede extenderse a las fábricas que dependen del agua
del Rin para procesos industriales o refrigeración. Se ha reducido
significativamente la disponibilidad de agua en los procesos industriales
y de refrigeración, además de dificultar la llegada de materias
primas transportadas por vía fluvial.

En la ribera búlgara, un grupo de vecinos encontró
casualmente una mandíbula, dos colmillos y otros restos óseos de
un mamut lanudo (Mammuthus primigenius) y un equipo de especialistas
del museo regional los recogieron e identificaron al día siguiente.
Al parecer, se trataba de un animal joven y el color oscuro de los
huesos podría indicar que vivió en un entorno pantanoso.
El Danubio no es plenamente navegable en ninguno de
sus tramos críticos entre Hungría, Serbia, Rumanía, Eslovaquia y
Bulgaria. La crisis afecta simultáneamente a la energía, el transporte,
la agricultura y el turismo. Los gobiernos de los países afectados
han adoptado medidas de emergencia que van desde restricciones eléctricas
hasta ayudas económicas y cierres de infraestructuras estratégicas.
Las autoridades pretenden mantener elevados los niveles
de agua para evitar daños en los diques, cuya estabilidad puede
verse comprometida si el terreno se seca y aparecen grietas, así
como proteger espacios naturales especialmente sensibles a la salinización.
La navegación también ha quedado suspendida temporalmente en el
canal entre Leiden y Haarlem, para preservar el agua dulce destinada,
entre otros usos, al cultivo de bulbos florales. Además, la prohibición
de extracción de agua superficial en toda la región de Delfland
afecta a agricultores, empresas hortícolas, ayuntamientos, instalaciones
deportivas y particulares que utilizan agua de canales y acequias
para el riego. La situación también afecta de forma creciente al
transporte fluvial, uno de los pilares logísticos de la economía
neerlandesa, puesto que el cierre previo de esta y otras esclusas
impide el paso por canales utilizados para transportar materiales
como arena, hormigón y metales. La navegación interior transportó
333 millones de toneladas de mercancías en 2025 y sostiene unos
22.000 empleos en el país, aunque el impacto económico real es mayor
por la dependencia de numerosos sectores industriales del transporte
por agua. Empresas de materiales de construcción, alimentación animal
e industria química ya están viendo limitada su actividad porque
los buques navegan con menos carga debido al bajo nivel del agua.
Rijkswaterstaat, la agencia nacional de gestión del agua, advirtió
de que el caudal del Rin sigue en niveles históricamente bajos y
que las previsiones apuntan a que durante las próximas dos semanas
seguirá por debajo del nivel necesario para garantizar una distribución
normal del agua en el país.
El nivel del Danubio a su paso por Dunaújváros, en
el centro de Hungría, ha descendido hasta cotas excepcionales, dejando
al descubierto tramos del lecho fluvial que normalmente permanecen
sumergidos. Entre las piedras y el limo expuestos ha aparecido un
altar romano dedicado al dios Júpiter, junto con varios fragmentos
tallados que podrían pertenecer a placas conmemorativas o funerarias
de la misma época.

El hallazgo se produjo el pasado 3 de agosto, cuando
el personal del Museo Intercisa de Dunaújváros (a 70 km de Budapest),
acompañado por el arqueólogo subacuático Attila J. Tóth, recorría
la ribera del río cerca de la isla de Szalki. En realidad, el objetivo
inicial de la misión era dar con los posibles restos del monasterio
medieval de Pentele, del que se cree que existió en la zona. El
templo sigue sin localizarse, pero como un premio de consolación,
el retroceso del agua sacó a la luz ese fragmento de altar de piedra
caliza labrada.
En España, Francia, Italia, Alemania y Europa del
Este, la prolongada sequía supondrá para los agricultores la pérdida
de millones de hectáreas de cosechas de cereales. Los campos resecos,
las cosechas perdidas y los cauces de los ríos secos se cuentan
entre las consecuencias más visibles de la sequía. Esto no solo
afecta a la economía, sino también a ecosistemas enteros. El problema:
el agua que queda en los ríos se calienta mucho, almacena menos
oxígeno y, por lo tanto, puede provocar la muerte de los peces,
explica Jeanette Völker, investigadora de la Agencia Federal de
Medio Ambiente (UBA). "Precisamente en el Rin se observa cómo se
secan los bancos de grava. Se trata de hábitats para moluscos e
invertebrados, que a su vez sirven de alimento a los peces. Esa
sequedad supone una carga enorme. Los moluscos no pueden desplazarse
con la suficiente rapidez y acaban muriendo". La sequía, la elevada
radiación solar y las altas cargas de nutrientes procedentes de
los fertilizantes agrícolas favorecen, además, el crecimiento masivo
de algas, según Völker. Esto ya se observó en 2022 en el río Óder,
al este de Alemania. Debido al calor, los bajos niveles de agua
y la influencia del agua salada, se multiplicó allí una alga tóxica
y no autóctona con consecuencias dramáticas: tramos enteros del
río fronterizo entre Alemania y Polonia quedaron cubiertos de peces
muertos. Murieron alrededor de 1.000 toneladas de peces.

El río Rin, la vía navegable más importante de Europa,
casi irreconocible por la sequía.
El Rin y el Danubio se alimentan de numerosos afluentes.
Por ello, las imágenes actuales de las largas playas de arena a
lo largo del Rin muestran también la grave situación en que se encuentran
los caudales de muchos de estos afluentes. Precisamente estos son
importantes para el suministro de agua potable, entre otras cosas
porque sus riberas suelen estar aún cubiertas de vegetación. "Dependemos
de esta agua fluvial. Gran parte de nuestra agua potable es lo que
se conoce como 'filtrado de ribera'", explica Hagen Koch, investigador
especializado en resiliencia climática y adaptación al cambio climático
en el Instituto de Potsdam para la Investigación sobre las Consecuencias
del Cambio Climático. "Esto significa que, a cierta distancia del
río o de los lagos, se encuentran pozos de agua potable. Allí se
bombea agua que ha fluido a través del suelo durante muchos meses".
Esto implica que los juncos y las capas del suelo filtran el agua
de forma natural.
El bajo nivel de las aguas en los ríos alemanes ya
está perjudicando considerablemente a la economía. Algunos barcos
solo navegan con una quinta parte de su carga habitual. Esto retrasa
la producción y aumenta los precios. En Alemania, los sectores más
afectados son, sobre todo, la siderurgia, la industria química y
la del petróleo. La escasez de agua también pone cada vez más en
peligro el suministro energético. El primer ministro húngaro, Peter
Magyar, hizo un llamamiento la semana pasada a sus compatriotas
y a las empresas para que ahorren electricidad. El país se enfrenta
a una crisis energética sin precedentes debido al cierre de la central
nuclear de Paks, como consecuencia del bajo caudal del Danubio.

En Agosto de 2022 hablamos de las Piedras del hambre.
El ministro alemán de Transportes ha invitado a representantes
de la industria, los puertos y la navegación interior a una conferencia
sobre el bajo nivel de las aguas que se celebrará en Bonn. En ella
se centrará la atención en soluciones a corto y largo plazo. También
se debatirá la posibilidad de profundizar el cauce del Rin en puntos
especialmente críticos. De este modo, se pretende mantener la navegación
a pesar del bajo nivel de las aguas. Por su parte, movimientos ecologistas
han convocado a protestas contra un nuevo dragado del Rin. Según
ellos, se trata de medidas a corto plazo que aportan poco y hasta
pueden perjudicar más aún el entorno. Los críticos advierten de
que unos canales de navegación más profundos aceleran el caudal
de agua, reducen el nivel de las aguas subterráneas y provocan que
las llanuras aluviales se sequen más rápidamente. En su lugar, exigen
una reconversión de la navegación hacia tipos de buques optimizados
para niveles bajos de agua, así como un trasvase del transporte
de mercancías al ferrocarril. Koch también aboga por buques con
menor calado, aunque señala que eso conlleva elevadas inversiones
y largos plazos de ejecución. Y, en última instancia, la protección
del clima sigue siendo decisiva. Y es que, sin ella, muchas inversiones
podrían ser, literalmente, solo una gota en el océano.
Más de 80 años después del fin de la guerra, en los
suelos alemanes siguen enterradas cientos de miles de toneladas
de munición. En Oranienburg, en Brandeburgo, unas 270 bombas esperan
su retirada, mientras calor, sequía e incendios las vuelven más
peligrosas. Fue apenas la semana pasada cuando el bajo nivel del
Rin en Colonia-Deutz dejó al descubierto una bomba estadounidense
de 250 kilos de la Segunda Guerra Mundial. Se estableció un perímetro
de seguridad de 400 metros, alrededor de 360 vecinos tuvieron que
abandonar sus viviendas y el teleférico de Colonia suspendió el
servicio. Incluso la cadena privada RTLtuvo que desalojar su centro
de emisión y emitir temporalmente desde Berlín. No fue hasta última
hora de la tarde cuando la bomba quedó desactivada.
Hallazgos de este tipo no son una excepción en Alemania,
forman parte del día a día. Son restos de una guerra de bombardeos
que terminó hace más de 80 años pero que sigue dejando huella bajo
tierra. Según un inventario del Bundestag realizado en verano de
2022, aún quedaban en todo el país entre 100.000 y 300.000 toneladas
de restos de munición heredados de la guerra, y cada año se neutralizan
alrededor de 5.000 bombas sin explotar. Cifras más recientes indican
que la situación apenas ha cambiado. La mayor concentración se da
precisamente en una pequeña ciudad al norte de Berlín, Oranienburg.

Zona de desminado "Bachstelzenwiese" en el barrio
de Lehnitz, en Oranienburg.
El 2 de septiembre podría llevarse a cabo allí una
operación para la que hasta 4.700 personas tendrían que abandonar
sus casas a partir de las 8:00. El motivo es una desactivación de
bomba planificada al detalle. Ya un día antes, durante los trabajos
de excavación, se comprobará si se trata efectivamente, como suponen
los expertos, de una bomba sin explotar con una espoleta aún operativa.
El perímetro de seguridad previsto abarca 1.000 metros, el nivel
freático en el punto del hallazgo debe rebajarse de antemano y ya
hoy 28 contenedores marítimos, reconvertidos en barrera antiesquirlas,
protegen las viviendas colindantes. "Todas las medidas preparatorias
encajan unas con otras. Cada una es necesaria para que podamos dejar
al descubierto la bomba sin explotar en condiciones de seguridad
y para que el servicio de desactivación de explosivos pueda proceder
a neutralizarla", explica Jan Fielitz, jefe del departamento de
protección contra incendios, en un comunicado del Ayuntamiento de
Oranienburg. La bomba se encuentra a unos seis metros y medio bajo
tierra. Competente para operaciones de esta magnitud es el Kampfmittelbeseitigungsdienst
del estado de Brandeburgo, el servicio de desactivación de explosivos
conocido por sus siglas KMBD.
A comienzos de 1942 el mando militar británico decidió
bombardear ciudades alemanas. El precedente de los bombardeos de
área fueron los devastadores ataques aéreos alemanes sobre Londres
y Coventry o Varsovia. Hasta 1945 los aliados bombardearon alrededor
de 150 ciudades alemanas, con más de medio millón de muertos.

Pásate por Sèptimo arte >> Holocausto.
Oranienburg está considerada hoy la localidad más
afectada de Alemania por bombas de la Segunda Guerra Mundial. Los
expertos creen que todavía hay entre 200 y 270 grandes bombas sin
explotar enterradas. La explicación se encuentra en la propia historia
de la ciudad, Oranienburg albergó las Auer-Werke, en las que los
aliados sospechaban que se procesaba uranio, además de las fábricas
de aviones Heinkel y una estación ferroviaria de gran importancia
estratégica. El 15 de marzo de 1945 la Octava Fuerza Aérea estadounidense
lanzó el ataque aéreo más devastador contra la ciudad y arrojó miles
de bombas, una parte considerable de ellas equipadas con espoletas
químicas de retardo prolongado. Estas espoletas estaban diseñadas
para detonar deliberadamente entre 12 y 48 horas después del impacto,
con el objetivo de alcanzar a los equipos de rescate y desescombro
y de desmoralizar a la población. Sin embargo, debido a las particularidades
del suelo de Oranienburg, muchas bombas giraron al penetrar en la
tierra y el mecanismo de disparo no funcionó como estaba previsto,
las bombas quedaron activas pero no llegaron a explotar.

Yo te doy y tú me das.
Pásate por JyV >> Fotografía >>
Dresde.
Eso es precisamente lo que hace que la situación siga
siendo tan delicada hoy. El diputado regional socialdemócrata Björn
Lüttmann explica a Euronews: "Ya se han producido algunas autodetonaciones
en el casco urbano, afortunadamente sin heridos. Que las bombas
sin explotar pueden detonar no es, por tanto, un riesgo abstracto,
sino una realidad que afecta a la vida cotidiana en la zona". Los
expertos en municiones coinciden: "Si no se localizan las bombas
sin explotar, tarde o temprano se producirán autodetonaciones".
La búsqueda de bombas sin explotar comienza mucho
antes de que se remueva el terreno. La base son fotografías aéreas
históricas tomadas por aviones de reconocimiento aliados durante
y después de sus ataques, con las que documentaban la precisión
de sus propios bombardeos. En cuanto estuvieron disponibles, Brandeburgo
adquirió ese material y lo convirtió en la base de una búsqueda
de munición dirigida y financiada por el propio estado. En Oranienburg
se suma desde 2008 un dictamen de la Universidad Técnica de Brandeburgo
en Cottbus, el llamado 'informe Spyra', que sirve de referencia
técnica, divide el término municipal en distintas clases de riesgo
y determina dónde debe buscarse con especial intensidad. Sobre el
terreno se emplean distintos métodos, la prospección con perforaciones
mide las variaciones del campo magnético, el radar de sondeo en
perforaciones hace visibles los objetos reflectantes bajo tierra
y el método más moderno, el Ultra-TEM, permite incluso identificar
la forma de un objeto metálico sin necesidad de excavar.
Los niveles excepcionalmente bajos han dejado al descubiertos
numerosos restos históricos, en este caso se han podido ver partes
de los cimientos del antiguo Puente de Constantino. El puente se
considera uno de los logros de ingeniería más impresionantes del
Imperio Romano. "Para los arqueólogos, estos momentos son extremadamente
valiosos porque la naturaleza revela brevemente un objeto que permanece
oculto bajo el Danubio la mayor parte del tiempo", dijo Pavel Popov
del Museo Histórico Regional de Pleven.
"Nos da una oportunidad rara de observarla, documentarla
y estudiarla en su entorno real." Construido por orden del emperador
Constantino I e inaugurado en el año 328 d. C., el puente unía la
ciudad romana de Ulpia Oescus con Sucidava, en la actual Rumanía.
Con una longitud superior a los dos kilómetros, fue una de las mayores
obras de ingeniería de la Antigüedad y está considerado uno de los
puentes más largos de su época. Sin embargo, su existencia fue relativamente
breve, ya que se cree que gran parte de la estructura quedó destruida
hacia el año 367 d. C.

Vista de dron de los restos del puente del Imperio
Romano en el río Danubio.
Los cimientos fueron construidos con bloques y losas
de piedra reforzadas con ladrillo, y sobre ellos se erigió una estructura
de madera por la que transitaban personas y mercancías. Desde la
entrada búlgara del puente hasta la orilla rumana se ubicaban ocho
pilares, separados entre sí por una distancia de entre 30 y 35 metros.
El puente existió durante unos 70 años, hasta que fue incendiado
para evitar que fuera usado por tribus bárbaras para atacar el territorio
romano desde el norte.
En las regiones alpinas y prealpinas del sur de Alemania,
lo más verde de Europa, los ganaderos se ven obligados a bajar el
ganado al valle dos meses antes de lo habitual por la falta de agua
o forraje y a comprar heno en pleno verano. En Baviera, los productores
de porcino se quejan de estar trabajando muy por debajo de los costes
de producción En un comunicado, la Asociación Alemana de Agricultores
ha advertido sobre drásticas pérdidas de cosechas. En conjunto,
la proyección de cosecha alemana de cereales se ha reducido en 1,4
millones de toneladas, un 5,6 % menos que el año anterior. Los cultivos
más afectados son maíz, trigo, cebada, soja, colza y leguminosas.
Se espera también un tercio menos de cosecha de azúcar que el año
anterior, según la Asociación de Productores de Remolacha Azucarera.
Y además está la presión de la cadena de suministro: el nivel extremadamente
bajo de agua en el Rin, el Danubio y el Elba impide el tráfico fluvial
y crea cuellos de botella en el transporte. El ministro de agricultura
alemán, Alois Rainer, se ha dolido porque «no puedo hacer que llueva»
y asegura que «observamos la situación cuidadosamente». «Eso es
como si yo digo que estoy viendo cómo mis animales mueren de sed
y me quedo observando, no es suficiente», critica al agricultor
Ralf Behring.
La imagen vuelve a repetirse en pleno verano. Islas
de tierra en mitad del cauce, zonas prácticamente secas y apenas
algo más de un metro de profundidad. El Tajo vuelve a enseñar sus
heridas a su paso por Toledo justo cuando el debate sobre el futuro
del río continúa enfrentando a Castilla-La Mancha con quienes defienden
mantener el trasvase hacia el Levante. Los datos son especialmente
llamativos. La estación de aforo de la Casa del Diamantista registró
este domingo 9 de agosto un caudal mínimo de apenas 12,8 metros
cúbicos por segundo alrededor de las 10.45 horas. Es una cifra inferior
a los 13 metros cúbicos por segundo establecidos como caudal mínimo
ecológico para este tramo del río. El descenso fue además brusco,
ya que minutos antes se habían contabilizado más de 23 metros cúbicos
por segundo. Los datos proceden del Sistema Automático de Información
Hidrológica y tienen carácter provisional. La escasez de agua ha
llegado al extremo de dejar visible buena parte del fondo del río
y permitir que en algunos puntos de la capital castellanomanchega
el Tajo pueda atravesarse prácticamente a pie.

Una fotografía que contrasta radicalmente con la registrada
durante los meses de febrero y marzo, cuando las abundantes precipitaciones
hicieron que el caudal superase ampliamente los 200 metros cúbicos
por segundo y obligaron incluso a vigilar posibles desbordamientos.
No es la primera vez que ocurre. Durante el verano de 2025 ya se
produjeron caídas similares. Entonces, la Delegación del Gobierno
apuntó a la actividad de una central hidroeléctrica situada aguas
arriba como responsable de algunos descensos repentinos. En esta
ocasión, por ahora, no se ha determinado qué ha provocado la brusca
caída registrada el domingo, por lo que no puede atribuirse directamente
al trasvase. El episodio, sin embargo, vuelve a poner sobre la mesa
el estado de un río cuya gestión permanece en el centro de la batalla
política. Y lo hace cuando Paco Núñez mantiene un discurso especialmente
peculiar para quien aspira a presidir Castilla-La Mancha: el presidente
regional del PP ha convertido reiteradamente a Portugal en el problema
mientras evita confrontar con los intereses de su propio partido
en Murcia y la Comunidad Valenciana. El pasado mes de junio, después
de aprobarse otro envío de agua al Segura, Núñez llegó a asegurar
que el agua del Tajo "la están utilizando los portugueses" mientras,
según afirmó, "ni se utiliza en cabecera, ni se utiliza en La Mancha,
ni se utiliza en el transcurso del río Tajo". Una afirmación difícil
de casar con la propia geografía de una cuenca que atraviesa buena
parte del centro peninsular antes de alcanzar Portugal.
El río Muluya en Marruecos sufre una crisis grave.
Por primera vez en la historia, su caudal se ha roto durante la
estación seca y ha dejado de llegar al mar Mediterráneo. Este problema
ocurre por la falta de lluvia, el uso de presas y el riego masivo
de cultivos. Además, el agua del mar entra en el cauce seco y daña
la tierra de los granjeros.

El activista Mohammed Benata observa cómo el agua
del mar entra dentro del cauce del río. Activista e ingeniero agrónomo
Mohammed Benata lleva décadas suturando cada herida del Muluya.
Bajo una gorra verde y detrás de una barba blanca espesa, Benata
sabe dónde hay grietas en los canales de riego, cuándo funcionan
las estaciones de bombeo y en qué puntos el cauce pierde su fuerza.
En 2021 fue él quien gritó al mundo que el Muluya se había detenido.
Cuscoy, el arqueólogo pionero que se asomó al turismo
masivo y la destrucción de territorio.

Victor Vizcarra cayó del cielo en Vietnam y durante
unos segundos vio pasar su propia muerte por debajo de sus pies.
Era el 6 de noviembre de 1966. Vizcarra, capitán de la Fuerza Aérea
de Estados Unidos, volaba un F-105D Thunderchief, uno de los aviones
más exigidos y temidos de la guerra aérea sobre Vietnam del Norte.
Aquel aparato, conocido por sus pilotos como “Thud”, era rápido,
pesado y poderoso, pero también entraba una y otra vez en uno de
los espacios aéreos más peligrosos del mundo. Ese día, algo salió
terriblemente mal. Durante una misión de supresión de defensas antiaéreas,
su avión quedó comprometido. En algunos registros se habla de fuego
enemigo. En el propio relato de Vizcarra aparece un fallo brutal
del motor.
Intentó recuperar el control, aligeró la aeronave.
buscó una salida, pero el Thunderchief ya no respondía como debía.
Entonces tomó la decisión que ningún piloto quiere tomar. Se eyectó.
La fuerza del asiento lo lanzó fuera de la cabina mientras el avión
seguía su trayectoria hacia la selva. Al abrirse el paracaídas,
el ruido del combate quedó suspendido por un instante extraño. Ya
no estaba dentro de una máquina de guerra. Estaba solo, colgando
en el aire, sobre un territorio enemigo donde cada segundo podía
decidir su destino. Debajo de él, el F-105 continuó cayendo. El
avión que hasta hacía un momento había sido su protección se convirtió
en una sombra en llamas, alejándose hacia las montañas y la vegetación.
Vizcarra vio cómo desaparecía bajo sus pies, hasta que el impacto
terminó de cerrar aquella parte de la historia.
Él, en cambio, seguía descendiendo. Sobrevivir a la
eyección era apenas el primer milagro. Lo que venía después podía
ser igual de peligroso. Al tocar tierra, quedó en una zona de jungla
densa, lejos de cualquier seguridad inmediata. Tenía que esconderse,
moverse con cuidado y esperar que los equipos de rescate lo encontraran
antes que las fuerzas enemigas. En Vietnam, un piloto derribado
no solo luchaba contra el miedo. Luchaba contra el terreno, el tiempo
y el sonido creciente de cualquier presencia cercana. Vizcarra se
internó entre la vegetación y buscó refugio cerca de formaciones
rocosas. Sabía que debía ocultarse, controlar la respiración, usar
la radio con prudencia y confiar en el entrenamiento que hasta entonces
había parecido una posibilidad lejana. Durante unas dos horas permaneció
en tierra. Luego llegó el sonido que todo piloto derribado esperaba
escuchar: un helicóptero de rescate. La operación no fue sencilla.
El aparato tuvo que abrirse paso sobre la selva, ubicarlo entre
árboles y levantarlo con un sistema de rescate en condiciones de
enorme presión. Cuando finalmente lo sacaron de allí, Vizcarra no
solo abandonaba la jungla. Abandonaba una frontera invisible entre
la vida y la desaparición.

La fotografía tomada después de su rescate se volvió
una de las imágenes recordadas de la guerra. En ella aparece aturdido,
recién evacuado, con esa expresión difícil de describir de quien
acaba de sobrevivir a algo que todavía no alcanza a comprender del
todo. La historia de Victor Vizcarra resume una parte brutal de
la guerra aérea en Vietnam: pilotos enviados una y otra vez sobre
defensas antiaéreas, misiles, selvas imposibles y montañas que podían
tragarse un avión en segundos. Allí, la tecnología más avanzada
dependía todavía de algo tan frágil como una decisión humana, una
cuerda de rescate y un helicóptero llegando a tiempo. Vizcarra sobrevivió
porque entrenó, porque resistió y porque otros se jugaron la vida
para sacarlo de allí. Su avión se perdió en la montaña. Él volvió
para contar que, durante unos segundos, la muerte pasó por debajo
de su paracaídas y no logró alcanzarlo.
Jimmy Marble es un galardonado fotógrafo, director
artístico y cineasta afincado en Los Ángeles, conocido mundialmente
por su estilo visual impregnado de colores pastel vibrantes, composiciones
minimalistas y un marcado sentido del humor caprichoso. Su estética
combina la moda contemporánea con una fuerte influencia de la cultura
pop, el surrealismo y la nostalgia retro de los años 60 y 70, lo
que le ha permitido colaborar con marcas de primer nivel e influir
notablemente en la fotografía editorial moderna.
La obra de Marble se caracteriza por el uso de tonos
saturados pero suaves, especialmente amarillos intensos, rosas y
azules cielo. Su iluminación suele evocar la calidez natural del
sol de California, reduciendo las sombras marcadas para dar una
sensación de ensoñación plana y bidimensional.
Aprovecha los espacios abiertos y las líneas limpias
para aislar a sus sujetos de formas inesperadas. Sus encuadres integran
con frecuencia elementos absurdos o geométricos (como frutas, telas
flotantes o posturas corporales exageradas) que transforman una
sesión de moda común en una pieza de arte pop. El dinamismo es clave
en su porfolio. En lugar de poses estáticas tradicionales, Marble
captura el movimiento orgánico, la diversión y la espontaneidad,
haciendo que la ropa y los accesorios interactúen activamente con
el entorno y la narrativa de la toma.

#UnDíaComoHoy, 18 de agosto pero de 1963, en la Universidad
de Mississippi, James Meredith se convirtió en el primer graduado
afroamericano. En 1962 el gobernador segregacionista Ross Barnett
se había opuesto tenazmente a su ingreso a la universidad, promoviendo
manifestaciones que generaron disturbios violentos y requirieron
la intervención del ejército, pero Meredith consiguió finalmente
ser admitido, marcando un hito en la historia del movimiento por
los derechos civiles en Estados Unidos. Meredith se graduó en ciencias
políticas el 18 de agosto de 1963. Posteriormente, el 6 de junio
de 1966 fue víctima de un intento de asesinato mientras participaba
en una marcha que él mismo había organizado para luchar contra el
racismo. Jack R. Thornell recibió el Premio Pulitzer en 1967 por
su fotografía de Meredith arrastrándose en el suelo y gritando de
dolor inmediatamente después de haber sido herido de bala. Actualmente,
James Meredith tiene 93 años y vive en Jackson, Mississippi.

La persistente sequía en Roma dejó al descubierto
los restos de un antiguo puente romano en el río Tíber, una estructura
atribuida al reinado de Nerón que reapareció junto a Castel Sant’Angelo.
La bajante del agua expuso parte del Pons Neronianus en uno de los
sectores más transitados de la capital italiana. Eel descenso del
caudal forma parte de un cuadro más amplio que afecta a varios ríos
de Italia por la falta de lluvias en Europa occidental. En ese marco,
la reaparición de vestigios de la antigua Roma volvió a poner en
primer plano el efecto de la sequía sobre el paisaje urbano y el
patrimonio histórico. La estructura emergió cerca de Castel Sant’Angelo,
a poca distancia del actual puente Vittorio Emanuele II. Hace unos
dos mil años, ese cruce permitía atravesar el río hacia la zona
donde hoy se encuentra el Vaticano. El reporte indicó que el puente
fue construido durante el gobierno de Nerón, entre los años 54 y
68 d. C.

No es la primera vez que los restos aparecen durante
el verano, cuando el nivel del Tíber desciende con fuerza. En esta
ocasión, la escena cobró mayor visibilidad por la magnitud de la
sequía, que redujo de manera excepcional el caudal y volvió visibles
partes de una obra ligada a la red de circulación de la antigua
ciudad.

La agencia de noticias italiana Ansa, citada en el
artículo, recordó que “el puente unía el Campo Marzio con el Ager
Vaticanus”. Esa conexión permitía que la antigua vía Trionfale cruzara
el Tíber en dirección a Veio, una referencia que ayuda a ubicar
la función estratégica de la estructura dentro del trazado urbano.
Según esa misma reconstrucción, en el área donde hoy
se levanta la Santa Sede se encontraban propiedades de Nerón, entre
ellas la villa de su madre Agripina, además del circo de Calígula
y la vía Cornelia. La ubicación del puente permite relacionar esos
espacios con uno de los accesos hacia la margen occidental del río.
La aparición de los restos se produjo en un punto de fuerte circulación
urbana y turística. La cercanía con monumentos y puentes actuales
facilita la observación del lugar y convierte el episodio en una
imagen de interés para quienes recorren estos días el centro histórico
de la capital italiana. La baja del agua también modifica la percepción
habitual del cauce. En condiciones normales, estas estructuras quedan
cubiertas por el río. Cuando el nivel desciende de forma marcada,
los vestigios reaparecen y permiten una lectura distinta de la relación
entre la ciudad actual y su pasado.
El Pons Neronianus se mantuvo en pie durante varios
siglos y probablemente fue demolido durante la guerra gótica del
siglo VI. Esa hipótesis sitúa el final de la estructura en un período
de fuertes cambios políticos y militares en la península itálica.
Los restos visibles pertenecen a una obra levantada en tiempos de
Nerón. La datación del puente en ese período lo vincula con una
etapa en la que el entorno del Tíber tenía un papel central en la
conexión entre áreas urbanas, caminos y propiedades imperiales situadas
en la ribera opuesta. Durante siglos, los pilares conservados en
el río tuvieron otros usos. Esas bases sirvieron para amarrar estructuras
equipadas con molinos impulsados por la corriente. Esos molinos
fueron demolidos a finales del siglo XIX, cuando cambiaron las formas
de aprovechamiento del cauce y de sus márgenes.
La reaparición de los restos quedó ligada a la persistente
sequía que afecta a Europa occidental, un fenómeno que llevó a niveles
excepcionalmente bajos el caudal de varios ríos italianos. Entre
ellos figura el Tíber, cuyo paso por Roma ofreció una imagen poco
frecuente en una de las zonas más conocidas del país.
Y la cosa no para porque anuncian que el Canal de
Panamá reducira su transito reducirá el tránsito diario a
32 buques a partir de septiembre por la grave sequía provocada por
el fenómeno climático de El Niño. Centroamérica sufre una grave
sequía impulsada por El Niño, un patrón meteorológico que calienta
las temperaturas de la superficie en el Pacífico ecuatorial central
y oriental y desencadena cambios en los vientos, la presión atmosférica
y las lluvias en todo el mundo. En la zona del canal, las precipitaciones
entre mayo y agosto han disminuido un 34% respecto a su promedio
histórico, señaló la Autoridad del Canal de Panamá, que advirtió
de que El Niño podría reducirlas aún más. El Canal de Panamá canaliza
alrededor del cinco por ciento del comercio marítimo mundial y cerca
del 40% del tráfico de contenedores de Estados Unidos.

En 2020 el Canal de Panamá tuvo problermas
de abastecimiento.

La empresa ya ha puesto en marcha otras medidas ante
la escasez de agua, como reducir el calado máximo, la profundidad
a la que se sumerge el buque, para los barcos de mayor tamaño. En
2023, el nivel de agua de los lagos que abastecen el canal fue tan
bajo que los gestores de la vía redujeron el número diario de tránsitos
de buques de 38 a 22. La entidad indicó que, con la nueva reducción,
aumentarán los tiempos de espera para los buques que intenten atravesar
el canal sin haber realizado una reserva previa. Nueve de cada diez
buques que utilizan el canal lo hacen con reserva, y las plazas
restantes se subastan. Antes de la guerra con Irán, la oferta ganadora
media en estas subastas era de 135.000 dólares (115.000 euros).
Pero en abril una naviera deseosa de utilizar el canal llegó a pagar
4 millones de dólares (3,4 millones de euros).
El operador señaló que no descarta nuevas restricciones
al tráfico marítimo en función de la cantidad de lluvia que se registre
en las próximas semanas. Los principales usuarios del canal construido
por Estados Unidos son Estados Unidos, China, Japón, Chile y Corea
del Sur. El agua es un asunto delicado en Panamá, ya que los lagos
que abastecen el canal también suministran agua a la mitad de la
población, de 4,2 millones de personas. El Niño se presenta, de
media, entre cada dos y siete años, y el de este año apunta a ser
uno de los más intensos de los que hay registro.
El auge comercial del diseño pop y lo vintage puede
llevar a alguien a sentir nostalgia de algunos elementos del pasado.
Un bote de Vernel, otro de Delial, los yogures Yoplait o las primeras
patatas Matutano sabor jamón. Ante esta realidad, el ciudadano añorante
puede recurrir a webs de coleccionistas para encontrar estos objetos
o —lamentablemente— puede darse un paseo por las costas españolas.
Con un poco de fortuna, tal vez encuentre diseños de hace décadas
enterrados en la arena tras ser devueltos por el mar.
Patricia Reina y Fernando Gómez, las personas responsables
de la iniciativa Vivir sin plástico, que supera ya la década de
vida, hicieron exactamente eso. Durante meses recorrieron toda la
costa española y encontraron los objetos mencionados, y muchos más.
Lo llamaron arqueología playera y anotaron el origen temporal de
lo hallado y la fecha del hallazgo.
En algunos casos, la fecha de envasado de esos productos
demostraba que habían pasado hasta 50 años desde que el envase de
plástico que fue arrojado al mar fue devuelto a tierra por las aguas.
Y en un estado de conservación casi perfecto, lo que es doblemente
preocupante. El plástico no se había degradado, pero sí había desprendido
los suficientes microplásticos y nanoplásticos como para contaminar
las aguas, a la cadena alimenticia, a nosotros mismos.

Bote de crema solar Coppertone de finales de los 70
o principios de los 80 hallado recientemente en una playa española.
Gómez, una de las mitades de Vivir sin plástico explica
que “cualquier plástico, si acaba perdido en la naturaleza, al final
va a convertirse en microplástico. Va a tardar cinco, diez años,
pero con el paso del tiempo acaba rompiéndose”. Eso significa que
la composición química del material no varía, pero que su tamaño
se reduce hasta no ser visible por el ojo humano. “Eso ya son nanoplásticos,
y ya están en todos lados: en la Antártida, en las fosas marinas,
en las fosas de los océanos más profundas…”.
“Y así entran en la cadena trófica”, explica ahora
Reina, la otra mitad de Vivir sin plástico. Pero no solo allí, añade.
El problema ya no es que el pez ingiera el microplástico y lo traslade
al humano. “Los nanoplásticos están en el aire: los respiramos”.
Si te comes, o respiras, una partícula de plástico tan pequeña “puede
atravesar la membrana intestinal, meterse en la sangre y causar
daño al cuerpo”. Estudios publicados en Nature o en Pubmed han documentado
la presencia de nanoplásticos en cerebros humanos y en el líquido
cefalorraquídeo. Pese a sus avances, la ciencia todavía desconoce
el efecto que la presencia de estos microelementos tiene en la salud
humana. La arqueología playera de Reina y Gómez demuestra dos cosas
y demanda una tercera. En primer lugar, muestra la inconsciencia
con la que en el pasado se trataron los muchos objetos de plástico
producidos. La segunda, es la durabilidad de estos objetos y su
peligrosidad, una vez el material que desprenden llega a alojarse
en el cuerpo humano. Y lo que demanda es una mayor responsabilidad,
de ahora en adelante,a la hora de relacionarlos con el plástico.
Responsabilidad que es personal y, subraya Reina, legal.

Clásicos de los ochenta que han resurgido en la superficie
de playas españolas cuarenta años después.
“Ahora mismo formamos parte de una plataforma que
se llama Ley de Residuos Ya —abunda Reina— que reclama la aplicación
del texto legal”. Porque aunque la ley se aprobó en 2022, su desarrollo
no está completado, por lo que es un papel romo. La Ley de Residuos
requiere de normas que aún están en consultas o en adaptación a
requerimientos previos. Precisamente el pasado 12 de agosto entró
en vigor uno de los reglamentos pendientes, que prohíbe el uso de
plásticos en el envasado de frutas y verduras en formatos menores
de kilo y medio. Gómez asiente, y, ante la pregunta de si realmente
se puede vivir sin plástico desechable, responde convencido: “Se
puede. Se puede casi al 99%, te diría yo. Lo que pasa es que tienes
que poner, como ciudadano, como consumidor, mucho esfuerzo de tu
parte”.

El origen de la historia del spam (que no del correo
basura) reside en la marca de alimentos Hormel Foods, que en 1937
decidió crear un producto económico a base de carne de cerdo enlatada.
Este producto fue bautizado como SPAM, un acrónimo de ‘SPiced hAM’.
Durante la Segunda Guerra Mundial, este alimento se convirtió en
un elemento indispensable en las raciones de los soldados aliados,
lo que llevó a la carne SPAM a ser conocida en todo el mundo. Sin
embargo, el salto a la cultura popular y a la inmortalidad llegó
de la mano de los británicos Monty Python. En un sketch cómico de
1970 que satirizaba la omnipresencia de la carne enlatada en la
dieta británica durante la guerra, el término spam se convirtió
en un símbolo de algo que se repetía hasta la saciedad. En la escena,
todos los platos del menú de un restaurante se transforman en SPAM.
Cuando la mesera repite la palabra, un grupo de vikingos cantan
“¡spam, spam, spam, spam, spam, spam, spam, spam, delicioso spam!
¡Maravilloso spam!”, ahogando la conversación hasta que finalmente
les piden que se callen.

Recientemente, un nuevo escándalo de corrupción sacudió
al Ministerio de Defensa ruso. Una investigación ha revelado que
un contrato para suministrar 170 toneladas de alimentos enlatados
destinados a las tropas desplegadas en Ucrania acabó proporcionando
productos de muy baja calidad que apenas contenían carne, pese a
haber sido adquiridos como alimentos de categoría "premium". Los
análisis realizados a las conservas detectaron la presencia de pieles
molidas, cartílago, almidón y carragenina, mientras que el caso
ha desembocado en una investigación por presuntos sobornos que afecta
tanto a responsables militares como a directivos de la empresa suministradora.
Este echo nos ayuda a recordar el uso de latas de
SPAM en la Segunda Guerra Mundial.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos
envió millones de latas de SPAM (carne de cerdo enlatada de Hormel
Foods) a la Unión Soviética mediante el programa de Préstamo y Arriendo.
Este alimento fue vital para alimentar a los soldados soviéticos,
Se enviaron más de 100 millones de libras de SPAM para sostener
las tropas aliadas, incluyendo al ejército soviético. Al ser una
carne procesada y enlatada, no requería refrigeración y se transportaba
fácilmente al frente de batalla. Los soldados y cocineros del Ejército
Rojo valoraron tanto el producto que lo apodaron con humor "el segundo
frente".
Cuando los rusos abrían la lata pasaban 3 cosas. Primero:
a comer. Porque abrir Spam era llenar el estomago. Segundo: olor.
Olor a cerdo, a sal, a fábrica. Tercero: alivio. Porque eso significaba
que hoy no te morías de hambre. Los soldados soviéticos desarrollaron
400 recetas con Spam. Frito, hervido, en sopa, en gachas, mezclado
con papas, mezclado con nieve. Le ponían nombre: "carne de Roosevelt".
"Jamón del segundo frente". Algunos hasta le hacían chistes: "Stalin
nos manda tanques. Roosevelt nos manda el almuerzo". Y acá viene
lo irónico. Los generales alemanes estaban preocupados por los T-34,
por Zhukov, por el invierno. Nadie les avisó que el verdadero arma
secreta aliada era una lata rosa de 340 gramos. Mientras los alemanes
racionaban pan negro, el ruso promedio estaba comiendo Spam con
cebolla. ¿Quién gana esa guerra? El Spam tenía superpoderes. No
se pudría. Aguantaba -40 grados. Si le pegabas un tiro rebotaba.
Si lo tirabas de un avión servía de paracaídas. Los rusos usaban
las latas vacías para todo: para hacer estufas, para hacer radios,
para hacer tazas. El reciclaje antes de que fuera cool. Hubo batallas
donde se peleó más por un camión de Spam que por una colina. Porque
la colina te la sacan. El Spam te alimenta una semana. En Stalingrado,
en Kursk, en Berlín, había soldados alemanes rindiéndose solo por
oler una lata abierta. El hambre es el mejor negociador. La propaganda
soviética no podía decir "gracias EEUU por la comida". Quedaba feo.
Entonces decían "gracias al heroico pueblo soviético que resiste".
Mientras el heroico pueblo soviético abría Spam con una bayoneta
y brindaba por Roosevelt. La hipocresía también alimenta. Al final
de la guerra se habían mandado 150 millones de kilos de Spam a la
URSS. Con eso alimentás un ejército. Con eso ganás una guerra. Los
historiadores hablan del Día D, de Bagration, de la bomba atómica.
Nadie habla del Día Spam. Pero debería. Los rusos salieron de la
guerra con 3 cosas: territorio, tanques, y adicción al Spam. Tardaron
años en sacársela. En los 80 todavía había abuelos en Moscú que
guardaban latas vacías "por si acaso". Trauma de guerra se llama.
Lo más gracioso es que hoy en Rusia el Spam es gourmet. Lo venden
caro. "Producto americano de la Segunda Guerra". Los nietos de los
que lo comieron por obligación ahora lo compran por nostalgia. El
capitalismo es así de cruel.

Como ya sabeis, hemos metido la cabeza en Threads.
Empezamos a conocer perfiles muy interesantes.
Julia De Matías es una creadora de contenido y fotógrafa
aficionada española con base en Valencia, conocida principalmente
por documentar las tradiciones locales, festividades y paisajes
de la Comunidad Valenciana a través de sus redes sociales.
Su archivo visual destaca por capturar momentos clave
de la identidad valenciana, tales como las Fiestas Patronales y
actos dedicados a la Virgen de los Desamparados, eventos institucionales
de las Fallas como la Crida y paisajes costeros locales, incluyendo
galerías fotográficas del amanecer en la Playa de la Malvarrosa.


Muere Ratko Mladic, el ex jefe militar serbobosnio
conocido como el 'Carnicero de Bosnia'.por su papel en la masacre
de Srebrenica de 1995. Había sufrido varios derrames cerebrales
en los últimos meses y cumplía cadena perpetua en La Haya por genocidio,
crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, tras supervisar
la masacre de Srebrenica, el peor acto de derramamiento de sangre
en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Fue la figura militar
de un brutal trío, liderado políticamente por el expresidente yugoslavo
Slobodan Milosevic y el exlíder serbobosnio Radovan Karadzic, mientras
la antigua Yugoslavia se sumía en la carnicería tras la caída del
comunismo.
El ex Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad al Hussein, lo llegó a describir
como «la personificación del mal»; mientras que él mismo se presentaba
como «un hombre sencillo» que había sido elegido para proteger a
su pueblo. «El destino me puso en la posición de defender a mi país,
que ustedes, las potencias occidentales, habían devastado con la
ayuda del Vaticano y la mafia occidental», declaró durante su audiencia
de apelación en el año 2020.
La guerra de 1992-1995 dejó alrededor de 100.000 muertos
y 2,2 millones de desplazados. La atrocidad más infame se cometió
en Srebrenica, donde las fuerzas serbias bajo el mando de Mladic
ejecutaron a 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes que habían
buscado refugio en lo que se suponía que era un enclave protegido
por la ONU.

Exhumación de una fosa común en Potocari llevada a
cabo en julio de 2007.
Bosnia comenzó su camino hacia la independencia con
una declaración parlamentaria de soberanía el 15 de octubre de 1991.
La República de Bosnia-Herzegovina fue reconocida por la Comunidad
Europea el 6 de abril de 1992 y por los Estados Unidos al día siguiente.
Sin embargo el reconocimiento internacional no puso fin al problema
y estalló una feroz lucha por el control territorial entre los tres
grupos mayoritarios de población del país: los bosníacos musulmanes,
los serbobosnios ortodoxos y los croatobosnios católicos. La comunidad
internacional hizo varios intentos para establecer la paz en la
zona, pero su éxito fue muy limitado. En el este de Bosnia, en la
zona fronteriza con Serbia, la lucha fue encarnizada entre bosníacos
y serbios.
La huida de diez mil civiles y cinco mil combatientes
de la Armija en dirección a Tuzla fue descubierta por el general
Radislav Krstic, mano derecha de Mladic, quien comunicó por radio
a sus tropas: Mátenlos, no necesitamos a nadie vivo. Esta orden
fue interceptada y grabada, y sirvió de prueba en el juicio en el
que el Tribunal Penal Internacional lo condenó a treinta y siete
años de cárcel. Según testimonio de Hakija Memoljic, exjefe de policía
de Srebrenica: los serbios llevaban uniformes de la ONU y les gritaban:
Ahora estarán seguros. A aquellos que se entregaban los ejecutaban.


Las alarmas saltaron en 2020. La prensa se hizo eco
los años sucesivos. Alarma en Italia: por la peor sequía
en 70 años, el mayor río del país parece un desierto, rezaban los
medios en 2022. Sequía en Italia: El año horribilis del río Po en
2023. Se acaba el Verano de 2026 y la cosa no cambia.
La peor sequía en siete décadas azota Italia, cuando
el Po, el mayor río italiano, que atraviesa cinco de las regiones
más prósperas del país (Piamonte, Lombardía,Véneto, Emilia Romaña
y Friuli Venecia-Julia) y representa aproximadamente un tercio de
la producción agrícola italiana, registra un gravísimo déficit hídrico.
A causa de la escasez de lluvia, la ausencia de suficiente nieve
y las altas temperaturas, el caudal del agua del Po se redujo 4
metros por debajo de los niveles más bajos registrados en los años
50. La crisis se plasmó en imágenes tan desoladoras como las cauce
del río Po completamente seco a su paso por localidades como Boretto,
la provincia de Reggio Emilia. De igual manera, los lagos de la
llanura Padana también registraron mínimos negativos. El nivel de
llenado del lago Mayor llegó a alcanzar apenas el 22% de su capacidad
total, y el del famoso lago de Como, el 25%, mientras que en el
de Garda afloró una enorme playa de piedra del fondo de este lago
en Sirmione, uno de los principales destinos turísticos de la zona.
Resultado de ello fueron las medidas drásticas. Centenares
de localidades de las regiones más afectadas se vieron obligadas
a poner en marcha medidas de racionamiento, invitaron a sus ciudadanos
a reducir el uso de agua para todo uso no esencial y los gobernadores
regionales solicitaron al Gobierno nacional que se declarase el
estado de emergencia nacional por la crisis hídrica. Esta medida
excepcional, a mediados de 2022, fue posteriormente prorrogada.

El lecho seco del río Po en Boretto, al noreste de
Parma, el 15 de junio de 2022. Según el observatorio fluvial, la
sequía que afecta al río Po, el más largo de Italia, es la peor
de los últimos 70 años-
“La situación es cada vez más dramática”, advirtió
Meuccio Berselli, secretario general de la Autoritá di Bacino Distrettuale
del Fiume Po, ente público que monitorea la cuenca del mayor río
de Italia. De 652 kilómetros, el Po, en otros tiempos, famoso por
su inmenso caudal de agua que incluso solía dar miedo por su irruencia
y, de hecho, llamado el “Gran Río” (Grande Fiume) hoy, en muchas
partes se ha reducido a tan solo unos hilos de agua. Su nivel está
a casi tres metros por debajo de lo normal y su caudal se ha reducido
casi en un quinto con respecto al promedio de este período. Como
puede verse en imágenes aparecidas en todos los diarios y noticieros
de televisión, que hablan por sí solas, el lecho del Po luce ahora
en algunas zonas como un verdadero desierto con arena, ramas secas,
tierra resquebrajada y plantas muertas.
De hecho, los daños para la economía, en particular
el sector agrícola, ha sido muy elevados. Según Coldiretti, una
de las principales asociaciones de agricultores del país, el golpe
a este sector sumó 6.000 millones de euros perdidos en todo el país,
aunque las peores consecuencias se registraron precisamente en el
norte italiano. Allí donde se ubica un tercio de la producción agrícola
y la mitad de la ganadería italiana, es decir, donde se elaboran
productos tan famosos como el jamón de Parma y el culatello de Zibello,
así como el célebre queso Parmesano Reggiano y el Grana Padano.

Escena reciente y triste, del río Po casi sin agua
a su paso por Mezzana Bigli.
La situación para 2023 se preanunciaron muy graves,
explicana el climatólogo Massimiliano Fazzini. “La situación es
realmente dramática. ¿Por qué? Porque el área de la llanura padana
recibía anualmente un promedio 1.200 milímetros de agua de lluvia.
Sin embargo, en el último año, solo cayeron 550 milímetros de agua,
es decir, menos de la mitad. Lo que se suma a que las reservas de
nieve son prácticamente inexistentes desde el verano pasado”, explicaba.
“Si no se recupera esta situación, es evidente que el próximo verano
será terrible”, resumió. Asunto aparte es la aparición de
problemas completamente inéditos como la subida de la cuña salina,
un proceso por el cual materia salina avanza por zonas de aguas
dulces provocando graves alteraciones a la biodiversidad. Algo que
también está afectando a alrededor de 40 kilómetros del río Po,
lo que ya provocó en su momento que se tuviera que suspender
el uso del río para la irrigación agrícola.
La alarma ya había sido lanzada, con los geólogos
que calcularon que el río Po necesitaría un mes y medio (45 días)
de lluvias intensas para recuperar su caudal y hacer frente al verano
de 2023. "Se trata de un segundo año muy anómalo, por la escasez
de las lluvia y de nieve. Por eso, el resultado no podrá ser mejor
que el de 2022, sino peor", explicó Roberto Perotti, presidente
del Colegio de Geólogos de Lombardia.
El río Po, el más largo del país, atraviesa una situación
crítica. A la extrema sequía se suma la aparición de una
especie invasora de planta acuática que cubre gran parte de su superficie,
especialmente visible en su paso por Torino. Algunos en la ciudad
ya hablan de un “río exhausto”. Otros, de “río enfermo”. Lo cierto
es que el Po está lleno, y no precisamente de agua. Una de las plantas
más visibles en la superficie del río es la Elodea Nuttali, una
especie invasiva muy difícil de erradicar. Las altas temperaturas,
la poca lluvia registrada en los últimos meses y la reducción del
caudal del río han creado las condiciones perfectas para su proliferación.
El problema, sin embargo, empieza mucho más arriba. En el nacimiento
del río apenas queda nieve en las zonas de alta montaña y la poca
que hay se funde rápidamente debido a las altas temperaturas.

Algas cubriendo la superficie del río Po este Verano,
cerca del puente Vittorio Emanuele I, en Turín.
Por el momento, las plantas acuáticas ya ocupan el
40% del lecho del río. En los últimos días, el Ayuntamiento de Torino
ha comenzado a retirarlas con la ayuda de grandes excavadoras montadas
sobre plataformas flotantes. Una imagen dantesca que algunos creen
que no va a la raíz del problema. Los científicos alertan de que,
en caso de arrancarse tan solo desde la superficie, estas plantas
acuáticas se dividen en pequeños filamentos que se reproducen y
multiplican el problema.
La temporada de piragüismo suele durar al menos dos
o tres meses; este año ha durado apenas dos semanas. Las embarcaciones
de motor se encallan y las piraguas o los botes de remo tienen el
riesgo de volcar si topan con una de las zonas repletas de estas
plantas acuáticas. El fenómeno ya obligó a cancelar uno de los mayores
encuentros de piragüismo que se celebra cada mes de junio en Stura
di Lanzo. Un evento que reúne a centenares de personas de todo el
país en el norte de Torino.
"Los afluentes innumerables del Po (…) encandilan
la tierra con agua". Esto es lo que escribía el catalán Josep Pla
en un libro prologado en 1954. A Pla, un experimentado conocedor
de Italia, le fascinaba "la fuerza fecundante" y las "húmedas riberas"
del Po. Imágenes que hoy casi parecen ciencia ficción.
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