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Durante años, estos nobles caballos vivieron privados de la luz
del sol y del aire fresco, confinados en la oscuridad de las minas
subterráneas. Eran conocidos como “conogons”, y compartían la ardua
y peligrosa vida de los mineros humanos, trabajando codo a codo
con ellos en condiciones extremas. A finales del siglo XIX, estos
caballos fueron exportados desde las islas Shetland a Inglaterra
debido a su tamaño compacto y gran fuerza, cualidades que los hacían
ideales para arrastrar las pesadas vagonetas llenas de carbón en
las minas. Nacidos, criados y destinados a una vida en la penumbra,
soportaron un trabajo agotador y extenuante. No era inusual que
un solo caballo arrastrara hasta ocho vagones de carbón, cargados
al máximo. A pesar de las duras circunstancias, estos caballos mantuvieron
su dignidad y demostraron una notable inteligencia. Sabían cuándo
una carga era demasiado pesada y se negaban a moverse hasta que
se aligeraba.

También poseían un increíble sentido del tiempo, sabiendo exactamente
cuándo terminaba su jornada laboral y encontrando el camino de regreso
a los establos, incluso en la más profunda oscuridad. Esta vergonzosa
explotación continuó hasta 1972, cuando la tecnología finalmente
reemplazó su labor, marcando el fin de una era. El 3 de diciembre
de ese año, Ruby, el último de los caballos mineros, emergió a la
superficie en un evento simbólico. Acompañada por una orquesta y
adornada con una corona de flores, Ruby salió de la oscuridad, poniendo
fin a la era de los conogons y sus compañeros de trabajo. Para honrar
su sacrificio y conmemorar su arduo trabajo compartido bajo tierra,
se erigió una escultura llamada “Conogon” en el Museo-Reserva “Red
Hill”, como un recordatorio perdurable de la lealtad y valentía
de estos caballos que dieron tanto en las minas.
La fotografía, tomada por Manuel Ferrol el 27 de noviembre de 1957
en el puerto de Ferrol, España, muestra a Ángel Calo Marcote, de
29 años, y a su hijo Juan Jesús Calo López, de 8, despidiéndose
con lágrimas de Josefina López, madre del niño, mientras esta embarca
en el barco Juan de Garay con destino a Buenos Aires, Argentina,
junto con su hermano y su madre (el tío y la abuela del niño). Muestra
la realidad de la migración europea a América, que dividió a muchas
familias sabiendo que sería la última vez que se sabrían el uno
del otro. Más de 50 millones de personas emigraron de Europa a América
entre las décadas de 1820 y 1980. Manuel, el fotógrafo, tuvo que
tomar la foto ocultando la cámara en su gabardina para no intimidar
a las familias con su cámara. La fotografía, titulada "O home e
o neno" (literalmente "El hombre y el niño" en gallego), fue censurada
en España durante la dictadura y su autor permaneció en el anonimato
hasta la democratización de España en 1975. El papa Francisco recibió
una copia en 2021.

Ángel, el padre, falleció en 2006 a los 80 años tras dedicar el
resto de su vida a la navegación antes de emigrar a Suiza. Juan
Jesús, el niño, falleció en 2024 a los 75 años tras años de lucha
contra una enfermedad crónica. Dedicó su vida a la pesca. No se
sabe nada de la madre, su hermano y su madre, salvo que el barco
llegó sano y salvo a Argentina.
València fue paradigma y complejo espejo de la España de la Guerra
Civil y de los años más duros de la posguerra. Mirar atrás a la
ciudad es inabarcable, y doloroso y fascinante a partes iguales.
Y sobre todo es infinito, siempre hay una voz nueva y útil que rescatar:
ahora, el MuVIM propone echar la vista atrás a aquel tiempo desde
las imágenes de quien estuvo allí, cámara en mano, documentando
tanto los grandes acontecimientos políticos como la vida cotidiana
de una ciudad sometida a la derrota, la represión y la escasez.
Y esa mirada tiene nombre y apellidos: Luis Vidal Corella. Impulsada
por la Delegación de Memoria Democrática de la Diputació de València,
la muestra reúne cerca de 200 fotografías —alrededor de 80 de ellas
inéditas— y recupera la figura de uno de los fotoperiodistas valencianos
más activos del siglo XX y, paradójicamente, uno de los menos reconocidos.
Sus imágenes recorren un amplio arco cronológico, de 1914 a 1959,
y permiten reconstruir visualmente la proclamación de la Segunda
República, la Guerra Civil, la victoria franquista y la larga posguerra
en València. La exposición no solo funciona como homenaje, sino
también como una reivindicación del fotoperiodismo español, a menudo
eclipsado por los grandes nombres internacionales que cubrieron
el conflicto. “En España hay grandes fotoperiodistas, hicieron un
trabajo enorme y fantástico, pero al final siempre se habla de los
mismos de siempre”, señala el co-comisario de la exposición, Luis
Vidal Ayala, que es además nieto del fotógrafo y actual responsable
del archivo familiar. “Mi abuelo estaba aquí, trabajando con muchísimas
menos facilidades técnicas, y aun así las fotografías no tienen
nada que envidiar a las de ningún fotógrafo extranjero”.

Imagen de la Cárcel Modelo de València.
Tras el final de la guerra, su vinculación con El Mercantil Valenciano
le obligó a extremar la precaución. “Realmente, tenía miedo por
su vida”, recuerda Vidal Ayala. Ese temor explica la desaparición
de parte del archivo original, placas que el propio fotógrafo destruyó
o dispersó para evitar represalias. Muchas de ellas han sido ahora
localizadas en la Biblioteca Nacional o en el Archivo General de
la Administración de Alcalá de Henares y se muestran por primera
vez al público. El recorrido expositivo se articula en tres grandes
ámbitos. El primero se detiene en una València cotidiana y alejada
del encargo periodístico, y permite entender la formación del fotógrafo,
marcada por la figura de su padre, Martín Vidal, el primer fotógrafo
de la saga, pionero en la disciplina en la ciudad. El segundo núcleo
reúne las fotografías inéditas de la Guerra Civil, imágenes tomadas
con cámaras de placas de vidrio —mucho más pesadas y limitadas que
las Leica de carrete— que documentan frentes y localidades como
Teruel, Quinto o Belchite. La tercera sección, la más extensa, se
adentra en la posguerra valenciana: es decir, la omnipresencia de
la simbología fascista, los actos multitudinarios organizados por
el régimen y, al mismo tiempo, la dureza de la vida cotidiana —el
hambre, la pobreza y la represión. Fotografías de la cárcel Modelo
o de San Miguel de los Reyes conviven con escenas urbanas que revelan
una ciudad sometida al control y al miedo. “Hay muchas exposiciones
sobre la Guerra Civil, pero la posguerra se ha tratado mucho menos”,
subraya el co-comisario, que ha trabajado junto a Ester Medán. “Nos
interesaba incidir en ese periodo, porque es ahí donde se consolidan
las consecuencias de la derrota”.
La exposición ajusta cuentas con la conservación y catalogación
de un archivo que atraviesa cuatro generaciones de fotógrafos, desde
Martín Vidal hasta el comisario de esta exposición. “Si tienes un
archivo pero no sabes lo que tienes ni dónde está, es como si no
lo tuvieras”, afirma Vidal Ayala, que destaca la labor previa de
su padre en la datación y recuperación del fondo. Gracias a ese
trabajo, hoy es posible “bucear en el archivo y descubrir verdaderas
joyas”. Además de las fotografías, la muestra incorpora materiales
patrimoniales como cámaras originales, carnés de prensa, mapas de
la Guerra Civil o piezas del fondo artístico de la Diputació, entre
ellas retratos de Franco y Carmen Polo pintados por José Segrelles.
Elementos que amplían el contexto y subrayan la dimensión histórica
del proyecto. La exposición se completa con un catálogo editado
por la Institució Alfons el Magnànim, Luis Vidal Corella. Crònica
fotogràfica de la postguerra a València, que aspira a fijar el archivo
más allá del tiempo expositivo. “La exposición pasa, pero lo que
tiene que quedar es el libro”, apunta el comisario, agradecido por
la implicación institucional en un proyecto que, más allá del homenaje,
interpela directamente a la memoria colectiva. Luis Vidal Corella.
Crónica fotográfica de la posguerra en València puede visitarse
en el MuVIM hasta el 29 de marzo de 2026.


Armando del Moral, el exiliado español de la Guerra Civil que escribió
la historia de Hollywood.

El fotógrafo y creador visual Will Corvara ha presentado 'El fotógrafo
ilustrado', un ensayo visual que propone una nueva manera de entender
la fotografía no como técnica sino como una forma de pensamiento,
observación y conocimiento del mundo. La obra se aleja deliberadamente
de los manuales clásicos y plantea un recorrido intelectual y estético
por la cultura visual contemporánea, combinando referencias a la
historia del arte, la pintura, el cine y la filosofía con la experiencia
personal del autor tras más de dos décadas dedicadas a la imagen.
Según Corvara, 'El fotógrafo ilustrado' "no enseña a usar una cámara,
sino a educar la mirada", en un contexto marcado por la saturación
de imágenes y el consumo acelerado de lo visual. El libro defiende
la fotografía como un acto consciente, donde la percepción, la narrativa
y la emoción son tan importantes como la luz o la composición.
Dirigido tanto a fotógrafos 'amateurs' como profesionales, el volumen
propone herramientas para desarrollar una mirada crítica y personal,
aplicable no solo a la fotografía sino a cualquier disciplina creativa.
La publicación incluye análisis de grandes maestros del arte y la
fotografía, reflexiones sobre el proceso creativo y una amplia selección
de recursos culturales para seguir entrenando la mirada. Con este
lanzamiento, Will Corvara se suma a la corriente de autores que
reivindican la fotografía como lenguaje intelectual y no solo como
disciplina técnica, en un momento en el que, como señala el propio
libro, "el mundo no necesita más imágenes, sino mejores imágenes".

«Hace algún tiempo que en mi laboratorio ensayaba un nuevo aparato
fotográfico haciendo reproducir mi propia fotografía; de pronto
sentí que se ejercía cierta presión sobre mi brazo derecho y una
especie de cansancio general en todo mi cuerpo. Pero quién describiría
mi admiración cuando miré y vi reproducido mi retrato, encontrando
a su derecha la imagen de una segunda persona, la cual no era otra
que mi difunta prima! ». Así narraba William H. Mumler cómo capturó
por primera vez a un «espectro» con su cámara fotográfica en 1861.
Posiblemente fue el residuo de un anterior negativo capturado con
la misma placa, pero aquella imagen le convirtió en el pionero de
la fotografía de «espíritus». Citando el reportaje sobre «Fotografía
espectral» de un periódico alemán, la Revista Espiritista española
reproducía en su número de noviembre de 1869 las palabras de este
joven fotógrafo aficionado de Boston que a raíz de esta imagen dejó
su trabajo como joyero y se dedicó a fotografíar «fantasmas» en
Boston y posteriormente en Nueva York. Era un negocio lucrativo
aquellos años, por el gran número de personas que habían perdido
a sus familiares en la guerra civil americana y el auge que vivió
en esos años el espiritismo.
De poco importaba que las imágenes fueran «un poco empañadas y
oscuras» con las «facciones bastante difíciles de reconocer», como
las describía la revista. Sus clientes las consideraban auténticas.

«Es probable que Mumler lograra las imágenes insertando una placa
de vidrio positivada preparada previamente con la imagen de los
muertos en su cámara, que colocaba frente a la placa sin utilizar
usada en la fotografía de sus clientes», explicaba Howard Timberlake
en un artículo en la BBC , pero los análisis de expertos en fotografía
no lograron encontrar ninguna evidencia de que las imágenes fueran
fraudulentas.
Las acusaciones de otros fotógrafos le llevaron a juicio en Nueva
York en 1869 , el mismo año en que la Revista Espiritista publicaba
el artículo instando a acoger con prudencia el descubrimiento porque
«los americanos que nos sobrepujan en tantas cosas, nos han enseñado
también que nos sobrepujan, y de mucho, en la invención de cuentos».
Durante siete días se escucharon en la audiencia las declaraciones
de testigos de Mumler, como un prominente exjuez que también era
espiritista, y de varios fotógrafos que explicaron cómo se podían
conseguir estos efectos mediante trucos en el cuarto oscuro. El
juicio atrajo la atención del país, como refleja la portada del
diario Harper's Weekly. El fiscal expuso que Mumler había retratado
al mismo «fantasma» en fotografías tomadas en Boston y Nueva York
o que algún «espíritu» estaba vivo. Sin embargo, el juez decidió
finalmente retirar los cargos contra Mumler por falta de pruebas
, aunque de mala gana. Explicó que aunque él creía que había truco
o engaño (por parte de Mumler), no había evidencias que así lo demostraran,
a tenor de lo recogido por The New York Daily Tribune. De esta manera,
dio la razón tanto a unos como a otros. Aunque Mumler fue absuelto,
el juicio socavó su reputación y sus finanzas . La enorme suma de
3.000 dólares que se tuvo que gastar en abogados le dejó arruinado.
Regresó a Boston, donde continuó con su fotografía de «espíritus»
aunque de forma más modesta. Fue en esta época cuando realizó su
foto más famosa. En 1872, recibió la visita de una mujer que se
presentó como señora Tundall, que deseaba ser fotografiada junto
al espíritu de su difunto marido. Era Mary Todd Lincoln , viuda
del presidente estadounidense Abraham Lincoln, cuyo «fantasma» mostró
de pie detrás de la ex primera dama, con sus manos en los hombros,
siete años después de su muerte.

Mary Todd Lincoln había perdido a dos hijos y a su marido y con
los años se había visto atraída por el espiritismo. Mumler murió
en la pobreza en 1884. Poco antes, destruyó todas sus placas y sus
negativos . Nunca se supo con certeza cómo realizó sus fotografías
falsas.
La fotografía de la sombra de Carlos Alcaraz, mejor imagen deportiva
del año según los World Sports Photography Awards 2026,


Las 7 mejores imágenes del año, según la Sociedad de Fotógrafos:
un zorro cazador y el orangután en peligro.

Hay episodios en la historia que no se miden solo por batallas.
Se miden por el silencio que dejaron. Durante la Guerra de Independencia
de Cuba, en 1896, el gobierno colonial español aplicó una política
conocida como reconcentración, impulsada por el general Valeriano
Weyler. El objetivo era aislar a los insurgentes independentistas
separándolos de la población rural que podía brindarles apoyo. La
orden fue clara: los campesinos debían abandonar sus hogares y trasladarse
a poblaciones controladas por el ejército. En teoría era una estrategia
militar. En la práctica, se convirtió en una crisis humanitaria.
Miles de familias fueron concentradas en asentamientos improvisados
sin infraestructura adecuada, con escasez de alimentos, sin sistemas
sanitarios y con acceso mínimo a atención médica. Las condiciones
favorecieron la propagación de enfermedades como el hambre y diversas
infecciones propias del hacinamiento. Las cifras varían según los
estudios históricos, pero muchos investigadores estiman que murieron
decenas de miles de civiles, especialmente mujeres, niños y ancianos.
Más allá del enfrentamiento armado, fue la población no combatiente
la que cargó con el mayor peso.

Con el paso del tiempo, restos humanos y evidencias arqueológicas
asociadas a esos espacios han servido como recordatorio material
de aquella etapa. No son solo vestigios físicos. Son pruebas de
cómo una estrategia militar puede transformarse en sufrimiento colectivo
cuando se aplica sin garantías mínimas para la supervivencia civil.
Para numerosos historiadores, los campos de reconcentración en Cuba
constituyen uno de los antecedentes tempranos de políticas de internamiento
masivo que aparecerían más tarde en el siglo XX bajo distintas formas
y contextos. La historia no siempre grita. A veces permanece enterrada.
Y cuando emerge, nos obliga a mirar de frente el costo humano de
las decisiones tomadas en nombre de la guerra.
Esta fotografía parece irreal pero es totalmente verdadera. Lo
que se ve en el fondo es verdaderamente enorme, no es una cuestión
de perspectiva. Se trata del superpetrolero Esso Hibernia, durante
su construcción en Wallsend, Reino Unido. El barco fue botado en
el año 1970. Su eslora (largo total) era de 384 metros y su manga
(ancho) era de 52 metros. Realmente enorme para su época, por ello
en la fotografía su tamaño de ve descomunal mientras era construido.
Una persona con megalofobia lo hubiera pasado mal estando cerca.
El Esso Hibernia y su gemelo, el Esso Northcumbria, tuvieron una
vida útil bastante corta debido a que estaban plagados de problemas
por haber sido construidos tan grandes sin tener los conocimientos
necesarios sobre el comportamiento de estructuras de esas dimensiones
en el mar. Fue retirado de servicio y desguazado en 1983.


Los restos de un soldado austrohúngaro caído en los
Alpes, descubiertos en un glaciar derretido en 2012.
El 13 de diciembre de 1916, tuvo lugar la avalancha
del "Viernes Blanco" cerca del macizo Marmolada, en los Alpes Dolomitas,
en la que murieron unos 10.000 soldados austrohúngaros e italianos
en la segunda peor catástrofe relacionada con avalanchas de la historia.
El monte Marmolada es la montaña más alta de los Dolomitas, que
los austriacos controlaban a finales de 1916. Los austriacos habían
construido barracones de madera en la cima del Gran Poz del macizo
Marmolada, en los que se alojaban las Tropas de Montaña austriacas.
Los barracones estaban bien situados para proteger a los austriacos
de un ataque italiano, ya que se encontraban ocultos debajo de una
montaña de nieve inestable, que resultaría ser tan peligrosa como
los propios italianos. Durante el mes de diciembre de 1916, comenzó
a caer una intensa nevada casi incesante sobre los Alpes, unos 9
días sin interrupción. Esto formó un pesado paquete de nieve en
la cumbre del monte Marmolada, registrando entre 8 y 12 m de altura.
Los austriacos que se encontraban en el cuartel se dieron cuenta
del peligro y enviaron una petición a sus superiores para trasladarse,
que fue denegada debido a la importancia estratégica de sus posiciones.
Un repentino cambio de tiempo llevó masas de aire
cálido y húmedo del Mediterráneo a los Alpes, lo que provocó que
se aflojaran los paquetes de nieve de la cima del Marmolada. Entonces,
a las 5:30 AM del 13 de diciembre de 1916, más de 1 millón de m³
de nieve, hielo y rocas que pesaban ~200.000 toneladas se precipitaron
por el Monte Marmolada encima de los soldados austriacos en los
barracones. La avalancha aplastó los barracones de madera y a sus
ocupantes. En aquel momento se encontraban dentro 332 soldados austriacos,
de los cuales 270 quedaron sepultados vivos, y casi todos los supervivientes
escaparon con heridas. Los austriacos empezaron a disparar artillería
contra las posiciones italianas para debilitar las capas de nieve
que tenían encima. Esto provocó una segunda avalancha en una montaña
en poder de los italianos el 13 de diciembre, enterrando a cientos
de soldados italianos.
Los italianos respondieron con su propia artillería.
A lo largo de diciembre de 1916, la artillería de ambos bandos continuó
provocando numerosas avalanchas, todas ellas bajo el evento del
"Viernes Blanco". Se calcula que entre 9.000 y 10.000 soldados austriacos
e italianos murieron sepultados vivos por las avalanchas durante
los dos días siguientes. Cuando la nieve se descongeló en primavera,
muchos cadáveres fueron rescatados, mientras que otros permanecieron
congelados. En términos de pérdidas humanas, el Viernes Blanco fue
el peor desastre relacionado con avalanchas de la historia hasta
la avalancha del Huascarán de 1970, en la que murieron al menos
18.000 personas. En total, entre 50.000 y 60.000 soldados austriacos
e italianos murieron por motivos geográficas en los Alpes durante
la Gran Guerra, siendo las avalanchas una de las principales causas
de muerte.
El hallazgo de restos de soldados austrohúngaros es
un fenómeno recurrente, especialmente en los Alpes italianos y en
el valle de Soca (Eslovenia), debido al retroceso de los glaciares
y el deshielo provocado por el cambio climático.
El Concurso Fotográfico Naturaleza de La Rioja, que
organiza la Consejería de Agricultura, Ganadería, Mundo Rural y
Medio Ambiente, con la colaboración de La Rioja 360 Grados Avanza,
Sociedad de Promoción de La Rioja S.A.U y la Federación Riojana
de Fotografía (FRF), ha reunido en su XIX edición a 195 autores
que han presentado un total de 1.120 fotografías que muestran impresionantes
imágenes de la fauna, la flora y los paisajes riojanos. Durante
la entrega de premios que se celebró en el Centro Tecnológico
de La Fombera, la consejera Noemí Manzanos ha agradecido la alta
participación en el certamen un año más, la gran calidad y sensibilidad
de todas las imágenes presentadas que «son fotografías con las que
no solo aprendemos a apreciar la riqueza natural de La Rioja, sino
que nos ayudan a concienciar sobre la importancia de protegerla,
admirarla y quererla».

“Demanda salvaje” de Eduardo Ruiz Baltanás.
El concurso ha otorgado ocho premios repartidos en
cinco categorías, con las que se ha buscado recoger la mayor variedad
posible de miradas, puntos de vista y, por supuesto, de elementos
que reflejen la riqueza y la diversidad de la naturaleza riojana.
La categoría a la que se han presentado un mayor número de trabajos
ha sido la de 'Flora y fauna de La Rioja' con 435 fotos, seguida
por la categoría de 'Paisajes naturales de La Rioja' con 272, 'Fotografía
artística sobre la naturaleza de La Rioja' con 231 y 'El ser humano
y la naturaleza en La Rioja' con 182 fotografías. El certamen promovido
por el Gobierno de La Rioja se ha consolidado como una de las citas
más destacadas del calendario fotográfico nacional, premiando la
creatividad, la maestría fotográfica y el compromiso con la conservación
del entorno natural. De los 195 participantes de esta edición, 94
son riojanos, el 48,2%. El resto, 101 fotógrafos, proceden de diversas
comunidades autónomas, siendo País Vasco, Andalucía, Cataluña y
Navarra las zonas que aportan mayor número de concursantes.


El 22 de Marzo de 1983 se produjo una manifestación.
La famosa reconversión industrial. Era el cierre de los Altos Hornos
del Mediterráneo en Sagunto.

Cuando el Eixample acaba de cumplir 170 años, que
no son pocos, una fotógrafa venezolana, Bea Schulze, y Javier López,
como gerente de la Associació de Comerciants de la Rambla de Catalunya,
acaban de poner la semilla de un proyecto que, con el tiempo, podría
ser tan gigante como una secuoya. Han bautizado su proyecto como
Anima Interior, por si alguien se anima a participar, y consiste
en mostrar literalmente la cara oculta del Eixample, sus interiores
de manzana, pero no solo de los que, ajardinados, están abiertos
al público, sino de todos los demás. Acaban de comenzar. Entre 14
de mayo al 15 de junio tienen previsto mostrar los primeros brotes
en una exposición de imágenes y vivencias personales en plena Rambla
de Catalunya. Quedará entonces aún mucho por hacer. La trama de
Ildefons Cerdà, al menos la que forma parte administrativamente
del distrito del Eixample, son 420 manzanas y, obvio, cada una de
ellas tiene cuatro puntos de vista interiores distintos, vamos,
que el retrato completo de esa ‘ánima interior’ podrían llegar a
ser 1.680 fotografías. O más, porque allí los días y las noches
y los inviernos y los veranos son muy distintos. El proyecto es
realmente muy sugestivo.

Un juguetón lince ibérico de Ciudad Real es el protagonista
de la fotografía ganadora del galardón del público de los Premios
al Fotógrafo de Vida Salvaje del Año 2026 (Wildlife Photographer
of the Year), que entrega cada año el Museo de Historia Natural
de Londres. Con el título 'Roedor volador', la instantánea tomada
por el fotógrafo austriaco Josef Stefan ha sido la vencedora en
una edición con un récord de participantes, con más de 85.000 votos.

El premio del público Nuveen del prestigioso certamen
de fotografía, cuyos ganadores de su edición de 2026 fueron anunciados
en el mes de octubre, se entrega a la imagen más votada por el público
entre una lista preseleccionada de 24 fotografías. Las nominadas
fueron seleccionadas con anterioridad por un jurado internacional
formado por expertos en fotografía, vida salvaje, conservación de
la naturaleza y científicos, así como con la participación del Museo
de Historia Natural británico.
Pásate por JyV >> Fotografía >>
Concursos.

Uno de los desastres más graves con impacto ambiental
ocurrió en Brasil en 2001, cuando la plataforma petrolera P-36 de
Petrobras se hundió. En ese momento, era la mayor del planeta. El
incidente tuvo lugar en el Océano Atlántico, frente a las costas
de Río de Janeiro. Esta plataforma tenía una capacidad de producción
cercana a los 84.000 barriles diarios. Pero el 15 de marzo de 2001,
una explosión en su estructura causó una inclinación crítica que
no pudo corregirse, lo que llevó a su hundimiento completo días
más tarde. El accidente dejó 11 trabajadores fallecidos y pérdidas
económicas de aproximadamente 500 millones de dólares, sin contar
el enorme daño ambiental ocasionado.
La Cooperativa de Viver, en colaboración con la Agrupación
Fotográfica de Segorbe, te invita a participar en el concurso de
fotografía “Una mágica flor en la comarca del Alto Palancia”, un
certamen pensado para celebrar la magia de la naturaleza y destacar
el valor de la cultura de la almendra en la comarca.

El Concurso 4Artes 2026 en Zaragoza ya está abierto.
Es una iniciativa del Servicio de Juventud del Ayuntamiento de Zaragoza
diseñada para visibilizar el talento de jóvenes artistas.


La Fundació Vila Casas, institución fundada el año
1986 por el empresario farmacéutico Antoni Vila Casas, es una entidad
privada sin ánimo de lucro que tiene como objetivo prioritario promocionar
el arte contemporáneo catalán. La esencia y razón de ser de la Fundació
Vila Casas es que la tradición, la cultura y la lengua son los ejes
de identidad de nuestro país. A través de cinco espacios expositivos
que forman parte de nuestro legado arquitectónico, la Fundación
se convierte en una plataforma desde la que se exhibe el fondo permanente
de la colección y se celebran exposiciones temporales de los artistas
que lo integran. Asimismo, en el ámbito sociosanitario, la Fundación
desarrolla un trabajo de investigación con el objetivo de establecer
un puente de diálogo entre los profesionales de la sanidad, los
medios de comunicación y la sociedad.

Festival multidisciplinar dedicado a la concienciación
y preservación de los mares que se celebra anualmente en el Oceanogràfic
de Valencia. El Concurso de Fotografía Submarina premia imágenes
que conciencien sobre la fragilidad marina.

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