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30 - Noviembre- 2019
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Más de 11.000 científicos de todo el mundo han advertido que es inevitable “un sufrimiento humano sin par” a menos que haya cambios radicales en la actividad humana para reducir las emisiones de dióxido de carbono y otros factores que contribuyen al cambio climático.

“Los científicos tienen una obligación moral de advertir a la humanidad acerca de cualquier gran amenaza. Sobre la base de la información que tenemos, es claro que encaramos una emergencia climática”, dijo Thomas Newsome, de la Universidad de Sydney, en Australia, en un artículo que publicó la revista BioScience.

Los científicos analizaron la información recogida y publicada durante más de 40 años sobre el uso de la energía, las temperaturas en la superficie terrestre, el crecimiento de la población, la extensión de cultivos, la deforestación, la pérdida de hielo polar, los índices de fertilidad, las emisiones de dióxido de carbono y el producto interior bruto de las naciones.

Desde la Primera Conferencia sobre Cambio Climático, celebrada en Ginebra (Suiza) en 1979, los científicos que han participado en asambleas similares han citado la amenaza del cambio climático y han advertido a los gobiernos y las corporaciones sobre la necesidad de adoptar medidas para moderarlo.

El artículo, que se enfoca en las acciones para reducir el daño que causa el cambio climático, incluye indicadores que los investigadores describen como “señales vitales” relacionadas con ese cambio y las áreas que requieren una acción global inmediata.

Algunos de esos indicadores de la actividad humana son positivos, como la disminución de los índices de natalidad y la incorporación creciente de fuentes de energía renovables. Pero la mayoría de los indicadores muestra un panorama sombrío, incluida la creciente población de ganado para consumo humano, la pérdida de bosques y las emisiones de dióxido de carbono.

Los autores expresaron su esperanza de que estas “señales vitales” orienten a los gobiernos, el sector privado y el público en general a “comprender la magnitud de esta crisis, vigilar los progresos que se logren y reacomodar las prioridades para paliar el cambio climático”.

Estas metas “requerirán transformaciones enormes en la forma en que funciona nuestra sociedad global y su interacción con los ecosistemas naturales”, señaló la declaración. Los científicos firmantes enfatizaron seis objetivos: reforma del sector energético, reducción de los contaminantes de corta duración, restablecimiento de los ecosistemas, optimización del sistema de alimentación, el establecimiento de una economía libre de dióxido de carbono y una población humana estable.

A pesar de la amplitud de sus preocupaciones y la magnitud de los esfuerzos que reclaman, los científicos expresaron cierto optimismo al mencionar “un reciente aumento de la atención a este problema”. “Los organismos gubernamentales formulan declaraciones de emergencia climática”, apuntaron. “Los escolares hacen huelgas. Los tribunales procesan demandas por daño ambiental. Los movimientos ciudadanos demandan cambios y muchos países, estados y provincias, ciudades y empresas responden”, añadieron.

La lucha de la activista Greta Thunberg contra el cambio climático ha movilizado a miles de jóvenes de todo el mundo, aunque también a sus detractores, entre los cuales se cuenta el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Pero, ¿hasta qué punto se están notando ya realmente los efectos de su lucha?

Uno de los debates que ha suscitado más polémica, de los que ha contribuido a generar Greta Thunberg, es la necesidad de utilizar menos el avión. Ella misma viaja en tren o en barco para dar ejemplo. Sea como sea, el grupo IAG ya ha avisado de una caída de la demanda en el sector aéreo.

Greta Thunberg, de 16 años, en la Cumbre del clima.

A modo de celebración del aniversario de la cumbre climática de Ginebra en 1979, el artículo recuerda que "la crisis ha llegado antes y está acelerándose más de lo que los científicos esperaban. Y es más grave de lo anticipado amenazando los ecosistemas y el futuro de la humanidad".

Arranca el documento diciendo que "los científicos tienen la obligación moral de alertar ante cualquier amenaza". Y declaran que "clara e inequívocamente el planeta Tierra afronta una emergencia climática". En sus párrafos y mediante gráficos aportan a los "responsables políticos" además de al público en general toda una batería de datos que ilustran el cambio climático durante los últimos 40 años."La crisis climática está estrechamente vinculada al consumo excesivo del estilo de vida rico", concluyen. El artículo explica que en la primera Conferencia Mundial del Clima celebrada en Ginebra (Suiza) hace 40 años, en 1979, ya se acordó que se detectaban "signos alarmantes del cambio climático que hacían urgente actuar". Alertas similares se repitieron en citas históricas como en Río de Janeiro (1992), el Protocolo de Kioto (1997) y el Acuerdo de París (2015).

"Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero están todavía creciendo rápidamente", subraya el texto. "Es necesario un incremento inmenso de esfuerzos a gran escala para conservar la biosfera de manera que se evite un sufrimiento indecible debido a la crisis climática", sentencian. A pesar de estas cuatro décadas de negociaciones climáticas, "y salvo alguna excepción, hemos visto que las cosas seguían como estaban". De hecho, este lunes, EEUU notificó oficialmente que inicia el proceso para abandonar el Acuerdo de París.

Un cambio climático se define como la variación en el estado del sistema climático, formado por la atmósfera, la hidrosfera, la criosfera, la litosfera y la biosfera, que perdura durante periodos de tiempo suficientemente largos (décadas o más tiempo) hasta alcanzar un nuevo equilibrio. Puede afectar tanto a los valores medios meteorológicos como a su variabilidad y extremos. Los cambios climáticos han existido desde el inicio de la historia de la Tierra, han sido graduales o abruptos y se han debido a causas diversas, como las relacionadas con los cambios en los parámetros orbitales, variaciones de la radiación solar, la deriva continental, periodos de vulcanismo intenso, procesos bióticos o impactos de meteoritos. El cambio climático actual es antropogénico y se relaciona principalmente con la intensificación del efecto invernadero debido a las emisiones industriales procedentes de la quema de combustibles fósiles.

Los científicos trabajan activamente para entender el clima pasado y futuro mediante observaciones y modelos teóricos. Para ello recopilan un registro climático del pasado remoto de la Tierra basado en la evidencia geológica a partir de sondeos geotécnicos de perfiles térmicos, testigos de hielo, registros de la flora y fauna como crecimiento de anillos de árboles y de corales, procesos glaciares y periglaciares, análisis isotópico y otros análisis de las capas de sedimento y registros de los niveles del mar del pasado. Cualquier variación a largo plazo observado a partir de estos indicadores (proxies) puede indicar un cambio climático. El registro instrumental provee de datos más recientes. Buenos ejemplos son los registros instrumentales de temperatura atmosférica y las mediciones de la concentración de CO2 atmosférico. No debemos olvidar el enorme flujo de datos climatológicos procedente de los satélites en órbita pertenecientes principalmente de los programas de observación de La Tierra de NASA5 y ESA.

Los modelos de circulación general se utilizan a menudo en los enfoques teóricos para intentar reconstruir los climas del pasado, realizar proyecciones futuras y asociar las causas y efectos del cambio climático. Los factores externos que pueden influir en el clima son llamados forzamientos climáticos. Los forzamientos climáticos son factores que inciden en el balance de energía del sistema climático, modificando la cantidad de energía que el sistema recibe del Sol o la cantidad de energía que el sistema pierde por emisión desde la Tierra al espacio exterior. Los climatólogos que estudian el cambio climático actual suelen denominarlos forzamientos radiativos y consideran básicamente cuatro de ellos: la cantidad de la radiación solar en lo alto de la atmósfera (constante solar), el albedo terrestre, la concentración de gases de efecto invernadero y la concentración de aerosoles tanto de procedencia natural, como son los procedentes de erupciones volcánicas, como los de origen antropogénico que proceden de actividades humanas, entre otros.

Los paleoclimatólogos, sin embargo, consideran como forzamientos climáticos externos un rango mucho más amplio de fenomenología extraterrestre que incluyen las variaciones en los parámetros orbitales de la Tierra o la caída de meteoritos. Las variaciones orbitales, por ejemplo, cambian la distribución geográfica y estacional de la radiación solar pero apenas modifican el balance de energía planetario, es decir, no constituyen un forzamiento radiativo relevante. Precisamente, uno de los objetivos de climatólogos y paleoclimatólogos es entender qué mecanismos amplificadores inducen estas variaciones orbitales para explicar los diferentes ciclos glaciales que se han producido en la historia de nuestro planeta. En cuanto a los procesos internos, desde el punto de vista climatológico se estudia principalmente la variabilidad natural dentro del mismo sistema climático que no provoca cambios en el balance radiativo de la atmósfera. Esta variabilidad se produce como resultado de la interacción dinámica entre la atmósfera y el océano típicamente en escalas temporales de unos años a unas pocas décadas. Los fenómenos más conocidos de esta variabilidad interna son la circulación termohalina y ENSO (El Niño).

En este mapa, las zonas mostradas en púrpura son aquellas zonas vulnerables a la subida del nivel del mar.

Así por ejemplo, los años El Niño, como 1997, se corresponden con temperaturas globales por encima de la media. Los paleoclimatólogos añaden a los procesos internos aquellos inherentes a la dinámica planetaria que afectan al clima. Estos incluyen la orogénesis (formación de montañas), tectónica de placas, vulcanismo y cambios biológicos a largo plazo como la evolución de las plantas terrestres. La tectónica de placas junto a la erosión, por ejemplo, puede contribuir, mediante el Ciclo Geoquímico Carbonato-Silicato, al secuestro de CO2, disminuyendo la cantidad de gases de efecto invernadero y disminuyendo por tanto la temperatura global. El vulcanismo masivo y constante devuelve a la atmósfera el dióxido de carbono secuestrado en el manto por los procesos de subducción. Estos procesos actúan en peridodos geológicos de entre decenas de miles a varios millones de años.

La definición más general de cambio climático es un cambio en las propiedades estadísticas (principalmente su promedio y dispersión) del sistema climático al considerarse durante periodos largos de tiempo, independiente de la causa. Por consiguiente, las fluctuaciones durante periodos más cortos que unas cuantas décadas, como por ejemplo El Niño, no representan un cambio climático. El término a veces se usa para referirse específicamente al cambio climático causado por la actividad humana, en lugar de cambios en el clima que pueden haber resultado como parte de los procesos naturales de la Tierra.

En este sentido, especialmente en el contexto de la política medioambiental, cambio climático se ha convertido en sinónimo de calentamiento global antropogénico. En las publicaciones científicas, calentamiento global se refiere a aumento de las temperaturas superficiales mientras que cambio climático incluye al calentamiento global y todos los demás efectos que el aumento de los niveles de gases de efecto invernadero produce. La Convención Marco de la Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, define al cambio climático en su artículo 1 párrafo segundo, como un cambio de clima atribuido directa e indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera y que se suma a la variabilidad natural del clima observadas durante períodos de tiempos comparables. A veces se confunden los términos Cambio climático con Cambio global.

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